12/10/10

¿Es fundamental la Ontología?

Tintoretto / San Jorge y el dragón
Emmanuel Lévinas

1. El primado de la Ontología

¿No reposa el primado de la ontología entre las disciplinas del conocimiento en una de las más luminosas evidencias? Todo conocimiento de las relaciones que reúnen u oponen a los seres unos a otros, ¿no implica de antemano la comprensión del hecho de que estos seres y relaciones existen? Articular la significación de este hecho -retornar al problema de la ontología- implícitamente resuelto por cada cual, incluso en forma de olvido, tal es, según parece, edificar un saber fundamental sin el cual todo conocimiento filosófico, científico o vulgar sería ingenuidad.

La dignidad de las investigaciones ontológicas contemporáneas se relaciona con el carácter imperioso y original de esta evidencia. Apoyados en ella, los pensadores se elevarán por encima de las «iluminaciones» de los cenáculos literarios para respirar nuevamente el aire de los grandes diálogos de Platón y de la metafísica aristotélica.

Poner en cuestión esta evidencia fundamental es una empresa temeraria. Pero abordar la filosofía a partir de este cuestionamiento significa, al menos, remontarse a su fuente más allá de la literatura y sus patéticos problemas.

Chirelito, chirelín


Chirelito, chirelito, principito del jardín
ajicito chiquitico, chirriquitico más bien.
Solito tú te apareces, principito del jardín 
picantico, sabrosito, ¿quién te pudo traer, quién? 
Sé muy bien que te respetan, chirelito, chirelín, 
porque no picas por uno, sólo lo haces por cien. 

Chirelito, chirelito, principito del jardín, 
cuidado tengo en tu mata, chirelito, chirelín 
porque sólo a tí te mata la terrible paraulata,
que devora tus fruticos y no se pica ¿por qué?

Chirelito, chirelito, principito del jardín
busco a tí alguien afín
busco por aquí, lo he encontrado ¡al fín!
también te llamas Omar, nietecito de postín,
y por doquiera que pasas, todo te suena tintín.

Chirelito, chirelito, principito del jardín,
chiquito, chiquitico, chirriquitico más bien,
sólo sé que te respetan, chirelito, chirelín,
y ya no picas por uno, ¡porque tú quemas por cien!