23/3/11

Gobierno de Portugal K.O. y España no está O.K.


Tras un mes y medio de calma, los rumores sobre un hipotético rescate acapararon la atención de los analistas y operadores, dejando de lado temas tan candentes como Libia o Japón. Con el fracaso del oficialismo de tratar de avanzar en un nuevo programa recesivo, la suerte parece estar echada

Rubén Ramallo

De nuevo, y como si fuera una película que se proyecta una y otra vez, todas las miradas se vuelven a posar sobre Portugal. La gravedad de la situación es tal que, por estas horas, eclipsa los dos focos de noticias habituales de los últimos días: Libia y Japón.

Tras un mes y medio de calma, los rumores de su hipotético rescate volvieron a acaparar la atención de los medios de comunicación. Pero eso no es todo ya que también al mismo le han puesto fecha: el viernes 25 de marzo.

Ese día, los jefes de Estado de las principales naciones europeas se reunirán para tratar su delicada situación y, de paso, intentarán convencer al Gobierno de que resulta imperioso aplicar un plan de salvataje.

La principal razón por la que los mercados señalan como necesario el avanzar por este camino se debe a los vencimientos de deuda: en abril tendrá que afrontar compromisos por unos 4.500 millones de euros, que se suman a los 3.700 millones de euros que ya se han emitido, en lo que va de año. Para el Gobierno luso la situación es tan grave que, incluso, hablar del día viernes es hablar de largo plazo.

En lo inmediato, la cuestión a resolver es cómo salir de una crisis política que ya se cobró una gran víctima, al haber renunciado el primer ministro, José Sócrates. La batalla entre el partido gobernante y opositores se dirimió en el Parlamento, con asiento en Lisboa.

Y la cuestión que se discutió no fue menor, ya que luego de tres planes de ajuste implementados en poco tiempo -todos con resultados negativos- los legisladores no aceptaron, esta vez, una nueva propuesta de reducción presupuestaria.
Para los analistas del mundo, esto no hace más que marcar el punto de partida de un rescate internacional.

El Parlamento portugués votó, el miércoles, en contra del nuevo programa de ajuste, lo que aceleró la salida del primer ministro, que se había comprometido en Bruselas, con otros organismos, a que el país iba a avanzar en su plan de reducción presupuestaria.

Ahora, es inminente la posibilidad de que la economía lusa tenga que pedir ayuda externa, ya sea a la Unión Europea o al Fondo Monetario Internacional (FMI), con todo lo que ello implica.

Previamente, el sentimiento del mercado ya se inclinaba claramente hacia un fracaso de la propuesta que iba a ser presentada y, en definitiva, apostaba por el rescate. La historia viene marcando, a su debido tiempo, lo que varios analistas predecían.

Primero fue Grecia e Irlanda, ahora es el lamentable turno de Portugal. Y, por temor al efecto dominó, las miradas de los inversores ya se posan en quien es la candidata a ser la próxima "gran" víctima: España.

Cabe destacar que los bancos de ese país acumulan la tercera parte de la exposición de la banca mundial a Portugal, con un total de unos u$s110.000 millones (sobre 320.000 millones totales).

Tras España, las naciones con mayor exposición son Alemania (u$s50.000 millones),Estados Unidos (u$s 47.000 millones) y Francia (u$s45.000 millones).

El debate que marcó la derrota

En su presentación, el ministro de finanzas, Teixeira dos Santos, defendió a ultranza la aprobación del Programa de Estabilidad y Crecimiento (PEC) solicitando un mayor diálogo entre los partidos de Gobierno y la oposición.

El proyecto consistía en un conjunto de medidas orientadas a reestructurar la economía del país.

Entre ellas, se encontraban un recorte de las pensiones, de los gastos en salud, educación, prestaciones sociales y el infaltable aumento de impuestos.

Para el ministro era el camino (quizá el único) para que Portugal tuviese chances de mejorar su situación económica.

"¿Por qué más medidas de ajuste"?, preguntó el Parlamento. "Porque tenemos que garantizar que reduciremos el déficit en los tres próximos años", dijo Teixeira dos Santos.

"No es justificable el decir que no se pueden pedir más sacrificios. Es un discurso engañoso e irresponsable", agregó redoblando su apuesta.

Y alertó, además, que sin la aprobación del paquete de recortes, la clasificación de su país en las agencias de riesgo iba a empeorar "inmediatamente", lo que traería graves consecuencias, que iban a hacer mella en los mercados financieros.

Por su parte, el ministro de Economía, José Vieira da Silva, responsabilizó a la oposición de la derrota del Gobierno. En su intervención, hizo referencia a una "zancadilla política".

Una de las principales líderes del partido opositor, la diputada Manuela Ferreira Leite, del PSD, realizó una dura intervención en contra de la administración de Sócrates: "La confianza en este gobierno ha acabado de un modo irreversible. Hay una crisis creada por un primer ministro y un ministro de finanzas sin credibilidad".

Cabe apuntar que todos los partidos enfrentados con el oficialismo habían acordado, de antemano, rechazar las medidas que se iban a presentar.

Es por eso que, en las horas previas a la sesión, el primer ministro Sócrates había adelantado su renuncia indeclinable, si el plan no era aprobado.

En un esfuerzo por torcer la decisión de los opositores, insistió en que el rechazo de las medidas obligaría al país a seguir los tristes acontecimientos que debieron enfrentar Grecia e Irlanda.

Hasta ahora el Gobierno socialista había logrado sacar adelante otros tres programas de ajuste. Pero el último no logró superar la instancia parlamentaria. Ante este contexto, los socialdemócratas -principal partido opositor- ya habían comenzado a hablar sobre la posibilidad cierta de elecciones anticipadas.

"El primer ministro no quiere renunciar, pero no puede gobernar contra sus convicciones", había anticipado (a modo de advertencia) Francisco Assis, líder socialista en el Parlamento. Pero sus palabras no encontraron eco.

La incertidumbre se reflejó en los mercados

Cuando estaba a punto de producirse la votación en el Parlamento luso, la prima de riesgo ofrecida a los inversores por los bonos a diez años subía a 440 puntos básicos respecto a sus pares alemanes, tomados como referencia en toda Europa.

Con esta suba, la tasa de interés que estaban pagando esos títulos (en su esfuerzo por captar el interés del mercado) ascendía al 7,62 por ciento.

Los temores sobre un inminente rescate impactaron también en otros países del Viejo Continente.

Así, en España, el diferencial entre su bono a 10 años y el 'bund' alemán escaló hasta los 200 puntos básicos. Y el interés ofrecido, al 5,20 por ciento. En tanto, el diferencial del bono griego alcanzó los 911 puntos básicos y sus títulos debieron ofrecer una rentabilidad superior al 12%, para poder captar demanda.

En el caso del bono irlandés, la tasa rozó el 10 por ciento. El euro también se vio afectado por la crisis portuguesa, pues cayó un centavo contra el dólar y se negociaba a 1,4249 dólares. "La paridad de ambas monedas es sensible a las noticias que vienen de Portugal y básicamente a la renuncia de su primer ministro José Sócrates", dijo Roberto Mialich, de Unicredit en Milán.   "Esto pondrá la historia de la crisis de deuda, que afecta a varios países, de vuelta en el foco de atención", agregó.

Así las cosas, a los conflictos que se vienen registrando en Libia y al duro golpe que debe enfrentar Japón, se suma un tercer eje de preocupación internacional: Portugal y el contagio de sus graves problemas a otras naciones, principalmente, a España.

El problema de España

Los problemas que enfrenta Portugal hicieron revivir los temores sobre el devenir de la "madre patria".

Tiempo atrás, cuando los ojos se posaban sobre la fragilidad que mostraban varias economías del Viejo Continente, el economista Nouriel Roubini, había advertido que la verdadera pesadilla en este escenario son los problemas de la deuda española. Y calificó a ese país como "el elefante en la sala".

El gurú, que se hiciera famoso por predecir la crisis de hipotecas en los Estados Unidos, agregó que "si cae por el precipicio no hay dinero suficiente, dentro de los recursos con los que cuenta toda Europa, para rescatarla".

"Por un lado, es demasiado grande para caer. Por otro, es demasiado grande para ser rescatada", subrayó Roubini.

El analista aseguró que "el primer gran problema es el tamaño de su deuda pública, que alcanza el billón de euros". Además, añadió que el país tiene otro billón de euros en deuda externa privada.

A sus dichos se sumaban los del premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, que había anticipado que el gobierno de Rodriguez Zapatero podría afrontar una crisis como la que afectó a la Argentina en 2001.

Hay consenso entre los analistas de que se buscará evitar por todos los medios que España, cuarta economía de la eurozona, colapse.

El tiempo dirá, en caso de que este escenario comience a crecer en probabilidad, quiénes serán los "salvadores" y si se contará con los recursos suficientes para rescatarla.