21/1/11

Trotsky, el arte de la insurrección: el Octubre Rojo

Diego Rivera / Trotsky

“La insurrección es un arte, y como todas las artes tiene sus propias leyes”: Trotsky

Así definía Leon Trotsky a la Revolución, como un arte que debía transmitir al pueblo ruso, hasta lograr la igualdad en una sociedad marcada por una guerra entre clases, una guerra en la que según el pensamiento socialista decimonónico el proletariado estaba destinado a alzarse con el poder. Esa era la premisa de Trotsky.

La Revolución de febrero sorprendió a Trotsky en Nueva York, donde participaba en la redacción del periódico ruso Novii Myr (El Nuevo Mundo), que era el centro de la propaganda revolucionaria en los Estados Unidos. Trotsky consiguió llegar a Petrogrado el 4 de mayo, un día después pronunció un discurso contra el Gobierno Provisional en el seno del soviet en el que planteaba el traspaso del poder al Soviet de Diputados, Obreros y Soldados.

También explicó de forma certera su análisis acerca de la naturaleza y el carácter de la revolución que se estaba gestando en Rusia gracias a su experiencia revolucionaria en 1905, explicó, en la que más tarde sería conocida como La teoría de la revolución permanente, que en Rusia estaban pendientes las tareas revolucionarias de la burguesía (el reparto de la tierra, separación de la Iglesia y el Estado, el desarrollo industrial, etc.), pero que esta clase social no podía llevar a cabo por su antagonismo con el proletariado y por sus lazos con la nobleza feudal y la aristocracia zarista.


Por otro lado, el campesinado era incapaz de tener un programa propio por su heterogeneidad y dispersión. Solo el proletariado, ganándose el apoyo de los campesinos pobres, podía cumplir esas tareas, y para ello se le debía proveer de los medios materiales necesarios; por esa razón se tendrían que tomar medidas de carácter socialista como la nacionalización de bancos y grandes fábricas.

Con estas premisas, Trosky reforzó su acercamiento con la línea bolchevique surgida del congreso del partido en abril de ese mismo año, y el 10 de mayo Lenin, Zinoviev y Kamenev se reunieron con él para concretar su entrada en el partido. Su alta formal tiene lugar en julio, incorporándose de forma directa al Comité Central.

La batalla en el seno del Partido Bolchevique en el congreso del mes de abril supuso un viraje en la política del partido y la derrota de los sectores más proclives al compromiso con la democracia burguesa. Algunos dirigentes, como Zinoviev y Kamenev, eran los más claros exponentes de esta tendencia; otros, como Stalin, se mantuvieron en un expectante segundo plano dejándose llevar por los acontecimientos. Lenin, consciente de esta tendencia, encuentra en Trotsky su mejor y más capaz aliado.

Los días 3 y 4 de junio tuvo lugar el I Congreso General de los Soviets, el cual llama a toda democracia revolucionaria rusa a apoyar al gobierno provisional. Esto suponía una dura derrota para el Partido Bolchevique y para Trotsky, que aún no se había incorporado de forma oficial al partido, los cuales llegaban al congreso en una aplastante minoría frente a los partidos Menchevique y Social-revolucionario.

Como respuesta a la insatisfacción del pueblo ruso con respecto a la Revolución de febrero, el Partido Bolchevique con Trotsky a la cabeza, que ya se perfilaba como líder político del soviet de Petrogrado, convocaron los días 3 y 4 de Julio las llamadas Jornadas de julio durante las cuales cientos de miles de obreros y soldados de Petrogrado intentaron que el comité ejecutivo del soviet asumiera el poder. Tras estas, el gobierno provisional había ordenado la detención de los instigadores: Lenin, Kamenev y Zinoviev, que pasaron a la clandestinidad; pero no de Trotsky. Frente a este intento de meter una cuña entre él y Lenin ante las masas, Trotsky respondió con una carta pública en la cual exponía su total coincidencia con los planteamientos de los acusados y afirmaba el haber participado en los acontecimientos a su mismo nivel, mostrándose irreconciliable con el Gobierno Provisional. A raíz de esto ingresó en prisión hasta el 4 de agosto cuando fue liberado fruto de la presión obrera.

La derrota de la intentona contrarrevolucionaria del general Lavr Kornilov sobre Petrogrado el 24 de agosto dio un nuevo impulso a la revolución. El ascenso bolchevique era imparable y poco a poco fue haciéndose con la mayoría de los soviets. El 23 de septiembre Trosky era elegido presidente del Soviet de Petrogrado. Lenin, todavía desde la clandestinidad, le insistía en pasar a la acción temeroso de que las inseguridades del partido durante los meses de febrero y marzo se reprodujeran de nuevo.

Los miedos de Lenin no eran infundados, pues la burguesía y sus aliados mencheviques y social-revolucionarios no retrocedían en su intento de integrar al bolchevismo en los engranajes de la democracia burguesa y la política del Gobierno Provisional. En algunos dirigentes bolcheviques esa presión surtía efecto, lo que conllevaba continuos choques internos en el partido.

Los choques más virulentos y significativos tuvieron lugar en torno a la posición bolchevique ante el preparlamento y la Conferencia Democrática del 27 de septiembre.

El 20 de septiembre se celebraba una conferencia del Partido Bolchevique para discutir su posición ante el preparlamento. Trosky, exponente del Comité Central, propugnaba el boicot; pero su propuesta fue derogada aun con el apoyo de Lenin. A pesar de ello, la intervención de las organizaciones locales del partido en el debate posibilitó el triunfo de la tesis del boicot. Finalmente, el 10 de octubre los bolcheviques abandonaban el preparlamento reclamando todo el poder para los soviets.

La Conferencia Democrática estaba organizada por los partidos reformistas y la burguesía. Mediante esta, el Gobierno Provisional pretendía paralizar la lucha de los bolcheviques por el poder de los soviets. El desarrollo se esperaba fácil y rápido, de manera que los soviets fueran cediendo poco a poco sus funciones al Gobierno Provisional y que finalmente desaparecieran de escena. Para legitimizar la maniobra necesitaban la presencia del Partido Bolchevique. La postura de Trotsky era la de acudir a la Conferencia Democrática para retirarse ostentosamente denunciando la trampa y tomando como premisa la idea de que solo participarían en un parlamento cuyo fin fuera abolir el gobierno actual.

El día 10 de octubre el Comité Central del Partido Bolchevique acordó ir de manera inmediata a la revolución. El Gobierno Provisional, consciente del peligro, ordenó trasladar a la guarnición de Petrogrado, mayoritariamente bolchevique, al frente y sustituirla por fuerzas fieles como los cosacos o los batallones de la muerte. Pero el día 16 de octubre el Soviet de Petrogrado reaccionaba creando el Comité Militar Revolucionario que, bajo la dirección de Trotsky, revocaba la orden.

La mañana del 24 de octubre tenía lugar la primera sesión del II Congreso General de los Soviets, en el cual el Partido Bolchevique tenía asegurada la mayoría absoluta y durante la cual se aprobó la deposición del Gobierno Provisional y la toma de poder por el máximo órgano soviético a propuesta de Lenin y Trotsky en representación del partido.

Esa misma tarde, Trosky, al frente del Comité Militar Revolucionario, ordenó a la guarnición de Petrogrado tomar la ciudad. El ejército soviético tomó los puntos clave de la capital en apenas unas horas. El Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional, fue tomado el día 25 por la tarde. El jefe del gobierno, Aleksandr Fiodorovich Kerenski, había huido esa misma mañana. En la misma noche del 25 al 26 de octubre, Lenin, apoyado por Trotsky como presidente del soviet de Petrogrado y anfitrión, se presentaba ante el II Congreso General de los Soviets y anunciaba la formación de un nuevo gobierno formado por bolcheviques: el Consejo de los Comisarios del Pueblo. Lenin también presentó los dos primeros decretos del nuevo régimen: un Decreto de Paz, que anunciaba una paz inmediata sin anexiones ni indemnizaciones; y un Decreto de la Tierra, que proclamaba la confiscación de toda tierra privada y su transferencia a los soviets.
El día 7 de noviembre, mismo día en que cumplía 38 años, Trotsky anunció al pueblo de Petrogrado que el Gobierno Provisional ya no existía.

Trotsky vio aquel día su sueño de La Revolución cumplido, aquel que había visto frustrado en 1905 y que entonces por fin se hacía realidad.

La Revolución había llegado a Rusia.