16/6/10

Gramsci, sexualidad y Nuevo Orden Mundial


Lily Hongo [Haití]

 Tomado del Blog Sale con fritasss
Es una parte importantísima en el camino hacia la falta de fe y que forma parte de la estrategia dictada por Antonio Gramsci: destruir a la familia para erradicar de la vida del hombre sus creencias y tradiciones sagradas. Esta destrucción familiar para acabar con los criterios cristianos les interesaba a muchas personas, no sólo a los comunistas.
A ella se sumaban intereses racistas, comerciales y económicos de muchas personas, que incluían algunos grupos judíos y masones…entre muchos otros. Por eso, el apoyo económico a la estrategia fue inmenso.
Si tratamos de imaginarnos una familia verdaderamente destruida, terriblemente destruida, completamente destruida, podríamos imaginar a una en la que los esposos se lastiman, se engañan y se separan; una familia en la que las madres abandonan a sus hijos, o tal vez, una en la que las mamás matan a sus pequeños y éstos matan a sus padres enfermos.
Suena algo terrorífico, pero… eso era lo que buscaba Gramsci.
Era un reto grande: ¿Cómo hacer para que familias latinas, sólidas, unidas, aferradas a sus creencias, tradiciones y valores cristianos y familiares se desintegraran? No podían sacar de repente anuncios que dijeran: "Maridos, abandonen a sus mujeres; mamás, maten a sus hijos; nietos, maten a sus abuelos". Nadie les hubiera hecho caso.
Así que se preguntaron: "¿qué es lo más sagrado en la familia, lo que más aprecian estas familias conservadoras?". Los hijos, fue la respuesta. "Arremetamos contra ellos y convenzámoslos de que tener un hijo es lo peor que les puede suceder. Después de eso, el resto será fácil".
Usaron dos estrategias: Una estrategia disfrazada de ciencia, para llegar al ámbito económico y de las empresas, que desarrolló Malthus con su teoría demográfica de la sobrepoblación y la carestía: "Si la población sigue creciendo, no habrá alimentos suficientes para todos".
Aunque era totalmente ridícula, porque la historia del mundo económico demuestra lo contrario, la propagaron por todos los medios, con fotografías desgarradoras y gráficas llamativas, de manera que pareciera la pura verdad. Y el mundo… se lo creyó…
Ahora vemos las consecuencias en las poblaciones envejecidas de Europa.
La otra estrategia fue una campaña publicitaria dirigida directamente a cambiar la mente del pueblo, en el que ya existía un gran interés por tener cosas materiales.
La campaña consistía en un solo mensaje aparentemente aceptable y poco dañino, que decía así: "La familia pequeña vive mejor".
Cualquiera que analice la frase racionalmente, un solo segundo, se dará cuenta de que es mentira, pues todos conocemos familias grandes y pequeñas que viven bien y también conocemos familias grandes y pequeñas que viven fatal. Así que nada que ver con la verdad. Pero nos la repitieron tanto, durante tantos, tantos, tantos años (más de 20), que nos la creímos.
La frase aparentemente nada dañina, tenía dos fines muy bien planeados:
1) Que la gente relacionara e igualara "vivir mejor" con "tener más cosas", de esa manera el hombre olvidaría que "vivir bien" significó algún día "portarse bien", "ser bueno".
2) Que la gente empezara a ver a los hijos como los enemigos del bienestar.

Con esto, el hijo dejó de ser un don maravilloso de Dios y pasó a convertirse, en la mente de las personas, en el enemigo potencial del bienestar familiar.
Como la gente olvidó que "vivir bien" tenía mucho que ver con "ser bueno", las virtudes y valores familiares pasaron a un segundo plano casi olvidado (exactamente lo que buscaba la estrategia de Gramsci) y fueron sustituidas por el "si quiero vivir bien, debo tener pocos hijos para poder tener más cosas".
Por supuesto, la industria de los anticonceptivos y todos los vendedores de "cosas", de cualquier cosa que pudieran comprar las familias, apoyaron felices esta iniciativa. Significaba mucho, dinero para ellos.
A un hombre convencido de sus valores difícilmente le puedes vender algo que no necesite, pues sabe del recto uso de las creaturas.
Tal vez te lo compre por hacerte el favor, pero nada más. En cambio, a alguien que ha puesto el materialismo por encima de los valores humanos, le puedes vender… lo que quieras.
Por eso recibió tanto apoyo esta estrategia.
Pero aunque quieran todavía no lograban destruir a la familia (sólo la habían hecho chiquita), así que completaron la con una segunda campaña, que sonaba casi igual que la anterior.
De nuevo, una frase solamente, repetida millones de veces por todos los medios y durante mucho tiempo: "Pocos hijos para darles mucho".
Esta segunda campaña, que duró otros 20 años, además de reforzar las ideas de la primera (el hijo como enemigo y el cambio de los valores por el materialismo), trajo como consecuencia una generación de padres que se sintieron obligados a "darles mucho" a sus hijos únicos (todo lo que pidieran) para compensar la falta de hermanos.
Y así crecieron estos niños, egoístas, demandantes y exigentes, acostumbrados a dar nada y recibir mucho (todo lo que quisieran). Ahora estos niños ya son adultos y se están casando con niñas de la misma generación, igual de egoístas, demandantes y exigentes, que no saben dar y se sienten con derecho a recibir mucho (todo lo que se les antoje).
El resultado, ya lo estamos viendo: matrimonios que duran uno o dos años, cuando mucho. Una verdadera epidemia de divorcios. Gramsci era muy listo, sin duda.
Otra consecuencia que trajo esta segunda campaña de los pocos hijos, fue una generación de mamás que se quedaron sin nada qué hacer cuando sus hijos únicos crecieron.
Mujeres de 40 años que se encontraron un día con que lo único que tenían que hacer, a falta de otros hijos a quien entregarse, era pensar en ellas mismas, en su autorrealización. No sólo ésta es la causa, pero sí es una de las raíces del feminismo radical: mujeres cuarentonas que se sienten oprimidas (porque no tienen en quién pensar) y desean liberarse (de su soledad y falta de actividad) para realizarse.
En esta generación encuentran una tierra fertilísima el físico culturismo, las cirugías estéticas, los cursos de auto superación y todas las corrientes del New Age que promueven, ante todo, el sentirse bien con uno mismo.
El resultado… miles de mujeres que abandonan sus hogares para "estar bien consigo mismas". Otro triunfo de la estrategia de Gramsci. Y bueno, ¿a quién se le antoja llegar a una casa en donde sólo vive una señora, operada de pies a cabeza, que vive de apio y agua, habla del ying y el yang, y que sólo piensa en sí misma?... A nadie… Creo.
Esta generación de esposos, hombres, significó un mercado hermoso para las industrias de la pornografía y la prostitución. El adulterio… sí… una medalla más para Gramsci.
Una vez que la mente del pueblo aceptó la separación de la sexualidad y la fecundidad, la aceptación de lo demás ya viene por sí sola: de la anticoncepción vienen luego las relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio y, ¿por qué no?, la homosexualidad.
Si una cosa se vale, la otra también. Y… una vez que la mente del pueblo aceptó que el hijo es el enemigo del bienestar, entenderá fácil que no sólo hay que evitarlos, sino que también hay que matarlos cuando no los deseamos. El aborto: mamás que matan a sus hijos… corona de laureles para Gramsci.
Aún hay más: si el niño por nacer significa un estorbo para el bienestar, mucho más lo será un anciano, un enfermo o un niño deforme. Eugenesia, selección de embriones y eutanasia: mamás que matan a algunos hijos y se quedan sólo con los sanos y nietos que matan a sus abuelos enfermos…
Gramsci, te mereces un aplauso, has destruido a la familia. Ahora sí, con la "Revolución sexual", la sociedad latina está lista para la toma de la sociedad política, la fuerza coercitiva. Hay leyes que aprueban todo lo anterior: divorcio, anticoncepción (salud reproductiva), homosexualidad (ideología de género), concubinato, aborto, eugenesia y eutanasia.
Adelante Gramsci, la mesa está puesta para ti, cuando se cumplieron 73 años de tu muerte.
http://saleconfritas.blogdiario.com/1276608562/  

México: PRD, en su peor momento

Diego Rivera [México] Palacio de Tenochtitlan


Tomado del diario “El Porvenir”, México

Durante la etapa de clandestinidad del Partido Comunista Mexicano, había en él hombres recios, íntegros, de orgullo y de principios como Valentín Campa, Demetrio Vallejo o Arnoldo Martínez Verdugo. Las pruebas para el ingreso eran severas (e implicaban una sólida formación académica y la lectura y análisis documentos muy complejos del marxismo-leninismo; entre otras materias, se estudiaba historia, política, filosofía y economía política; además de que se leían textos de Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ilich Lenin, Rosa Luxemburgo, Nikos Poulantzas, Pedro Kropotkin, las tesis de Mao Tse Tung, Antonio Gramsci y Mikhail Bakunin, entre muchos otros). Al compartir esta situación problemática, la solidaridad entre los compañeros se hacía efectiva en las marchas o frente a las persecuciones del aparato de seguridad y represión política del priísmo, había muchos riesgos. Pero, a su interior, había debate, imaginación, análisis, discusión y creatividad. Muchos estarán de acuerdo con las tesis que dieron orientación y sentido a la izquierda, otros tantos no lo estarán, pero en conjunto, simpatizantes y opositores, han de concordar en que había principios, lealtad y, sobre todo, congruencia.
Esa larga construcción histórica, abarca desde el nacimiento del PCM, el 25 de septiembre de 1919. Pasando por los paros ferrocarrileros y la persecución del Movimiento de Liberación Nacional (1959-1963); lo mismo que la movilización del Partido Socialista Unificado de México (en las elecciones de 1982); al igual que el desprendimiento de la Corriente Democrática del PRI (1986); el surgimiento del Partido Mexicano Socialista (30 de marzo de 1987); hasta desembocar en el PRD (1989). Quienes vivieron o saben de todo aquello, seguramente que expresarían la mayor decepción ante lo que ahora constituye, luego de un largo proceso de auténtica lucha, el partido que en la actualidad “representa” a la izquierda mexicana.
Y que conste, sabemos que el “socialismo realmente existente” fracasó, por lo que no se trata de establecer un régimen semejante, sino de que haya una opción, un alternativa verdadera, valerosa y comprometida, en la defensa de las reivindicaciones populares (léase, la mayoría de los trabajadores, intelectuales, del campo o de la ciudad). Lo que seguramente no se va a conseguir, marchando junto al partido que significa la continuidad del régimen que Vicente Fox Quesada definió como el de “un gobierno de empresarios para los empresarios”.
De hecho, las pruebas de esa incongruencia histórica fundamental, saltan a la vista. La semana anterior, el presidente de la Comisión de Radio y Televisión, acusó a la bancada del PAN de echarse para atrás, incumplir con su palabra y tomarle el pelo al Senado, por negarse a aprobar la denominada Ley de Medios. Según Sotelo, le informaron “de manera oficial” que ni los panistas ni el gobierno de Felipe Calderón “están en condiciones de apoyar la reforma del sector”. El legislador perredista consideró que el blanquiazul “vuelve a faltar a su compromiso”, conforme a las dudas y desconfianza “de una maniobra” que él mismo abrigaba desde un principio, “porque el PAN no quiere sacar ninguna reforma, ni pequeña ni parcial ni integral”.
Mas esta no es la única consecuencia del engaño que el PAN le está haciendo al PRD, o del engaño que éste se hace a sí mismo; las consecuencias de esta mentira con la que, en conjunto, pretenden hacer víctimas a sus electores, se inclinan a causar un mayor daño al organismo del Sol Azteca. El resumen de la introducción histórica que esbozamos, y cómo se funde con el presente, lo formuló el ex presidente nacional perredista, Leonel Cota Montaño, para quien “dicho instituto político atraviesa el peor momento de su historia, por causa del mal manejo de sus actuales dirigentes y el desapego a los principios que le dieron vida”. Las críticas de Cota se centraron en las alianzas del PRD con el PAN. Dicha opción, enfatizó, “sacrifica los principios elementales de la izquierda mexicana al pactar con la derecha y en ningún caso el resultado será positivo para el partido del sol azteca”.
Excepción hecha de Oaxaca, donde se justifica la alianza por la “extrema adversidad” que representa asistir solo a una elección manipulada por el gobierno local, “en el resto del país se optó por una estrategia equivocada”. Esto se debe a que, a estas alturas, “lo que menos le interesa al PRD (a sus dirigentes, Los Chuchos, en particular) son candidaturas competitivas; ahora pelea por su existencia (sobrevivir de manera debilitada y precaria a la sombra del poder) y todo lo que se parezca a eso es por lo que optarán” sus dirigentes.
Además, Cota Montaño, llegó al meollo de la cuestión: en cuanto a las ofertas políticas y las plataformas de campaña, lo que la sociedad espera “no son partidos desesperados por sostener un registro o hacerse de más recursos ganando elecciones, sino lo que le interesa es contar con propuestas distintas y programas de gobierno (específicos y diferenciados) encaminados a mejorar la situación de México… Desde ahora se puede decir con claridad y sin miramientos, que si el PRD no se pone a pensar en 2012 y se empecina en alianzas forzadas, cavará la tumba de la oportunidad de ser una opción de cambio”.

Y, en efecto, para muchos, y de ello también se han encargado sus detractores, justamente los que simpatizan con el PAN y sus tendencias conservadoras, al exagerar la difusión de sus yerros, el PRD ha dejado de configurarse como “opción de cambio” y de gobierno. El Partido del Sol Azteca, llega a la “celebración” de su cumpleaños número 21, sumido en las contradicciones, en la división, en el abandono, el desprestigio y el alejamiento de los que alguna fueron sus caudillos (Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador, Rosario Robles, Manuel Camacho Solís, Ricardo Monreal, René Bejarano, Carlos Imaz, entre otros), y a punto de ser sepultado por el oportunismo, el pragmatismo y el eclecticismo de sus dirigentes. Imagínese Usted, que ahora incluso existe la posibilidad de que el Centro Fox, el máximo representante ideológico de la derecha y el conservadurismo de América Latina, les dé cursos de “capacitación” a sus militantes, dirigentes y candidatos, porque así conviene a sus alianzas. Ni duda cabe, ha caído muy bajo y está en su peor momento.

Revolución y Democracia en el Manifiesto Comunista

Marino Chanlatte [República Dominicana] Campesina


Jacques Texier
En los tiempos en que Marx escribió el Manifiesto, él y Engels participaban de dos partidos: el partido comunista que había sido fundado recientemente (la Liga de los Comunistas) y el "partido democrático" que era una amplia tendencia que incluía diversas fuerzas (incluyendo a los comunistas). En Francia y Europa, el reclamo de democracia tomaba con más frecuencia formas republicanas. Las relaciones eran complejas, como se puede ver en el desarrollo de la revolución de 1848. En principio, los comunistas mantenían firmes en sus compromisos democráticos pero es obvio que no todas las organizaciones democráticas y republicanas tenían un programa socialista o comunista, y los comunistas tenían un enfoque particular sobre la cuestión de la democracia. 
De igual manera, las fuerzas democráticas, socialistas y comunistas pertenecían todas al "partido revolucionario". Este es aun el caso, hasta cierto punto, de los liberales, en ellos había una amplia gama de matices en sus actitudes frente al uso de la violencia. La posición de Marx y Engels es resueltamente revolucionaria, y esto está constantemente expresado en el texto del Manifiesto. La revolución que querían los comunistas era, sobre todo una revolución social, que debía emancipar al proletariado y a toda la humanidad. Pero otras revoluciones estaban en la agenda en Europa: ellos apuntaban a derrocar el "antiguo régimen" y las monarquías absolutas donde ellas existieran o pasando de monarquías constitucionales a repúblicas; también apuntaban a liberar pueblos oprimidos por normas extranjeras, como en Polonia, Hungría, Italia, etc. y más en general acompañando los emprendimientos de unificación nacional (Alemania, Italia). Los comunistas eran partícipes de todas estas batallas, sin perder nunca de vista sus propios objetivos. La revolución es concebida como un vasto proceso extendido en el tiempo y el espacio. "La conquista de la democracia" (y los procesos de unificación y liberación nacional) y de emancipación social son pensados como integrados en el concepto de "revolución permanente".
Uno notará que la derrota violenta de la burguesía está expresada en términos muy claros, "la conquista democrática" sólo aparece muy brevemente y en términos que no son suficientemente claros. Los otros textos del año 1847 son mucho más explícitos. Más tarde los problemas democráticos fueron actitudes de Marx y Engels hacia la república democrática. Marx y Engels pensaron consistentemente que este era el campo sobre el que el proletariado podía prepararse a sí mismo, bajo las mejores condiciones, para su confrontación final con la burguesía. En 1891, Engels va más allá de esto señalando que ésta era la forma específica de la dictadura del proletariado. El no siempre mantuvo ésta posición. Si queremos profundizar la cuestión de las relaciones entre democracia y revolución comunista, debemos atacar el problema del Estado. El comunismo es una sociedad sin clases o Estado ( y sin duda sin relaciones mercantiles). Si la política juega un rol decisivo aún el de la constitución de la clase como tal, y si el Estado actúa como un mediador de la apropiación social, entonces la emancipación política, aun siendo un gran avance, es solo una forma transitoria en el camino de la emancipación humana bajo el comunismo. La Democracia, y particularmente la simple democracia política, "la democracia pura", es una institución burguesa. Esta vieja teoría de la democracia política burguesa marcó la teoría sobre la democracia de Marx y Engels. La teoría de la revolución permanente también contiene un problema. El Manifiesto fue constantemente reeditado por sus autores con una serie sucesiva de prefacios que son comentarios teórico políticos sobre sus contenidos. Algunos de ellos son muy conocidos, tal como la rectificación de 1872; otros lo son menos, como la autocrítica de 1893 sobre las ilusiones de una revolución en 1848. Ninguno de estos prefacios retoma la cuestión de la democracia, ni aun para asentar la constante postura de Marx y Engels (histórica y teórica) en apoyo del sufragio universal y la soberanía popular. De igual modo ningún prefacio menciona la posición, defendida por Marx y Engels desde 1850-52, sobre la posibilidad de una transición pacífica al socialismo en cierto número de países. En vistas de la importancia del Manifiesto en la credibilidad del Marxismo esta ausencia es sumamente perjudicial.

Karl Marx: Una revisión de su filosofía política y social

Tarsila do Amaral [Brasil] Estrada de Ferro Central do Brasil, 1924, óleo sobre tela


Roser Pros-Roca
Karl Marx es, junto con Engels, el autor del "Manifiesto Comunista", "El Capital" y otras obras de interés político. Algunas de sus teorías siguen vigentes.

Karl Heinrich Marx nació en el año 1818 en Trveris, tres años después del Congreso de Viena en el cual, las monarquías europeas que habían derrotado a Napoleón, se propusieron recuperar las antiguas fronteras y restaurar los viejos valores, anteriores a la Revolución Francesa. El siglo de Marx, sin embargo, será una centuria de nuevas revoluciones.
El mismo año en el que Marx publicó su revolucionario Manifiesto del Partido Comunista, será el de la Revolución de 1848, un levantamiento democrático que se extendió por Europa; Marx, por su implicación en la causa, tuvo que abandonar el continente, instalándose en Londres, donde vivió hasta su muerte, acaecida en el año 1883.
Incipiente compromiso político
Marx estudió en la Universidad de Berlín, donde compartió el inconformismo político y la crítica de los jóvenes hegelianos de izquierdas. Sus aspiraciones de ejercer como docente se vieron frustradas porque el gobierno prusiano vetó el acceso a la docencia a todos aquellos que no querían someterse al régimen.
Optó, pues, por el periodismo, pero cuando el gobierno clausuró el periódico en el que trabajaba, decidió marcharse al exilio, concretamente a París, donde se instaló en el año 1843. Fue en esta ciudad donde se relacionó con distintos grupos revolucionarios, en un momento en el que Marx ya se sentía comunista, aunque todavía no había hallado base científica para su teoría.
En el 1844 redactó los Manuscritos económico-filosóficos, obra que contiene su base humanista y su crítica a la alienación que envicia toda la vida humana, la sensibilidad igual como la inteligencia. Además de la citada, también son obras suyas importantes La Sagrada Familia y La ideología alemana. Ambas comparten autoría con Friedrich Engels (1820-1895) y son una crítica de Hegel y de la izquierda hegeliana, a la que acusan de carecer de fundamento científico.
Como esgrimía Marx, “para entender los sucesos sociales y las insurrecciones obreras son precisas dos cosas: cierta penetración científica y un poco de amor hacia los hombres”.
En Bélgica, Marx intensifica su actividad política. La asociación obrera Liga de los Justos, propone a Marx y a Engels la redacción de un texto básico que exponga las ideas sociales y políticas que comparten. De esta propuesta nacerá el Manifiesto del Partido Comunista, publicado en febrero de 1848, coincidiendo con el estallido en Francia, de la Revolución del 48.
Fracasada la Revolución en toda Europa, Marx se retiró a París, donde residió bajo un régimen de libertad vigilada.
En 1875 escribió Crítica al programa de Gotha donde aparece la utopía marxista bajo en lema “a cada cual, no según sus méritos o los servicios que preste, sino según sus necesidades”. Realizó el borrador de El Capital e incluso inició su redacción, pero ésta se vio interrumpida por la muerte de su autor, en 1883.
Fue Friedrich Engels, quien tuvo buen cuidado de acabar los libros segundo y tercero de El Capital y exponerlos al criterio del público. En ellos se mostraba y denunciaba descarnadamente el funcionamiento de la sociedad capitalista.
Marx y la revolución
En Marx, la racionalidad teórica (procedimiento científico-técnico, “desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas”) y la racionalidad práctica (todo lo referente al derecho y al Estado) son verdad, la verdad, pero sólo para (o en referencia a) el propio mundo histórico capitalista o moderno (en términos marxianos, son la “superestructura”, la proyección ideológica del mundo burgués).
La revolución, en cuanto crítica sistemática del universo capitalista, no consiste sólo en abatir las creaciones del sistema capitalista, sino en derrumbarlas ya que se trata de mitos (ídolos, ideología de la clase dominante), en tanto que verdades ocultas, lo cual consiste en eliminar la base material que impide su efectiva realización. Esto mismo presenta a la revolución como el proyecto consciente que trata de hacerse cargo del programa racionalizador burgués y por ello, se postula como el intento de acabar con la irracionalidad de la estructura económica capitalista que está en su base.
No se tratará, pues, de derribar sin más, sino de “dejar que la superestructura capitalista se extinga”, una vez dinamitado su armazón.
Marx hoy
Como filosofía de hondo calado, Karl Marx despertó durante su vida y después de su muerte, reacciones de tintes desiguales: completamente contrarias a su filosofía, perfectamente de acuerdo con ella y reinterpretaciones con matices diversos, que se han difundido hasta nuestros días.
En el siglo XIX los principales detractores de Marx surgieron de entre la intelectualidad que daba sustento a las organizaciones del mundo obrero, entre otros, Bakunin, anarquista y rival dentro y fuera de la política y la filosofía.
En el siglo XX la influencia de Marx ha tenido importancia variable en Europa pero en Estados Unidos, por ejemplo, no se han dado a las teorías sociológicas de Marx ninguna importancia relevante.
El fracaso de las sociedades comunistas y su giro hacia una economía basada en el capitalismo, reabre el debate sobre el papel de la teoría marxiana en la sociedad actual, llena de contradicciones e inmersa en cíclicos períodos de crisis económica.
En cualquier caso, Marx dejó para la posteridad los fundamentos de una teoría política, sociológica, histórica y económica que debe tenerse en cuenta y que puede utilizarse para analizar los sistemas sociales.

El Salvador: del Reformismo hacia la Revolución

Tomás Antonio Carranza [El Salvador]

Alirio Montoya
Antes de verter una opinión muy personal respecto a la presente coyuntura política que se vive en El Salvador –por  supuesto a la luz del marxismo como me lo sugirió por ahí un lector de mi Blog-; quisiera hacer un par de citas extensivas de Vladimir Lenin, porque considero que son bastante pertinentes y en consecuencia vigentes todo ese enorme aporte de este célebre personaje que llevó a la práctica las líneas más generales del marxismo en la ex Unión Soviética a partir del triunfo de la Revolución Rusa de 1917.
Espero antes que nada no ser mal interpretado, porque en efecto, hasta la fecha, lo que ha logrado por ahora el único partido de izquierda legalmente constituido –el FMLN- es llevar a cabo reformas que de una u otra manera relativamente sí han beneficiado a las grandes mayorías desde la Asamblea Legislativa y desde las Alcaldías. Pero pienso que ya es el momento, compañeros y camaradas del Frente, de poner el pie en el acelerador de las transformaciones sociales, políticas y económicas, para profundizar esos cambios que requiere este país y así llevar a cabo una verdadera revolución hacia el socialismo.
Cuando digo no ser mal interpretado, es porque un camarada me dijo que “criticar” al FMLN era darle armas a la derecha. Con todo respeto –le dije-, esa posición tuya se deriva de una visión estalinista sobre la crítica constructiva revolucionaria. Cuando se le hacen críticas a la Dirigencia del único partido de izquierda dentro del sistema, es porque a mi juicio sí representa por ahora la vanguardia de la lucha política de los trabajadores y campesinos. Al tiempo que siento una profunda simpatía por Marx y Lenin, también siento lo mismo por Trotsky, no así por Stalin, finalicé diciéndole.
Y es que los funcionarios públicos deben estar preparados para la crítica. Cierta vez, en las elecciones del año 2000, asistí a un canal local a una entrevista, y una señora habló por teléfono diciéndome que “los guerrilleros habían reclutado niños para la guerra”, lo cual es una falsedad absoluta. Eso sin embargo me incomodó mucho, le contesté de una forma indebida; por lo que un camarada me dijo que, “para qué te metés a puta, hoy aguantala”. Los políticos deben ser tolerantes ante la crítica, si no mejor que no se metan en política.  
Decía Lenin que “los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con la mayor energía a los reformistas, los cuales circunscriben directa o indirectamente los anhelos y la actividad de la clase obrera a las reformas. El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital”.
Ya estamos lo suficientemente enterados que el hecho de haber llevado a Mauricio Funes a la presidencia fue una estrategia que obedeció a una ineludible realidad; y es algo que le aplaudo a la Dirección del Frente, porque era necesario y procedente, en ese momento coyuntural, hacer uso de un mecanismo propio de una mercadotecnia política que estaba ceñida a una estrategia novedosa en lo tocante al innovado curso de la revolución del siglo XXI. Se ganó el Ejecutivo, cierto, pero no se ha logrado obtener el poder total y menos desmontar el poder del capital. El anterior triunfo fue producto del uso adecuado del reformismo, pero se requiere obtener el poder real para trasladárselo después al pueblo, es menester hacer uso de la revolución junto al pueblo.
Para muchos fue una maniobra electorera que procedía de una prosapia de intelectuales y revolucionarios cuya acción dejó más bien demasiadas incertidumbres que esperanzas. Pero en el fragor de lo electoral, y el mismo imperioso deseo de derrocar del Ejecutivo a un partido –Arena- corrupto, opresor del pueblo y vendido a los intereses de reducidos grupos nacionales y transnacionales, incidieron para que a regañadientes apoyáramos a Mauricio Funes.
Por fin se ganó y para muchos ilusos revolucionarios, después que el presidente Funes asume el Ejecutivo, la realidad vino a derrotar sin misericordia alguna a la fábula. Yo no tengo nada que reprocharle al Presidente, porque tenía de antemano un poco de conocimiento sobre su forma de pensar y de actuar. Cuando se vestía de blanco, alababa al presidente Lula da Silva, incluso a Barack Obama, él hablaba en serio, no estaba jugando a un mecanismo de mercadotecnia electorera; por eso su accionar ahora que es el Presidente de todos los salvadoreños, en lo personal no me quita el sueño. Que si va cambiar o no, ese es su problema. Ahora la realidad es otra, por tanto hay que apuntar hacia otro lado.
El FMLN ahora tiene la gran responsabilidad como partido Revolucionario y Socialista de llevarle mejoras a los campesinos y a la clase trabajadora, es momento de re-conectarse con el movimiento social y comenzar a hacer cambios estructurales. Los Acuerdos de Paz fueron enmarcados dentro del contexto del reformismo, la revolución por la vía armada se clausuró con esa firma del Acuerdo; y como decía Schafik Handal, después de la firma de los Acuerdos de Paz, “hemos entrado a una nueva forma de hacer y consumar la revolución inconclusa”.
El reformismo es bueno utilizarlo para ciertos momentos, pero como sigue diciendo Lenin, “Por el contrario, si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital, no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa... Cuanto más independiente y profundo es el movimiento obrero, cuanto más amplio es por sus fines, más desembarazado se ve de la estrechez del reformismo y con más facilidad consiguen los obreros afianzar y utilizar ciertas mejoras”. Lo antes citado calza a la perfección con las marchas del primero de mayo; la clase trabajadora ya está haciendo sus demandas porque fue el engranaje más importante para dar un pequeño paso hacia las transformaciones sociales, el verdadero ganador de esta conquista es el pueblo salvadoreño. En definitiva, si el Frente en verdad quiere transitar de la ya caduca democracia representativa hacia la democracia participativa, debe hacerlo en compañía del pueblo.
El pueblo ha logrado percibir el accionar del Presidente y de algunos ministros que son del FMLN, ejemplo paradigmático es el accionar del compañero Vicepresidente y Ministro de Educación –Ad Honorem- Salvador Sánchez Cerén. Con la entrega de uniformes, alimentación y “paquetes escolares” gratis a los estudiantes de las escuelas públicas, tal cual manda la Constitución de República, y los planes “Cerrando la Brecha”, son muestras claras que el Frente sí estaba preparado para gobernar. No es en vano que Salvador Sánchez Cerén casi empate con Tony Saca y supere al señor Norman Quijano en las preferencias de aquellas encuestas relativas a la opinión y percepción acerca de algunos funcionarios públicos.
El asunto ahora radica en no llenarse de conformismo porque eso los puede conducir al reformismo burgués. Schafik Handal decía que, “entramos al sistema para cambiar el sistema, no para que el sistema nos cambie a nosotros”. Estamos convencidos que ese ideario de Schafik no ha sido sepultado junto a su cuerpo, porque hay algunos dirigentes que sí lo llevarán a la práctica. La población, y sobre todo la militancia y los intelectuales de izquierda, tenemos una meridiana claridad de quiénes al interior del Frente sí apelan por transitar hacia la democracia participativa, al Socialismo del Siglo XXI.
Las condiciones para transitar hacia una revolución socialista por la vía electoral están dadas. Los ejemplos de Venezuela, Bolivia y Ecuador son bastante categóricos. Para el caso, en Venezuela, con el Movimiento V República Hugo Chávez aglutinó una serie de partidos y movimientos sociales y políticos; al igual que Evo Morales con su Movimiento Al Socialismo (MAS) y Rafael Correa con el Movimiento Ciudadano. Para que esto ocurra en nuestro país, se requiere que la Dirigencia del Frente y su militancia hablen un solo lenguaje: el de una definición e interpretación marxista-leninista de la realidad.
Aunque sabemos que dentro del Frente impera todavía un sentimiento anticomunista. Pero si revisamos la historia política de El Salvador con la debida precisión, veremos que fue el dictador Maximiliano Hernández Martínez quien fundó el anticomunismo. Esperamos que ese sentimiento anticomunista en ciertos sectores del FMLN no tenga un efluvio al martinato. Me decía un camarada de la Comisión Política del FMLN que teníamos “que derrotar ese anticomunismo, así como con Schafik supimos superar ese ataque y logramos obtener más de 800 mil votos.”
Termina diciendo Lenin que, “Los marxistas realizan una labor constante sin perder una sola ‘posibilidad’ de conseguir reformas y utilizarlas, sin censurar, antes bien apoyando y desarrollando con solicitud cualquier actividad que vaya más allá del reformismo tanto en la propaganda como en la agitación, en las acciones económicas de masas”. Para alcanzar lo anterior, es necesaria la educación política de la militancia y del pueblo. Los ideales de Schafik y por qué no decirlo, de Salvador Cayetano Carpio –Comandante Marcial-, deben ser el horizonte a seguir de la militancia y de los intelectuales de izquierda; no es pura casualidad que en la página www.marxismo.org encontremos entre los escritos de Marx, Engels y Lenin, los escritos de Schafik Hándal y de Salvador Cayetano Carpio, porque ambos, pese a ciertas discordancias, eran comunistas, marxistas-leninistas.
El pasado domingo 13 de los corrientes, me divertí en grande manera al ver en Canal 33 en el programa “Reflexiones”, al “cantinero alemán” Paolo Lüers y a Claudio de Rosa, un chileno pinochetista y arenero hablando del Socialismo del Siglo XXI. Al menos el señor Alberto Arene defendió su posición socialdemócrata aunque en el fondo a lo mejor ni lo sea, los dos primeros destilaban ignorancia respecto al tema del socialismo; pero quiérase o no, con todas sus cantinfladas son capaces de convencer a cierto número de salvadoreños. Es tarea de nosotros, los revolucionarios y socialistas, desmontar toda la campaña difamatoria que se le viene encima al proyecto que le pertenece al pueblo entero.
En ese mismo programa, de manera alterna, presentaban encuestas elaboradas por la UTEC; y es sorprendente saber que la población ya opina respecto a que solo un cambio de sistema mejoraría las precarias condiciones de vida de la gente. Eso es algo que debe darle ánimos a la izquierda, sea esta partidaria o no. Cualquiera podrá decir que la aritmética en la Asamblea Legislativa no permite realizar cambios de esa naturaleza. El asunto es que esas reformas se pueden llevar a cabo mediante la concientización de la población y su consecuente presión hacia la Asamblea. Solamente la educación política y los hechos concretos dentro de esa realidad concreta han de permitir una verdadera revolución y transición hacia la democracia participativa.