16/3/11

El nuevo movimiento de los movimientos

Alirio Palacios (Venezuela) El caballo de Khan

Antonio Negri

Filósofo y militante marxista italiano. Miembro del Partido Socialista Italiano (PSI) hasta 1963 y fundador, entre otros, del grupo Potere Operaio (Poder Obrero). En los años 1970 participó activamente en el proyecto Autonomia Operaia. Escribió junto a reconocidos referentes del movimiento obrero, estudiantil y feminista italiano, como Raniero Panzieri, Mario Tronti, Sergio Bologna, Romano Alquati, Mariarosa Dalla Costa y Franco Berardi (Bifo). Más recientemente, en coautoría con Michael Hardt, publicó Imperio (2000) obra que ha generado un amplio debate.

[…] El movimiento de los movimientos nace, justamente, sobre una base que tiene el carácter de novedad teórica. Por lo tanto, se trata de interpretar la nueva figura que la democracia asume, la nueva figura del capitalismo y la nueva figura del poder ; es decir, los límites de la democracia, los límites del desarrollo capitalista y los límites de la definición del poder moderno.

Los límites de la democracia

Recordemos que cuando el movimiento de los movimientos se presenta, expresa esencialmente una reivindicación democrática, una radicalización de la democracia, teniendo en cuenta los límites conceptuales y prácticos que la democracia presenta. ¿Qué significa esto ? Significa que lo que se pone en discusión son, en general, los grandes temas fundamentales de la democracia, particularmente el tema de la representación. Sobre la representación se ejerce precisamente la primera gran experiencia de crítica del movimiento.

La participación es un tema que se desarrollará desde Porto Alegre, según experiencias que se han basado sobre todo en los niveles municipales o en los niveles de gobierno regionales, que agregan fundamentalmente el valor de solicitar e impulsar la reflexión sobre la representación. No creo que nadie dentro del movimiento de los movimientos haya creído efectivamente que las experiencias de participación que se desarrollaron en torno a Porto Alegre poseyeran un significado general, típico o paradigmático. Se trataba, en realidad, de la cuestión de la transformación de la democracia, es decir, del retorno a los grandes problemas del poder constituyente.

Es necesario tomar en cuenta, con mucha atención, que cuando se enfrenta este tema crítico de la representación, se lo puede enfocar desde varios puntos de vista. Se lo puede encarar a partir de los mecanismos de la representación democrática, es decir, de la crítica de la transferencia de la soberanía del pueblo a la nación, del pueblo al Estado. También se lo puede afrontar, por ejemplo, desde la ineficacia de la representación en la acción ejecutiva, esto es, en la disolución sistemática del concepto de gobierne en aquello que se denomina governance (gobernabilidad), es decir, en la disolución de la tradición de gobierno, de la política y su ejercicio. Esto significaría que, en general, está en crisis la relación entre el sujeto de la representación y el ejercicio del poder.

La cuestión del trabajo

La segunda gran temática que afronta el movimiento de los movimientos después de la representación es la cuestión del trabajo. Y cuando se la aborda, se lo puede hacer también desde varios puntos de vista. El punto de vista que con mayor frecuencia emerge en la discusión contemporánea y que se impone dentro del movimiento de los movimientos, consiste en la transformación del concepto de trabajo, en la percepción de que el trabajo es, sobre todo, actividad social. Esto significa que el concepto de trabajo se separa del concepto de industria ; vale decir, el concepto de valorización se engancha cada vez más con el concepto de actividad social. Estamos afrontando una valoración del trabajo que se vuelve cada vez más subjetiva, una concepción del trabajo que es cada vez más una percepción de la cooperación laboral, de la capacidad de relacionarse en una actividad de la nueva cualidad común de la actividad social, a la que llamamos trabajo. Tengo la impresión de que esta concepción del trabajo es la que ha sido privilegiada dentro del movimiento de los movimientos.

Esto significa en sí la manera en la que el capital pueda asumir esta nueva forma de trabajo. Hasta ahora, puede ser pensada en el nivel en que el trabajo es concebido como capital variable, es decir, como algo que puede ser valorizado sólo cuando es introducido como capital constante. Es posible que la actividad social como nuevo concepto del trabajo sea concebida dentro del concepto de capital sólo cuando sea considerada como elemento de valorización. Es, pues, el problema del capital unitario en el sentido que Marx le ha dado. Evidentemente, aquí surge también otro problema : el de cómo concebir y considerar el desarrollo hoy en día. […]

Poder constituyente y Estado-nación en América Latina

Sin embargo, ante esta situación –en la cual, insisto, las organizaciones de la izquierda no existen más– el ciclo de luchas de la nueva fase, de la nueva época, el movimiento de los movimientos continúa de todas maneras viviendo y subsistiendo en el mundo. Es por esto que resulta tan interesante la situación de América Latina, porque aquí están vivas algunas condiciones características del movimiento, tanto en el terreno de la crítica de la representación como en el terreno de la crítica del concepto de trabajo y en el de la crítica del poder.

Es evidente que –por la situación en que se encuentra el poder del capitalismo internacional y del capitalismo global después de la guerra a nivel mundial y después del 11 de Septiembre– en América Latina se ha roto la relación de dependencia con el centro imperial. Esta ruptura es un elemento absolutamente fundamental, y no solamente desde el punto de vista del análisis de la configuración global del capitalismo, sino también de la condición de los movimientos. La ruptura de esta relación de dependencia es la consecuencia del hecho de que América Latina se encuentra en una situación de interdependencia en el mundo global, lo que determina condiciones absolutamente distintas y nuevas. Es justamente sobre este terreno que las características de los nuevos movimientos han encontrado una expresión excepcional. Bastaría hablar de lo que está sucediendo actualmente en Bolivia para comprender las nuevas determinaciones de la lucha de clases, porque resulta absolutamente evidente que eso es lo que está en juego. No digo que esto sea un modelo, sino que es una experiencia, y sería fantástico que pudiera convertirse en un modelo.

Desde el punto de vista del conocimiento actual, es evidente que la experimentación de las relaciones entre movimiento y gobierno son un tema absolutamente central. Fíjense bien, cuando planteamos este problema desde el punto de vista de la lucha de clases, planteamos lo que los capitalistas están también planteándose desde su posición. En la medida en que la producción no es más una producción que pueda ser concentrada en lugares fijos, que el control social pueda pasar sobre la organización de la clase obrera central, en la medida en que las luchas han destruido la capacidad del Estado-nación de intervenir con sus propios medios en la lucha de clases para bloquearla y dominarla, la estructura misma del Estado-nación está en crisis, porque no es capaz de ejercer su dominación sino dentro de un sistema mundial, de un sistema que tiene que negociarse con otros. Esta es una situación en la que los elementos de decisión política se vuelven cada vez más trascendentales. En esta situación, está en crisis la forma misma del gobierno constitucional de derecho. Es evidente que el Estado-nación europeo –para no hablar de los demás– no tiene ni la posibilidad de ejercer el monopolio de la fuerza, ni la capacidad de determinar el valor de su moneda, ni la posibilidad de determinar de manera independiente su ruptura, al margen de lo que se concibe como relaciones internacionales o relaciones globales.

La noción normal de los gobiernos sobre el ejercicio del derecho de gestión del poder público basado en el carácter universal y general de la ley que se deduce hasta la decisión de casos concretos, se vuelve imposible a nivel global y a nivel local por la relación de fuerzas existente, y son justamente las otras experiencias de gobierno –las que se ejercen continuamente a partir de decisiones de casos concretos– las más gobernables.

Todo esto muestra hasta qué punto la fragmentación de las capacidades de descentralización del Estado lo vuelven frágil ; hasta que punto los procesos de gobierno se vuelven cada vez más incapaces de ejercer su pleno poder. Pero cuando afirmamos esto, retomando el nivel de la administración efectiva de la sociedad, vemos el mismo dualismo que encontramos en el capital. Es decir que el mismo capital es imposible para el capital constante, pero al mismo tiempo el capital, en tanto centro productor, hace imposible el gobierno del capital variable, porque éste es el lado activo, es cognitivo, y por eso mismo tiene una cualidad que hace imposible reducirlo a una cantidad. Por este motivo, la producción social y la ley del valor funcionan solamente en tanto expropiación de la cooperación social ; este es el problema. Para gobernar hoy se necesita a los movimientos ; no podemos gobernar sin ellos. Es ridículo, ¿no? Tanto como que la izquierda tenga que enseñarle a la derecha la forma de gobernar.

Pero es evidente que volvemos a un problema central, el problema del poder constituyente. Es decir, que desarrollar esta forma de gobierno entre los movimientos y la ejecución y la voluntad de los movimientos no es simple ; puede estar llena de contradicciones. La autonomía en sí misma no es algo que pueda resolver el problema, la sociedad continúa siendo una sociedad compleja. Por lo tanto, cuando logramos hacer intervenir en esta acción continua –que es gobernar hoy– el concepto de la práctica en común, solamente entonces gobernar se hace posible, y se hace posible de una manera revolucionaria, construyendo lo común.

Esta construcción de lo común significa hoy recuperar todas las fuerzas de libertad y de igualdad que existen en nuestra sociedad y que están ligadas, fíjense bien, a la nueva forma que el trabajo asume. No es posible hablar del valor sin libertad, y no producimos valor sin lo común. Lo común y la libertad son dos cosas absolutamente ligadas entre sí, y este es el enorme problema y la gran desutopía. Y lo afirmo porque parece lejano como una utopía, pero está ya en la experiencia de cada día, y por lo tanto la llamamos así : una utopía a la inversa, una esperanza que vive y un modelo a construir. Creo que eso es lo que el movimiento de los movimientos nos ha enseñado, y espero que el ciclo de luchas que hemos visto continúe, más allá de la derrota relativa que los movimientos han vivido en Europa y en América del Norte. Hoy América Latina tiene una importancia central gracias a estas experiencias, es nuestra esperanza, y América Latina llega hasta Nueva York.

Este  texto publicado en Gramscimanía es una versión editada del capítulo “El movimiento de los movimientos” que forma parte de Imperio, multitud y sociedad abigarrada. Este último compila las presentaciones de Toni Negri, Michael Hardt, Giuseppe Cocco, Judith Revel, Álvaro García Linera y Luis Tapia en el ciclo de Seminarios Internacionales titulado “Pensando el mundo desde Bolivia” (La Paz, Bolivia, 2008).