28/3/11

La intervención extranjera en Libia: Lo peor del Capitalismo


Diego Ghersi  /  Especial para Gramscimanía

Detrás de la excusa humanitaria de “proteger población civil” se esconde el verdadero objetivo, derrocar un gobierno incómodo a los intereses comerciales occidentales. El ocultamiento está a cargo de las corporaciones mediáticas de los países centrales.
Al atacar directamente a las fuerzas terrestres de Kadafi, la coalición de países que busca apoderarse de Libia ha sobrepasado los alcances de la Resolución 1973/11 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU).


Se suponía que la asociación militar debía establecer una zona de interdicción aérea sobre territorio libio con la excusa humanitaria de evitar que Kadafi masacrara a su propio pueblo.

Sin embargo, a una semana de iniciadas las operaciones, las fuerzas atacantes han efectuado intensas misiones de bombardeo desde aviones y buques sin discriminar si en la zona de blancos existía presencia de los ciudadanos libios que desde el comienzo dijeron querer proteger.

La realidad parece señalar que el número de muertos y heridos a consecuencia de los ataques aéreos aliados supera la cifra de muertes previas a la intervención, cuestión que deja descolocada a la ONU que con su resolución 1973 apoyó la lluvia de plomo sólo para la protección humanitaria de los civiles libios.

El dato no es menor porque desmiente la excusa humanitaria para justificar la injerencia en asuntos propios de cada país y pone de manifiesto que la intervención humanitaria es un eufemismo para encubrir intereses políticos, estratégicos y económicos.

Nótese que desde la prensa hegemónica existe un esfuerzo por escatimar los datos precisos de las bajas civiles. Aún así se entiende que estas deben existir en virtud de la actitud de rechazo a los ataques asumida por la Liga Árabe; Alemania; China; Rusia y Turquía, por no citar a Venezuela o Nicaragua, países que “per sé” parecen condenados al descrédito cada vez que expresan una idea por buena que esta sea.

En principio, la ONU autorizó el establecimiento de un paraguas aéreo orientado a negar el uso del cielo a las fuerzas de Kadafi y acabar así con las muertes indiscriminadas.

Esta idea ya posee el germen de la injerencia dado que “per sé” desbalancea la situación militar de la guerra civil a favor de los rebeldes.

Tácticamente, negar el uso del aire a Kadafi significa en verdad privar al líder libio de un factor clave de su ventaja militar, lo cuál es lo mismo que decir que los aliados extranjeros tomaron partido activo en una guerra civil.

Dicho de otra manera la Resolución, lejos de intentar proteger a los civiles tenía la clara intención de desestabilizar al gobierno de Kadafi y acelerar su derrota.

El mandato de la ONU también contemplaba el uso de la fuerza para neutralizar las baterías de misiles y radares antiaéreos de Kadafi, potencialmente capaces de dificultar los vuelos de la coalición occidental.

Sin embargo la autorización precedente se vio desbordada en los hechos, dado que los ataques permitidos se extendieron a las fuerzas terrestres gubernamentales, en operaciones, principalmente sobre vehículos armados y tanques, acción –otra vez- de apoyo explícito al bando rebelde.

Nuevamente, la verdad que se omite divulgar es que los bombardeos eran necesarios porque –aún sin contar con superioridad aérea- la diferencia de poder de combate entre los rebeldes y las fuerzas leales a Kadafi seguía siendo abismal a favor de este último, cuestión por la cuál, en más o menos tiempo, Kadafi se habría impuesto en la guerra civil y generado una situación sumamente incómoda para el eje europeo-estadounidense.

Con la negativa expresa de desembarcar tropas que hicieran la diferencia –violar esa prohibición hubiese sido inocultable-, pero con la seguridad de que un paraguas aéreo sería insuficiente para garantizar el éxito opositor, resulta lógico que los ataques se desviaran intencionalmente de lo autorizado por la resolución 1973 constituyéndose de esa forma en una injerencia manifiesta de poderes extranjeros en un conflicto civil de un país soberano.

Valga un ejemplo. No existe en ningún párrafo explícito de la resolución 1973 algo que justifique el siguiente titular de Reuters del 23 de marzo:
“Aviones occidentales atacaron artillería y tanques de las fuerzas del líder libio Muammar Kadafi que asediaban Misrata, una ciudad en el oeste en manos de los rebeldes.”
Difundir esta noticia es reconocer la violación de la resolución 1973/11 de la ONU y es prueba material de que las naciones del eje europeo-estadounidense se han extralimitado. No se atacaron aviones en vuelo, ni artillería antiaérea, sino tropas desplegadas que participaban en una acción táctica.

Una vez más este argumento deja en claro que detrás de la idea humanitaria de “proteger población civil” se escondió el verdadero objetivo de derrocar un gobierno incómodo a los intereses comerciales occidentales.

Tan clara es esa realidad que a los gobiernos de la coalición se les hace muy difícil ocultarla a sus pueblos y al resto del mundo.

En esta tarea de ocultamiento sigue cumpliendo un rol fundamental la actuación de las corporaciones mediáticas de los países centrales, que evitan precisar las bajas y no muestran las zonas destruidas por los bombardeos internacionales.

De hecho la guerra de Libia casi no tiene coberturas ni en diarios ni en imágenes y sólo se habla de “objetivos cumplidos” entre las filas de Kadafi.

La desinformación es tal que nadie sabe en detalle como se está desarrollando el conflicto en el campo táctico. Sólo trascienden los aspectos de la conducción estratégica que, por cierto, plantea serios problemas en el marco de la conducción de las operaciones.

Es necesario acentuar la importancia de la conducción de las operaciones porque no se puede ir a la guerra sin saber quién es el jefe y sin tener objetivos materiales correctos.

La puja por el liderazgo –que debió estar resuelta antes de empezar- no parecía todavía clara una semana después a pesar de que Estados Unidos, Francia e Inglaterra acordaran dar a la OTAN el papel “clave” de las operaciones en Libia. Esos acuerdos aún resultan insuficientes para dilucidar cuál es el “Papel Clave” y no se entiende quién está al mando y para qué.

Las contradicciones discursivo-mediáticas en torno al objetivo de toda la operación aliada tendrían una explicación clara: el verdadero objetivo no puede comunicarse porque, siendo éste forzar la caída de Kadafi estaría en contra de la resolución de la ONU, que sólo autoriza a proteger a la población civil mediante la implementación de una zona de interdicción aérea.

Es precisamente esa situación y no otra, la que produce dudas en el ejercicio del comando total de la operación militar en progreso. Decir la verdad sería reconocer que la autorización de la ONU ha importado poco a las potencias agresoras líderes.

Por eso, mientras Estados Unidos, Inglaterra y Francia no tienen vergüenza de sostener que quieren fuera a Kadafi, el resto de los países actuantes intenta circunscribir su participación al cumplimiento del mandato humanitario de las Naciones Unidas. Esa puja es la que ha producido las dudas en torno del comando de la operación militar.

Para buscar justificación, las corporaciones mediáticas intentan instalar una pregunta tramposa: ¿qué debería hacerse entonces cuando un dictador masacra a su propio pueblo?

La respuesta a ese interrogante deja mucho para el análisis y su formulación al ciudadano consumidor de medios de todo el mundo es tramposa porque busca la fácil aprobación del lector y la legitimación de la extralimitación evidente -injerencia extranjera en asuntos de otro país- cada vez que resulte conveniente.

En primer lugar quedan muchas dudas acerca de la veracidad de la masacre que justificó originalmente la intervención militar en los asuntos libios. Son muchas las fuentes y las voces que pusieron en duda la información que los medios corporativos hicieron circular al respecto como para ignorarlas.

En segundo lugar y, en ausencia de un debate serio en foros democráticos mundiales, que sirva para plasmar un definitivo acuerdo internacional de todos los países del orbe, la respuesta es que ante la situación planteada no puede hacerse nada, a menos que se universalice el criterio intervencionista y la ONU autorice a atacar cualquier país en el que un solo ciudadano sea apenas “arañado” por las fuerzas de seguridad.

En Libia, la situación parece definida en virtud de que Francia ya especula con la situación de posguerra y baraja con descaro los nombres de las futuras autoridades del “gobierno provisional”.

En el sexto día de operaciones, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, teorizó acerca de cómo considera Francia que será el futuro de Libia, después de la campaña militar.

Entre otras cosas, Juppé, refiriéndose a la participación de otros libios opuestos a Kadaffi en el diseño del futuro gobierno del país, manifestó que “hay que identificar qué personalidades están disponibles”.

Queda claro que el ministro francés está convencido de que los nietos de quienes rechazaron al gobierno de Vichy pueden decirle a los libios quienes serán sus próximos funcionarios, a modo de remembranza de las viejas épocas de Saigón o de Argel. Eso es injerencia explícita.

Para finalizar, la metodología empelada en el caso Libia abre peligrosas consecuencias para el futuro de las relaciones internacionales, en virtud de la naturalización de la injerencia extranjera como regla para tumbar gobiernos que obstaculicen los intereses centrales.

En el caso del “mundo árabe” ya se especula con ampliar los alcances de la OTAN, de manera de aceptar en su seno a países árabes dispuestos a avalar y tomar parte activa en futuras intervenciones militares que sobre casos similares pudieran producirse.

Con ese recurso se busca disminuir el factor occidental –o factor “Cruzado”- de las intervenciones, que tanto rechazo causa en las poblaciones musulmanas.

En una visión mundial más amplia, bastará que una manifestación opositora marche por la calle contra, por ejemplo, un Evo Morales o un Hugo Chávez, para que el Consejo de Seguridad firme cualquier cosa y legitime acciones que faciliten la caída de dichos líderes.

dghersi@prensamercosur.com.ar