24/1/11

La crisis de los partidos políticos peruanos y la necesidad histórica de sepultarlos y sustituirlos


Grajo Camaso

El proceso electoral en curso en el Perú viene develando los extremos a los que ha llegado la crisis de la seudo democracia criolla o peruana, y en particular la crisis general de los viejos partidos políticos. Lo interesante es anotar que el joven Mariátegui ya en 1918 apreciaba una crisis similar y enfatizaba la necesidad de sepultar y sustituir a las “viejas agrupaciones figurativas y desacreditadas” para reemplazarlas por “nuevas agrupaciones capaces de adquirir efectiva fuerza popular”.

El espectáculo brindado por el viejo Partido Aprista para definir su lista al Congreso, la nómina impresentable de los candidatos del fuji-montesinismo, la vacuidad y arbitrariedad de los candidatos de Solidaridad Nacional y del comandante Ollanta, entre otras agrupaciones nos muestra los niveles nauseabundos a los que está llegando la política peruana.

La política electoral se ha convertido en un mercado donde poco importan la ética, las ideas y las propuestas para el bienestar del país. La exposición mediática por cualquier razón y los recursos financieros se han convertido en los factores claves y dirimentes del éxito político.

Mientras, seguimos en un contexto nacional cada vez más envilecido y degradante, en el que se rematan los recursos naturales, se pisotean los derechos ciudadanos y los poderosos de siempre continúan haciendo de las suyas, más allá de la ley y la justicia.

Consideramos oportuno compartir algunas frases de un texto escrito allá por 1918 por el joven José Carlos Mariátegui La Chira, en el que con su visionaria agudeza desmenuza la crisis de los partidos políticos: Civilista, Constitucional, Demócrata y Liberal, que resultan de una renovada actualidad si las aplicamos a las agrupaciones actuales.

Mariátegui anota que las simulaciones de partido “obstruyen el progreso democrático de la nación”. Y más que restaurarlas ficticiamente se necesita “que se les sepulte y sustituya” por nuevas agrupaciones “que aporten a la lucha política ideas y aspiraciones definidas.”

Se trata de nuevas agrupaciones “capaces de adquirir efectiva fuerza popular” y “que merezcan la adhesión de la gente joven, honorable y consciente que siente repulsa por los viejos grupos políticos”.

En momentos en que cúpulas y familias hacen uso y abuso de los partidos y membretes de partido para definir desde arriba sus espacios y mecanismos de “representación popular” es oportuno destacar que para el amauta peruano la ética, la honorabilidad y la legitimidad en la representatividad popular constituyen aspectos claves para una definición y militancia partidaria.

La reorganización de los grupos políticos*

“Sostenemos no sólo que no habría utilidad en reorganizar los partidos existentes. Sostenemos que habría peligro en reorganizarlos sí, por fortuna, reorganizarlos no fuera imposible. Sostenemos que una necesidad higiénica nos ordena que nos apartemos de ellos. Sostenemos que no es nuestro deber averiguar si podemos resucitarlos sino, perdiendo toda esperanza romántica de un milagro, inhumarlos sin tardanza y sin pena.”

“Los partidos  no son eternos. Responden a una necesidad o una aspiración transitorias como todas las necesidades y aspiraciones. Una vez que desaparece el motivo de su existencia desaparece su fuerza. Sabido es que la tradicional división de conservadores y liberales ha perdido ya su sentido. La palabra conservador dice ahora muy poco. La palabra liberal dice menos todavía.”

“Los partidos peruanos han tenido su origen en necesidades o aspiraciones nuy fugaces. Su nacimiento ha sido incidental. Un hombre popular ha bastado para construir un partido. Las agrupaciones políticas han nacido casi con la misma facilidad que las sociedades de auxilios mutuos. Más que traza de partidos han tenido generalmente traza de clubes electorales con bandera transitoria y versátil.”

“¿Que acierto puede haber entonces en reconstituir partidos tan convencionales, pálidos y ramplones? Ninguno. Sólo un conservadurismo criollo, fruto de la indolencia, la haronía y la abulia, puede aconsejarnos esa reconstitución”.

“La gente que puede declarar que no pertenece a ningún partido anda orgullosa y ufana y, como si pertenecer a un partido fuera vergonzoso y vituperable, cree tener en esto un título para llevar ‘la frente muy alta’. Y en las clases populares el horror a los partidos es mayor aún.”

“No son partidos reales. Son simulaciones de partido. Suman unas cuantas mentiras trascendentales a las muchas mentiras de nuestra vida política. Usurpan los puestos correspondientes a los partidos políticos. Obstruyen el progreso democrático de la nación.”

“No necesitamos que se les restaure ficticiamente. Necesitamos que se les sepulte y sustituya. Nuevas agrupaciones capaces de adquirir efectiva fuerza popular deben reemplazar a estas agrupaciones figurativas y desacreditadas. Nuevas agrupaciones que aporten a la lucha política ideas y aspiraciones definidas. Nuevas agrupaciones que merezcan la adhesión de la gente joven, honorable y consciente que siente repulsa por los viejos grupos políticos y que no inscribiria su nombre, por ningún motivo, en sus ralos padrones.”

“Todo empeño de inocular vida en organismos moribundos será desventurado y ocioso. Ahondará y extenderá el desconcierto y la incertidumbre de los pueblos. Mostrará una vez más nuestro insensato afán de atarnos al pasado. Y hará que en el Perú cada símbolo de acción política sea un mausoleo.”

* Citas extraídas del artículo “La reorganización de los grupos políticos”, publicado en Nuestra Época, Nº 2, Lima, 6 de julio de 1918. Tomado de Mariátegui Total, tomo 2, p. 2544.