2/2/11

Calasso desentierra el tesoro de la extravagancia de los pensamientos de Tiepolo

Tiepolo / Frescos de la residencia de Würzburg

Los Caprichos y Scherzi de Tiepolo son una serie de grabados que realizara el artista italiano a mediados del siglo XVIII y que pasan por ser lo más misterioso y enigmático de su obra. En El rosa Tiepolo el ensayista milanés Roberto Calasso aborda la creación y comprensión de estos extraordinarios grabados así como del resto de la obra de Tiepolo. Durante la parte central del texto Calasso busca -desesperadamente- el sentido de estos Scherzi.
"Pero los Scherzi son una novela muda. Como todos los seres esotéricos. Tiepolo no dice nada acerca de su secreto. Sólo lo muestra. Sabía que con toda probabilidad no se reconocería, y en efecto así fue. Tiepolo fue el pintor saturnino de luz radiante. Con el exceso de luz cubría y protegía esa evidente divergencia. [...] Detrás de lo desdeñoso, simple y magnánimo del gesto, Tiepolo escondía el tesoro de la "extravagancia de los pensamientos", señalada ya por los contemporáneos y cada vez más hudiza para la posteridad."
No es Calasso un crítico de arte al uso, y de esta forma se enfrenta sin pudor a sus colegas, convirtiéndose en lo que pudiera ser un crítico de críticos de arte, una función que considero cada vez más esencial en la época actual, y que la sociedad está demandando urgentemente. Una especie de defensor del aficionado ante la "crueldad" de algunas reflexiones de determinados críticos de arte.


Tiepolo Astrólogo, joven soldado y mujer sentada
Ya nos adelantaba algo al respecto el genial Tom Wolfe en su La palabra pintada -un libro que, por falta de tiempo, no he podido reseñar. Así dice Calasso: "Con mayor lealtad que los críticos modernos, que con frecuencia fingen saber de qué habla Tiepolo en sus Scherzi o directamente evitan el asunto (pretendiendo, en este punto, preocuparse sólo de los valores formales), Charles Blanc declaró que "esta serie de Caprichos es incomprensible y por tanto indescriptible". Según Calasso según Blanc: "¡Qué extraños son los grabados de Giambattista Tiepolo! Son cuadros sin color que lo proclaman colorista incluso más que sus pinturas". Sin embargo aquí entraríamos en una terreno pantanoso, resbaladizo e inestable, pues si Calasso admite no encontrar explicación para los Scherzi es porque la ha buscado, y si su conclusión es que no tienen explicación esto no dejar de ser una explicación. Quizás lo más coherente hubiera sido apostarse en una posición más escéptica -en realidad o hace pero ligeramente-, y confesar que si bien pudiera tener una explicación él la desconoce.

En estos grabados hay personajes habituales como los orientales -ya frecuentes en los frescos del italiano-, las serpientes enroscadas, los troncos atravesados, sátiros, la Muerte -a la cual Calasso denomina "Muerte", a secas-, y por supuesto los búhos. En casi todas las escenas parecen estar esperando algo, mirando algo, quizás realizando algún tipo de conjuro:
"Había algo que aparecía, algo que otros -a su vez- señalaban, o hacia lo que dirigían la mirada, con expresión grave, casi asustada. ¿Qué era? Diversas formas de lo invisible, que no han mordido la plancha del grabado. Ése era el motivo por el que la variopinta congregación se reunía. Eran fieles de lo invisible."
Estos grabados adolecen, según Calasso, de lo qué él denomina "coherencia en el tiempo", ya que coinciden sátiros con soldados enfrascados en alguna guerra dinástica, orientales junto a Polichinela o Muerte., etc..., personajes con una discordancia temporal evidente.

La presencia de serpientes se ha relacionado con sectas ofitas, pero no hay constancia de que Tiepolo perteneciera a ninguna de ellas. Aquí Calasso deja al descubierto una gran contradicción religiosa en la cual la serpiente juega un papel maledicente -en el Jardín del Edén-, y otro salvador -en el desierto de Sinaí con Moisés-. ¿Con cuál quedarnos?

Para Calasso los Scherzi son una:
"… composición-fantasma. Sin ellos, la obra de Tiepolo tendría una admirable completud, sin lagunas. Pero, en presencia de ellos, el significado del conjunto cambia de modo radical. Un giro más imprevisto en cuanto a que los Scherzi se insertan en la obra de un artista que a lo largo de toda su vida no tomó nunca iniciativas, esperando que las ocasiones le llegaran desde el exterior. Mientras tanto, se repetía y variaba en su mente una escena oscura, conectada siempre con el mismo lugar. Algo parecido a una escena primitiva en pintura."
Los orientales es un punto de estudio fundamental en el libro de Calasso: "Tanto en los Caprichos como en los Scherzi los orientales dominan la escena y rigen la suerte de los acontecimientos. ¿Qué sucede con ellos en otros contextos? ¿Desaparecen? Después de una rápida ojeada a los lienzos y frescos de Tiepolo, nos vemos obligados a concluir que aparecen por todas partes. (...) Son aquellos que observan la escena." Los mirones, los testigos de algo que pasa, pero que no sabemos qué puede ser.

En el libro aparecen las reproducciones de los 23 Scherzi. Calasso los va comentando hasta llegar al número 17, a partir del cual comienza otras disgregaciones más genéricas. ¿Se cansó de ellos? Es una lástima porque hubiera sido muy interesante que terminara la exposición individual de cada uno de ellos.
"En los Scherzi, trece hojas de veintitrés tiene como tema el mirar. Un mirar tenso, espasmódico, fijo en algo que se revela. La tensión es tan fuerte que las otras hojas pueden fácilmente ser entendidas como pausas, intermedios entre esas repenticiones igniciones de la mirada, que con frecuencia se dirige a algo que está fuera del marco de la hoja. (...) No se puede decir, ante todo, si se trata de algo que se acerca o que huye.(...) Por mucho que se estudien los Scherzi la pregunta sobre qué es lo que atrae la mirada de los personajes queda sin respuesta concluyente. Progresivamente se insinúa una sospecha: que el tema de los Scherzi sea el mirar, y el observarse. Por eso quien mira los Scherzi no sería otro que un ulterior, invisible personaje de esas hojas. Estariamos ante un caso de dilatada, gódeliana autorreflexividad."
Supongo que aquí se refiere Calasso al segundo teorema de incompletitud de Gödel, que dice que "ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo". Luego los Scherzi no han podido ser creados para ¿demostrarse a sí mismos? Continúa con este razonamiento hasta concluir: "Entonces la broma que esconden los Scherzi en su gravedad sería ésta: se tratan de imágenes que se miran a sí mismas." Creo que me estoy mareando...

No sólo de los Scherzi habla este libro sino también de los formidables frescos de la Residencia de Würzburg: "Además de una sorprendente epifanía histórica, el techo de Würzburg es un experimento antropológico. Por primera, y hasta ahora, única vez se encuentra reunida la humanidad literalmente ecuménica, idiosincrática y comunicante."  Signifique lo que signifique. Hay una figura en los techos de Würzburg muy cómica y sobre la que Calasso llama la atención: "Pero ¿se puede ser un intruso? Sí. Es la figura más cómica, en precario equilibrio sobre la cornisa del fresco, agarrada desesperadamente a una gran carpeta, su único apoyo. ¿Qué contendrá la carpeta? ¿Dibujos? ¿Grabados?". Está claro, Roberto, lleva los Scherzi. Detallados análisis sobre los cuatro continentes en Würzburg ("De los Cuatro Continentes, Europa es el único al que se le concede un trono. Pero es el único que ostenta una expresión de tedio, opaca.")

Nuevas referencias al señor viejo Tiempo y la jovencita Venus en sus brazos. Y es que menudo lío se monta con las reproducciones de Tiempo mostrando su hijo a Venus, o acogiendo el hijo de Venus, y sobre la paternidad de Eros, Cupido, y su maternidad, así como de las pinturas de ¿Madrid? Venus entrega Cupido al Tiempo (en las referencias se dice que está en el Museu de Montserrat en Barcelona) y Londres, Alegoría con Venus y Tiempo (aquí no se complican con el título). Ilustrativas reflexiones sobre las pinturas de Marco Antonio y Cleopatra del Palacio Labia de Venecia (por ejemplo, las astutas referencias al vestido de Cleopatra y el de la princesa que recoge al Moisés bebé siglos antes, o la situación de mero comparsa del propio Antonio y la anécdota del banquete con perla disuelta incluida -¡este libro rezuma sabiduría!-).

También una parte dedicada a las pinturas del Palacio Real de Madrid, consideradas menos geniales que su producción anterior. El último viaje de Tiepolo fuera de Italia, a Madrid, donde finalizará sus días, pidiendo encargos reales, y tras haberse declarado "pobre" a su llegada, es objeto de un seguimiento esencial para comprender la historia de Tiepolo y consecuentemente de la pintura y del arte. También es muy inteligente la comparación del Hallazgo de Moisés del Veronés y la versión de Tiepolo en Edimburgo (a Tiepolo se le llegó a llamar algo así como el nuevo Veronese).

Este libro de Calasso es una obra genial, que incluye un estudio mitológico, religioso, sociológico, humano y crítico de gran parte de la obra de Tiepolo. Después de leerlo uno parece quedar en deuda con la maestría de Tiepolo, y con ganas de conocer mejor su obra. Y, por supuesto -y también con la ayuda del episodio de Nooteboom en El enigma de la luz, cuando visita Würzburg-, con la anhelada intención de recalar alguna vez en la Residencia de Würzburg y poder admirar los increíbles frescos del "mago-hechicero-ofita" Tiepolo.