29/1/11

La imagen como mito en las experiencias de China y Vietnam


Claudio Márquez

El concepto de imagen ha sido distorsionado bajo los nuevos esquemas de expansión tecnológica y cultural. La más simple revisión de la historia nos revelará que en el concepto moderno de imagen se infiltra una sobre potencialización de sus roles y alcance en el desempeño de las tareas sociales, políticas y productivas.

Lo que no llega a destacarse, sin embargo, en la consideración de la imagen como categoría de influjo superior en la conducta y, por tanto, de las decisiones individuales y colectivas, como dispositivo del ámbito de la comunicación, es que la misma se configura como producto de un proceso de manipulación y, por tanto, de distorsión de y dislocación de la realidad.

La sobre potencialización de los roles de la imagen niega la razón del hombre y la historia, además de dispone de un dispositivo de control en el que la realidad mediática erigida a través de los medios y las tecnologías de comunicación pasa a engrosar como expresión sustantiva y sustituta de la realidad objetiva. Mientras la imagen proyectiva tiende a profanar los atributos de la percepción individual y colectiva de los acontecimientos, en ella se genera también una alteración inducida de de los contextos.

De ahí que en el campo de la competitividad política la imagen sea tipificada como una maniobra de animación y distensión de las cualidades individuales y colectivas de los proyectos sociales.

Es mediante este recurso que se consigna la extensión de las repercusiones mediáticas, la voluntad real de la gente y la sustentación de las ideas políticas. Conocemos cuál es el parecer de los teóricos de la imagen y cómo se construyen los niveles de posicionamiento en el marco de la sociedad de la información y la comunicación. Sin embargo el uso abusivo y arbitrario de la psicología social de los medios, las herramientas tecnológicas y las expresiones culturales en los medios masivos de comunicación no se ventea otra cosa que la perversión de la conducta y, en consecuencia de la realidad.

Alrededor de todo esto ha ido creándose un esquema sistematizado y jerarquizado de confiscación de la cultura y la conducta social, y donde la aplicación de la comunicación como recurso de marketing y posicionamiento imposibilita ver y evaluar racionalmente los acontecimientos. Es lo que más afecta el concepto de la “voluntad colectiva”, atrapada bajo un esquema de tematización y ordenación ideológica unidireccional.

Un elemento a todas luces sucedáneo con el propósito de distorsión y manipulación de la realidad objetiva, la que para ellos no existe.

De ahí que cuando se esgrime desde lo medios masivos el imperativos de ajustarse a la realidad de cada acontecimiento, estemos frente a una presunción mediante por medio de la que únicamente se busca inhumar las características de los hechos y crear las condiciones que viabilicen la alteración de la realidad. Es como funcional el sistema. Es como funciona su ética y es como se excluyen los valores de la información.

Hemos significado que la prescripción en estos términos del concepto de imagen conlleva a una condición de interpretación y asimilación ahistórica de los hechos políticos y sociales, en los que la voluntad social y la identidad individual tomadas como objetos centrales del proceso de comunicación sencillamente no cuentan. Asimismo, cuando advertimos una condición ahistórica en el fenómeno de la sobrevaloración de la imagen, hacemos alusión o referencia directa al asunto de la alienación político-cultural de los grupos sociales sujetados por el poder de la tecnología y los medios masivos de comunicación.

Pero, la comprensión de todos estos señalamientos resultará difícil sin aludir a algunos ejemplos concretos. Precisamente, cuando el líder histórico de la Revolución China, Mao Tse Tung comenzó a bosquejar su texto sobre las Cinco Tesis Filosóficas, en las que apuntalaba su visión crítica sobre la sociedad China y el correcto encauzamiento de las contradicciones subyacentes en ella, el debate de la problemática social y política China nunca estuvo centrado en los asuntos de la imagen personal de Mao y, mucho menos, en la de Zhou En-lai, su principal colaborador. Inclusive, durante el peregrinaje de la Gran Marcha de 1934- 1935, según prescriben algunos biógrafos e historiógrafos, lo que sí llegó a tocarse fue las condiciones de Mao para adaptar la teoría marxista a la realidad China, gestando de esa forma la primera Revolución Socialista sustentada en el campesinado.

Eran otros tiempos, naturalmente, pero la historia no la hacen líderes de papel. La convicción del pueblo chino, su unidad en torno al liderazgo de su partido y su decisión de integrar las masas campesinas al proceso revolucionario fue lo que verdaderamente determinó su gran salto. Lo mismo puede decirse del iluminado jefe de la revolución Vietnamita Ho Chi Minh.

Con una imagen forjada al calor de las luchas más virulentas, primero contra el ejército francés y posteriormente contra el estadounidense, Ho Chi Minh se hizo leyenda cuando apenas comenzaban a extenderse las teorías sobre los medios masivos, así como cuando McLuhan había terminado sus textos sobre La Galaxia de Gutenberg (1962) y, más tarde, El Medio es el Mensaje (1967).

Ho Chi Minh murió en septiembre de 1969, es decir, tres años después de la firma del Acuerdo de Paris, con el que se puso fin a la guerra, quedando, a la vez, unificados los dos Vietnam, es decir, el del Norte y el del Sur; dando así nacimiento a la República Socialista de Vietnam.

El viejo Ho, no entra en la lista de los hombres de imagen construida al calor de los medios de comunicación masiva, pero sí encaja de manera perfecta en la lista de los hombres imprescindibles, de valor y fuertes convicciones ideológicas y políticas.

Y ahí está Vietnam, construyendo su futuro al margen del yugo imperial, así como más allá de las recetas de marketing político que persiguen atar la dimensión y del quehacer político a una condición de imagen fundamentada en la distorsión y los antivalores. En el plano de la lucha política de América Latina tenemos varios ejemplos, de cómo el peso de las ideas y de las razones políticas se vierte contra el carácter huidizo de la imagen, pero aquí lo dejaremos hasta otro día.

Fuente: Diario Digital, República Dominicana - http://www.diariodigital.com.do/articulo,61355,html