10/2/11

Claudio Magris oscila entre la utopía y el desencanto


Javier Edwards

Como en “El Danubio” y “Microcosmos”, en "Utopía y Desencanto", Claudio Magris extrema los límites de los géneros literarios para interpretar la historia medular del Occidente moderno, como la disolución de la utopía en el fracaso y la promesa de su retorno. Un libro publicado el 2001.

Si en “El Danubio” y “Microcosmos”, Claudio Magris desafió el concepto de novela transgrediendo la estructura misma del género –al convertir un lugar geográfico y una cultura en personajes- en “Utopía y Desencanto”, a través de cincuenta y dos artículos escritos entre 1974 y 1998, nuevamente propone un libro donde la palabra se ejerce desde el límite entre ensayo y relato breve.

 “Utopía y Desencanto” revisa unas ideas que se apoderaron del pensamiento Europeo a partir del siglo XVI:  sensatez y locura de la razón en todas sus formas.  Y si Claudio Magris escribe sobre este tema es porque ha sido seducido por la  magia de la Edad Moderna, con ese cambio de paradigma que instaló al hombre en el eje del universo llenándolo de proyectos e ilusiones, especialmente en ese laboratorio de ideas que fue el mundo centro europeo, con sus afanes imperiales, con su grandiosidad heredada de Roma, pero también con la fragilidad proveniente de ésta.

Difícil sintetizar el detalle de un número tan amplio de escritos, su riqueza de perspectiva, la agudeza con que Magris  explora los intersticios de una época, sus sueños y pesadillas. En ellos ha querido presentar con trazo agudo y a mano alzada, los aciertos  y los errores como si unos no pudieran vivir sin los otros, como si la vida no fuese sino la inevitable conexión de bien y mal, orden en el seno del caos. Y el viaje que propone al lector es apasionante porque, sin cerrar los ojos al fracaso de las grandes utopías de la modernidad, destaca la dignidad del proyecto moderno y su resultado, rescata de las fauces cínicas lo que de él pueda quedar, rechazando la afirmación de que sólo tenemos por delante una pura nada. El resultado: un libro de claridad meridiana, de lectura amena con una vigencia casi premonitoria.

Leyendo el primero de los artículos, escrito en 1996, es inevitable reflexionar sobre el significado y consecuencias del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, sobre la maduración de un conflicto cultural que parecía inevitable en sus formas más radicales y extremas. El horror de ese ataque terrorista con sus miles de víctimas, de saber que en uno de los países más pobres del mundo siguen muriendo personas inocentes, que el fanatismo todavía puede tener alguna sorpresa que preferimos no imaginar y la debilidad del concepto de Occidente frente a un cierto Islam fanatizado, hacen de la lectura de “Utopía y Desencanto” una experiencia balsámica e inteligente que nos devuelve una identidad más sutil y significativa que la mera reacción patriótica. Todo el libro de Claudio Magris permite interpretar la identidad Occidental bajo un código de dignidad que rechaza cualquier argumento que presente a la libertad como causa de una pretendida debilidad.

El autor propone que la mirada humilde y desencantada, con una dosis de bien contenida esperanza sobre el futuro, es el gran legado de los fracasos de la modernidad. Imposible esta reflexión sino en el marco de la dialéctica que ha hecho de Occidente -mundo al que de algún modo pertenece Latinoamérica- ese vasto campo de experimentación que permite mirar atrás y ver que, después de las grandes utopías, es posible, por ejemplo, redescubrir el sentido de la palabra Apocalipsis, en griego: revelación, poner de manifiesto lo escondido, más que fin de mundo; que la religión de hoy debe mirar más al Padrenuestro que al Dies irae  y que el libro de la Biblia con ese nombre no es el más tenebroso sino tan sólo uno de los más complejos.

Desde Nietzsche a Vattimo, de Kierkegaard a Heidegger, de Comte a Wittgenstein a través de una lista de innumerables “grandes” del pensamiento y, también, con los pequeños desconocidos (pan de los eruditos), Magris muestra que la dignidad esencial de la modernidad emana precisamente de su “generosa imperfección”. Todo ser tiene su Talón de Aquiles y la fragilidad consiste en ser incapaz de reconocerlo. Los ejemplos se multiplican en estas páginas que ojalá todos pudieran y quisieran leer, porque en cada uno de sus textos se enseña un matiz de nuestra inevitable complejidad cultural, como cuando se remite al libro de Torquatto Accetto “Del honesto disimulo”, oscuro escribano del siglo XVII que desenmascara el origen de la gran literatura como la verbalización infinita que parte de la adulteración creativa, del error, del hacer y deshacer, pero sobre todo de la capacidad de rehacer, la libertad de reinventar.

Utopía y desencanto, entonces, son el preciado legado de una época que, con su ir y venir pendular, han permitido reconocer, por ejemplo, que “...el Barroco, esa civilización que sabía que el único creador posible era el eventual Dios del universo, captó esa esencia de la poesía, con un gesto que es nuestro y que impregna la resignada grandeza de Borges” (que no creía en Dios). Todo un arco histórico, desde el siglo XVII, con su creencia ilimitada en la razón y Dios como partes de una perfecta igualdad matemática, hasta el siglo XX, en la que un escritor argentino, usó esa misma razón como un instrumento para crear relatos, metafísicas, teologías en las que ya no se cree sino para jugar a la inteligencia. Si una mirada como la de Claudio Magris parece plausible, lo es gracias a la profundidad con que interpreta el universo de datos que lo rodea, transcribiendo, como el mismo dice: “un texto escondido e inenarrable, el libro indecible de la vida, las palabras grabadas en las cosas, en la nervadura de una hoja o la polvareda de los acontecimientos".  Un regalo para aquellos a quienes el significado profundo de las cosas, a veces,  pasa desapercibido. 

Título original: “Modernidad: Magris y el legado de nuestro tiempo”
Fuente: Ojo Literario