9/2/11

Alain Badiou y el amor septuagenario


Se acaba de publicar Elogio del amor, la última obra del filósofo francés Alain Badiou, que ha tenido un éxito espectacular en Francia. 
Badiou ha evolucionado mucho. Su libro es un elogio del amor, una reivindicación de la pareja que probablemente le hubiera gustado mucho a su amigo Gilles Deleuze, teórico de la revolución sexual de los años 70 pero siempre fiel a su discreta mujer.
Lo que sostiene Badiou es que el amor es un proyecto de dos personas que comparten la diferencia, en contraposición a la política en la que los miembros de un partido se relacionan por la igualdad.
«El amor es lo que yo llamo la «escena del Dos». Todo amor que acepta la prueba, que acepta la duración, que acepta justamente esta experiencia del mundo desde el punto de vista de la diferencia, produce a su manera una nueva verdad sobre la diferencia (…) El filósofo debe preguntarse el porqué de todas esas películas, esas novelas, esas canciones totalmente consagradas a historias de amor… Para que esas historias interesen a un público tan inmenso, es necesario que en el amor haya algo de universal. Lo que en él hay de universal es que todo amor propone una nueva experiencia de verdad sobre lo que es ser dos y no solamente uno». 
Badiou sostiene que el amor no es la sublimación del sexo, por muy importante que éste sea, ni una cristalización idealista de los sentimientos, como defendía Stendhal. Para el filósofo francés, el amor es un proyecto de la voluntad que se reafirma en el tiempo, es una experiencia compartida de la diferencia que se reconoce en el otro.
Todo amor tiene vocación de perdurabilidad y, por tanto, de eternidad, lo que hace tan dolorosas las rupturas. El amor no es el instante sino pura repetición en el sentido lacaniano del término.
Lacan fue, posiblemente, otro de los grandes teóricos del amor moderno. Su análisis de los versos de Louis Aragon a Elsa Triolet -el yo que se reconoce en la mirada del amante como si fuera un espejo- me sigue pareciendo magistral.
El amor es no sólo la gran fuente de significados de nuestra existencia sino además un enigma sin respuesta. Como sucede con la muerte, nadie sabe en qué consiste porque sólo son perceptibles sus efectos. El amor sigue siendo un gran desconocido en la era de internet y los teléfonos móviles, pero yo me quedo con aquella frase genial de Louis Aragon que decía que “la mujer es el futuro del hombre”.