17/10/10

Estampas que evocan al presidente Cipriano Castro

Foto: Presidente Cipriano Castro

En esta Plaza López, que me recuerda, que me recuerda

Luis Britto García

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A fines del siglo XIX un temperamental exiliado venezolano se gana precariamente la vida como director de orquesta en Cúcuta. Tiende a acelerar el compás de valses y bambucos; él mismo toca violín, flauta y trompeta; su mirada penetrante es un metrónomo que marca las entradas y los ritmos de cada grupo de instrumentos. Al poco tiempo cambia la batuta por el máuser. Conduciendo sesenta jinetes andinos, en 1899 Cipriano Castro invade Venezuela por el Táchira.

El Chile virtual, el Chile real y sus mineros


Gennaro Carotenuto

Qué buen país sería Chile si mañana también siguiera interesándose por la suerte y los derechos negados de todos sus mineros, después del reality show mundial del rescate de los 33 mineros de la mina de cobre San José, en aquel norte donde lo que no es desierto es cobre. Qué maravilla de país sería Chile si ese ondear de banderas y esa logorrea patriótica no fuese pura propaganda y no fuese también una máquina del olvido.

Mina San José: Los resultados del capitalismo salvaje


Patricio Guzmán

Ha culminado exitosamente el rescate de los 33 mineros sepultados bajo tierra en la mina San José. Ha habido celebraciones generalizadas en todo Chile, pero no hay que olvidar que esto no era un ‘reality show’, ni un programa más de farándula a los que nos tiene acostumbrada la televisión local. Se ha hecho un enorme show mediático que ha servido para dar rédito político al gobierno y al presidente Piñera, escondiendo muchas responsabilidades y causas de esta tragedia.

En primer lugar la falta de respeto por la vida y las condiciones laborales de los trabajadores, de empresarios cuya única meta es ganar dinero, sin invertir lo mínimo necesario en seguridad, incluso después de haberse comprometido a ello.

Händel, un músico extraordinario

Georg Friedrich Händel (1685-1759) fue uno de los más famosos músicos del barroco europeo. Nació en Halle, Alemania, pero vivió la mayor parte de su vida y compuso en Inglaterra, donde también se nacionalizó.

Está considerado como el primer compositor moderno en haber adaptado y enfocado su música para satisfacer los gustos y necesidades del público y no los de la nobleza y los mecenas, como era habitual en este momento de Europa.

Fue inmensamente prolífico; su vasta obra se compone de más 600 creaciones divididas en 7 grandes grupos, agrupados en dos grandes bloques: música vocal (dramática, oratorios, profana y religiosa) y musical instrumental (orquestal, de cámara y para clave) donde abarca todos y cada uno de los géneros de su época.

En musical vocal, los géneros y obras suman 286 piezas en total; son 43 óperas en lengua italiana, alemana e inglesa, 2 músicas incidentales para espectáculos en inglés, 26 oratorios en italiano, alemán e inglés, 4 odas y serenatas en italiano e inglés, 100 cantatas en italiano y español, 21 dúos, 2 tríos, 26 arias sueltas, 16 obras para conciertos espirituales, 41 anthems, 5 Te Deum, 1 Jubilate y 3 himnos ingleses.

En música instrumental nos legó 78 en el ámbito orquestal: 34 conciertos para solistas, 23 concerti grossi, 4 oberturas, 7 suites, 2 sinfonías, 6 movimientos de danzas y conciertos sueltos, y 2 marchas. En el ámbito de la música de cámara son 68 piezas: 22 sonatas para un instrumento solista y bajo continuo, 25 sonatas en trío y 19 movimientos sueltos de danzas, marchas y sonatas. Y 186 en el ámbito del clavicémbalo: 30 suites y oberturas, y 156 movimientos de suite sueltas.

Ejemplificar su enorme producción con un par de obras, es imposible; pero dado que sólo tenemos espacio para no más de tres piezas, optamos por poner una de sus más significativas y conocidas composiciones, mundialmente escuchada: el majestuoso Aleluya del Oratorio El Mesías, obra cumbre de su creación, compuesto en un rapto de inspiración en sólo dos semanas. Cuenta la historia que en la primera audición que se hiciera, el rey, impresionado por la belleza del Aleluya, terminado que fuera se levantó de su silla y aplaudió, contradiciendo la costumbre de los oyentes de este tipo de música, que sólo aplauden al final de toda la composición (en este caso, del Oratorio completo, de alrededor de dos horas de duración), y no en el final de cada fragmento. A partir de entonces, al escucharse este Aleluya es ya norma consuetudinaria que sus oyentes se ponen de pie y aplauden.

Y a título de pequeña demostración de su potencial creativo presentamos también un movimiento de uno de sus tantos concerti grossi, y un fragmento de un de sus más conocidas músicas incidentales: la de los Reales Fuegos de Artificio.