22/1/11

Alain Badiou y la definición del enemigo

Foto: Alain Badiou

José Natanson

El filósofo francés Alain Badiou se propone sacar a la filosofía del ámbito hermético de la academia y acercarla a la realidad. Su último ensayo, Circunstancias (Libros del Zorzal), está integrado por tres artículos, uno de ellos, interesante y en algunos aspectos, profético, analiza la política imperial norteamericana pos 11 de septiembre. 

Formado en el marxismo, Badiou incorporó a su obra elementos del estructuralismo y del psicoanálisis, dedicó buena parte de su carrera a analizar las consecuencias del Mayo Francés (uno de sus libros más célebres es El ser y el acontecimiento) y mantuvo una célebre polémica con Deleuze.


Durante veinte años enseñó filosofía en la Université de París VIII y hoy es director de la Ecole Normale Supérieure. Pasó por Buenos Aires para una conferencia a sala llena en la Alianza Francesa.

Circunstancias incluye un artículo sobre la política francesa, otro sobre la guerra en Serbia y uno especialmente interesante, sobre la reacción norteamericana a los atentados contra las Torres Gemelas, que comienza con un intento por enfocar el cambio operado en la definición del “enemigo”.

“Anteriormente –escribe Badiou– cuando los gobiernos anunciaban que su deber era ‘erradicar el terrorismo’, se cuidaban mucho de hablar de ‘guerra’. ¿Cómo, en efecto, declarar la guerra a unos pocos civiles descarriados, a unos pocos fanáticos que ponen bombas, a una banda de anarquistas? La palabra ‘guerra’ es demasiado digna, está demasiado reservada para los conflictos entre Estados. Incluso durante la interminable y violenta guerra colonial contra los patriotas argelinos, que movilizó a centenares de miles de soldados, los gobiernos franceses, desde Mitterrand hasta De Gaulle, siempre hablaron de ‘mantenimiento del orden’ y de ‘pacificación’. Aún hoy, a la hora de ajustar la cuentas a los nacionalistas chechenos, Putin se cuida mucho de decir que, estrictamente hablando, hay guerra. En suma, al ‘terrorismo’ los gobiernos siempre oponen la represión, en general, bajo sus formas más violentas y más abyectas, pero siempre en el registro simbólico de la policía”.

¿Por qué –se pregunta Badiou– Estados Unidos prefiere hablar de “guerra” contra el terrorismo? ¿Por qué adopta una nueva definición? ¿Por qué saca al tema del registro policial y lo lleva al bélico? El filósofo francés –que escribió el artículo en plena guerra contra Afganistán, antes de la invasión a Irak– justifica el giro lingüístico en la necesidad de Estados Unidos de continuar con su campaña bélica. 

“Mi tesis –sostiene– es que la potencia imperial estadounidense, en la representación formal que se hace de sí misma, considera la guerra como una forma privilegiada, incluso única, de atestación de su existencia. Por lo demás, hoy en día, se constata que la poderosa unidad subjetiva que arrastra a los estadounidenses al deseo de venganza y de guerra se constituye inmediatamente en torno a la bandera y al ejército.”

Al margen de algunas imprecisiones (Badiou dice que Rusia codirige el mundo gracias a su poderío militar y a continuación agrega que Estados Unidos es una potencia hegemónica, lo cual es evidentemente una contradicción), el artículo es un intento valioso por sacar a la filosofía del lugar hiperabstracto en el que a veces se encuentra y acercarla al análisis de la realidad. En el final, Badiou explica sin vueltas su intención: “La filosofía no es, y jamás ha sido, la que dispone por sí misma las figuras efectivas de la emancipación. Esa es la tarea primordial del pensamiento político. Pero (la filosofía) es como el altillo en el cual, en tiempos difíciles, se acumulan algunos recursos, se ordenan algunas herramientas. Se afilan algunos cuchillos. Es sin duda, lo que propone a todas las demás formas del pensamiento una amplia reserva de medios. Esta vez, debe seleccionar y acumular sus recursos, sus instrumentos, sus cuchillos, en el ámbito de la afirmación y de lo infinito”.