1/8/10

El sustento del hombre, de Karl Polanyi

Luis Roca Jusmet
Karl Polanyi ( 1886-1964) fue un científico social en el sentido más noble y riguroso del término. Entendió que la sociología no puede separarse de la historia y que ambas deben ofrecernos una visión global con base empírica de la sociedad humana. Fue un gran estudioso de la historia económica que combatió la falacia economicista de creer que la economía es un modelo independiente de la sociedad y puede entenderse al margen de ella. También reivindicó una sociología histórica capaz de vincularse a las problemáticas prácticas y morales del presente. En estos sentidos podemos considerarlo como una clara influencia de uno de los sociólogos históricos más brillantes de nuestra época, Immanuel Wallerstein. Éste mismo reconoce no sólo esta influencia sino también la utilización como instrumentos teórico fundamental en sus análisis de los tres comportamientos económicos descritos y explicados por Polanyi: la reciprocidad, la redistribución y el intercambio. Se abre de esta manera un horizonte mucho más amplio para la izquierda que el ofrecido por la tradición marxista más escolástica.

El arte de amar, de Erich Fromm



El arte de amar es un libro escrito por el sociólogo, psicólogo, y filósofo alemán Erich Fromm. El libro fue publicado por primera vez en español en el año 1959. El libro postula principalmente que el amor es la respuesta al problema de la existencia humana, puesto que el desarrollo de éste conlleva a una disolución del estado de separación o separatidad sin perder la propia individualidad. Asimismo estudia la naturaleza del amor en sus diversas formas: amor de padre y de madre, amor a uno mismo, amor erótico y amor a Dios. El autor postula que los elementos necesarios para el desarrollo de un amor maduro son el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento. En el capítulo tres Fromm realiza un análisis del amor y su significado en la sociedad actual, en base al cual llega a la conclusión de que el modo capitalista de producción tiende a enajenar al hombre y a imposibilitarlo -al menos socialmente- para amar.
Esta maravillosa obra vino a mi mente mientras conversaba con una amiga a la que aún no le nace aquel sentimiento de amor maternal inherente a la condición femenina, me hizo reflexionar en mi propia percepción del amor a los niños, pues si bien adoro a los cachorros (ya está publicado eso), las crías humanas no me generan aquella ternura. Los niños no me gustan, me molestan, son un recordatorio de que alguna vez fui uno de ellos. Yo soy un claro exponente del amor paterno que Erich Fromm describe en su libro, para sentir cariño por un pequeño, éste tiene que de algún modo merecerlo, en mi caso particular, lo que exijo de los niños es sapiencia.

Crise do Estado e crise da modernidade

Edgard Calhado [Brasil] El tren nocturno
Marcello Montanari
Este ensaio faz parte de Gramsci e il Novecento, obra publicada em 1999 na Itália e não traduzida entre nós. Trata-se da compilação dos anais do seminário de mesmo nome realizado em Cagliari em 1997, por ocasião do sexagésimo aniversário da morte do pensador italiano. Para uma visão global dos ensaios apresentados naquele seminário, recolhidos no livro mencionado e aqui traduzidos, o leitor deve partir da introdução escrita por Renato Zangheri.

¿Um copo de vinho, Sr. Marx?


Martin Jacques 


Houve uma batida na porta. “Entre”, eu disse. Era o momento pelo qual eu tinha aguardado. Ele era um pouco menor do que eu esperava, mas não menos imponente, com seus longos cabelos, agora na maioria grisalhos, e uma barba. Suas feições eram um tanto mais escuras do que imaginara. É claro, pensei: “O velho Mouro” [1]. Ofereci uma cadeira, agradecendo por reservar aquele tempo para a entrevista. Ele balançou os ombros, olhou para o gravador com alguma perplexidade e esperou que eu começasse.
“Sr. Marx, o Sr. escreveu no Manifesto comunista, às vésperas da revolução de 1848: ‘Um espectro assombra a Europa, o espectro do comunismo’. O espectro que agora assombra a Europa parece ser muito mais o capitalismo”.

Norberto Bobbio, L'Unità e o PCI

Foto: Norberto Bobbio


Bruno Gravagnuolo
Bobbio e L’Unità. Bobbio e o PCI. Ligação dupla e inevitável, que é parte da história da Itália. E que reapresentamos ao leitor neste especial on-line que inclui os escritos do filósofo no nosso jornal entre 1982 e 2004, pouco antes da sua morte. É verdade, aquela relação começa já no pós-guerra e se prolonga nos anos em que não havia mais o PCI, e o nosso cotidiano não era mais órgão de partido. E, no entanto, tomar 1982 como data inicial tem o valor de uma recapitulação madura e consolidada de uma atitude jamais abandonada por Bobbio em relação ao comunismo e ao pós-comunismo italiano. A saber: uma estratégia de atenção maiêutica. Dirigida a uma força emancipadora de massa, o PCI, por Bobbio considerada crucial para a Itália moderna. Estratégia que penetra fundo e é “escutada” por aquele PCI. Até resultar num ingrediente essencial da futura reviravolta PCI-PDS de 1989, bem como eixo básico da tentativa de imprimir identidade a tudo o que se seguiria a 1989 (que, afinal, se tenha tornado um “eixo” é um outro discurso).

Notas sobre marxismo, intelectuais e democracia

Tarsila do Amaral [Brasil] Ferrocarril Central

Bruno Gravagnuolo
1. Bobbio, um mestre de esquerda
Agora, até Alberto Asor Rosa, na entrevista da ed. Laterza a Simonetta Fiori, o reconhece: Bobbio tinha razão contra Togliatti e Della Volpe sobre a relação política e cultura. Questão dos anos 1950, mas ainda válida, que vale a pena retomar cem anos depois do nascimento do filósofo turinense. Isto é: o intelecto crítico, laico e racional é soberano em relação à política e aos seus fins. E com ela mantém uma relação de autonomia, que não é de indiferença, mas de participação responsável, ativa e sem atos de fé. E que se renova em cada oportunidade: não orgânica e orgânica. Rebelde e leal, e voltada para interrogar os fundamentos da política, para melhor escolhê-la e quem sabe servi-la, mas em liberdade. Ao longo da história e dos seus conflitos.

Edward Said y la tipología cultural del imperialismo

Foto: Edward Said

Francisco Fernández Buey
1. Durante los veintitantos años transcurridos desde la publicación de Orientalismo, la gran obra de Edward Said, el interés por la historia y el presente de las culturas no europeas ha ido aumentado de una forma muy considerable en la mayoría de las universidades estadounidenses [1]. Y también en las europeas. Uno de los resultados de este interés es la notabilísima floración de centros e institutos dedicados a estudiar las diversas formaciones culturales africanas y asiáticas. La atracción por las culturas no europeas rebasaba así el marco más tradicional de la antropología cultural para permear también el conjunto de los estudios históricos, artísticos, literarios, filosóficos y religiosos, así como los planes de estudio de muchas de las facultades de humanidades. Tanto que hoy en día no hay en Europa facultad de humanidades que se precie que no aspire a tener un buen departamento dedicado a estudios orientales, africanos o asiáticos.

Thomas Sankara: El Presidente que viajaba en un R5

Foto: Thomas Sankara
 Muchos lo llaman el «Che» Guevara negro. Así, Thomas admiraba a Mandela, Gandhi, Martí, Fidel (imaginamos más bien que admiraba su imagen más que sus acciones), o admiraba por ejemplo la lucha del pueblo Palestino contra el genocida estado de Israel.
Como militar, llevó a cabo la revolución aprovechando su condición, sin necesidad de tener que hacer sangrar a su pueblo, ya que era el mismo pueblo quien apoyaba dicha revolución. Él y sus compañeros del ROC, sabían perfectamente que controlando el ejército, se evitaría el derramamiento de sangre.
Y siendo presidente, Thomas sabía perfectamente, a riesgo de producir enemistades entre los que le acompañan (como así ocurrió con el posterior dictador Blaise Compaoré), que si quería conseguir una verdadera revolución democrática popular, donde fuera el pueblo quién realmente gobernara, una de las medidas importantes a adoptar fue la que nos cita Lenin, a través del estudio realizado por Karl Marx sobre «la Comuna» de Paris de 1871 : «es singularmente notable una de las medidas decretadas por la Comuna, que Marx subraya : la abolición de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reducción de los sueldos de todos los funcionarios del Estado al nivel del salario de un obrero. […] y es precisamente en este punto tan evidente, tal vez el más importante, en lo que se refiere a la cuestión de Estado…» - En referencia claro, al Estado obrero del que hablaba Lenin.