27/3/11

Datos sobre José Antonio Maitín

José Antonio Maitín por Francisco Maduro

1. Datos básicos

Poeta y dramaturgo venezolano de mediados del siglo XIX, cuya obra contribuyó a la difusión del romanticismo en nuestro país. Fueron sus padres José Ignacio Maitín y Ana María San Juan. En 1812, ante la pérdida de la Primera República intenta huir junto con sus familiares a Curazao, pero todos son apresados en alta mar y conducidos a Coro; logrando posteriormente viajar a La Habana, donde se residenciaron. En Cuba, José Antonio Maitín conoce a José Fernández Madrid (dirigente civil del movimiento independentista de Nueva Granada que estaba confinado en Cuba), quien lo introduce en los círculos intelectuales de la isla. También en este país traba amistad con José María de Heredia, con Domingo Del Monte y con el joven Santos Michelena, recién llegado a Cuba en 1819, y quien será decisivo en la vida de Maitín.

En 1824 regresa a Venezuela, encontrando que la guerra ha destruido su pueblo natal. Dos años después viaja a Inglaterra como adjunto al cónsul general de la Gran Colombia, Santos Michelena. En la capital inglesa conoce por este tiempo a Andrés Bello.


En 1834, regresa a Venezuela y se establece en Choroní, donde sus padres tenían una hacienda. En 1835, viaja a Caracas para encontrarse con Michelena, conociendo en esta visita al presidente José María Vargas y a José María de Rojas. Durante este tiempo publica una comedia en 2 actos, escrita en verso, La prometida; lo que marca el inicio de su actividad como literato. En 1838, presenta otra comedia Don Luis o El Inconstante. En la década que va de 1840 a 1850 se ubican sus producciones literarias.

En 1841, al recibir un libro de poesías de José Zorrilla enviado por su amigo José María de Rojas, conoce el romanticismo español. Maitín quien hasta ese momento se había caracterizado por ser un poeta neoclásico, escribe un poema dedicado a Zorrilla y se lo remite a Rojas, quien lo publica en El Liberal el 18 de enero de 1842; lo que contribuyó a extender su fama por todo el país. En marzo de 1842, por petición del vicepresidente de la República, Santos Michelena, regresa a Caracas, donde ocuparía un cargo público que finalmente rechaza. En este período escribió Un adiós a Caracas y Homenaje a Bolívar. En enero de 1848, es herido mortalmente Santos Michelena durante el asalto al Congreso perpetrado por José Tadeo Monagas. Acongojado ante la muerte de Michelena, escribe Maitín un poema sobre el trágico suceso. En 1851, José María de Rojas (hijo) edita un volumen de las poesías de Maitín. El 11 de julio de ese mismo año, al morir su esposa escribe una dramática elegía que titula Canto Fúnebre y se retira a su hacienda, "El Parnaso" de Choroní. En 1855, nuevamente perseguido por la tragedia vio morir víctimas del cólera a su hermano Federico, así como a poetas y amigos como José María de Rojas (padre) y Teófilo Rojas. Ese mismo año, al enterarse de la muerte de José María Vargas, escribe su mejor composición después del Canto Fúnebre. En 1874, muere en su hacienda de Choroní, lugar donde se había residenciado de manera definitiva.

2. La voz del poeta elegíaco por excelencia

Francisco Arias Solis

“Aquí todo contrasta
con mi pesar sombrío:
en esta soledad solemne y vasta
no hallo un dolor que corresponda al mío”
José Antonio Maitín

Se ha dicho que el celebrado Canto fúnebre del poeta venezolano José Antonio Maitín que compuso a la muerte de su esposa renovó el género elegíaco no sólo en la poesía del continente americano sino también en la castellana. Menéndez Pelayo afirmó que esta composición “abunda en bellezas en una especie de poesía íntima y familiar, que entonces era nueva en la literatura castellana, y que luego ha producido maravillas, siendo un pequeño honor para Maitín el haber sido de los primeros en descubrir esta vena”.

En sus enfrentamientos con la naturaleza que es uno de los temas desarrollados reiteradamente, Maitín mantiene una conducta que lo diferencia del resto de los románticos. No se puede dejar de ver reminiscencias de la lírica pastoril. Es un poeta que busca la naturaleza para percibir mejor su propia realidad.

José Antonio Maitín nació en Puerto Cabello, estado de Carabobo, el 21 de octubre de 1804. y murió en Choroní, estado Aragua, el 4 de agosto de 1874. Emigrado político en Cuba, terminó buscando la soledad campesina como demuestra Ecos del Choroní., libro que amalgama el sentimiento de la naturaleza con el dolor por la muerte de su esposa, patente sobre todo en el Canto fúnebre. Los literatos chilenos Miguel y Gregorio Amunátegui le llamaron, quizá con exageración , “el más popular entre sus compatriotas y uno de los poetas más sobresalientes de la América española”. En 1841, cayeron en las manos de Maitin, las primeras publicaciones de Zorrilla, poeta por el que sintió verdadera admiración, y escribe una composición titulada A Zorrilla, en que Maitín le dice: “¡Ah! Permite que te admire, / que pruebe tu inspiración, / que si deliras, delire, / con tus suspiros suspire / y llore con tu dolor”. Dicho poema se lo remite a su amigo José María de Rojas, quien lo publica en El Liberal, de Caracas, el 18 de enero de 1842, lo que contribuyó a extender la fama de Maitin por todo el país. Otros poemas muy conocidos de Maitín son La fuentecilla y En el hogar campestre.

Su voz elegíaca necesitaba de la calma. No hubiera podido cultivar su canto suave bajo el estallido de encontrados elementos: “No encuentro una señal que me revele / la acción de mis pesares / sobre la calma eterna y majestuosa / de esta naturaleza silenciosa, / de estos quietos, pacíficos lugares: / Todo sereno está, todo reposa / nada un dolor denuncia ni una pena”.

La falta de seguridad y solidaridad, que nos proporciona la naturaleza indiferente, impulsa a buscar auxilio en la emoción, que al cabo no es más que un autoconsuelo. De ahí que el romántico sea el primero en conmoverse de su propia desventura. Sujeto sufriente, es también objeto de su sufrimiento. Y se duele más todavía porque en la realidad natural no haya manifestación de conmiseración por sus pesares; cuanto más pacífica y serena aparezca ella, más notoria será su falta de solidaridad y sostén. El romántico buscó apoyo dentro de sí “y se convirtió en un objeto infinitamente interesante para sí mismo. Sustituyó la experiencia del mundo por la autoexperiencia, y por fin sintió que la actividad espiritual, la corriente de pensamientos y sentimientos y el paso de un estado anímico a otro eran más reales que la realidad exterior”, dice Hauser. El subjetivismo y el emocionalismo le hicieron prescindir de la realidad exterior, en la que no hallaba ni seguridad ni solidaridad.

Maitín renuncia también a la poesía a causa del desgarramiento sentimental que sufre. No hay nadie que atienda sus versos: nadie que se solidarice con su actividad anímica. De su Canto fúnebre transcribo estos versos que encierran su concepción respecto a la poesía como manifestación de dolor: “¿Quién mirará mis ecos doloridos / con el amor que tú? No, mi lamento / sin esperanza cruzará perdido / por los senos sin fin del firmamento”.

Sus obras son “obras débiles”, aunque nacidas del “genio” y del “vigor” de la poesía; son también pobres versos, porque encierran todo su padecimiento. Su concepto de poesía es el que prevalece en el romanticismo: la poesía como consuelo en el dolor. Tal es la imposición del arte poético en el romanticismo. Esta concepción será cultivada a través de todas las generaciones románticas y logrará una organización conceptual –crítica y consciente- en el periodo de transición romántico-modernista. Más aún, Maitín afirma que el dolor es la fuente de la existencia y la poesía.

El tono elegíaco de la lírica romántica tiene, pues, su origen en esta concepción. Para Maitín la poesía es “lamento”. Nadie oirá –dice- sus versos y su poesía será un “lamento” que cruzará perdido “por los senos sin fin del firmamento”. No hallará la conmiseración ni en otro ser humano ni en la naturaleza. De ahí que prefiera también renunciar a la poesía. Y como dijo el poeta venezolano: “¿Quién a mis pobres versos / la atención prestará que les prestaba? / ¡Tú que por tantos años / fuiste el ser primero, / que atenta y conmovida los oía, / que de una madre el interés sincero / por estas obras débiles tenía”.