27/2/11

Las ruinas de Palmira

Palmira es una antigua ciudad ubicada en el desierto de Siria y famosa en el mundo entero debido a sus fabulosas ruinas. Las ruinas de Palmira narran una historia de batallas, de pasión y de arquitectura incomparables. Muchas de las ruinas que se pueden apreciar corresponden a antiguos templos levantados en honor a varios dioses de la mitología babilónica: el Templo de Nebo, dios de la Ciencia; el Tetrapylon, monumento con 4 puertas; el impresionante Teatro Romano y el Palacio de la reina Zenobia son las edificaciones en ruinas de mayor interés en Palmira. Se estima que en el año 30, Palmira llegó a contar con 200.000 habitantes, un número grandioso para aquella época.
Conde de Volney

Invocación

¡Salve, ruinas solitarias, sepulcros sacrosantos, muros silenciosos! ¡Yo os invoco! ¡A vosotros dirijo mis plegarias! ¡Sí! ¡Al paso que vuestro aspecto rechaza con terror secreto las miradas del vulgo, mi corazón encuentra al contemplaros, el encanto de los sentimientos profundos y de las ideas elevadas! ¡Cuántas útiles lecciones, cuántas reflexiones patéticas o enérgicas ofrecéis al espíritu que os sabe consultar! ¡Cuando la tierra entera esclavizada enmudecía delante de los tiranos, vosotros proclamaban ya las verdades que detestan; y confundiendo las reliquias de los reyes con  las del último esclavo, atestiguabais el santo dogma de la IGUALDAD! En vuestro tétrico recinto es donde yo, amante solitario de la LIBERTAD, he visto aparecer su genio, no tal como se le representa el vulgo insensato, armado de antorchas y puñales, sino con el aspecto augusto de la justicia, teniendo en sus manos la balanza sagrada en que se pesan las acciones de los mortales en las puertas de la eternidad. 

¡OH tumbas! ¡Cuántas virtudes poseéis! ¡Vosotras, espantáis a los tiranos; vosotras, emponzoñáis con un terror oculto sus placeres impíos; ellos huyen de vuestro aspecto incorruptible, y cobardes, alejan de vosotras el orgullo de sus palacios! Vosotras castigáis al opresor poderoso; arrebatáis el oro al miserable avaro y vengáis al débil despojado por su rapacidad; vosotras recompensáis las privaciones del pobre, llenando de zozobras el fausto del rico; vosotras consoláis al desdichado ofreciéndole el último asilo; vosotras en fin, dais al alma aquel justo equilibrio de fuerza y sensibilidad que constituye la sabiduría y la ciencia de la vida. Al considerar que es preciso restituíroslo todo, el hombre reflexivo evita sobrecargarse de vanas ostentaciones y de inútiles riquezas; contiene su corazón en los límites de la equidad; y como es preciso que  llene su destino, emplea los instantes de su vida, y usa de los bienes que se le han concedido