7/3/11

Walter Benjamin y las ‘Cartas de la época de Ibiza’

Walter Benjamin por Toni Planells

Helena Tur

Las dos estancias de Benjamin en Ibiza, como ya ha defendido Vicente Valero, no suponen una mera anécdota para el pensador alemán.

Desde el primer momento, Benjamin comprende que no se trata sólo de un viaje en el espacio geográfico, sino también en el tiempo, un punto de vista privilegiado para quien piensa y repiensa sobre su época.

La visión de una sociedad arcaica, frente a la modernidad berlinesa y parisina, ofrece distancia al autor para reflexionar sobre la tradición, la experiencia y las nuevas relaciones sociales que se imponen y sobre cómo afectan al individuo en esto llamado progreso, pero también incuba ya algunas iluminaciones sobre las nuevas construcciones sensoriales que representa la reproductibilidad técnica a las que se enfrenta el hombre contemporáneo.

Sin embargo, la nostalgia puede observarse en sus dos viajes, tanto por la importancia que le supone la escritura de ‘Infancia en Berlín’ (modo de ver una ciudad desde la memoria) y porque la segunda estancia en Ibiza corresponde con el inicio de un exilio del que jamás podrá regresar.

La editorial Pre-textos acaba de publicar ‘Cartas de la época de Ibiza’, la correspondencia privada que Walter Benjamin escribió desde el 22 de abril de 1932 hasta el 16 de octubre de 1933, que engloba sus dos estancias en Ibiza. Esta edición, coordinada por Vicente Valero y traducida por Germán Cano (y por Manuel Arranz para el puñado de cartas originalmente escritas en francés), ofrece mucho más que la visión de una intimidad y la soledad del intelectual; es una narración epistolar que habla de una época (de la Alemania nazi y de la Ibiza rural en la que empiezan a aparecer hoteles), pero también demuestra que un modo de ver (o mirar) va calando y abriéndose paso en la escritura de Benjamin.

La mayoría de las cartas están dirigidas a Scholem y a Gretel Karplus (futura esposa de Adorno), aunque también encontramos constancia de su correspondencia con Kracauer, Adrienne Monnier, Richard Weissbach, Franz Hessel, Jula-Radt-Cohn, Ernst Schoen, Egon y Gert Wissing, Jean Selz, Adorno, Albert Salomon, Carl Linfern, Alfred Cohn, Léon Pierre-Quint, Thankmar von Münchaussen, Kitti Marx-Steinscheider, Alfred Kurella, Willy Dreyfus, Max Rychner, Inge Buchholz, Jula Radt.Cohn y Anna Maria Blaupot Ten Cate.

El horror del nazismo, como apunta el propio Benjamin, se muestra más en el silencio que en las noticias sobre torturas, muertes y desapariciones que le van llegando a la isla de modo salpicado. La persecución a los intelectuales judíos y la censura repercuten en el ánimo y en la economía del autor alemán, que ve prolongadas sus estancias por carecer de dinero para su marcha.

El 27 de julio de 1932, anuncia en distintas cartas su intención de suicidio, que esta vez no llevó a cabo, y que justifica con argumentos tan dispares como la situación a la que se ve abocada Alemania, su carencia de trabajo estable y la ausencia de una pareja.

En este momento, resulta curioso el fetichismo de su testamento en el que otorga casi la misma importancia al cuadro ‘Angelus Novus’ de Klee que a un cenicero de gallos.

Como escribe en ‘El narrador’, en la selección de los detalles que destaca y en el modo de ir informando sobre sí mismo, Benjamin deja una huella que ilustra sobre su propio carácter. La carencia de conversaciones intelectuales, por lo general, en la isla, lo abstrae en una soledad en la que sólo caben la lectura y la observación y, en busca de diálogo, la correspondencia se convierte en una vía de escape que no está exenta de melancolía.

Enamoradizo, esta melancolía aparece también en la ausencia de una mujer, de la que espera que sea madre protectora y puta, como si una vez más tradición y modernidad se unieran ahora en la figura femenina.

En estas cartas, también encontramos constancia de su breve visita a Mallorca, a la que compara con la pitiusa mayor: Ibiza, dice en una carta, es «más cerrada y rica» y, en otro momento, la califica de «más reservada y misteriosa».

Dos cartas de Walter Benjamin

 A Jula Radt-Cohn
San Antonio, Ibiza, 24 de julio de 1933
Querida Jula:
Me ha causado una gran alegría recibir tu carta: apareció justamente el día de mi cumpleaños, y por esa razón, como comprenderás, fue más bonito que si lo hubieras pensado a propósito. Lo que sucedió fue como si tu inconsciente hubiera trabajado en mi honor bajo la mano del servicio postal.
Pero es que además tus noticias han sido gratas, pues es tan loable ver cómo vosotros en estos tiempos trabajáis por enraizaros en las arenas movedizas de la región de Brandenburgo como poco recomendable para cualquier otro. Pero si tú quizá miraras o pudieses mirar por encima de mis hombros mientras te escribo, verías jugar sobre este papel parisino que me gusta utilizar en casa desde hace tiempo sombras de las agujas de los pinos que no serías capaz de diferenciar de las que ves allí, y si miraras delante de ti no verías el mar, aun cuando sólo está alejado apenas tres minutos de mi escondite veraniego.
A un sitio como éste me he trasladado con mi tumbona desde que, tras un comienzo poco afortunado en la orilla edificada opuesta de la bahía, conseguí volver a la parte apenas edificada del año pasado. Hasta llegar aquí, mi forma de vida ha sido más inestable, dividida entre las posibilidades de trabajo insatisfactorias que encontraba en San Antonio y los entretenimientos en cierto modo bastante significativos que podían encontrarse en Ibiza. Pero un viaje de negocios necesario a Palma introdujo una cesura en mi estancia aquí. He conocido Mallorca este año mucho mejor dando largos paseos y viajando en coche. Ahora bien, por bonita que sea la isla, lo que pude ver allí no hizo sino reforzar mi apego a Ibiza que posee un paisaje incomparablemente más reservado y misterioso. Las imágenes más bellas de este paisaje quedan remarcadas por las ventanas sin cristal de mi habitación. Éste es el único espacio por ahora habitable de una casa en estado bruto en la que todavía hay que trabajar durante mucho tiempo y de la que yo seré el único habitante hasta que la finalicen. Al instalarme en este cuarto he reducido a un mínimo difícilmente superable los límites vitales de mis necesidades y gastos. Lo fascinante de todo el asunto es que todo sigue siendo lo bastante digno, y lo que echo en falta aquí no proviene tanto del lado del confort como de la ausencia de relaciones humanas.
Las relaciones que constituyen la crónica de la isla son para mí en su mayoría fascinantes, pero algunas veces también decepcionantes e insatisfactorias. Cuando se da esto, el peor de los casos, ellas al menos me dejan más tiempo para desarrollar mis proyectos y estudios. Mi ‘Infancia en Berlín hacia 1900’, de la que tú has entendido desgraciadamente tan poco y en la que hay tanto que comprender, sigue creciendo en escasos pero importantes fragmentos. (…) Sigo leyendo a Bennett, y reconozco en él cada vez más a un hombre no sólo cuya actitud es actualmente similar a la mía, sino que además sirve para reforzarla: un hombre en realidad en el que una absoluta falta de ilusiones y una desconfianza radical respecto al curso del mundo no conducen ni al fanatismo moral ni a la amargura, sino a la configuración de un arte de la vida extremadamente astuto, inteligente y refinado que le lleva a sacar de su propio infortunio oportunidades y de su propia vileza algunos de los comportamientos decentes que competen a la vida humana. Deberías llegar a tus manos la novela ‘Clayhanger’, que ha aparecido en dos volúmenes en la editorial Rhein.
Podrás imaginarte fácilmente que mi correo apenas contiene noticias agradables. Gracias a Dios, lo mejor de todo ello tiene que ver con Stefan, que en este momento hace un viaje en coche con mi mujer que le llevará por Austria y Hungría hasta Siebenbürgen y Rumanía. Las noticias de los amigos de París son desmoralizadoras, pues la situación es tan desesperanzadora por un lado o por otro que ellos han dejado completamente de escribir. Lo que pueda esperarme en París por lo tanto es extremadamente problemático. En cualquier caso, un comienzo no del todo desfavorable es una magistral traducción de Infancia en Berlín que está llevando a cabo aquí un amigo parisino con mi ayuda. Pero ella avanza muy lentamente. Es posible leer entre líneas en tu carta que Alfred aún se mantiene firme al viejo estilo. Me gustaría tenerle aquí; él es uno de los pocos que yo me podría imaginar bajo estas difíciles pero fructíferas circunstancias de la isla. Pero mejor no le digas nada y salúdale de todo corazón, como también a Fritz.
Por lo que respecta a nosotros, las cartas son quizá la mejor oportunidad para estar juntos. Por eso recibe esta afectuosa carta, rogándote la próxima tuya.

A Gretel Karplus
San Antonio, 19 de septiembre de 1933
Querida Felizitas:
Recibí tu carta del día 13, y ello me ha llevado a pensar que me habría gustado haber tenido al menos otra tuya. En realidad, ya no es mi salud la causante del aplazamiento de mi viaje, sino la situación misma —y desconocida además para mí— de ese lugar parisino en el que esperaba encontrar alojamiento. De hecho han transcurrido ya más de ocho días desde que se me envió un telegrama en el que se me pedía que no viajara sin recibir antes una confirmación del asunto. Como hasta la fecha no he recibido aún esta carta, no sé con qué me encontraré cuando finalmente llegue.
He tenido que abandonar mi cuarto de almacén si no quería contraer un nuevo compromiso a largo plazo y oponerme a la prescripción del médico, quien no esperaba una curación rápida en San Antonio. En realidad experimenté una evidente mejoría ya dos o tres días después de mi traslado. Ahora puedo, aunque con precaución, regresar.
Te doy mil gracias por la foto en Rügen: es cariñosa e incita a reflexionar; pienso, por ejemplo, que ni siquiera en Berlín no te faltan del todo este tipo de momentos. En todo caso, he entendido como mensaje uno de ellos, lo que me escribiste con tanto cariño sobre La luna. Me he sentido muy contento con él. Por mis dolores he perdido para el trabajo dos semanas, tal vez más. Ahora me estoy atreviendo a escribir un fragmento de ‘Infancia en Berlín’ que recree la atmósfera de la escuela. Este trabajo y, más que cualquier otra cosa, el asunto del traslado están absorbiendo todo mi tiempo, por lo que tengo que hacerte la confesión de que aún no he leído la ópera de Wiesengrund. Pero será algo que haga enseguida. ¿Dónde? Probablemente pienso que en París; creo que incluso en el caso de que no reciba pronto ninguna información de allí, viajaré aproximadamente dentro de ocho días para examinar a fondo cuáles son las posibilidades reales que existen. Sumando una serie de papeles oficiales que he logrado reunir, he intentado dejar la puerta abierta en todo caso a la posibilidad de una retirada a mi asilo de aquí, una puerta, dicho sea de paso, que cada vez es más difícil que se abra a los alemanes.
Desde la carta que tú me confirmaste has tenido que recibir, al menos, una nueva. A mí, entretanto, me ha llegado a las manos tu último envío. No puedo sino darte las gracias por todo. Piensa, por favor, en París con perspectivas más convincentes. Incluso en el peor de los casos no pienso salir de allí sin haberte visto antes. ¿Después de Musil has planeado leer algo mejor?
Leo actualmente a la ‘Princesa de Cléyes’, de Madame de Lafayette. Además, mientras esté en Ibiza seguiré alentando la traducción de ‘Infancia en Berlín’. Una traducción muy correcta de Logias está ya casi preparada. Ernst, naturalmente, no ha escrito. Moras, naturalmente, tampoco ha enviado ningún número de la ‘Europäische Revue’. Ça ne fait rien.
Hazme saber cómo te va. Escríbeme pronto; yo por mi parte cuidaré de contestarte. Todo mi cariño.
(’Cartas de la época de Ibiza’, Ed. Pre-textos, 2008)

Traducción de las cartas: Germán Cano