16/2/11

Fidel sueña que el mundo debería ser una familia


“No hablo de salvar a la humanidad en términos de siglos o de milenios… A la humanidad hay que empezar a salvarla ya”, dijo Fidel en un diálogo con los escritores que asisten a la XX edición de la Feria Internacional y que se prolongó por más de cinco horas.

Las palabras del líder de la Revolución cubana entrañan toda la urgencia de la frase, aunque el diálogo con los escritores es más bien distendido y toma varios rumbos, que van desde los altísimos precios de los alimentos hasta las protestas que agitan el mundo árabe, pasando por la educación de los jóvenes y la poesía del cubano Plácido.

“Nuestra especie no ha aprendido a sobrevivir”, y  las respuestas a los dramáticos problemas que afronta el planeta “no se pueden posponer”, añadió el Comandante en Jefe en lo que fue el típico reencuentro de amigos que, después de un tiempo sin verse, conversan sobre la veloz dinámica de los acontecimientos mundiales de los últimos días, de los últimos años, de la última década. Y también de la historia, que se ve de diferente modo según pasa el tiempo.

Abel Prieto, ministro de Cultura, nombró uno por uno al casi centenar de invitados, la mayoría conocidos por ser participantes asiduos de la Feria cubana del Libro y de otros eventos culturales o académicos como los encuentros de economistas sobre Globalización y Desarrollo.

El problema más serio

Tras los cálidos saludos de bienvenida, Fidel sugirió concentrar el diálogo a partir de una pregunta: ¿cuál creen ustedes que es el problema más serio que tenemos hoy?

Unos afirmaron que la radicalización de los procesos progresistas en la región y el mundo, otros que la capacidad de responder por adelantado a los conflictos que todavía no estamos entrenados en avizorar y nos sorprenden. Muchos coincidieron en la necesidad de articular más las fuerzas de izquierda y utilizar mejor las actuales plataformas de comunicación, nuevas y desafiantes.

También se habló del posible efecto dominó de las rebeliones sociales en África del Norte y Oriente Medio y no faltó el interés por hacer que las jóvenes generaciones se interesen en los problemas de esta época, sin que se extravíen en los mares de la banalidad que los convoca desde todas las esquinas mediáticas del mundo.

Fidel los escuchó muy atentamente a todos, se mesó suavemente la legendaria barba y  leyó algunos apuntes que compartiría con los intelectuales.

Una especie en peligro de extinción: el hombre
“Hay un problema que si no se resuelve, sobra todo lo demás -afirmó-. No hay ni siquiera Historia. Pienso que estamos ante una crisis de ese carácter. Si tuviera razón sería muy inconveniente -se acotó a sí  mismo-, pero soy optimista, porque de lo contrario no hablaría de estos temas… No los hablaría si creyera que la vida no pudiera preservarse.”
Entonces transitó por algunas de las teorías alrededor del surgimiento de la especie humana y su trascendencia en el tiempo. Independientemente del tema que nos guste discutir, comentó, lo más importante es valorar cómo vamos a preservar la vida, mientras más se medite sobre eso más importancia tienen las ideas.

Retomó lo que ha sido la más recurrente de sus obsesiones como político de visión universal desde que hace casi 20 años -en junio de 1992-, cuando en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, efectuada en Río de Janeiro, Brasil, advirtió: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre…”
“Yo pienso -insistió ahora- que la especie humana está en peligro real de extinción y pienso que podemos y debemos hacer un esfuerzo para que eso no ocurra. Ese es el tema principal sobre el cual quería conversar con ustedes.”
El acto de terrorismo más grande la historia

Imposible olvidar las bombas atómicas lanzadas en 1945, por orden del presidente Harry Truman, cuando estaba cercano el fin de la II Guerra Mundial, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.  Fueron “el acto de terrorismo más grande que se haya cometido jamás”, y esto le hizo recordar los testimonios que han traído a Cuba los viajeros japoneses del Crucero por la Paz.

Sin embargo, más de medio siglo después el ser humano no ha hecho otra cosa que desbordar lo irracional. El poder destructivo de las armas actuales equivale a 450 mil veces el de aquellas que marcaron un antes y un después en la vida del planeta. Como han probado eminentes científicos, cien de esas armas, en un conflicto local como el que hoy existe entre la India y Pakistán, bastarían para provocar un invierno nuclear durante 8 años sin sol, oculto por las nubes del polvo nuclear, insistió.

Fue ahí entonces que preguntó a sus invitados si creen que se puede hacer algo por preservar la especie y leyó fragmentos de las ideas que acababa de escribir, donde apela a ese “injerto del talento y la bondad” que hace de los intelectuales progresistas personas útiles para crear y poner en acción un movimiento de ideas que evite los cataclismos advertidos.

Temas a debate

La crisis alimentaria provocada por el precio a cuenta de la especulación financiera, la escandalosa compra de millones de hectáreas de tierra del Tercer Mundo por parte de las transnacionales, los agrocombustibles, los secretos de una adecuada alimentación humana, las medias verdades y las interesadas mentiras sobre las concentraciones poblacionales y su impacto en los precios de la comida; las deudas que en ocasiones multiplican varias veces el valor del PIB de las potencias del norte desarrollado, aunque no se hable de ellas como se habló tanto y tan críticamente de las de las naciones del sur subdesarrollado.

Fidel reafirmó la necesidad de que el pueblo cubano esté informado del alza espectacular del precio de los alimentos y las consecuencias económicas que esto trae para el mundo, incluyendo nuestro país. “Tenemos el deber de informar sobre la situación. Para producir los niveles de trigo que el país consume, se necesitan 400 000 hectáreas de ese cultivo, con un rendimiento como el que tiene Estados Unidos.”

“Hay que informar a la gente lo que se puede extraer de cada metro cuadrado de tierra en nuestro país”, enfatizó.

Se habló de todo  eso, como de las manos manchadas de sangre real y no simbólica de los líderes de las llamadas democracias occidentales, las instituciones financieras y hasta los organismos internacionales, incluida la ONU -”una estafa”-, donde los honestos no sobreviven porque los poderosos los largan cuando no se pliegan a sus designios.

Y también se habló de Cuba, de su historia, de su resistencia, de la capacidad del país para enfrentarse a las agresiones y debatir cuanto haya que debatir abiertamente, cuando se pretende igualar sus dinámicas  a lo que ocurre ahora mismo en Oriente Medio.

Fidel recordó cómo fue que la Revolución Cubana llegó a convertirse en una transformación radical y profunda desde la raíz de un movimiento que, con menos del 25 por ciento de la fuerza que se concibió cuando surgió la idea de la lucha en las montañas, una sola arma automática y no 300, y poco más de 50 fusiles con mirilla telescópica, llegó al país y fue prácticamente destrozado para emerger desde un pequeño grupo y derrotar a un ejército armado, entrenado y financiado por la cercana potencia norteamericana.

Aludió a la ética practicada desde su nacimiento por el movimiento guerrillero en Cuba, que se ganó el respeto y la admiración del adversario. Recordó la acción del grupo de oficiales jóvenes que protagonizó una rebelión el 5 de septiembre de 1957, que incluía en sus planes bombardeos al Palacio Presidencial -donde se refugiaba el dictador Fulgencio Batista- y el Campamento Militar de Columbia.

“Eran oficiales serios, valientes”, pero de haber ganado el poder aquel grupo de oficiales, no habría sido posible generar la fuerza que permitió realizar directamente la profunda Revolución que tuvo lugar en Cuba.

Como una familia

“¿Por qué el mundo no puede actuar como una familia?”, se preguntó Fidel. “No tenemos otro planeta a donde mudarnos. Venus, que lleva el nombre de la diosa del amor, tiene un calor enorme. La estrella más cercana a la Tierra está a 4 años luz -un año luz es la distancia que un rayo de luz recorre en un año, a la velocidad de 300 000 kilómetros por segundo-. No podemos mudarnos. Nuestra vida está aquí, en este planeta, lo único que verdaderamente tenemos”, añadió.
“Creo que deberíamos comportarnos como una familia, y compartir lo que tenemos: unos petróleo, otros alimentos, los de más allá médicos….” Y como si regalara un sueño o un destino, perfiló la frase: “¿Por qué no podemos considerar al mundo como la sede de una sola familia humana?”
Al final del encuentro, después de escuchar las valiosas intervenciones de numerosos participantes, Fidel los convocó a trabajar para sumar muchas voluntades a esta vital batalla de ideas y los invitó a verse dentro de un año en la próxima edición de la Feria del Libro.

A la humanidad hay que empezar a salvarla ya!

Texto Introductorio de Fidel Castro al debate con los intelectuales realizado el martes 15 de febrero de 2011 en el Palacio de las Convenciones.

Supe que varios intelectuales prestigiosos, y amigos sinceros de Cuba, visitaron nuestra Capital para participar en la XX Feria Internacional del Libro de La Habana.

Esa Feria es una de las modestas cosas buenas que hemos impulsado. Los libros y las ideas que ustedes elaboran y promueven han sido fuentes de aliento y esperanza; gracias a ellos, conocemos lo que vale el injerto del talento y la bondad. Sus nombres se familiarizan y se repiten a lo largo de la vida durante años, que siempre nos parecen breves.

Entre los factores que amenazan al mundo están las guerras. Los científicos  han sido capaces de poner en manos del hombre colosales energías,  que han servido entre otras cosas para crear un instrumento autodestructivo y cruel como el arma nuclear.

Los intelectuales pueden quizás prestar un enorme servicio a la humanidad. No se trataría de salvarla en términos de milenios, tal vez ni siquiera en términos de siglos.  El problema es que nuestra especie se encuentra ante problemas nuevos, y no aprendió siquiera a sobrevivir.

Si logramos que los intelectuales comprendan el riesgo que estamos viviendo en este momento, en que la respuesta no se puede posponer, tal vez logren persuadir a las criaturas más autosuficientes e incapaces que han existido nunca: nosotros, los políticos.

¿Cómo?

Me correspondió hace casi 20 años la desagradable tarea de advertir al mundo, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, que nuestra especie estaba en peligro de extinción.

Lo razoné entonces, aunque el peligro no era inminente como ahora, se me escuchó con atención, aunque tal vez sería mejor decir que con benevolencia.

Hubo aplausos. Un tipo se había percatado de eso. Los súper poderosos allí reunidos se dieron cuenta de que era cierto, pero un problema que ellos, desde luego, se ocuparían de resolver en los siglos que tenían por delante.

La cara sonriente de Bush padre, y la monumental mole del Canciller alemán Helmut Kohl, marchando con rapidez por un ancho pasillo, al frente del grupo después de la foto final, propiciaba la impresión de que nada podía perturbar el feliz sosiego de nuestro espléndido mundo.

Tan tonto como los demás mortales, quedé con la idea de que tal vez había exagerado.

Han pasado solo 19 años y hoy veo cosas perturbadoras que ya están sucediendo y no admiten dilación alguna.

Más vale parecer locos que serlo y no parecerlo. Si pensamos que estamos ya a un paso del abismo y nuestro cálculo no fuera exacto, ningún daño haríamos a la humanidad. Cuando nos acercamos ya a los 7 mil millones de habitantes, no es cuestión de ponerse a filosofar sobre Malthus y las posibilidades de la soya, el trigo y el maíz genéticamente modificado.

Los norteamericanos, que en eso son los más avanzados, saben bien cual es el tope de sus posibilidades.

Es hora ya de prestar atención a los ecologistas y los científicos como Lester Brown, la máxima autoridad mundial en esa materia y la producción de alimentos.

Pensadores eminentes ven con claridad que el sistema capitalista desarrollado marcha hacia un desastre inevitable. Nadie habría sido capaz de prever las nuevas situaciones que se van creando a lo largo del camino, y en nada se niega sino, por el contrario, se confirman las crisis que nos convirtieron en revolucionarios. Ahora no se trata de la inevitabilidad del cambio de la sociedad, sino del derecho de la especie a una vida diferente por la cual no hemos dejado de luchar.

Ni siquiera entre las religiones que postulan el Apocalipsis, una idea en la que creen muchos, nadie que yo sepa sugirió que sería este milenio y mucho menos este siglo.

He meditado mucho estos días en los sucesos que están teniendo lugar y les ruego hagan lo mismo, sin temor alguno de solicitarles un esfuerzo inútil.

Tengo el hábito de leer cuanto análisis de ecologistas y científicos prestigiosos llega a mis manos.

Ayer, cuando meditaba sobre lo ocurrido en Túnez y Egipto, me llamó la atención un artículo recién publicado de Paul Krugman, escritor renombrado y economista serio, cuyos análisis sobre las medidas de Roosevelt a raíz de la Gran Depresión y la guerra, reflejaban un especial conocimiento de la economía en Estados Unidos y el papel desempeñado por el autor del New Deal. No es marxista ni socialista. Recibió el Premio Nobel de Economía en el año 2008. Vean lo que escribió sobre la crisis de los alimentos, la persona tal vez más autorizada para hacerlo.


Paul Krugman




Han pasado casi 19 años de la Cumbre de Río de Janeiro y tenemos el problema delante. Allí estábamos planteando esos problemas, sin imaginarnos que el fin de la especie puede ser dentro de un siglo o de decenios, si antes no se produce una guerra.

El aumento de los precios de los alimentos agravará de inmediato sin ninguna duda la situación política  internacional.  Si como consecuencia de todo esto se agravan los problemas, me pregunto: ¿debemos ignorarlos?

Me gustaría que sobre este tema se centrara nuestro debate.

La Humanidad hay que empezar a salvarla ya.