6/7/10

Castoriadis y la dialéctica entre lo nuevo y lo viejo


Maurice Utrillo [Francia] Sagrado Corazón de Montmatre y calle Norvins


Juan Manuel Vera
Estas notas están redactadas desde la convicción de que vivimos una época de continuada descomposición de las ideas recibidas sobre cómo es, cómo puede ser y cómo debe ser la sociedad. Sin embargo, las mutaciones que se están produciendo en la subjetividad colectiva no tienen aún las expresiones que permitan reconocer las nuevas miradas emergentes sobre el mundo. 
Los modelos ideológicos fuertes del siglo veinte no han encontrado reposición y se ha hecho patente, más allá de su contextualización histórica, que tras el derrumbamiento del totalitarismo en el este de Europa ha aflorado un notorio vacío intelectual en la filosofía política de lo contemporáneo. El mundo bipolar de la guerra fría alimentaba la ilusión de la existencia de sistemas alternativos, aunque fuera una apariencia. Ello era así  tanto en el este, sometido al dominio totalitario, y donde las ideas emancipatorias habían sido aplastadas; como en el oeste, donde la neutralización de las ideas igualitarias más radicales facilitó los procesos de integración de las mayorías sociales que aceptaron el compromiso fordista.  

“El hombre que amaba a los perros”: Una novela sobre la tragedia de la revolución en el siglo XX

Max Ackermann / Cromático espacial


Pepe Gutiérrez-Álvarez

Notas sobre la novela de Leonardo Padura que está levantado enorme expectativas, y produciendo lecturas apasionadas.
Esta es una “novela histórica” que narra los últimos años de la trayectoria política y vital de Liev Davidovich Bronstein, alias Trotsky, y el cúmulo de circunstancias coincidentes en un tramo que Walter Benjamin definió como “la medianoche del siglo”. Es una historia que transcurre cuando se acababa de cumplir la segunda década de lo que había sido la revolución de octubre; una revolución contra la “Gran Guerra” que tuvo la audacia de “plantear” la revolución socialista en un país atrasado (Rusia), donde la clase obrera era una isla en un océano campesino y en donde a la “Gran Guerra” le sucedió una devastadora guerra civil contra la reacción, animada por la “Contra” internacional: Gran Bretaña, Francia, etc. Semejante audacia se justificó por una inmediata prolongación de la revolución internacional que no resultó triunfante, pero que dio lugar a una cadena de crisis sociales (hasta tres en Alemania entre 1918 y 1923) y que demostró, tanto a los poderosos como a los pobres del mundo, que todo podía ser posible. El fracaso de estas tentativas acabó mitificando una “revolución” que se enfrentaba al abismo y en cuyo seno estaba incubándose un “Termidor”. Todo sucedió en muy poco tiempo y en una coyuntura histórica en la que el capitalismo sufría la crisis más profunda de la historia. La debacle moral y económica del capitalismo llevó a las masas y a la izquierda a idealizar un régimen que creían mera continuación de la mítica toma del Palacio de Invierno exaltada en películas como “Octubre”.
El hilo narrativo nos lleva hacia dos “herederos” puestos en esta historia. De un lado, la víctima, León Trotsky; el personaje al que propios y extraños mencionaban junto con Lenin, entre 1917 y 1923, como los dos líderes más importantes de la revolución rusa. Del otro, el verdugo, Ramón Mercader; un vástago de la burguesía catalana, hijo de una mujer atormentada convertida a la fe que venía de Moscú y enamorado de África de las Heras; una militante que ponía “la causa” por encima de cualquier otra consideración. El autor, Leonardo Padura, penetra en la hasta ahora somera biografía de este último personaje; Ramón Mercader. Pero la trama tiene más hilos; el lector se enfrenta a esta página clave de la historia del siglo XX, contada desde la perspectiva de una revolución que sufrirá un proceso de desnaturalización extrema en un país donde la tradición zarista y oscurantista se reencarnará en una burocracia que –como tantas veces sucede- travestida con los oropeles de la revolución, será férreamente controlada por un personaje como Stalin, una de las figuras más siniestras de la larga historia de la infamia. El autor emprende este viaje con la perspectiva que permite el final del siglo soviético y con la ayuda inexcusable de autores como Isaac Deutscher; autor de una trilogía inacabada con retratos de Stalin, de Trotsky, y un Lenin que no pudo acabar por su temprana muerte. Los lectores de Deutscher (1) lo sentimos respirar a lo largo de esta evocación en la que se describen las luchas por el control de la gran maquinaria estatal soviética y del movimiento comunista internacional, cuyo aliento magnífico de los primeros años será sucedido por la ascensión de una nueva franja de “comunistas”, cuya primera divisa será la obediencia ciega a una pirámide cuyo centro incuestionable está en Moscú.