16/3/11

Izquierda y democracia

Foto: Noam Chomsky
Rogelio Villarreal

No hay mejor descripción de cierta izquierda mexicana que la de Arnaldo Córdova: “Pelada, maloliente, malhablada, provocadora, violenta a veces, inculta, sin valores éticos, oportunista, corrupta, a veces traidora, incapaz de hacer tratos, sin programa cierto, sin verdaderas alternativas qué ofrecer” (La Jornada, tres de febrero de 2008). También hay periodistas y académicos que ante el desastre mexicano expresan su nostalgia de Marx y claman por el camino al socialismo, sin acertar a definir cuál versión prefieren. Investidos de una autoridad que ellos mismos se han conferido increpan a quienes, según ellos, carecen de una ideología progresista. Indignados, asumen la pureza de sus convicciones de izquierda sin enterarse de que tal cosa no existe, pues quienes son de izquierda en algunos aspectos lo son de derecha en otros, y viceversa, como escribe Gabriel Zaid en “Al cielo por la izquierda” (Letras Libres, febrero de 2011). Infalibles, acusan con su nívea pluma a los otros de ser “neoconservadores” por el solo hecho de presentar argumentos contra populismos y otras tendencias violentas y autoritarias.

Si en la izquierda prima la justicia por sobre todas las cosas, los distintos gobiernos de izquierda de la Ciudad de México —de Cuauhtémoc Cárdenas a Marcelo Ebrard— no han sido mejores que los de sus antecesores priistas en materia de impartición de justicia, como lo demuestran casos como el encarcelamiento de Paola Durante, los linchamientos en Tláhuac, los videos de Ahumada, los adolescentes muertos en la discoteca New’s Divine y el desaseado juicio de Antonio Zúñiga, el Presunto culpable, entre muchos más —y menos notorios— de 1997 a la fecha: ¡14 años de gobiernos de izquierda!

El rotundo fracaso de los gobiernos federal y estatales panistas también tiene que ver con su escasa visión para reformar un sistema plagado de vicios anacrónicos y corrupción, en el que pronto se hallaron cómodos. La izquierda y la derecha ya son obsoletas, pues ninguna de ellas persigue lo que debería ser su principal afán: la justicia, aquélla, y ésta, la libertad. ¿Quién, en su sano juicio y que aspire a una mejor sociedad, puede estar en contra de esos dos valores?

A nivel internacional hay ejemplos de propagandistas de izquierda que tienen legiones de seguidores: Chomsky, Klein, Slavoj Žižek... El esloveno Žižek formó parte, en los años setenta, de un grupo de lacanianos neoestalinistas en Liubliana, donde consiguió un cargo en el Comité Central de la Liga de Comunistas Eslovenos; ahí escribía discursos para altos funcionarios. Žižek se ha especializado en lanzar soflamas contra las formas “revisionistas” y “reformistas” de la izquierda, con lo que ha logrado, como Chomsky et al., conseguir numerosos adeptos entre esa izquierda aterrada ante el fin de los viejos dogmas.

Menos conocida pero con fans duros entre la academia mexicana, la historiadora estadounidense Avital H. Bloch —profesora en la Universidad de Colima— se empeña en tratar de demostrar que Octavio Paz y otros escritores de la desaparecida revista Vueltano eran reaccionarios sino... neoconservadores, ¡vaya! En su forzado ensayo “Vuelta y cómo surgió el neoconservadurismo en México” (Culturales, UABC, no. 8, 2008), Bloch, entre otras pataletas retóricas, confunde el anticomunismo con el liberalismo y olvida graciosamente que este pensamiento plural se opone a toda forma de totalitarismo. ¿Por qué muchos intelectuales izquierdistas repelen a la democracia?