10/1/11

La primavera tunecina

En los últimos doce días, las calles de Túnez han sido escenario de enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de represión. La causa directa del estallido de estos eventos es la solidaridad mostrada por las masas con un joven que se inmoló en la ciudad de Sidi el Bouzidon el 17 de diciembre. Después de este incidente, otro joven (Hussein Falahi) se suicidó saltando desde una torre de electricidad para protestar en contra de su desempleo. Después de esto, un tercer hombre joven, de 34 años, se suicidó arrojándose a un pozo en la región de Gdir. Estos actos reflejan la profunda frustración que experimentan los jóvenes tunecinos.

El joven Muhammad Bouazizi, de 26 años de edad, que es un graduado desempleado, se quemó en protesta contra la confiscación de su pequeño puesto de frutas, con el pretexto de vender sin licencia.


La policía no le permitió reunirse con el gobernador y fue atacado violentamente por los funcionarios locales del Estado. Fue trasladado al hospital local en estado crítico. A partir de entonces, una multitud de jóvenes protestaron frente a la sede del municipio para denunciar la opresión y la explotación, exigiendo el derecho al empleo para los jóvenes de la región. Miles de ciudadanos estuvieron presentes en estos eventos, la mayoría de ellos están desempleados, y corearon consignas condenando la política de la clase dominante y exigiendo venganza.

Sidi Bouzid, 18/12/2010Poco después, una oleada de protestas se extendió a otras ciudades. Los informes hablan ya de la muerte de un manifestante, el joven Muhammad Bashir Al-Amari (18 años), que recibió un disparo mientras se encontraba protestando en la ciudad de Sidi Bouziane por el derecho al trabajo, por una vida digna y contra la corrupción. Según informes recientes otro mártir, el joven Shawki Heydari, cayó muerto tras ser herido en la espalda por las balas de la policía durante las protestas en Manzel Bouziane.

En el pueblo de Zanoch, ubicado en el municipio de Gafsa, la movilización aumenta día a día. Dos licenciados en paro organizaron una sentada ante el ayuntamiento del pueblo en la mañana del 23 de diciembre. La noche anterior, otro joven en paro, Aliani Hashemi, trató de suicidarse. Los informes indican que las fuerzas represivas fueron enviadas allí en millares.

Las protestas se han extendido a otras ciudades como Almknasi, Manzel Bouziane y Rgab. Los enfrentamientos con el Estado, que tenía rodeada la ciudad de Sidi Bouzid, continuaron durante la noche del domingo 19 y el lunes 20 de diciembre. Los enfrentamientos duraron hasta las 3 de la mañana del lunes. Las fuerzas del Estado han utilizado gas lacrimógeno y bombas, y han hecho redadas a casas y detuvieron a jóvenes.

La ciudad de Sidi Bouzid sigue siendo objeto de control policial y está sellada tras un muro de silencio por parte de los medios de comunicación oficiales y semioficiales.

El sábado 25 de diciembre, la región de Jdid Souk cerca de Sidi Bouzid ha sido testigo de enfrentamientos violentos en los que las fuerzas de represión utilizaron munición real. Algo similar ocurrió en la zona de Sidi Ali Ben Oun, donde las fuerzas represivas dispararon fuego real y gases lacrimógenos a manifestantes totalmente desarmados, y cortaron la electricidad. Esto no intimidó a las masas, sino que llevó a nuevos enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas represivas.

En la ciudad de Bouziane, hizo falta la intervención del ejército y la policía para imponer un estado de sitio y toque de queda en la ciudad, e imponer un control total sobre el distrito Azaafor. El mismo día, el sábado 25 de diciembre, la ciudad de Fernana en el municipio de Jendouba tuvo interrupciones del tráfico en la carretera entre Ain y Jendouba Drahem cuando los manifestantes encendieron una hoguera. Según fuentes sindicales de Jendouba, una serie de manifestantes en la ciudad de Fernana había arrojado gasolina en la carretera principal entre Fernana y Jendouba durante la tarde del sábado y le prendieron fuego.

La dictadura responde

Frente a estas protestas, la dictadura no ha escatimado ni balas, ni gas lacrimógeno, y ha hecho todo lo posible para transformar Túnez en una zona de guerra unilateral contra los oprimidos y los pobres que se han levantado para exigir la libertad, el derecho a un trabajo decente, y pan. Ha habido por lo menos dos muertes: Mohammed Bashir Ammari y Shawki Heydari, junto con un número indeterminado de manifestantes heridos, mientras que otros han sido encarcelados e, incluso, secuestrados.

Los informes revelan casos de tortura entre los prisioneros, por ejemplo por la policía en la ciudad de Sidi Bouzid, que ha causado aún más ira entre las masas.

Paralelamente a esta represión brutal, las autoridades han emitido una declaración expresando su "pesar total" por el incidente con el joven Muhammad. Sin embargo, condenaron lo que llamaron un "grupo de mentirosos" que quieren distorsionar "los logros del cambio". El Ministerio del Interior también emitió una declaración para esta ocasión que justificaba el uso de fuego real contra ciudadanos desarmados.

Zine El Abidine Ben Ali, el dictador que ha controlado a Túnez con mano de hierro durante 23 años, pronunció un discurso el martes 28 de diciembre, en el que afirmaba que, "estos disturbios dañarán la reputación de Túnez con los inversores", y prometió que haría cumplir estrictamente la ley contra lo que llamó una minoría de "extremistas" y "agitadores a sueldo".

También dijo que "el uso de la violencia y los motines en las calles por una minoría de extremistas y provocadores contra los intereses de su país es un medio de expresión inaceptable. Da una imagen negativa e incivilizada que distorsiona la imagen de nuestro país y obstaculiza el entusiasmo de los inversionistas y turistas, lo cual impide la creación de puestos de trabajo, que necesitamos para reducir el desempleo; por lo tanto, la ley se aplicará con firmeza".

Esta es la lógica de una dictadura desvergonzada. Protestas contra la injusticia se presentan como acciones en contra de los intereses del país y "que dañan la imagen de Túnez entre los inversores". La brutal represión, mientras tanto, ocurre ¡en interés del país y ayuda a la imagen de Túnez! Manifestaciones que exigen puestos de trabajo "son inaceptables, negativas e incivilizadas". Saquear la riqueza del país durante décadas y privar al pueblo de todo lo que necesita es bastante aceptable y una prueba de la existencia civilizada.

Zine El Abidine Ben Ali condenó a quienes "no quieren el bien de su país": los "canales extranjeros de televisión que difunden mentiras sin investigación, y que adoptan una actitud de intimidación y hostilidad hacia Túnez". En realidad, él quiere seguir matando, arrestando y castigando tranquilamente sin ser molestado.

Hay informes que dicen que el régimen dictatorial de Túnez ha utilizado métodos fascistas para reprimir las manifestaciones, utilizando la violencia extrema contra los manifestantes en las calles y lugares públicos. La policía realizó arrestos al azar y ha iniciado una campaña de secuestros en la oscuridad de la noche con la ayuda de controles policiales. El régimen también utilizó grupos de delincuentes organizados en milicias para atacar a los ciudadanos. Decenas de milicias reaccionarias, con el apoyo de la policía, también atacaron violentamente a los manifestantes con palos y piedras.

La represión no ha escatimado a nadie. El líder del Partido Comunista de los Trabajadores, Ammar Amroussia, fue detenido junto a un número indeterminado de jóvenes y activistas del partido. En un gesto divertido, las autoridades ¡han anunciado la prohibición total de las manifestaciones y todas las formas de protesta! Como si estas hubieran sido formas jurídicas de expresión antes. Una vez más vemos cuál es el nivel de represión al que este régimen está dispuesto a recurrir para defender sus podridos privilegios parasitarios.

Esta represión, sin embargo, no es un signo de fortaleza; por el contrario, es una prueba de la debilidad del régimen y su bancarrota total. El nivel de terror que el régimen trata de ejercer demuestra que es consciente de que puede ser derrocado por el movimiento de masas. Tratando de retomar la iniciativa y ganar nuevo apoyo, también ha llevado a cabo recientemente una maniobra de reorganización de su gobierno.

Las razones de la movilización

Además del desencadenante directo e inmediato de estos movimientos encontramos razones más profundas. Túnez, desde el punto de vista del imperialismo capitalista, ha sido considerado un refugio para la inversión privada en el turismo y el sector servicios. El turismo era la mayor fuente de divisas. El país cuenta con siete millones de turistas al año. Los ingresos anuales del sector turístico se estima en alrededor de 5.200 millones de dólares, empleando a aproximadamente 350.000 personas. Túnez también ha sido promocionado como el país más estable en la región; un destino atractivo para la inversión extranjera de los países de Europa y el Golfo gracias a la "apertura" de su economía y su compromiso de liberalizar totalmente el dinar tunecino.

Manifestación de la solidaridad en Túnez

Sin embargo, el país ahora está en medio de una crisis, después de haber sido arruinado por una terrible explotación de las fuerzas productivas. El régimen y los imperialistas siempre han alabado su modelo económico, ya que dio los mejores resultados y unas tasas de crecimiento relativamente altas. Esto fue utilizado por el régimen para justificar los actos de represión y persecución, pero todo esto ha llegado a su fin. Las cifras de crecimiento anual del 5% en la última década se habrán reducido a un 3% a finales de 2009.

Incluso este largo período de crecimiento no tuvo un efecto positivo en el nivel de vida y las condiciones laborales de los trabajadores. La tasa de desempleo en 2004, según cifras oficiales, era de 13,9% de la población laboral. A finales de 2009 esta tasa aumentó por lo menos a un 22%. Las ofertas de empleo son precarias y temporales; este es el caso especialmente en las zonas francas industriales. Para mantener a la industria tunecina competitiva en el sector textil y las industrias mecánicas y electrónicas, se han impuesto salarios de pobreza a los trabajadores, que no llegan al nivel mínimo de existencia, ya que el salario mínimo en Túnez es de 250 dinares (130 euros). Dado que el 80% del comercio de Túnez es con la Unión Europea, la cual a su vez está experimentando una profunda recesión, podemos esperar un descenso mayor en el próximo período.

Además de estos factores económicos que están impulsando la lucha de las masas, también tenemos la dictadura, la represión de todas las formas de expresión, y la brutal represión de la policía.

La clase obrera se está movilizando

Lo más crucial en este movimiento es la actitud de la clase obrera y su capacidad para entrar en la lucha bajo su propia bandera y organización independientes, para tomar la dirección en nombre de todas las capas oprimidas de la sociedad. Estamos viendo el embrión de este desarrollo en las recientes luchas.

Los sindicatos

El miércoles 22 de diciembre, los sindicatos entraron oficialmente en el movimiento de protesta. En Bizerta, se organizó una reunión de los trabajadores y sindicalistas en la sede de la Unión Regional para expresar la solidaridad del sindicato de Bizerta y sus miembros por las protestas en Sidi Bouzid. Este fue el primer intento hecho para movilizar a los miembros del sindicato de fuera de la región de Sidi Bouzid. Esta reunión también tuvo una presencia amplia de estudiantes.

Más tarde en el viernes 24 de diciembre, un gran número de sindicalistas y activistas de la sociedad civil se reunieron en la sede del sindicato regional en Bizerta, una vez más para expresar su apoyo al movimiento de protesta popular en Sidi Bouzid. Los manifestantes también protagonizaron una sentada ante la sede del sindicato regional durante, donde se corearon consignas como "el derecho al trabajo es un deber; la protesta es un derecho, el levantamiento del estado de sitio es un deber", "el empleo es un derecho", "¡Por el empleo, libertad y dignidad!", y llamando a los gobernantes de Túnez una "banda de ladrones".
La agrupación regional de los sindicatos en Mahdia, Kairouan, y Jendouba han expresado su apoyo con el movimiento de protesta en la región de Sidi Bouzid. Además de esto, un gran número de dirigentes sindicales emitieron un comunicado expresando su solidaridad incondicional con las masas de Sidi Bouzid, su voluntad de proporcionar todas las formas de asistencia jurídica, exigiendo la liberación inmediata de todos los detenidos y el levantamiento del asedio impuesto a la ciudad, y pidiendo al gobierno que satisfaga todas las exigencias de la de los manifestantes en favor del empleo y el desarrollo.

El sindicato de la enseñanza secundaria, Alrdev, también expresó su pleno apoyo a los manifestantes en Sidi Bouzid y rechazó la "opción de la fuerza" para resolver los problemas sociales. Además, anunció una huelga regional en Sidi Bozin el 12 de enero para la liberación de todos los detenidos.

Estos movimientos son un gran paso adelante y son la mejor manera de mostrar la solidaridad de clase con los manifestantes. Los sindicatos deben asumir sus responsabilidades como organizaciones de lucha para unir a los trabajadores contra la explotación, la opresión, la dictadura y la represión. Con el fin de lograr los mejores resultados, los sindicatos deben llamar a una huelga general en todo el país, exigir el cese inmediato de la represión, condenar a los responsables de la represión de los manifestantes, y llamar a las libertades políticas.

Los límites del movimiento

El movimiento de las masas de Túnez ha demostrado la profundidad del descontento acumulado en la superficie. Más importante aún, ha puesto de manifiesto la enorme magnitud de la energía revolucionaria entre las masas de trabajadores, jóvenes desempleados y el resto de las capas oprimidas, y su abrumador deseo de cambiar la sociedad.

A pesar del uso de munición real y gases lacrimógenos contra los manifestantes desarmados, el régimen capitalista dictatorial tunecino no pudo detener el movimiento de las masas. Por el contrario, la represión sólo ha llevado a más manifestaciones. El pueblo tunecino ha demostrado el más alto grado de valentía en sus desafíos contra la barbarie del Estado.

Este movimiento representa, desde nuestro punto de vista, el fin de una era caracterizada por un aparente estancamiento de la lucha de clases, y es una expresión de la acumulación de muchos factores explosivos. Es el comienzo de otra etapa de movimientos de masas que tarde o temprano va a derrocar el régimen de tiranía y explotación en Túnez de una vez por todas.

Pero a pesar de todo, se trata de un movimiento "espontáneo", un movimiento que no se guía por un programa científico y con claras perspectivas. Pero este no es fundamentalmente el problema de las masas; las masas han hecho todo lo que podían, se han manifestado contra la represión y han hecho todo tipo de sacrificios. ¿Qué más podemos pedir?

Las masas saben exactamente lo que no quieren: no quieren opresión, ni explotación, ni desempleo, ni hambre, ni pobreza, ¡y se han movilizado para rechazar todo esto! Pero no saben exactamente lo que desean. No saben cuál es la alternativa. Esto es comprensible. La cuestión de la alternativa es la tarea de los marxistas y obreros revolucionarios.

Si existiera un partido marxista revolucionario en Túnez, arraigado en la clase obrera y las masas oprimidas en general –un partido con un programa de transición y una clara perspectiva científica internacionalista socialista–, la clase obrera en Túnez sería capaz de transformar ese movimiento maravilloso en una revolución triunfante que podría arrojar el régimen de la dictadura capitalista al basurero de la historia y construir el sistema del socialismo, la justicia y la igualdad. Pero tal liderazgo es exactamente lo que falta hoy en día.

La alternativa

Nosotros, los marxistas, los miembros de la CMI, proponemos algunas ideas para el debate entre los activistas de izquierda, la clase obrera en general, y los jóvenes rebeldes en las calles de Túnez, como parte de nuestra contribución al desarrollo de una alternativa que puede dirigir el movimiento hacia horizontes revolucionarios.

Nosotros, los marxistas, hacemos un llamado a los activistas de izquierda y a los trabajadores a organizar el movimiento de masas con el lanzamiento de la iniciativa de crear comités de lucha democráticamente elegidos en los barrios obreros, fábricas y universidades, con el objetivo de organizar y liderar el movimiento. Estos comités serán el embrión de los consejos del pueblo y de los obreros. Deberían de coordinarse a nivel local, de distrito, y de ciudad, y debería organizar una coordinación regional y nacional.

Hacemos un llamado a la defensa de los barrios de los trabajadores, la sede de los sindicatos y las manifestaciones contra los ataques de la reacción y la represión mediante la formación de milicias de autodefensa, controladas por los órganos y comités de lucha electos. La dictadura tiene un sistema de represión y organiza las milicias fascistas para atacar a las masas; ¡nosotros tenemos que formar nuestra propia milicia para defendernos!

Hacemos un llamamiento para la movilización de los sindicatos, entre los trabajadores en los barrios pobres, las universidades y en las filas de los partidos de izquierda para una huelga general contra la dictadura, la opresión y la explotación.

Pedimos que se ponga fin a la represión y que se lleve a juicio a los autores de la violencia contra las masas. Exigimos la imposición de todas las formas de libertades democráticas: el derecho de huelga, el derecho a manifestarse, y el derecho a emprender acciones colectivas.

Debemos organizar la huelga con una plataforma de reivindicaciones populares, como el aumento inmediato del salario mínimo para satisfacer todas las necesidades de la vida cotidiana, y actividades culturales y recreativas para los trabajadores y sus familias.

Manifestación de la solidaridad en Beirut

Debemos exigir el fin a la privatización y que se nacionalicen todos los sectores económicos vitales bajo control obrero, destruyendo la dictadura de Ben Ali, y la construcción de un régimen democrático basado en el control democrático de los trabajadores y las masas pobres a través de consejos elegidos democráticamente.

También tenemos que ganar a nuestros hermanos e hijos en el sistema de la represión: los soldados rasos y policías, que viven bajo las mismas condiciones que nosotros, a través de una llamada fraternal para que giren sus armas contra nuestro enemigo común: este sistema de explotación y opresión. Debemos mantener una posición firme contra todos los actos de represión y, al mismo tiempo, invitarles a unirse a las filas de sus compañeros los trabajadores, los campesinos y los pobres.

Proponemos hacer un llamamiento internacionalista a la clase trabajadora del norte de África para mostrar su solidaridad internacional con los trabajadores tunecinos en su lucha contra la brutal represión a que están expuestos. Ya hemos visto el primer paso en esta dirección en Jordania, el Líbano, y Europa, donde se han organizado diferentes actividades de solidaridad. Tenemos que dar vida a las tradiciones de solidaridad militante que caracterizaron la lucha contra el colonialismo en la región del Magreb, sobre todo porque esta región está pasando por importantes luchas sociales y políticas, como la heroica lucha en Argelia contra el desempleo y por el derecho a vivienda, o las luchas heroicas de Marruecos y el Sáhara Occidental contra el desempleo y la privatización, y por el derecho a la vivienda.

Hacemos un llamado a los trabajadores jóvenes y militantes marxistas para establecer grupos marxistas entre las filas de los combatientes revolucionarios en las calles. Decenas de miles de jóvenes se rebelaron contra la dictadura de Ben Ali en Túnez, pero la juventud y los trabajadores tunecinos necesitan mucho más que heroísmo y determinación. Necesitan un partido revolucionario de masas que les apoye. Este partido no existe todavía, pero debemos plantearnos el objetivo de formarlo con los jóvenes y trabajadores más avanzados que hoy están protestando en las calles de Túnez.

La única forma real para lograr los derechos y libertades democráticas, y para acabar con la explotación y la sumisión al imperialismo, es establecer un Túnez socialista como parte de una federación socialista del Medio Oriente.