7/12/10

China: Obra maestra de la ingeniería


Puente-túnel que une a Shanghái con la isla de Chongming 
China inauguró hace poco, una obra maestra de la ingeniería: un puente-túnel, de 26 kilómetros, que une a Shanghái con la isla de Chongming, la tercera isla más grande de China (incluyendo a Taiwán), que tiene un área de 1.267 kilómetros cuadrados.

Este proyecto tuvo un costo U$ 1,84 mil millones (saquen la cuenta por favor), y para no impedir el flujo normal del puerto de Shanghái, el puente se hunde en el océano ingresando al continente bajo la superficie mediante un túnel de 8,9 kms. que cuenta con el mayor diámetro para obras de este tipo: 15,43 metros. Esta obra es comparable al puente de Brooklyn. 

Si bien Chongming tenía puentes por el lado norte que la conectaban con Nantong, es este nuevo puente en el sudeste de China el que no solo la conecta con Shanghái, sino que además la introduce de lleno al siglo XXI. Antes tardaban dos horas en llegar a sus trabajos y ahora podrán hacerlo en 30 minutos 

Este puente permitirá convertir el área metropolita de Shanghái en la sexta más grande del mundo tras las de París, Londres, Nueva York, Tokio y Chicago. 

Zygmunt Bauman y la modernidad "líquida"

En esta entrevista a Zygmunt Bauman, filósofo y sociólogo polaco que ha instalado el concepto de modernidad líquida para diferenciarla de la modernidad sólida en la cual existían marcos de referencia frente a los hechos. De acuerdo a Bauman, en la condición actual del mundo todo punto de referencia se ha desvanecido o "licuado" producto de la exacerbada acción individual. 

En este paso de la modernidad "sólida" a la "líquida", se ha creado un escenario sin precedentes para la práctica de la vida individual, por lo que las formas sociales se han diluido y no sirven como marco de referencia para las acciones humanas. Los individuos empalman una serie interminable de proyectos de corto plazo que no tienen una secuencia significativa y estas vidas fragmentadas requieren que las personas estén constantemente preparadas y dispuestas a cambiar de táctica, abandonar compromisos y lealtades sin arrepentimiento y buscar oportunidades en función de su disponibilidad actual.

Para Bauman, en la modernidad líquida el individuo debe actuar, planificar acciones y calcular las ganancias y las pérdidas probables en condiciones de incertidumbre endémica, pero siempre en sentido individual. Esto es lo que ha ocurrido con el mundo de las altas finanzas y el síndrome de la codicia de Wall Street, que no es más que una puerta abierta al desastre y al total derrumbe del mérito de la acción colectiva. Todo lo líquido se desvanece como el agua entre los dedos.

El Sacramento del Lenguaje y algo más…


Giorgio Agamben no se caracteriza por ser un autor fácil. Sus libros suelen mostrar una gran erudición sobre temas del orden más distinto, que son trabajados minuciosamente para venir a apoyar conclusiones que creeríamos lejanas y sin relación alguna con los elementos de base. Por ejemplo, no deja de sorprender la manera en que hurgando en la definición griega de vida (como zōē y bios), el filósofo italiano termina encontrando las bases de la lógica soberana. 

Lo mismo pasa con su análisis de la gubernamentalidad occidental, la cual hunde sus raíces en las discusiones teológicas de los padres de la iglesia en torno a la Trinidad y la economía divina. Se dirá con cierta razón que no hay nada innovador en tales desarrollos, que tales ideas han sido ya trabajadas por otros filósofos, que Agamben sólo continúa lo que Foucault, Schmitt, Benjamin o Derrida, entre muchos otros, ya habían al menos anunciado. 

Sin embargo, lo propio del pensamiento agambiano ha sido, en primer lugar, jamás negar tales influencias; en segundo, tal y como lo hace Deleuze con los pensadores en los que gusta apoyarse, Agamben recurre a sus influencias justo para hacerles “un hijo a sus espaldas”, un hijo que bien puede resultar monstruoso o desfigurado con relación al padre, pero tal acto de procreación nunca tuvo como meta dar lugar a un clon o a una calca. De nuevo utilizando un concepto deleuziano, bien podríamos decir que Agamben hace cartografías de los pensadores a los que recorre, no calcas.

Contenidos para un programa de estudios de Derecho Romano

El emperador Justiniano

1. Los conceptos de Justicia, Derecho y Equidad en Roma. Las clasificaciones del Derecho Romano. Las fuentes del Derecho Romano desde la monarquía hasta el Bajo Imperio. El sujeto de Derecho. Contenido de la capacidad jurídica, nacimiento, pérdida y modificaciones. La persona jurídica colectiva o moral en Roma. Los tres status del individuo en Roma: Status libértatis, citatis y familiae. Las clasificaciones de los individuos dentro de cada status. 

2. La Constitución de Caracalla. Las capitis deminutio. La familia en Roma, su evolución. Los poderes del pater familiae. La patria potestad. El matrimonio en Roma. Su significado, definición justiniana; requisito jurídico; esenciales y falta de requisitos formales. La manus y sus formas de constitución. La disolución del matrimonio. La clasificación de los hijos desde el punto de vista del matrimonio de los padres. Legitimación, adopción, arrogación, tutela, curatela y emancipación.

Integración jurídica en el Caribe: Dificultades y esperanzas

Países que conforman la Asociación de Estados del Caribe

Julio Fernández Bulté

Cuando pretendemos hacer algunas reflexiones sobre las dificultades y posibilidades reales de un proceso de integración jurídica en el área del Caribe tenemos que partir inevitablemente del singular hecho político y diplomático constituido por la fundación, en Cartagena de Indias, el 24 de julio de 1994, de la Asociación de Estados del Caribe.

Sería bueno recordar que los que propusieron lo que entonces era un nuevo intento integracionista que ya tiene diez fructíferos años, fueron precisamente algunos países anglófonos del Caribe.

Julio Fernández Bulté: In memoriam

Foto: Dr. Julio Fernández Bulté
Destacado jurista cubano, que nació en La Habana, el 14 de septiembre de 1937. Cursó estudios de Derecho y de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, donde se graduó de Doctor en Derecho en 1962.

Después de una activa participación en la lucha insurreccional contra la tiranía de Batista realiza un destacado trabajo en el movimiento sindical bancario, en el cual ocupa la responsabilidad de Secretario Organizador y General por sustitución, del Sindicato Nacional de Trabajadores de Bancos y Seguros, y Secretario General de la Sección Sindical de la Oficina Central del Banco Nacional. Dirige, en agosto de 1961, el canje de moneda en la provincia de Oriente.  Ya graduado de Derecho, comienza a trabajar como Asesor Jurídico de la Oficina Central del Banco Nacional de Cuba, al mismo tiempo que ejerce la profesión intensamente hasta 1965 en que es llamado, por Salvador Vilaseca,  a ocupar la Secretaría General de la Universidad de La Habana.

Desde 1967 simultanea esa responsabilidad con la docencia en la entonces Escuela de Ciencias Jurídicas, donde alcanzó, por concurso-oposición, la Categoría de Profesor Auxiliar. En 1972 ganó por concurso-oposición la Categoría de Profesor Titular.

En la Universidad de La Habana, y en la posteriormente reconocida como Facultad de Derecho ocupó múltiples responsabilidades, entre ellas: Director del Centro de Idiomas “René Ramos Latour” de la Universidad de La Habana; Director de los Cursos Introductorios y de los Cursos de Trabajadores de la entonces Facultad de Humanidades; Presidente de la Comisión Disciplinaria de la Universidad; miembro del Consejo Científico de la misma y de la Facultad de Derecho; miembro de la Comisión Metodológica de la Universidad; Jefe del Departamento o Cátedra de Derecho Civil y Familia; Jefe, durante más de ocho años, del Departamento de Estudios Jurídicos Básicos de la Facultad de Derecho; Vicedecano Docente de esa Facultad, finalmente Decano de la Facultad de Derecho entre 1987 y 1992.

El comunismo jurídico

Wilfredo Lam (Cuba) La Jungla
Carlos Rivera Lugo

A Julio Fernández Bulté

La idea del comunismo, ya no como un Estado omnicomprensivo ni tan siquiera como una ideología a la que debe subordinarse la realidad, sino como el “movimiento real”, al decir del propio Marx, que refuta y supera el estado de cosas actual, ha resurgido en este nuevo siglo de sus aparentes cenizas. No es para menos. En una reciente encuesta global realizada en 2009 por la BBC, un 89 por ciento entiende que el sistema capitalista y su libre mercado no están funcionando para el bien de la sociedad toda. [1] La lectura de las obras marxistas, particularmente la cimera El capital, aparecen nuevamente entre las favoritas, según los libreros. Los filósofos políticos más prominentes del planeta proclaman el comunismo como la única idea política merecedora de la reflexión filosófica en estos tiempos. [2]

El filósofo francés Alain Badiou insiste en que no ve más ni mejor alternativa en este momento histórico que la “hipótesis comunista”. Por la “hipótesis comunista” Badiou se refiere a la idea de que hay otra manera potencial de organizar nuestro modo colectivo de vida, centrado en lo común, el bien común, sin las grandes desigualdades que subsisten en la actualidad en la distribución de las riquezas, así como en la organización y las condiciones del trabajo. 

Hans Kelsen: A propósito de golpes de Estado



“Una revolución, en el sentido amplio de la palabra, que abarca también el golpe de estado, es toda modificación no legítima de la constitución – es decir, no efectuada conforme a las disposiciones constitucionales -, o su remplazo por otra. Visto desde un punto de vista jurídico, es indiferente que esa modificación de la situación jurídica se cumpla mediante un acto de fuerza dirigido contra el gobierno legítimo, o efectuado por miembros del mismo gobierno; que se trate de un movimiento de masas populares, o sea cumplido por un pequeño grupo de individuos. Lo decisivo es que la constitución válida sea modificada de una manera, o remplazada enteramente por una nueva constitución, que no se encuentra prescripta en la constitución hasta entonces válida. 

[...]Si la revolución no triunfara –es decir, si la constitución revolucionaria, no surgida conforme a la vieja constitución, no lograra eficacia- los órganos que designara no dictarían leyes que fueran efectivamente aplicadas por los órganos previstos en ellas, sino que, en este sentido, la antigua constitución permanecería en vigencia, y no habría ocasión de presuponer, en lugar de la antigua norma fundante básica, una nueva. Entonces la revolución no sería entendida como un proceso de producción de nuevo derecho, sino como un delito de alta traición, conforme a la vieja constitución y a las leyes penales fundadas en ella y consideradas válidas. El principio que así se aplicara se denomina principio de efectividad. El principio de legitimidad está limitado por el principio de efectividad". 
Hans Kelsen. Teoría Pura del Derecho. México: Porrúa, 11 edición, 2000, p. 218-219

El Derecho a la Revolución

“El Derecho a la Revolución”, de Antonio Salamanca Serrano, busca establecer una concepción filosófica del Derecho para ubicar el fenómeno jurídico en el campo de una política crítica. La construcción la realiza, principalmente, desde la realidad latinoamericana aunque sin negar las posibilidades de un pensamiento fundamentador. Por eso, y siguiendo las pautas del filósofo Ignacio Ellacuría, se podría señalar que se trata de una reflexión metafísica intramundana sobre el Derecho o, en otras palabras, de un materialismo abierto que pretende superar los distintos tipos de idealismos. Es decir, busca encontrar las notas de la realidad que fundamenten material y dinámicamente al Derecho.

El autor considera que el Derecho para una política crítica es un “Derecho a la Revolución”. Esta concepción del Derecho se basa en el derecho de todos los pueblos que posibilita todos los demás derechos: el derecho humano a la vida y a reproducir sus condiciones de vida. Este derecho a la vida se ve completado con el derecho humano concreto a la revolución. En este sentido, se relacionan tres importantes conceptos: política, derecho y revolución. La política se entiende como la praxis comunitaria que busca, proyecta y ejecuta la producción, reproducción y aumento de la vida o la muerte del pueblo. El derecho es definido como la positivación de la justicia por el pueblo bajo la sanción coactiva de la fuerza física; se trata de una concepción “iusmaterialista” del Derecho a través de la cual el autor sintetiza lo más emancipador de las tradiciones positivista, marxista y iusnaturalista. Y la revolución es comprendida como la afirmación de la praxis de vida del pueblo y la subversión de las relaciones que producen y reproducen su muerte.

El derecho a la revolución se desarrolla en tres etapas: el derecho de revolución; el derecho para la revolución; y el derecho en la revolución. El primero de ellos tiene un contenido moral, pues se constituye en una obligación de los pueblos, que les impone por el dinamismo de su praxis, y con dicho dinamismo se impone a su vez la necesaria opción entre producir y reproducir la vida o producir y reproducir la muerte. El derecho para la revolución “carga con” el proyecto político de la materialización de la producción y reproducción de la vida del pueblo; este Derecho es un instrumento de la política revolucionaria, un medio de reforzar los “momentos arquitectónicos de todo orden político posible” . Por su parte, el Derecho en la revolución es la ejecución o realización histórica concreta de la política de la revolución; en el momento ejecutivo de la política revolucionaria contribuye a hacerla hegemónica, constituir un ‘bloque histórico’, un ‘frente único’. En este contexto, el autor analiza la situación revolucionaria en tres países latinoamericanos: México: en la preparación bajo la hegemonía contrarrevolucionaria; Venezuela: en la lucha por el poder hegemónico revolucionario; y Cuba: en el triunfo del poder hegemónico revolucionario.
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