8/6/10

Eric Fromm escribe sobre Trotsky

Foto: El saludo de Trotzky


Pepe Gutiérrez-Álvarez

Fromm es uno de los representantes más reconocido de la llamada Escuela de Frankfurt, y algunos de sus libros como El miedo a la libertad, fueron “devorados” por algunas generaciones. Entre sus escritos data esta reseña de la peculiar obra de Leon Trotsky, Journal d´exil, que apareció en ediciones Gallimard en 1958 gracias al trabajo de recomposición efectuado por el que fue su secretario desde Prinkipo a Coyoacán, Jean Van Heijenoort según dejó constancia en unas memorias imprescindible no solamente para conocer a Trotsky, sino también toda la década.
Sobre este libro ya di a conocer otras reseñas de interés, la de Isaac Deutscher titulada Trotsky en el nadir e incorporadas a Ironía de las historia, una antología de escritos del famoso biógrafo aparecidas en Editorial Península en 1969 en traducción de Juan Ramón Capella; también reproduje en otro trabajo una reseña del recientemente fallecido Michael Foot, el último representante de lo que en un tiempo fue la izquierda laborista y hombre de una gran cultura
Esta reseña de Eric Fromm (Frankfurt am Main. 1900- México, 1980), apareció hace unos meses en la Web de Viento Sur, y supongo que extraída de otra de colegas mexicanos como se deriva del traductor, y del hecho de que Fromm, al igual que Trotsky, murió en el generoso exilio mexicano.
La escuela de Frankfurt no se distinguió por su compromiso con el aquí y ahora, al menos no por su inserción en los grandes dilemas del comunismo, aunque si bien mantuvo una actitud democrático radical y antifascista de largo alcance. Fromm además, fue uno de los más altos exponentes del  "humanismo socialista".
Uno de los estudiosos de su obra. Antonio Caparrós, ha subrayado en ella que su "interés por los problemas humanos está muy teñido desde el primer momento por la religiosidad verotestamentaria. Los as­pectos escatológicos del Antiguo Testamento. las visiones proféticas del final de la historia y de los tiempos, los anhelos humanos de paz y universalidad, de libertad y amor que se respiran a lo largo de la historia del pueblo judío pasan a las páginas de Fromm revestidos con lenguaje secular, de raíces sociológicas y psicológicas marxistas y freudianas. Toda la obra de Fromm, su progresivo entusiasmo por los aspectos humanísticos y utópicos de Marx., su praxis psicoanalítica como praxis curativa y liberadora no se pueden comprender sin su familia­ridad y compenetración con la escatología judía. En gran parte, su antropología y su ética no son más que una escatología judía importada en el lenguaje de aquéllas".
Criado en el seno de una familia judía de la más pura raigambre religiosa, Eric Fromm conoció una fuerte conmoción moral con la Primera Guerra Mundial a la que definió como el "inicio de un proceso de brutalidades que continúa hasta nuestros días". Interesado por las tendencias humanistas desde muy joven estudió psicología en Múnich y sociología en Frankfurt. Realizó su graduado en el Instituto de Psicoanálisis de Berlín en 1931, pero tuvo que huir a los EEUU tras la victoria nazi por su doble condición de marxista y de judío.
Aunque nunca tuvo un compromiso político definido, ni ningún vinculo establecido con los movimientos sociales, Fromm se comportó siempre como un intelectual de izquierda, lo que le causó notorias molestias en su país de adopción. Vivió también en México y sus pronunciamientos políticos últimos están relacionados con la izquierda liberal norteamericana. Ejerció una poderosa influencia con sus obras en la "nueva izquierda" internacional, particularmente entre los cristianos y los socialdemócratas de izquierdas. Su marxismo, muy discutido, se apoya sobre todo en los escritos juveniles de Marx e insistió en una opción que él mismo llamó "humanismo comunitario socialista" (dirección colectiva de las empresas, sentido liberador del trabajo. supresión del conflicto capital-trabajo, etc.); considerando que el instinto de la vida --de amor, de sexualidad-- como la única posibilidad existente de vencer "el sentido de la muerte".
Fromm creía que el do­lor humano --individual o colectivo-- estaba basado en el mal funcionamiento de las relaciones sociales (a partir de un mal planteamiento de las relaciones paternos-filiales), abogando por una "sociedad  sana", motivación principal de su trabajo y de su existencia. La propuesta frommiana postula un cambio re­volucionario humanístico, simultáneamente en los niveles socioeconómico, político y cultural…
Su libros se editaron pródigamente en los años en castellano, sobre todo en los años setenta como muestran el siguiente breviario bibliográfico: El arte de amar; La condición humana; La crisis del psicoanálisis.; El dogma de Cristo; Y seréis como  Dioses: El miedo a la libertad;  ¿Podrá sobrevivir el hombre?;  El humanismo socialista,  todos en Paidos, BCN); El corazón del hombre; Ética y psicoanálisis; Psicoanálisis de la sociedad contemporá­nea; Marx y su concepto del hombre, Sociopsicoanalisis del campesinado mexicano --junto con M. Maccobt-- (todas ella en Fondo de Cultura Económica, una editorial fundada por republicanos españoles en México)…
La familia --con otros autores-- (Península, Barcelona, 1970); Ensayos sobre el psicoanálisis --con otros autores--, Budismo, zen y psicoanálisis --con D.T. Suzuki.-; .Anatomía de la destructividad humana; Grandezas y limitaciones de Freud; La sociedad industrial contemporánea (todos ellas en Ed. Siglo XXI, México-Madrid).
Dos impor­tante críticas sobre las ideas de Eric Fromm se pueden encontrar en sendos capítulos de los libros de Adorno y Marcuse: La revisión del psicoanálisis (Taurus), Eros y civilización (Barral), respectivamente…También se han editado estudios sobre su vida y su obra como el de Besabe Barcala: Síntesis del pensamiento de Fromm, (Nova Terra, BCN, 1983); Juan Gutiérrez: El mundo psicoanalítico de Eric Fromm (Ed. Tercer Mundo, Bogotá, 1961). I
Eric Fromm (1958)
Reseña sobre Journal d´Exil, de León Trotsky (1935) (*)
El hábito general de considerar al estalinismo y al comunismo actuales como idénticos o por lo menos como continuación del marxismo revolucionario, también acarreó un malentendido creciente sobre las personalidades de sus grandes figuras revolucionarias: Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Mientras sus teorías se vieron relacionadas con las de de Stalin y Krushchev, la imagen del “fanático revolucionario” se proyectó en ellas como si les pudiera aplicar el espíritu vengativo y asesino de Stalin o el conservadurismo oportunista de Krushchev. Esta distorsión es una verdadera pérdida para el presente y para el futuro.
Aunque se puedan tener discrepancias con Marx, Engels, Lenin, Trotsky, no cabe duda que, como personas, representaron un florecimiento de la humanidad occidental. Eran hombres con un sentido comprensivo de la verdad, penetrando en la misma esencia de la realidad, que nunca confundieron con su superficie engañosa; fueron de un valor y de una integridad intachables, profundamente comprometidos y entregados al hombre y su futuro; eran altruistas y con poca vanidad o deseos de poder. Fueron personas siempre estimulantes, siempre vivos, siempre ellos mismos, y lo que tocaban cobraba vida. Ellos representan los mejores rasgos de la tradición occidental, su fe en el tiempo y en el progreso del hombre. Sus errores y equivocaciones son aquellos propios del pensamiento occidental; el racionalismo y la sobrestimación occidental en la eficacia de la fuerza, que es la base de las grandes revoluciones de los últimos siglos.
  No es accidental que sabemos muy poco de las vidas personales de estos hombres. Ellos no se tomaron a sí mismo como importantes; no escribieron sobre sí mismos, ni especularon acerca de sus motivaciones. Teniendo en cuenta que los datos personales sobre estos grandes líderes revolucionarios son muy escasos (tenemos cartas de Lenin, de Marx y de Engels y -en alemán- una colección de memorias personales sobre Marx), la editorial de la Universidad de Harvard ha realizado un servicio singular con la publicación del diario de Trotsky a partir del año de 1935, cubriendo la época de los últimos meses de su estancia en Francia y de su llegada en Noruega.
No cabe duda de que Trotsky, como individuo, fue diferente de Marx, de Engels y de Lenin, así como estos fueron distintos entre sí; sin embargo, al permitírsenos tener una mirada íntima de la vida personal de Trotsky, nos damos cuenta de todo lo que tiene en común éste con estas personalidades productivas. Si Trotsky escribe sobre acontecimientos políticos, o sobre la autobiografía de Emma Goldman, o bien sobre las historias de detectives de Wallace, su reacción va hasta las raíces, es penetrante, viva y productiva. Si escribe sobre su peluquero, los funcionarios franceses de la policía o el Sr. Spaak, su juicio es profundo y atinado. Cuando tiene una oportunidad de conseguir una visa por parte del recién formado gobierno laborista noruego, que sería la más afortunada salida para sus crecientes dificultades del exilio en Francia, él no vacila ni por un segundo en escribir una afilada crítica al partido laborista noruego. En medio de un inseguro exilio, enfermo, sufriendo la cruel persecución estalinista de su familia, no hay nunca una nota de autocompasión, o aún de desesperación. Hay objetividad, valor y humildad.
Encontramos a un hombre modesto; orgulloso de su causa y de las verdades que ha descubierto, pero no un engreído o un egocéntrico. Las palabras de admiración y de preocupación con las cuales se expresa sobre su esposa son profundamente conmovedoras. Exactamente al igual que en el caso de Marx, se encuentra aquí el compromiso, la comprensión y la generosidad de un hombre profundamente cariñoso que brilla a través de este diario de Trotsky. Él amó la vida y su belleza. Una versión de su testamento termina con las palabras siguientes: “Puedo ver la brillante franja de césped verde que se extiende tras el muro, arriba el cielo claro y azul, y el sol brilla en todas partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.”
La gratitud que debemos a la editorial de Harvard por rescatar esta imagen de Trotsky para el presente y para las futuras generaciones no evita, sin embargo, que exprese mi consternación y shock por el hecho de que esta editorial incluyera lo siguiente: “Si (el diario) revela la angustia y la soledad de su exilio, con frecuencia desnuda su fanatismo y egoísmo subyacentes, aunque ofrece positivos, e históricamente relevantes, comentarios sobre la política local e internacional.” (Son mías las itálicas, E.F.)
Muy aparte del hecho de que sea de lo más inusual que un editor critique a su propio autor con observaciones despectivas en su propia publicidad, este procedimiento es imperdonable porque no hay nada en el diario que desnude el “fanatismo y egoísmo subyacentes” de Trotsky. La única cosa que queda desnuda es exactamente lo contrario. Desafiaría al escritor de la editorial de Harvard a probar con incluso una sola oración del diario que indicara el egoísmo de Trotsky. Probablemente este escritor cayó en el compartido malentendido popular sobre personas tales como Marx y Trotsky. Si un hombre que ve la esencia de la realidad social e individual dice lo que ve, sin simulaciones ni equivocarse, ello no debe ser tomado como ser egocéntrico, agresivo o vano. Si tiene convicciones inquebrantables, le llaman fanático, sin importar absolutamente si estas convicciones fueran adquiridas por experiencias y pensamientos intensos, o si son ideas irracionales con un tinte paranoico. Esperamos que esta publicidad sea omitida en las próximas publicaciones.

La verdad detrás de la propaganda de Israel


Robert Fisk

Desde luego, me ha enfurecido el hecho de que hombres armados ataquen barcos en aguas internacionales, maten a pasajeros que intentaron resistirse y después esos mismos secuestradores obliguen a las embarcaciones capturadas a ir a sus puertos. Me refiero, por supuesto, a los piratas somalíes que asuelan a barcos occidentales en el océano Índico. ¿Cómo se atreven esos terroristas a tocar nuestras naves desarmadas en altamar? Qué bueno que nuestros buques de guerra permanecen en esa zona: para prevenir actos terroristas.
¡Ups! Al menos los israelíes no han exigido rescate. Sólo quieren que los periodistas les hagan propaganda de guerra. Apenas comenzada la semana, los comandos guerreros israelíes atacaron un barco turco con ayuda humanitaria para Gaza y mataron a tiros a nueve de sus pasajeros. Para el fin de semana, quienes protestaban se habían convertido en activistas armados por la paz, antisemitas violentos, quienes profesan el pacifismo mientras rezuman odio y machacan a otro ser humano con un tubo de metal. Me gustó esta última parte. El hecho de que la persona que estaba siendo golpeada aparentemente disparaba contra otro ser humano con un rifle no es retomado en esta extraña versión de la realidad.
Las familias turcas de los pasajeros afirman que sus hijos son mártires, pues así llaman a quienes han muerto por disparos de los israelíes, y esto ha dado pie para que los israelíes confirmen que existe una guerra santa (jihad). “Desde ese barco de ayuda humanitaria, un srilanqués me envió un mensaje que decía: ‘tenía yo a bordo a mi sobrina, sobrino y su esposa. Desafortunadamente, Ahmed (el sobrino de 20 años) recibió un disparo en la pierna y ahora recibe tratamiento bajo custodia militar. Te mantendré informado’”. Y así fue. En cuestión de horas, la prensa estaba ya en casa de la familia srilanquesa radicada en Australia, y exigía saber si Ahmed era jihadista o un potencial atacante suicida. La propaganda funciona ¿ven?
No hemos visto una sola fotografía de los que protestaron porque los israelíes se robaron el cargamento de ayuda. Nadie nos ha dicho aún cómo fue que el barco turco, que transportaba a tan despiadados hombres, no fue capturado durante su largo viaje desde Turquía debido a su plan de ayudar a los terroristas, aun cuando la nave mantuvo comunicación con diversos puertos. Sin embargo, el profesor Gil Troy, de la Universidad McGill de Montreal, quien escribe en el rabioso diario Canadian National Post, tuvo la oportunidad de escupir bilis contra los pacifistas armados el pasado jueves.
Personalmente, no me sorprendieron los asesinatos a bordo del barco turco. En Líbano tuve oportunidad de ver a esa turba de ejército al que llaman de elite actuar sin disciplina alguna y disparar a civiles. Los vi observar la matanza de palestinos en Sabra y Chatila la mañana de un 18 de septiembre (un día después de la carnicería) a manos de sus violentos aliados de la milicia libanesa. Presencié la masacre de Qana, ejecutada por tiradores israelíes en 1996, y escuché a uno de los soldados llamar a los 106 civiles muertos, muchos de ellos niños, arabushimi, que es un término despectivo contra los árabes que fue publicado tal cual por la prensa israelí.
Entonces, el gobierno del premio Nobel de la Paz, Shimon Peres, afirmó, de manera totalmente falsa, que había terroristas entre los civiles muertos, pero ¿a quién le importó? Después ocurrió la segunda matanza de Qana en 2006, y luego en 2008 y 2009 fueron asesinados mil 300 palestinos, en su mayoría niños, y así sucesivamente...
Bueno, después se difundió el reporte Goldstone, encargado por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que concluyó que las tropas israelíes, (al igual que Hamas) cometió crímenes de guerra en Gaza, pero el documento fue tachado de antisemita, y su autor, el respetado jurista judío Richard Goldstone, de Sudáfrica, fue calumniado y llamado hombre perverso por el siempre vociferante Al Dershowitz, de Harvard. El documento, además, fue tildado de controversial por la valiente administración de Obama. Controversial, por cierto, significa básicamente: Vete a la mierda. Existen dudas al respecto, verán; es un asunto traicionero.
Volvamos a nuestra cronología. Después tuvimos el asesinato por parte del Mossad de un funcionario de Hamas en Dubai, en el que estuvieron involucrados al menos 19 pasaportes falsificados, británicos y de otras nacionalidades. ¿La respuesta que dio nuestro patético ministro del Exterior del anterior gobierno, David Miliband? Lo llamó incidente, pero no tocó el tema del asesinato de un fulano en Dubai, dénse cuenta. Sólo se trató de la duplicación de pasaportes británicos, un tema sumamente controversial y bueno, ahora tuvimos el asesinato de nueve pasajeros en el mar, a manos de los nuevos héroes israelíes.
Lo sorprendente de esto es cuántos periodistas occidentales, incluida la pusilánime cobertura de la BBC sobre los barcos de ayuda a Gaza, están escribiendo como periodistas israelíes, mientras éstos escriben sobre los asesinatos con el valor que los comunicadores occidentales deberían demostrar.
En cuanto al ejército israelí, hablemos del devastador reporte que Amos Harelis escribió para Haaretz, en el que analiza la conformación de las filas militares. En el pasado, muchos de los soldados venían de la tradición de izquierda de los kibutz, de Tel Aviv y sus alrededores o de la planicie costeña de Sharon. En 1990, sólo 2 por ciento de los cadetes eran judíos ortodoxos. Hoy los religiosos conforman 30 por ciento de los soldados. Seis de cada siete tenientes coroneles en la brigada Golani son religiosos. Más de 50 por ciento de los comandantes en los batallones de infantería son nacional religiosos.
No hay nada de malo en ser religioso. Aunque Harelis no enfatice este punto, muchos ortodoxos apoyan la colonización de Cisjordania, y por lo tanto, se oponen a un Estado palestino.
Son los colonizadores ortodoxos israelíes quienes más odian a los palestinos e insisten en borrar cualquier oportunidad que exista para la formación del Estado palestino, de la misma forma en que funcionarios de Hamas quisieran borrar del planeta a Israel.
Irónicamente, fueron los superiores del viejo ejército israelí quienes alentaron a los terroristas de Hamas a construir mezquitas en Gaza para que existiera un contrapeso para el terrorista Yasser Arafat cuando estaba en Beirut. Yo fui testigo de una de las reuniones que se celebraron con ese fin.
Pero será la misma historia del pasado y seguirá así hasta que el mundo despierte. Nunca conocí un ejército tan democrático como el de Israel, afirmó el infortunado filósofo francés Bernard-Henri Levy horas antes de la matanza de Sabra y Chatila.
Sí, el ejército israelí no es el segundón de nadie; es sobresaliente, humanitario y heroico. Nada más no se lo digan a los piratas somalíes.

© The Independent
Link artículo original: http://www.independent.co.uk/opinion/commentators/fisk/robert-fisk-the-truth-behind-the-israeli-propaganda-1991803.html
Robert Fisk: es periodista y escritor inglés. Corresponsal en Oriente Medio para el periódico británico "The Independent" y columnista del periódico español "Público". Está casado con la periodista americana Lara Marlowe. Vive en Beirut, Líbano, donde reside desde hace más de 25 años.

Un ansiado acontecimiento filosófico: "Nietzsche contra la democracia"

Werner Horvath [Alemania] Friedrich Nietzsche – von den drei Verwandlungen
 
Salvador López Arnal

Ensayista, editor, traductor de Pessoa y Heidegger, periodista cultural, ex profesor de ciencias políticas de la Universidad de Buenos Aires, autor de artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Engels, Graves, Spinoza, Pound y Marx, usual colaborador de rebelión, Nicolás González Varela (NGV) acaba de publicar en la editorial Montesinos, Nietzsche contra la democracia. El pensamiento político de Friedrich Nietzsche (1862-1872), un libro imprescindible, un ensayo que sin posibilidad de errar alterará sustantivamente los estudios sobre el filósofo alemán y las perspectivas de análisis de su obra.
Estructurado en un prefacio, seis capítulos –I. A modo de introducción. Una política de la lectura. Nietzsche como lector. II. Nietzsche y el partei Wagner. III. Nietzsche y la Commune de París. IV. Contra la maldición de la modernidad. V. Pathein Mathein: la educación reaccionaria y ¿racista? del futuro. VI. Nietzsche: reacción y Kaliópolis-, cincuenta páginas de densas y deslumbrantes notas y once páginas de bibliografía primaria y secundaria, el ensayo de NGV se abre con un significativo e iluminador aforismo nietzscheano: “¿Quién ha de ser el Señor de la Tierra? Esta cuestión es el estribillo de mi filosofía práctica”- y una batería de preguntas: ¿Nietzsche y la Política? ¿Nietzsche un filósofo político? ¿Es lo político el impulso esencial de su vida y pensamiento? ¿Nietzsche ético por y sobre todo?
NGV sostiene que existe una larga y venerada tradición interpretativa que niega y obtura toda posibilidad de una lectura política de la obra nietzscheana. Una lectura así es considerada “superficial, forzada y contraria al propio pathos de Nietzsche”. De hecho, algunos reconocidos nietzscheanos lo definen incluso como un pensador esencialmente antipolítico o impolítico. No es ésta en absoluto la posición de NGV.
Si entendemos “antipolítico”, señala el autor de este excelente ensayo, como una indiferencia interna de la teoría frente al Estado, o como un extrañamiento del Estado de la reflexión práctica, ése no es de ningún modo el caso de Nietzsche. Al contrario: “sus preguntas incumben sobre los politeai, los regímenes y la forma-estado, objeto tan importante de la filosofía política tradicional desde la Antigüedad”. Sus preguntas y respuestas, prosigue NGV, son poiético-teóricas, más que dialéctico-prácticas. En nota (p. 247) aclara NGV la distinción: “La sustitución de una filosofía práctica dirigida a un obrar correcto y justo, cuya finalidad era el bien común, por una filosofía poiética política dirigida a construir y crear formas-estado, tomó plena claridad con Hobbes y Spinoza”. Desde luego, si se analiza al Nietzsche político, comenta NGV, no “debemos anacronizar el contexto de sus reflexiones: es necesario pensar cuál era el concepto de Política a finales del siglo XIX”.
NGV advierte a continuación contra el peligro de comprender al Nietzsche político “no a partir de las motivaciones originarias y sus necesarias conexiones internas, sino del preguntar por su diferenciación de las formas más perfectas de pensamiento reciente”. Nietzsche, señala, diferencia entre la kleine Politik, la pequeña política, “lo que hacen los políticos”, la política entendida como pura lucha por el Poder, y la verdadera y gran Política, la große Politik “que diseña la forma-estado como medio y posibilidad de determinar el comportamiento de otros hombres en pos de una finalidad de dominio”. Nietzsche creía que la ciencia política había perdido de vista el contexto de preguntas que le habían motivado desde la Antigüedad. El Estado no está privado de finalidades y “el telos de un Estado sólo se alcanza gracias a sus formas”. Por ello, si coincidimos con que una teoría de los medios y fines del Estado es el fundamento de toda política, concluye NGV, tal teoría existe en Nietzsche y, por ende, una aproximación política a su obra está plenamente justificada..
No sólo eso. Tal teoría de ninguna manera se ubica en su pensamiento de forma incidental o indistinta “ni subsumida a un horizonte moral, como sostienen muchos nietzscheanos”. En opinión de NGV, la pregunta por la finalidad del Estado no solamente es un problema significativo “sino más aún, planteada correctamente, el problema fundamental de la Teoría del Estado. Sólo por su finalidad ha de justificarse en Nietzsche un Estado”. Lo que constituye a un Estado en cuanto Estado perfecto es algo más que el mero Poder: “son, y no en última instancia, las tareas que sólo él puede satisfacer como Mittel, como medio, el telos bajo cuyo mandato se encuentra y que depende de su forma, de su Form der Regierungen”. La manera y modalidad de distribución del poder estatal condiciona la forma del Estado. La forma-estado adecuada es la que permite la solución óptima de lo que Nietzsche denomina “el fin de todo arte del Estado: la größter Dauer, la gran Duración”.
Prosiguiendo su presentación, NGV señala que si superamos el obstáculo epistemológico y nos atrevemos a una lectura específica de lo político en Nietzsche, el catecismo nietzscheano invierte los términos. “Las lecturas marginalmente políticas que se han realizado de la filosofía de Nietzsche, la mayoría en la cultura anglosajona, paradójicamente nos representan un Nietzsche hiperliberal, anarquista individualista, antiimperialista, que incluso puede ser una fuente valorable de recursos para el desarrollo de una teoría democrática posmoderna”. No es el sendero transitado por el autor. “Cuando se desea “leer” políticamente a Nietzsche de manera crítica, la hermenéutica de la inocencia lo considera un dislate; cuando se practica la misma lectura desde un horizonte hagiográfico, resucita ante los fieles un extraño Nietzsche casi liberal, incluso un nómada escéptico, un “espíritu libre”, un “individualista heroico”, un “demócrata agonal””. Si se estudia sesgadamente su obra desde una perspectiva política, la interpretación nietzscheanne ignora sus propias opiniones, olvida sus textos o los reduce a un grupo selecto, como un posmoderno texto litúrgico, señala NGV. “La interpretatio se transforma en un burdo mecanismo de anacronismos, extrapolaciones y arbitrariedades presentadas como necesarias”. Lo accidental en Nietzsche se transforma en el núcleo central. “La inexactitud filológica se revela como un approche estético, reduciendo todo a la retórica, a un juego de metáforas, de effets de style: pura literatura”.
Para NGV, la leyenda áurea, “este Paterikon insostenible desde una correcta hermenéutica a nivel filológico, doxográfico y biográfico”, se derrumba al primer contacto con los escritos de Nietzsche. En su opinión, “el Nietzschéisme como ideología interpreta contra la propia letra y espíritu de Nietzsche”. Desde joven Nietzsche se interesó por la política y la historia y desde sus primeros escritos sobre Napoleón III, hasta sus pertinentes e informadas menciones en cartas y manuscritos sobre los hechos político-sociales más importantes de los años transcurridos entre 1860 y 1880, la situación política está muy presente en sus preocupaciones. “De lo que menos se puede hablar es de “indiferencia” olímpica o desdén informativo de Nietzsche por la política cotidiana de su tiempo”.
Por lo demás, y como es sabido aunque a veces sea ocultado, Nietzsche nunca fue un demócrata apunta NGV. “Una y otra vez en sus obras esotéricas y exotéricas acomete contra las amenazas que los limitados avances democráticos le acarrean a Europa”. Como reacción propone no un retorno a antiguas jerarquías medievales, a formas de restauration dinásticas o monárquicas, “sino el nacimiento y cultivo de una nueva casta de dominadores que gobierne Europa y luego la Tierra”. Su crítica ideológica a la Modernidad implica una reversión epocal de todo el movimiento democrático desde la gran Revolución francesa. Para Nietzsche, sostiene NFV, “el movimiento democrático, “la introducción de la imbecilidad parlamentaria”, es además una simple fachada moral-política, una mascarada superestructural sin autonomía propia, teatro de la pequeña Politik, que esconde una degeneración fisiológica profunda (ungeheurer physiologischer Prozeß) que nivela hombres superiores con inferiores, creando una raza mixta de Herdentier Mensch, hombres-animales de rebaño”. Para el autor de Más allá del bien y del mal la democracia moderna y todas sus realidades es la forma más decadente de Estado por antonomasia.
En síntesis: desde cualquier punto de vista no extraviado es evidente que Nietzsche puede ser leído políticamente, que existe in nuce en su obra una completa y reflexiva filosofía práctica y que su posición siempre oscila en torno a un fuerte y radical pensamiento antidemocrático. El primer intérprete y admirador de Nietzsche, Georges Brandes, nos recuerda NGV, no tuvo problemas en definir a Nietzsche, con la aquiescencia de éste, “como un pensador eminentemente político, cuya filosofía práctica tenía como base un radicalismo aristocrático”. Para NGV, “si bloqueamos en la interpretación la persistencia y centralidad del interés ético-político de su radicalismo aristocrático, extraviamos el hilo rojo de Ariadna que nos permite explicar el sistema en su integridad y la tortuosa evolución del pensamiento de Nietzsche”.
El ensayo que el lector/a hará bien en acercar a sus manos y cerebro es “un intento de reconstruir el Nietzsche político, con énfasis en el lado positivo de su filosofía práctica, en los elementos productivos que emergen desde el humus de su Ideologiekritik”. Para NGV, el usual “enfoque “apolítico” de Nietzsche, reducido a exégesis estéticas, epistemológicas, psicológicas, lingüísticas, en realidad empobrece y cercena la riqueza y amplitud del propio Nietzsche. La mutilación y reducción de la esfera ético-política de Nietzsche es perder de vista su propia coherencia como pensador”.
El estudio del autor trata de superar las limitaciones de este clima interpretativo, un sentido común que se instaló como tradición académica a mediados de la década de los sesenta y que persiste como un argumentum ad verecundiam. “Como diría Schopenhauer, una dialéctica erística en la cual en vez de razones se usan “autoridades” elegidas a la medida de los conocimientos del adversario. Y lo hacemos en dos sentidos fundamentales: en primer lugar valoramos en sí mismos los textos de Nietzsche de su etapa juvenil y media, entre 1862 y 1872, tanto los finalizados y publicados como sus manuscritos póstumos. En segundo lugar abordamos el pensamiento de Nietzsche como el de un pensador totus politicus, dialéctico-político”.
Última paradoja, aparente aporía señalada por NGV: Nietzsche es en todos los sentidos más radical y más inmediatamente político que el propio Marx. “Nada escapa al conflicto histórico y bimilenario entre Señores y Siervos, ni el Arte, ni la Filosofía, ni siquiera la Ciencia o la Lógica”. Con ello, concluye NGV su prefacio, no hacemos otra cosa que seguir el propio espíritu de la filosofía de Nietzsche ad litteram.
Ver con detalle la cuidada y deslumbrante argumentación del autor exige adentrarse en un libro que merece la atención de toda persona interesada en la filosofía, en la política y en la historia. Es decir, de todo ciudadano, de toda ciudadana.

Nicolás González Varela, “Nieztsche. Contra la democracia”, Mataró (Barcelona), Montesinos, 2010