5/12/10

Comunismo y Derecho

Armando Barrios (Venezuela) Homenaje a la música

Carlos Fernández Liria & Luís Alegre Zahonero

El 21/11/2010, Rebelión publicó de manera destacada un artículo titulado “El comunismo jurídico”, firmado por Carlos Rivera Lugo y dedicado al gran jurista cubano Julio Fernández Bulté. Ese artículo, que defiende tesis a nuestros ojos escandalosamente erradas, tiene sin embargo la paradójica virtud de presentarnos en una especie de espejo invertido todo lo contrario de cuanto llevamos intentando defender en nuestras últimas publicaciones y, en especial, en Educación para la ciudadanía (cuya edición cubana fue, por cierto, presentada en la Universidad de La Habana precisamente por Julio Fernández Bulté, quien dijo sentirse tan sorprendido como interesado por nuestra interpretación del Derecho) y en El orden de El capital (Akal, 2010). 

El Che en Cuba y en Bolivia


El 10 de marzo de 1952 un golpe de Estado dirigido por el general Fulgencio Batista había derrocado al presidente democrático Carlos Prío Socarrás, del Partido Auténtico, en un marco internacional que transitaba los primeros momentos de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Batista instaló una sangrienta dictadura con el argumento de combatir al comunismo. Sin embargo el escandaloso nivel de corrupción y violación de derechos humanos llevó a la conformación de una oposición generalizada partidaria de la insurrección para desalojar del poder a Batista,[58] del que participaron los partidos políticos de oposición, los sindicatos, el movimiento estudiantil, e incluso sectores del empresariado, los terratenientes, las fuerzas armadas y el propio gobierno de los Estados Unidos, que llegó incluso a cortarle el suministro de armas. El mismo presidente depuesto, Carlos Prío Socarrás, expresaba ese clima revolucionario diciendo: «triunfaré por cualquier medio, incluso el más extremo».[58]

Boris Pahor: El narrador del dolor


Uno de los grandes relatos de los campos de concentración, Necrópolis es la obra que ubica a Boris Pahor junto a Primo Levi e Imre Kertész entre los inmensos narradores del horror en carne propia. Mezcla de testimonio y literatura, este non fiction indaga en la reconstrucción de la memoria y la identidad individual a través del relato de un sobreviviente que vuelve a su infierno para encontrarlo convertido en un museo.

Fernando Krapp

A los fines prácticos, aquella frase del filósofo alemán Theodor Adorno sobre la imposibilidad de escribir poesía después de los campos de concentración resultó bastante contraproducente. No sólo porque sí se escribió mucha poesía, sino porque los testimonios sobre el Holocausto derivaron en un género literario en sí mismo, cuyos máximos exponentes fueron Primo Levi e Imre Kertész. El escritor esloveno Boris Pahor ha sabido alzarse como otro referente con su obra Necrópolis (1966), recientemente traducida al castellano.

Nacido en 1913 en Trieste, Pahor, a pesar de haber nacido en una ciudad que hoy se encuentra bajo los dominios de Italia, siempre se autoproclamó esloveno. Esa es la mayor razón por la que Pahor fue capturado y enviado al campo de concentración Natzweiler-Struthof, situado en Alsacia, al este de Francia: por luchar contra el arrasante fascismo italiano como un modo de recuperar la identidad eslovena en Trieste.