3/7/10

África: Una amarga ironía a modo de celebración


    Mapa Político de África
  • Cincuentenario de la independencia del África francófona o Francáfrica


René Naba

Francia celebra el cincuentenario de las independencias de sus ex colonias africanas con la organización de doscientas cincuenta (250) manifestaciones culturales y deportivas en el territorio metropolitano y en África; pero para el mundo intelectual africano este derroche de celebraciones se desarrolla sobre el fondo de la ironía amarga de unas independencias miserables.

Se ha asignado un presupuesto de 16,3 millones de euros para festejar este acontecimiento que concierne a los catorce países siguientes: Benín, Burkina Faso, Camerún, República Centroafricana, Congo (Brazzaville), Costa de Marfil, Gabón, Madagascar, Mali, Mauritania, Níger, Senegal, Chad y Togo.

En un gesto destinado probablemente a compensar el tratamiento inicuo e injusto reservado a los «olvidados de la República», la guinda del espectáculo será el desfile militar del 14 de julio en el que los ejércitos de las antiguas colonias desfilarán por los Campos Elíseos junto al ejército francés. Salvo el ejército de Costa de Marfil. La ex «niña bonita» de la Francáfrica (1), cuyo ejército bombardeó una posición francesa en Bouaké en 2004, «prefiere celebrar en solitario este aniversario en el marco de su política nacional de refundación» explicó Jacques Toubon, ex Ministro de Cultura y de la Francofonía y secretario general del Cincuentenario de las Independencias. «Es su elección soberana». Elección soberana que sin embargo ilustra la erosión de la posición francesa en su antiguo «pré carré» (2).

Gramsci, Trotsky, la guerra de posición y la revolución permanente


Manuel Felguérez (México) Antes de la tormenta

Hacia 1929, Antonio Gramsci, secretario general del Partido Comunista Italiano hasta el momento de su apresamiento en una cárcel fascista en 1926, intentó oponerse a la línea del Tercer Período que la Internacional Comunista había aprobado poco tiempo antes, en su VI Congreso celebrado en 1928. Esa línea partía de la tesis de un próximo derrumbe del régimen capitalista, como consecuencia del punto a que había llegado, en la etapa imperialista, la contradicción existente entre las fuerzas productivas, las relaciones de producción y la superestructura política, jurídica e ideológica que les correspondía. El carácter economicista de tal concepción reducía las alternativas de la lucha de clases a un simple efecto de la crisis económica, y convertía el plano superestructural en una simple envoltura de la base. Desde esta perspectiva el fascismo era falsamente caracterizado como una reacción de la burguesía ante el avance de la revolución proletaria, se negaba toda diferenciación significativa entre el Estado burgués parlamentario y los nuevos aparatos estatales, en construcción en Italia y en germen en Alemania, y se pronosticaba la imposibilidad de su consolidación. Por lo demás, el VI Congreso estableció una equivalencia entre el fascismo y la socialdemocracia, ya fuera considerándolos parte de un mismo bloque o como recursos alternativos de la burguesía para aplastar al movimiento obrero y, en consecuencia, catalogó a los partidos y sindicatos socialdemócratas como el enemigo principal, destruyendo toda posibilidad de frente único proletario, y abriendo el camino a la consolidación de los movimientos fascistas.
Desde la prisión, Gramsci hizo conocer a Palmiro Togliatti y a otros dirigentes del PCI sus diferencias respecto a la política del Tercer Período y, particularmente, su oposición a la tesis del «socialfascismo». Sin embargo éstos decidieron no dar a conocer este punto de vista al resto del partido. Gramsci consideraba que en Italia no existían condiciones para la toma de poder por parte del proletariado, y anticipaba que a la caída del fascismo se abriría un período de transición en el cual el PCI debería establecer un frente con otras fuerzas antifascistas, incluida una fracción de la burguesía, mientras reestablecía sus lazos con la clase obrera y los anudaba con otras clases populares, con vistas a la conformación de un bloque histórico desde el cual afirmar la lucha por el poder. Tenía presente la táctica del Frente Unico lanzada por Lenin durante el Tercer Congreso de la Internacional, en 1921/1922, y recordaba muy bien la resistencia que él y la mayor parte de dirección del partido, habían opuesto a la aplicación de esa política en Italia, y sus trágicas consecuencias: en 1924 Gramsci, al frente del partido luego del desplazamiento de la fracción de Amadeo Bordiga, viró en dirección a la línea del Frente Unico, pero ya por entonces el fascismo había afianzado posiciones.