19/6/10

Engels / Discurso ante la tumba de Marx

Tumba de Karl Marx,
cementerio de Highgate, al norte de Londres
 
Friedrich Engels


El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.

Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Harto pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.

Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él . El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un solo campo que Marx no sometiese a investigación -y estos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno sólo- incluyendo las matemáticas, en la que no hiciese descubrimientos originales. Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el gozo que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionadora en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera Gaceta del Rin, 1842; Vorwärts de París, 1844; Gaceta Alemana de Bruselas, 1847; Nueva Gaceta del Rin, 1848-1849; New York Tribune, 1852 a 1861, a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.

Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicamos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.

Una Reescritura de la Antropología de Engels

Joan Miró [España] Abstract, 1935



Santiago Gómez Crespo
1.- El Pensamiento Marxista
Indica Faustino Cordón en un pequeño trabajo titulado “Relaciones entre el Materialismo Dialéctico y el Materialismo Histórico”: “No cabe duda de que la problemática y el aparato especulativo que aplica Marx a su pesquisa científica tienen un grado de profundidad mayor que los de Darwin (Darwin cabía en Marx, no Marx en Darwin); no me parece lejos de la verdad, aseverar que Marx, al menos en potencia y llevado a ello por su tema, es el primer científico evolucionista, en tanto que Darwin, a pesar del suyo, cuenta, como Einstein y Pavlov, entre los últimos grandes científicos experimentales. También hay que destacar la profundidad (también superior a la de Darwin) con que Engels esboza el origen del hombre, tema éste que, como el anterior, exige de los biólogos una revisión a fondo.”. La teoría de la evolución de las especies enunciada por Darwin, es sólo una parte de la teoría del materialismo dialéctico enunciada por Marx y Engels. Han pasado más de 100 años desde que Engles escribiera sus trabajos antropológicos, en los que “esboza el origen del hombre”, y durante este tiempo, se han realizado una gran cantidad de descubrimientos en este campo. Estos descubrimientos sobre nuestro pasado prehistórico, pueden ser interpretados mediante el materialismo dialéctico y materialismo histórico y necesitan actualmente una reescritura.

Escuela de Frankfurt: El último capítulo del marxismo filosófico

Tarsila do Amaral [Brasil] Operarios


Adorno, Horkheimer, Benjamin, Marcuse, Habermas son apellidos centrales del pensamiento del siglo XX ligados a la Teoría Crítica y rescatados por "La Escuela de Fráncfort", una monumental biografía intelectual colectiva, recién editada en castellano.
Beatriz Sarlo
Inútil buscar una definición sintética de la Escuela de Fráncfort. Existieron diferencias (no siempre las mismas ni en el mismo momento) entre sus integrantes más ilustres como Theodor W. Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse. Cada uno de ellos exploró a su manera y con distintos acentos la dialéctica, el marxismo y el freudismo. Algunos hicieron sus contribuciones más profundas en la estética y otros, en lo social. Finalmente, un nombre icónico, como el de Walter Benjamin, no perteneció realmente al Instituto que fue la base administrativa de la Escuela; y la teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas no es una consecuencia inevitable del pensamiento de sus mentores de juventud.

El Príncipe (Organización); Gramsci, el peronismo y la actualidad

Julio Le Parc [Argentina]

El partido político
Dijimos anteriormente que en la época moderna el protagonista del nuevo Príncipe no podría ser un héroe personal, sino un partido político, el determinado partido que en cada momento dado y en las diversas relaciones internas de las diferentes naciones intenta crear (y este fin está racional e históricamente fundado) un nuevo tipo de Estado.
Es necesario observar cómo en los regímenes que se presentan como totalitarios, la función tradicional de la Corona es en realidad asumida por un determinado partido, que es totalitario precisamente porque cumple esta función.
Cada partido es la expresión de un grupo social y nada más que de un sólo grupo social.
Sin embargo, en determinadas condiciones sociales, algunos partidos representan un sólo grupo social en cuanto ejercen una función de equilibrio y de arbitraje entre los intereses del propio grupo y el de los demás grupos y procuran que el desarrollo del grupo representado se produzca con el consentimiento y con la ayuda de los grupos aliados y en ciertos casos, con el de los grupos adversarios más hostiles.

Federico Engels y el Materialismo Histórico


G. Polycarpe [Haití] Selva de acrílico
 “La concepción materialista de la historia tiene muchos partidarios a quienes sirve de excusa para no estudiar historia”
(Federico Engels, Carta a Konrad Schmidt, 1890)
Guillermo Fiscer Lamelas 

1. Contexto Histórico-Ideológico
El contexto histórico en que se sitúa la biografía de Federico Engels, corresponde al periodo comprendido entre 1820 y 1895.
Cronológicamente, Engels nace a principios del siglo XIX en la región de la Prusia renana, en la actual Alemania.
En este periodo, el actual territorio de Alemania, esta ocupado por lo que se dio en llamar la “Confederación Germánica” que era una unión libre de 39 estados alemanes establecida en 1815 en el Congreso de Viena bajo el control, beneplácito y apoyo del imperio austriaco. Esta forma de gobierno, heredera directa de las anteriores formaciones políticas, se mantuvo hasta que definitivamente en 1871 bajo la dirección de Bismarck y Guillermo I, se crea oficialmente el II Reich o II Imperio Alemán.