20/10/10

Bután: En búsqueda de la Felicidad Nacional Bruta

Paisaje de Bután

Michele Concato

Hace unos meses llamó la atención lo que dijo el primer ministro de Bután, Jigme Thinley, quien, refiriéndose a la necesidad de un cambio tras la catástrofe económica en la que estamos a nivel mundial, propuso hablar de “Felicidad Nacional Bruta”. En tiempos en los que la felicidad parece ser un bien escaso, y en los que las múltiples crisis atacan tanto al individuo como a la colectividad en su conjunto, hace ilusión saber que hay lugares del mundo en los que “están trabajando en ello”. El Sr. Thinley retomaba así un indicador inventado en los años ‘70 en su mismo país, para desarrollarlo como alternativa al convencional Producto Nacional Bruto. Su argumento es que éste último había fracasado rotundamente en el desarrollo de las economías industrializadas y, sobre todo, en conseguir la felicidad de sus habitantes.

Panorama actual de las elecciones presidenciales en Brasil

Agostinho Batista  (Brasil) Las montañas de Piracaia
Bruno Lima Rocha

Un análisis de los posibles aliados de Dilma y el tema del aborto, comparado con el peso de los neopentecostales y católicos conservadores o de ritual carismático

Llegado el fin del primer domingo de octubre, el Brasil constataba que la elección general para presidente no estaba definida. El crecimiento de la senadora Marina Silva (Partido Verde - PV, defensor del capitalismo sustentable) alcanzó casi veinte millones de votos (19,33%) de la pobreza conservadora, impidiendo la victoria en la primera vuelta de la heredera de Luiz Inácio Lula da Silva, la ex-guerrillera, Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores – PT, el mismo de su tutor), que sumó 47 millones en las urnas (46,91%).

Costa Rica: Doña Laura Chinchilla está en problemas

Laura Chinchilla, presidenta de Costa Rica

Luis Paulino Vargas Solís

1. Las masivas entradas de capital están agudizando el problema de la revalorización del colón (1) frente al dólar. El fenómeno no es nuevo y, como tendencia general, se remonta a cinco años atrás. Sin embargo, durante el período comprendido entre fines de 2005 y primeros meses de 2008, sus consecuencias se vieron atenuadas por la vigencia de un ciclo de crecimiento especulativo e insostenible. Sin embargo, la economía se frenó en seco desde mediados de 2008 y cayó en recesión abierta en 2009.

No lo puedo evitar. No puedo vivir sin ella


Amphissa, Grecia, otoño de 1977


No lo puedo evitar. Sólo pienso en ella. Su recuerdo no me persigue porque lo tengo instalado a sus anchas en mi corazón, en mi hígado, en todas mis entrañas. Brota a través de mis humores. Ella está allí, muy adentro, por eso mana con tanta facilidad a través de mis lágrimas incesantes.

Ella, mi Amelita, la mujer que amé durante tantos años, me dejó en este mundo sin antes advertirme seriamente de las consecuencias de su partida. Sólo tenía informaciones o referencias que desestimaba, porque nunca pensé que ella iba a morir primero que yo. A ella le aterrorizaba la idea de que estas aspiraciones que yo tenía se cumplieran, pero yo no hacía caso de estas argumentaciones, porque siempre me parecieron absurdas.

No lo puedo evitar. No puedo vivir sin ella. Respirar, comer, andar, ir por aquí y por allá, ¿es vivir? Amelita está en todos los detalles de mi vida,… ¡y son tantos!, todos llenos de amor, porque ella lo derrochó muy ordenadamente. ¿Qué puede llamarme la atención sin pensar que sólo con ella quería vivir este pedazo de vida que me queda?

Ni los viajes, ni el dinero, ni el alcohol, me servirían de algo, porque lo primero los hice con ella; lo segundo jamás me ha sido fácil tenerlo y lo tercero nunca ha sido un buen consejero para mí. Por eso viajar sin que ella esté a mi lado, ya no me es atractivo; hacer dinero a estas bajuras de mi vida es tarea dificultosa y recurrir a las delicias de Baco, no me apetece.

Sólo tengo la certeza de que ella ya no estará físicamente conmigo. Sus frágiles huesos, su carme, sus nervios, están enterrados en un lugar que juntos escogimos, casi como un acto lúdico, para estar juntos “por toda la eternidad”.

Sólo tengo la certeza de la incertidumbre. Ya nada me parece ni cierto ni falso, ni bello ni feo, ni atractivo ni asqueroso, ni lejos ni cerca, ni de día ni de noche. ¿Cuál es el mejor momento? ¡Cualquiera!

Nada puedo hacer sin antes tener su asentimiento, como siempre fue. Pienso entonces, ¿qué hubiera hecho o dicho Amelita? Y como fueron tantos años tejiendo esta red de amor, siempre tengo la certidumbre de su conformidad. Pero ella nunca me dijo que yo iba a sufrir cuando ella muriera, y no lo hizo, no porque estuviera insegura de mi inmenso e intenso amor, sino simplemente porque no quería anticiparme a estas tristezas.

Como no tengo solución para esta situación que estoy viviendo, como no tengo remedios para mis dolores, como no tengo paz con mis angustias, ¿qué debo hacer? De poco o nada me servirían los consejos bienintencionados de los que me conocen, por eso no los pido porque no los necesito.

Mi pena es intransferible. Mientras pueda respirar, en el aire que entre o que salga de mis pulmones estará siempre mi Amelita. ¡Así de fácil!

Con Amelita en Amphissa

En el otoño de 1977, Amelita y yo emprendimos un largo viaje por toda Grecia que nos condujo por islas, caminos y lugares llenos de historia, sembrados de añoranzas previamente digeridas. Fue así como llegamos a Amphissa (Anfisa), lo que era y es hoy una pequeña ciudad de la Grecia central, de aproximadamente 7000 habitantes, y se la recuerda porque anualmente se celebraba allí una festividad muy importante en honor a Baco.
Ciudad y valle de Amphissa, Grecia Central

En el valle donde se encuentra Amphissa hay grandes olivares, una raíz histórica notable y su riqueza son unas minas de bauxita, cuyo mineral es exportado desde el cercano puerto de Itea, y para ello se atraviesa todo el valle para llegar a las fábricas de aluminio.

Cuando llegamos a Amphissa, el maltrecho Simca 1000 que teníamos sufrió un desperfecto, y lo llevamos a un taller en la periferia de la ciudad. Amelita esperó pacientemente que el mecánico que se encargaba del asunto, terminara. Como me pareció tan curiosa esa forma de presionar, no desperdicié la ocasión y tomé esa –para mí— bella fotografía, donde se puede ver a mi Amelita, de espaldas, sin más alternativa que todo quedara resuelto, para marcharnos y seguir el viaje, nunca planificado, que nos conduciría, quién sabe a dónde.