23/3/11

Las últimas palabras de Saramago

José Saramago por Sergey

Silvia Hopenhayn 

Hay libros que valen no por lo que escribió su autor. Son pocos y requieren de atributos diversos: la belleza de la gráfica, los pies de páginas o la riqueza de un glosario. En este caso, se trata de dos prólogos. Y no cada uno por separado, sino la tensión que ejercen entre ambos. La forma en que uno y otro se acercan y distancian de la escritura ajena: la de José Saramago.

Se trata de un libro raro, El último cuaderno, que incluye hasta la última frase que el escritor portugués le dictó a Pilar del Río, su esposa y traductora, y se llama cuaderno sin serlo, puesto que son los apuntes de un blog. Saramago llegó al blog, al suyo propio, pero el formato banalizó su escritura. En la pantalla, y luego sobre la página impresa, su frase a la deriva, aunque igualmente certera, se achicó y perdió el rumbo. El apego a la realidad relevó la atemporal palabra poética.

En los dos prólogos se vislumbra el cambio, o lo que algunos editores llaman "el estilo tardío" de un escritor consagrado (¿será que la consagración derriba a los propios gigantes?). El texto de Pilar del Río se titula "Un regalo inesperado", y apunta al rasgo vital del escritor y su legado: "Este es un libro de vida, un tesoro, un Saramago que nos habla al oído para decirnos que el problema no es la justicia, sino los jueces que la administran en el mundo". Le otorga al cuaderno un carácter de despedida. Pero no triste. Más bien, teñida del ansia de haber vivido.

El prólogo de Umberto Eco, obviamente menos amoroso, es un ejemplo de mirada crítica sin maledicencia. Conciso y algo juguetón, empieza preguntándose qué llevaría a Saramago a lanzar tantas polémicas en un blog, desvirtuando quizá su invención estilística. "¿El precisamente? ¿El, que cuida la puntuación hasta el extremo de hacer que desaparezca, que en su crítica moral y social no afronta jamás los problemas de frente, sino que los rodea poéticamente bajo las formas de lo fantástico y de lo alegórico (?) él, que hace que el lector viaje en una niebla láctea en el que ni siquiera los nombres propios, en los que tan parco es, dan una señal claramente reconocible?"

Sin embargo, hay algunas intervenciones de Saramago en el blog que llaman la atención, quizá por cuestiones de cotejo con lo que sucede en nuestro país. "No al paro", por ejemplo, lo escribió a petición de un grupo de sindicalistas para frenar las manifestaciones en protesta por el desempleo. "Decir no al paro es un deber ético, un imperativo moral." El texto culmina con lugares comunes que evidentemente nutrieron sus incansables ganas de cambiar el sistema. Tal es así que Pilar del Río relata, con estremecimiento, cuáles fueron las últimas palabras que le dictó su esposo. "Cuando supo que un amigo suyo, un escritor sueco, se había sumado a una flotilla para romper un cerco terrible contra Palestina, dijo sólo: «Obrigado Mankell»." Con esa frase termina el último cuaderno de José Saramago, que ahora forma parte de la gran pizarra del mundo.