5/7/10

Sudáfrica, polvorín social

 Foto: Barrio pobre de Soweto, Sudáfrica

León Moraria
Durante un mes el fútbol desplazó de los primeros planos de la noticia, entre otras, la gravísima amenaza de guerra de EE.UU. e Israel, contra Irán y Corea del Norte, con la movilización de portaviones y submarinos nucleares hacia el Golfo Pérsico. O las medidas antipopulares que adoptan los gobiernos de Europa para tratar de paliar la crisis económica que tiene al borde de la debacle sus economías. El fútbol igual que la creencia es “opio del pueblo”. El fútbol y el campeonato mundial se han transformado en opio y mercancía. Función que se cumple a cabalidad en el país anfitrión, Sudáfrica, de cuyos 40 millones de habitantes la mitad sobrevive por debajo de la línea de pobreza. Según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas, un cuarto de la población no tiene trabajo y vive con un euro al día.
En lo económico y social en Sudáfrica el “apartheid” sigue vivito y coleado. El presidente Mandela tan sólo le colocó el disfraz político de ser un negro el presidente. El poder económico es de los blancos. El 86% de las tierras dedicadas a las labores agrícolas y pecuarias son de su propiedad, así como las industrias y empresas que explotan los recursos naturales, la minería. (diamantes, hierro, uranio,), metalurgia, comercio. En Sudáfrica, como en Colombia o los Estados Unidos, la inseguridad está presente en ciudades, calles, avenidas, y en las zonas rurales. Los blancos, como en la época del “apartheid”, tienen guardianes privados para su defensa e imponer su dominio. La crisis social es un polvorín a punto de estallar.

¿El fin del Capitalismo "amable"?


Carlos Montenegro (Nicaragua) Atardecer

La posible caída de los últimos bastiones de la Europa Social
Andrés Piqueras
A principios del siglo XIX el canciller austriaco von Metternich había propuesto la necesidad de instaurar un Concierto Europeo supranacional, por encima de los intereses de cada Estado, como método de defensa común contra las revoluciones. Las diferencias entre el Viejo Orden y el Nuevo, que se iba asentando, lo impedirían en la práctica.
Fuera de ello, la idea de una Europa Común ya en el siglo XX en realidad no es europea sino estadounidense. La estrategia de Washington tras la Segunda Guerra Mundial para asegurarse su dominio del mundo capitalista estuvo basada en la apertura de los mercados de trabajo europeos a su capital y de los mercados de productos a sus bienes industriales. Algo en lo que se empeñó muy especialmente y obtuvo en la Alemania vencida, a la que impuso la total apertura de su economía a los productos estadounidenses y a su inversión externa directa. Después presionó para una integración de la Europa occidental a través de tratados que garantizasen la apertura de la economía de cada país a los productos de los demás. De esta forma, desde su base alemana, los capitales industriales estadounidenses tendrían a su alcance la totalidad de mercados de la Europa Occidental.

Centralismo y jacobinismo


Joan Miró (España-Cataluña) Letras y cifras atraídas por una centella


Salvador López Arnal
El profesor Vicenç Navarro ha señalado en un reciente artículo -“La Transición inmodélica” [1]-, con razones muy atendibles, que la versión dominante de los hechos ocurridos en España en los años de la transición “se ha ido cuestionando más y más a medida que se han podido comprobar las enormes deficiencias de la democracia española”. La entrevista con Juan Andrade que rebelión publicó el 1 de julio es una documentada muestra de ello.
Dos hechos recientes muestran, en opinión del catedrático de Políticas Públicas de la Pompeu, lo enormemente incompleta que es la democracia española: el enjuiciamiento de Baltasar Garzón, el único juez “que se ha atrevido a intentar llevar a los tribunales a los asesinos y responsables del encubrimiento de los asesinatos por causas políticas de más de 150.000 personas” y el reciente dictamen del Tribunal Constitucional, “que ha eliminado del Estatut elementos claves que habían sido aprobados por el Parlament, por las Cortes españolas y refrendados por el pueblo catalán en un referéndum”.
El profesor Navarro señala a continuación una de las razones que explican la sentencia y la situación política que ya estamos viviendo: “el dominio de tal tribunal por la derecha española, próxima al PP, y por otros jueces que comparten la cultura jacobina del régimen anterior”, dominio que ha dado pie “a un resultado predecible que ha invalidado decisiones tomadas por los representantes del pueblo catalán y del pueblo español”. La decisión, prosigue Navarro, ha sido un regalo a dos nacionalismos: “para los jacobinos españolistas, herederos de la cultura centralista de la dictadura, centrados predominantemente (pero no exclusivamente) en el PP y en UPyD, tales tensiones favorecen la movilización chauvinista anticatalana, que es muy rentable políticamente en sectores de España” [2]. En Catalunya, prosigue el profesor de la Pompeu, la decisión del Tribunal se presenta por las derechas nacionalistas catalanas como una decisión “de España contra Catalunya, ignorando maliciosamente que los representantes del pueblo español (excepto el PP) votaron a favor de tal Estatut”. Navarro señala, con absoluta corrección y acierto políticos, que a consecuencia de ello, “en el momento más grave que España y Catalunya están viviendo, con un ataque frontal a los derechos sociales y laborales de las clases populares de todas las naciones de España”, las luchas nacionalistas absorberán de nuevo “todo el espacio político y mediático, llevando a un segundo plano el tema de la reducción del Estado del bienestar”. Todo o casi todo, pero, casi con certeza, eso es lo que va ocurrir, y ya está ocurriendo de hecho, en el escenario político catalán en los próximos meses: ¡tema central cuando no único de las próximas elecciones de otoño! [3]

Bienvenido, Carlos Marx


Juan Gris [España] Arlequín y guitarra

Ignacio Rupérez 
Nunca nos creímos del todo que asistíamos al fin de la historia y el inicio de la paz perpetua con la desaparición del comunismo y el traslado de los libros de Carlos Marx y los marxistas al trastero de la Humanidad. Tanto les habíamos leído y durante tantos años que al llegar la ruptura nos espantamos por la eventualidad de haber trabajado en vano, convencidos al fin de esa ilusión del pasado que desde muchos años una pléyade de anticomunistas frenéticos, pero también de vigorosos ex comunistas, se había esforzado en expurgar, para poner en evidencia a qué infiernos políticos llegaría o había conducido en último término el pensamiento de Carlos Marx. Las dificultades en reciclarse se unen, por tanto, a la esperanza de que nunca se repitan los horrores, preguntándonos en todo caso por qué hubo tanto atractivo político e intelectual en una convocatoria y una visión del mundo. También es verdad que, entre marxistas, antimarxistas y revisionistas, nos hemos codeado con los mejores, en una lista que cuenta con Gyorgy Lukacs y Merleau Ponty, un Sartre bastante frívolo, Francois Furet y Arthur Koestler, Jorge Semprún y Victor Serge, Ignazio Silone y Boris Souvarine, contundentes todos en la afirmación y la negación.
Al final bebemos una ligera infusión marxista con Isaiah Berlin, Hannah Arendt, Rosa Luxemburgo y Raymond Aron. Pero Leszek Kolakowki, Jacques Attali, el reaparecido Antonio Negri yTony Judt nos llevan a indagar por dónde se encuentra Carlos Marx, por la posibilidad de que al menos ocupe un nicho respetable en la historia de la filosofía y las ciencias sociales. Como si la disolución de la Unión Soviética hubiera liberado a Carlos Marx de sus seguidores, de la maldad de Lenin y Stalin, revitalizando su posición de profeta capaz de anticipar los dilemas del capitalismo, la lucha internacional de clases y las desigualdades globales generadas por una rivalidad económica sin contrapesos ni controles. Quizá es que están al fin apareciendo algunos frutos del arduo trabajo de minimizar la conexión entre marxismo y comunismo, recomendándose la lectura de esos textos canónicos que con frecuencia más se estudiaban por liberales que por comunistas. Así se trataría de salvar al socialismo de la visión peyorativa del marxismo, de salvar al marxismo del espanto comunista, e incluso, como también algunos pretenden, de salvar al comunismo de sus propios crímenes. Veremos lo que se consigue.

Marx, lector anómalo de Spinoza (VI)


Baruch Spinoza

Nicolás González Varela / Especial para "Gramscimanía"
“En Hegel la Dialéctica está con la cabeza al revés. Es necesario darle vuelta (umstülpen), para descubrir su núcleo racional (rationellen Kern), que se oculta bajo una envoltura mística (mystischen Hülle).” (Karl Marx, Das Kapital, 1873)
¿Poner a Hegel sobre sus pies? La tarea de “invertir” la Dialéctica, para anular el Misticismo lógico-panteísta de Hegel, lo sigue teniendo como principio metodológico el Marx maduro. Por ejemplo en su texto de transición de 1859, Zur Kritik der politische Ökonomie Marx autointerpreta como fundamental en su madurez intelectual la crítica a la hipostatización y mistificación de Hegel: “La primera tarea que emprendí con el objeto de resolver mis dudas que me asediaban fue una revisión crítica (kritische Revision) de la Filosofía del Derecho de Hegel…”[1] También en el mismo Das KapitalMarx vuelve sobre su juvenil crítica e inversión de la mistificación hegeliana, aunque hemos evolucionado de la inocente Umschlagen juvenil, pasando por la Umsturz yUmwälzen de su etapa intermedia, a la concreta y revolucionaria Umstülpen/Umkehrung de la Dialéctica materialista: “En Hegel la Dialéctica está con la cabeza al revés. Es necesario darla vuelta (umstülpen), para descubrir su núcleo racional (rationellen Kern), que se oculta bajo una envoltura mística (mystischen Hülle).” LaKritik joven-marxiana, que se remontaba a más de treinta años atrás, ha logrado, según el Marx maduro de 1873, eliminar la forma mistificada (mystifizierten Form) de la Dialéctica hegeliana, que “parece glorificar lo existente” y superarla en una nueva forma racional (rationellen Gestalt). Es la rationellen Gestalt la que permite una “comprensión positiva de lo existente (positiven Verständnis des Bestehenden)” que incluye “la comprensión de su Negación (Verständnis seiner Negation), de su necesaria ruina, porque concibe toda Forma en el fluir de su Movimiento (Form in flusse der Bewegung), por lo tanto sin perder de vista su lado transitorio; porque nada la hace retroceder y es, por su esencia (ihrem Wesen) crítica y revolucionaria.”[2] Para el Marx maduro era plenamente vigente y operativo su trabajo crítico antihegeliano que había desarrollado entre los años 1838 y 1843.