7/3/11

El misterio de la casa Trotsky en Turquía

Casa de Leon Trotsky en la isla de Büyükada, también llamada Prinkipo.

Ilya U. Topper

Queda la fachada. Los ladrillos se van desmoronando, las vigas del techo yacen en el suelo. Alguna ventana queda intacta, con cristales tintados de rojo y azul. Maderos tallados a mano se pudren entre las murallas. Lo único más o menos intacto es el retrete pero no hay pintadas revolucionarias en las paredes.

Ésta es la casa en la que Leon Trotsky, uno de los mayores ideólogos de la izquierda del siglo XX, comandante en jefe del Ejército Rojo, pasó cuatro años de su agitada vida. En 1929, tras haber sido expulsado por Stalin de todos sus cargos en la cúpula bolchevique y tras un destierro en Kazajistán, el revolucionario fue deportado a Turquía y el Gobierno le asignó una mansión en la isla de Büyükada, también llamada Prinkipo.

La isla dista media hora en barco de Estambul y en verano es un popular destino de excursiones. En invierno, la mayoría de las casas ―chalés de verano, históricos edificios de la nobleza otomana y la élite griega y armenia― está vacía. La isla era el lugar ideal para el revolucionario, al que tanto el gobierno turco como sus seguidores europeos intentaban proteger de los sicarios de Stalin y de los 4.000 oficiales del Ejército Blanco, derrotado unos años antes por Trotsky. Muchos de ellos estaban exiliados en Estambul.

Acompañado de su mujer Natalia y su hijo Lev, Leon Trotsky se costeaba la vida escribiendo artículos para la prensa europea y bajaba a menudo a la playa (al final del jardín de la casa) para irse a faenar con los pescadores turcos. La abandonó en 1933 para trasladarse a Francia. "No sabemos si después ha vuelto a ser habitada" dice Afife Batur, profesora de Arquitectura en la Universidad Técnica de Estambul. Todo indica que no: en 2009, un fotógrafo norirlandés, James Hughes, se aventuró en los pisos superiores y sus fotografías, expuestas en agosto pasado en Estambul, muestran sólo sillones, camas desvencijadas y una estantería repleta de libros.

Hoy es difícil comprobar si la biblioteca de Trotsky sigue ahí, en una de las muy pocas habitaciones que quedan en pie en el primero o el segundo piso. Sin un juego de escaleras es imposible alcanzar los niveles superiores, y es dudoso si el suelo, y las propias murallas, aguantarían aún una inspección de este tipo.

Una vista de la Isla Büyükada
"La alcaldía de Büyükada tiene interés en adquirir la casa y convertirla en un museo", asegura Batur. "Pero faltan patrocinadores". No sólo los trabajos serían costosos: la casa cambió de dueño hace pocos años por unos dos millones de euros (un precio exorbitado incluso en un sitio tan codiciado como es la isla) y su propietario pedía 5 millones para deshacerse de ella. Aparentemente lo consiguió: desde hace poco aparece como "vendida" en la web de una inmobiliaria británica especializada en edificios históricos. "Pero no he podido averiguar quién es el nuevo dueño", observa Batur.

Según asevera el columnista Ashley Perks en el diario turco 'Zaman', probablemente esta casa no sea la conocida como 'Izzet Pasa', que alquiló Trotsky al llegar a la isla en 1929 y que pudo ser destruida por un incendio en 1931. El fuego fue supuestamente provocado por su hija depresiva, Zinaida, que pasó algunos meses con su padre en la isla, antes de viajar a Alemania donde acabaría suicidándose. La familia ocuparía el edificio actualmente conocido en la isla como "casa de Trotsky" (construido en 1885 para la familia griega Sevastopoulos-Triantaphyllides) a partir de 1932.

Lo que no está claro qué sucederá con las murallas. Si no se hace nada por ellas, en 10 años no quedará nada en pie, cree Batur. Y los partidos Trotskystas de Turquía seguramente carecen de la caja revolucionaria necesaria para hacerse con la casa de su héroe. Y con su biblioteca, si es que aún existe.