20/3/11

Rumbo incierto: el crecimiento de la economía mundial, otra vez en duda


Hasta hace algunos días, prácticamente nadie lo ponía en duda: la economía mundial crecería el 4,5% este año, gracias a que Estados Unidos dejaría definitivamente atrás la recesión y se embarcaría en una senda de crecimiento sostenido; a que Europa reaccionaría favorablemente a las medidas de ajuste implementadas en 2010, y a que los emergentes, de la mano de China e India, seguirían traccionando casi con tanta potencia como en años anteriores. Claro que hasta hace algunos días ni Medio Oriente ni África estaban regados de pólvora ni el quinto terremoto fuerte de la historia había azotado a Japón. Hoy, todos esos supuestos que parecían irrefutables tambalean, y entre los economistas el destino de la economía mundial ya no parece tan predecible.

La crisis geopolítica que comenzó en Túnez, se replicó en Egipto, bulle en Libia y amenaza con propagarse por todo Medio Oriente provocó un salto en el precio del petróleo -que pasó de cotizarse en poco menos de un mes, de US$ 85 a casi US$ 100 el barril- y entre los analistas se encendió la primera alerta.


Históricamente, un mayor costo del combustible se traduce, sobre todo en economías como la norteamericana, en menor crecimiento, ya que el dinero adicional que los individuos tienen que destinar a llenar el tanque de nafta, es dinero que no se vuelca a otros consumos. Según estimaciones de Morgan Stanley, cada US$ 10 que sube el precio del barril de crudo, la economía de EE.UU. resigna, aproximadamente, 0,3 puntos porcentuales de crecimiento.

"Si los precios del petróleo se fueran a niveles del verano [boreal] de 2008, de US$ 140 el barril, en ese punto algunas economías avanzadas volverán a caer en recesión", advirtió recientemente en una conferencia en Dubai Nouriel Roubini, el economista que predijo la última crisis. "En EE.UU., donde el crecimiento se acelera rápido, un incremento de 15 o 20% en los precios del crudo no provocará otra recesión, pero sí harán que el crecimiento se estanque", dijo. Paul Krugman escribió en su blog que estaba sorprendido de que, a la luz de los acontecimientos, el petróleo no se encareciera aún más.

La historia prueba que el petróleo es una variable que no se debe subestimar. La mayoría de las veces en las que el barril se disparó por algún motivo -como en 1973 a raíz del embargo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo o, a fines de esa década, por la revolución iraní- el mundo entró en recesión. Para que la misma lógica opere ahora, los economistas coinciden en que la suba del crudo no sólo debe ser abrupta, sino que también debe mantenerse, algo que todavía está por verse, y que dependerá en gran medida de que Arabia Saudita, el país con más reservas probadas, logre contener las revueltas dentro de su territorio.

El economista Mario Blejer cree que el precio del barril se mantendrá alto, porque los países árabes productores de petróleo deberán destinar más fondos a gasto social, para aplacar los reclamos de su población. Aunque, el ex presidente del Banco Central (BCRA) también dice que el efecto usualmente recesivo de una suba del crudo se verá contrarrestado por el impacto positivo que ejercerá sobre la economía mundial un mayor consumo de la población en estos mismos países árabes.

Entre los analistas económicos, sin embargo, no hay una voz dominante. "Los últimos datos parecen señalar que la suba del petróleo es transitoria", opina Daniel Volberg, economista para América latina de Morgan Stanley. Una línea similar se desprendió del comunicado de la Reserva Federal de EE.UU., cuyos miembros se reunieron el martes, y pese al pesimismo generalizado de los mercados, se mostraron más optimistas que de costumbre con la economía norteamericana, y destacaron el aumento del empleo y del consumo. Los funcionarios del banco central norteamericano opinaron que los efectos del encarecimiento del crudo serán transitorios, aunque dijeron que los seguirán monitoreando de cerca. La Fed no hizo referencia alguna al desastre en Japón.

"Mi visión es que [la crisis en Japón] no tendrá un impacto fuerte en la economía mundial", dice Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad. "Se cree que el costo de lo de Japón será de 0,3% del PBI mundial, en un mundo que, está estimado, va a crecer 4,5%", dice el economista, para quien incluso los programas de reconstrucción de la isla contribuirán a la larga a estimular la economía mundial, que, a su juicio, podría registrar entre 2010 y 2015 su período de mayor crecimiento acumulado desde los años 70. "Un Japón que se creía iba a crecer 1% este año, tal vez, entre en una recesión moderada, de alrededor de 0,5%, pero esto no debiera descarrilar la economía mundial, tal vez sólo la retrase un poco", coincide Gustavo Cañonero, jefe de Research para América latina y Mercados Emergentes del Deutsche Bank.

El daño del terremoto y del tsunami, sin embargo, aún es inconmensurable. Japón es la tercera economía del mundo y, pese a que viene perdiendo peso relativo -pasó de representar el 18% de la economía mundial en 1995, al 9% en la actualidad-, todavía juega un papel clave. El ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional Kenneth Rogoff considera que los inversores subestimaban el potencial que tenía la crisis japonesa de impactar sobre los sectores industriales en Asia y, de esa forma, dañar el crecimiento global. "El que Japón esté incapacitado por la escasez de energía podría tener un efecto multiplicador sobre Asia", dijo el académico de Harvard, en una entrevista con el diario británico The Times. "Sospecho que vamos a encontrar que la relación de Japón en la cadena de abastecimiento industrial es más profunda y compleja de lo que la gente se da cuenta", agregó. El banco BNP Paribas escribió en su nota semanal que la crisis japonesa podría sentirse directamente en China. El pequeño país asiático es el principal proveedor de importaciones de la segunda economía del mundo; muchos de sus productos, como las autopartes y los semiconductores, son críticos para la industria china. Jim Rogers, el operador que adquirió fama por anticipar el boom de las commodities en 1999, cree que el desastre de la central de Fukushima también llevará a que otros países reemplacen temporariamente la energía atómica por otros combustibles, y, por ende, será un motivo más para pensar en mayores precios del petróleo.

¿Se agota el viento de cola?

La crisis internacional de 2009 probó que aun no siendo dependiente de financiamiento del exterior, la Argentina no es inmune a lo que sucede en el mundo. "Si el mundo cae, la Argentina cae con el mundo", admite Ramiro Castiñeira, de Econométrica. En los últimos días, no pocos miraron con preocupación la caída internacional del precio de la soja (hoy en torno a los US$ 500 la tonelada), que se movió en forma inversa al petróleo. Para el Gobierno, una soja más barata significa no sólo menor recaudación, sino también menor actividad, debido al impacto indirecto que los dólares de la cosecha tienen sobre el sector privado.
"Como corolario para nuestros países [lo que sucede en el exterior] significa menor presión de precios sobre las materias primas que produce la Argentina. No veo caídas dramáticas, pero sí, sin duda, un mayor potencial hacia la baja que hacia el alza que hemos visto en los últimos meses", explica el economista Martín Redrado, presidente de MR Financial. El ex presidente del BCRA, sin embargo, dice que la Argentina tiene margen para hacer frente al nuevo contexto. "Con este nivel de gasto, las alarmas empiezan a sonar con una soja debajo de los US$ 400, pero parecería difícil que se diera esto. De todas maneras, en la medida en que le falten fuentes tradicionales de financiamiento, el Gobierno apelará más a las fuentes no tradicionales, como las reservas del BCRA, que generan un costo adicional en materia de inflación, pero pareciera que el Gobierno está dispuesto a pagarlo."
Pero no sólo el menor precio de la soja influye sobre las cuentas de la Argentina. Maximiliano Castillo Carrillo, director de ACM Consultores, advierte sobre el costo fiscal del precio del petróleo y sus derivados, dada la necesidad del país de la importación de insumos energéticos. Dice que como para el mundo los activos financieros locales son todavía considerados de "alto riesgo", en el corto plazo habrá mayor volatilidad en las cotizaciones y mayor salida de capitales.

Blejer advierte que otro riesgo local estará dado porque el menor flujo de divisas hacia la región (o la salida) podría facilitar la depreciación de monedas de socios comerciales, como Brasil o Chile, y presionar más sobre la competitividad del tipo de cambio local, ya amenazada por la creciente inflación.

4,4%: Es lo que calcula el FMI que crecerá la economía mundial en 2011. En enero revisó al alza su estimación original, de 4,2 por ciento.
9%: Es lo que contribuye Japón a la economía mundial. En 1995 era el 18 por ciento.