18/3/11

El acceso al agua es un Derecho Humano básico


Guillermo León Cartagena Mejía

Es evidente que para los países desarrollados el interés no son los millones de personas en el mundo carentes de agua potable. El líquido vital, constituye una estrategia comercial del sistema económico. Al finalizar la quinta edición del Foro Mundial del agua (FMA), el año pasado, Oktay Tabasaran, secretario general del Foro, se felicitó, así mismo, por el resultado del encuentro, y dijo que los participantes están muy contentos por los contactos comerciales que han podido hacer.

En el encuentro no se acordó aprobar la expresión “Derecho humano al agua”. Por el contrario, se abrieron las puertas de la privatización con la denominación “necesidad humana básica”.


Un derecho es reivindicación de dignidad humana, mientras que, una necesidad se satisface con la creación de empresa. Es la conversión perversa del humano en simple cliente. Son dos propuestas bien diferentes. Los países emergentes defienden la primera propuesta y los industrializados la segunda, por lo que difícilmente se llegará a un entendimiento, pues son encontradas las intencionalidades.

Ha sido práctica del sistema capitalista la privatización, primero de la tierra y todos los medios de producción. Ahora el agua. Y no faltará en el futuro la propuesta de privatizar el aire y toda la madre naturaleza. Nos estamos llenando de foros donde no se llega a ningún acuerdo, la quinta edición del FMA no es la única fallida, ¿qué pasó en Copenhague?, ¿qué esperamos este fin de año en México? Más desacuerdos. Sino que lo digan gringos y chinos.

Si pensamos que el cuerpo humano está compuesto entre 65%-70% de agua, que ella es necesaria en funciones como la digestión de alimentos, expulsión de residuos, regulación de la temperatura, lubricación, distribución de nutrientes y del oxigeno a las células, no tiene por qué haber discusión de que se trata de un líquido vital y por tanto esencia humana no negociable.
Es muy importante comentar los pro y contra de una temática. Normalmente los sesgos ideológicos e intereses particulares colman de subjetividad nuestras posiciones. De verdad la temática del agua como derecho humano tiene importantes repercusiones, cualesquiera sea el acuerdo a que se llegue. La mayor dificultad en esta discusión son los elementos fundacionales personales en lo que a mí respecta. El término derecho fundamental o derecho humano apareció en la historia relativamente hace poco tiempo, pero al parecer, está enraizado en propuestas como el cilindro de Ciro el Grande y el Código de Hammurabi, las sociedades y pensamientos grecorromanos, los fundamentos del cristianismo que en buena parte permearon el derecho romano, Tomas Aquino y muchos otros.

Locke, Hobbes y Rousseau proponentes del contrato social pensaron que los derechos del individuo son naturales y que por tanto en estado natural todos los seres humanos somos iguales y titulares de todos los derechos; para Karl Marx no son más que el intento de la burguesía en defensa de la propiedad privada y no falta quienes los interpreten de acuerdo con la época de su aparición, como direccionados para permitir libertad en las creencias religiosas o como Max Weber que claramente los identifica como ética individualista precursora del sistema capitalista, y otros, como fundamentación del catolicismo social.

De ahí se colige su aparición en las constituciones de muchos países defensores del sistema que nos tiene al borde del colapso ecológico, además, de su posterior incorporación en el derecho internacional en la Declaración de derechos humanos de 1948 por Naciones Unidas, organización proclive al sistema, defensora en últimas de los intereses de los países ricos, cuya acumulación la lograron a expensas del saqueo de recursos naturales en las colonias americanas, africanas y asiáticas, y a través de la cual esos mismos países vetan, bloquean, aíslan comercialmente y condenan a parias, otros países que pretendan desarrollo que no sea bajo premisas capitalistas.

Quede bien claro que no defiendo los absolutismos religiosos ni políticos, como son los casos iraquí, iraní, cubano, coreano, chino o vietnamita entre otros, pero si la libre determinación de los pueblos. También debo reconocer que escasean mis conocimientos cuando la reflexión exige profundidad en el derecho internacional, máxime cuando hoy se proponen a más de los ya establecidos derechos de primera, segunda y tercera, los de cuarta y quinta generación, además de, la manifiesta contraposición entre la universalidad de derechos humanos y el relativismo cultural, que defiende todos los sistemas culturales.

A favor de una declaratoria del agua como derecho fundamental se puede decir que: Implicaría acceso gratuito a un bien que por naturaleza es de todos, su inclusión en la constitución de los países, la firma de las declaratorias y tratados internacionales en este sentido, con lo que se responsabilizaría al Estado como su defensor a través de una democrática administración, es decir mantener el agua como un bien público, de lo que se infiere participación ciudadana para su distribución equitativa. Pero me asalta la duda que los Estados de manera individual y la ONU sean legítimos garantes, cuando es bien sabido defienden el sistema imperante y la ONU es desatendida por las potencias, verbigracia la invasión de los Estados Unidos a Irak.

Los Estados y la ONU serian los responsables de considerar y dar solución a las amenazas que se ciernen sobre la existencia del líquido vital, por el calentamiento global, destrucción de glaciares y acuíferos, deforestación de las cuencas hidrográficas, problemática en la actualidad en manos del Consejo Mundial del Agua que obedece intereses de las transnacionales.

Se recuperaría para el agua el estatus sagrado que significó para las civilizaciones antiguas y aún hoy para los pueblos indígenas.

Se dejaría de considerar el agua como una mercancía, y con ello sustraerla del marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Se podría ejercer control y denunciar las transnacionales del agua y la privatización, buscando acabar el saqueo de los acuíferos para el embotellado.

Se impediría que el agua haga parte de los Tratados de Libre Comercio (TLC), que muy seguramente encarecerán los servicios de agua potable, saneamiento y demás actividades conexas, desestimando los intereses del Banco Mundial y las transnacionales, los más importantes contrarios a la declaración como derecho humano.

En contra mantengo la duda sobre los intereses defendidos por la ONU, si son los de las potencias, poco importa hacer del agua un DH, y no niego que me deja cavilando la idea de universalidad de los DH. ¿Será compatible con el libre desarrollo cultural?, la palabra deja un sabor de estandarización.

Otro problema sería la gratuidad del líquido, no se puede negar los altos costos en su potabilización y distribución.

Los Estados en diferentes sistemas económicos han mostrado grandes flaquezas en el manejo de los bienes públicos. Por lo que serían atinadas para el manejo del agua propuestas tales como:

Participación directa de la ciudadanía en la administración del agua mediante organizaciones comunitarias que exijan rendición de cuentas sobre el suministro y uso.

Mediante la educación a todo nivel concientizar la población sobre el patrimonio natural y su debido cuidado.

Crear incentivos para la comunidad por el cuidado de las cuencas hidrográficas y en general de los ecosistemas.

Manejo integral de las cuencas hidrográficas, es decir, involucrar no solo el factor económico, también lo social, ecológico y cultural.

Garantizar un consumo básico a la población y mediante regulación realizar cobros de consumos excesivos o por actividad, y crear sanciones para castigar severamente el despilfarro y el desgreño administrativo, así como a los causantes de daños ecológicos.
Esta problemática se encuadra en lo mismo de otras causadas por el sistema: Exclusión vs Inclusión

La problemática del agua es global pero ocasionada a partir de daños locales. De soluciones locales se debe partir para enfrentar la problemática global.