4/6/10

Marx, lector anómalo de Spinoza (I)

Nicolás González Varela


“Karl Marx, el genial investigador, desterrado de Alemania y de Francia, que aplicó a la ciencia social el método de Spinoza…” Prosper Olivier Lissagaray, 1876

El subversivo judío de Voorburg: Existió una época en Occidente en que uno podía ser condenado a muerte por ser spinozista. Y no se trataba de un malentendido ni una alegoría. Ya en 1717 Buddeus denomina a Bento de Spinoza como el atheorum nostra aetate princeps (“el gran jefe de los ateos de nuestros tiempos”). Alrededor de 1744 un profesor de Pisa, llamado Tommaso Vincenzo Moniglia, resumía en un libro en el que atacaba los llamados “filósofos fatalistas”, que la erosión del altar, el trono y los privilegios se debía a una corriente diabólica llamada Spinosismo. Otro escritor, Daniele Concina, llamaba a las ideas derivadas de Spinoza de ‘questa mostruosa divinita spinosiana’. Bayle en su difundido Dictionnaire historique et critique, escrito entre 1647 y 1706, afirmaba que Spinoza era el primer ateo sistemático: “Il a été un athée de système, et d’une méthode toute nouvelle, quoique le fond de sa doctrine lui fût commun avec plusieurs autres philosophes anciens et modernes, européens et orientaux”, incluso llamaba a uno de sus libros más políticos, el Tractatus theologicus-politicus de “livre pernicieux et détestable”. Y no era exageración: El Tractatus justamente será colocado en el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum de la Inquisición como “libro prohibido” el 3 de febrero de 1679. Incluso en el tardío año de 1816, realizando una revisión del estado de Europa, un contrailustrado llamado Antonio Valsecchi razonaba que las causas intelectuales de la Gran Revolución francesa no se encontraban en Rousseau o Voltaire sino en las obras de “Tommaso Hobbes d’Ingilterra, e Benedetto Spinosa di Olanda.” No hay duda que Spinoza fue el bogeyman de la Ilustración radical europea, y pocos historiadores de la filosofía o comentadores enfatizan este hecho: su nombre era sinónimo de sedición y cuestionamiento a los poderes espirituales y terrenales. Su nombre se unía a otros dos teóricos que destruían toda moral, toda religión, toda tradición: Maquiavelo y Hobbes. Entre 1650 y 1750 Spinoza, el escritor de “hideous hypotesis” (Hume), era el autor más subversivo y no tenía parangón en cuanto a su trascendencia revolucionaria materialista, atea, libertina y democrática. Sus enseñanzas desembocarían en los libertines érudites, en La Mettrie y Diderot e influenciarían a Hegel y a sus epígonos de izquierda: los jóvenes hegelianos, entre ellos a Moritz Hess y a una joven promesa filosófica: un renano llamado Karl Marx. Es muy tentador comparar dos pensadores radicales, democráticos y materialistas como Spinoza y Marx. Un estudio de la recepción de Spinoza en Marx puede ser una tarea no meramente arqueológica sino esencial para entender la filosofía política del Marx, maduro los alcances éticos y políticos de su proyecto. En este intento corremos varios peligros, en primer lugar sobredeterminar la formación del Marx filósofo exclusivamente por su contacto absoluto e irreversible con Hegel y el hegelianismo, como lo ha hecho la tradición de la Marxología y muchos biógrafos; otro peligro es al revés: desde Spinoza tratar de completar el aparente "torso incompleto" de la obra teórica de Marx (que incluye la misma dialéctica), forzando a Spinoza hasta el límite de la interpretación; en tercer lugar olvidar que si Hegel fue la encrucijada en el desarrollo y maduración del pensamiento de Marx, ya el mismo Hegel produjo una suerte de Spinozismus hegeliano, al integrarlo, no sólo dentro de su historia de la filosofía, sino que la propia filosofía hegeliana ya contiene elelmentos esenciales de Spinoza. La paradoja puede formularse así: Marx, un joven hegeliano, un hegeliano de izquierda, se apropiará de la filosofía de Spinoza de una manera antihegeliana. La lectura de Spinoza es, al mismo tiempo, reconocimiento de Hegel y su parricidio. Pero antes debemos preguntarnos: ¿En qué condiciones político-filosóficas recibió el joven Marx a Spinoza?

Marx, un estudiante liberal: pocos biógrafos trataron de escudriñar en los años de Marx como estudiante de secundario y sus primeros años universitarios, una época decisiva de su vida entre 1830 y 1835 poco conocida. En especial la influencia profunda de la figura paterna en la formación de su filosofía política. Es evidente la ascendencia ideológica dominante en sus primeros años de su padre Heinrich (Hirschel) Marx, con quién mantenía una relación inusualmente cercana, íntima y moderna. Su hija Eleanor contaba que su padre Karl “tenía un enorme apego a su padre (Heinrich). Jamás se cansaba de hablar de él y siempre llevaba encima una fotografía suya, reproducida de un antiguo daguerrotipo…” Su padre, Heschel, rompe con toda una venerable tradición, tanto paterna como materna, de generaciones de rabinos y elige una estilo de vida y una profesión alejada de la cultura judía ortodoxa. De joven el padre de Marx será testigo entusiasta de la ocupación de su ciudad, Trier (Tréveris), por las tropas napoleónicas en 1794 y lo que es más decisivo para su vida: la eliminación material del ghetto y la emancipación legal de los judíos gracias a la aplicación revolucionaria del Code civil des Français, o sea al Code Napoleon. Trier y la provincia de Renania entera serán parte de Francia hasta el fin de la era napoleónica en 1815. El padre de Marx recibe una educación controlada por las autoridades de ocupación jacobinas: laica, afrancesada, iluminista, materialista y deísta. Su biblioteca, que luego usaría Karl, contenía más textos en francés que en lengua alemana, mucha literatura de la llamada “Cuestión Social” y como lo describe su nieta Eleanor su abuelo “era un auténtico hombre francés clásico del siglo XVIII, que conocía a Voltaire y Rousseau de adentro hacia fuera…” Riazanov, que pudo consultar los manuscritos y la correspondencia de Marx como editor de sus primeras obras completas en el IME de Moscú en la década de 1920 , señala que “su padre, Heinrich Marx, de profesión abogado del estado, hombre culto y libre de prejuicios religiosos, era gran admirador de la literatura filosófica del siglo XVIII e indujo a su hijo a leer las obras de escritores como Locke, Voltaire y Diderot.” Heschel Marx se recibirá de abogado y entrará en el servicio jurídico estatal, la Oberapellationsgericht, la Alta Corte de Apelaciones de Trier, donde será funcionario por el resto de su vida. En Trier, como en toda la Renania, el entusiasmo por la Gran Revolución Francesa fue instantáneo y duradero: se plantó un árbol de la Libertad e incluso funcionó durante un tiempo un Club revolucionario jacobino. Después de la reocupación prusiana en enero de 1815, recibida por Heschel con euforia, un decreto le obligó a recibir el bautismo o abandonar el cargo público. El padre de Marx se bautiza bajo el nombre de Heinrich por ritos evangelistas y paralelamente su liberalismo desencantado se transforma en un realismo prusiano. Incluso incita a su hijo Karl a escribir una oda patriótica sobre la batalla de Waterloo para destacar el rol esencial de la monarquía de Prusia en la derrota final de Napoleón, quién habría puesto “a la Humanidad y especialmente a la inteligencia toda, bajo duraderas cadenas.” Los renanos originalmente fervorosos pro-franceses fueron modificando sus posiciones ideológicas hasta hacerse antinapoleónicos debido a las presiones impositivas y la leva forzada de conscriptos para la Grande Armée. Especialmente afectados fueron los judíos, que, a partir del decreto del 17 de marzo de 1808 de Napoleón, habían perdido muchos derechos de emancipación otorgados por la Revolución Francesa. A la vez las tibias reformas liberales de Prusia, que concluyeron con un decreto de semi-emancipación de los judíos en 1812, atraían a los viejos affranchis de Trier, entre ellos el padre de Karl, quién dirigió una carta personal al nuevo gobernador general de Renania impuesto por Prusia, el general von Sack, alabando al “justo monarca” que había derogado una ley especial que castigaba con dureza y discriminadamente la usura judía. Pero era un espejismo: a medida que disminuía el poder subversivo de Francia, también la monarquía prusiana al mismo ritmo abandonaba su barniz liberal: no sólo no se anuló el decreto napoleónico de 1808, sino se diseño uno específicamente prusiano, que, por ejemplo, excluía a todo judío de la administración pública y la educación. En 1822 Prusia prohibió el acceso de judíos a todas las profesiones liberales. Como ya mencionamos, para no perder su puesto de funcionario Heschel, ahora bautizado Heinrich, convierte a toda su familia al luteranismo , en una región tradicionalmente católica, con el fin de agradar a los autoridades prusianas. Ya en 1813 se casa con Henriette Pressburg, hija de un rabino holandés, la cual tendrá nueve hijos, del cual Karl Marx, nacido el 5 de mayo de 1818, será el mayor de los supervivientes y, manteniendo la ficción religiosa de su padre, será bautizado en 1824 y hará la confirmación en 1834. Toda la infancia y pubertad de Marx se desarrollará bajo la reacción que siguió a la caída de Napoleón, el sistema de la Santa Alianza. En 1834 sucede un hecho esclarecedor, que nos ayudará a comprender las ideas políticas del padre de Marx. Heinrich organizó un banquete ofrecido a los diputados liberales de Trier en la Dieta renana, el Landtag, en la Sociedad y Casino Literario (del que era uno de los fundadores). El acto político, realizado el 2 de enero, era parte de una campaña regional de banquetes, que coordinadamente se celebraron en todo el sur de Alemania para reclamar una constitución liberal. Allí se brindó por el parlamentarismo, por una monarquía constitucional liberal, se entonaron canciones revolucionarias burguesas (tales como “La Marsellesa” y “La Parisiense”… ¡y en francés!), se enarbolaron banderas republicanas tricolores, coronas cívicas y Heinrich además dio un discurso donde le pedía al rey la instauración de instituciones basadas en la representación popular “a cuya magnanimidad estamos en deuda por las primeras instituciones de representación popular. En la plenitud de su omnipotencia dispuso que las Dietas se deben reunir para que la verdad asecienda paso a paso hacia el trono.” Al final de su discurso, Heinrich concluye que el establecimiento de instituciones liberales duraderas será gracias a la generosidad del monarca, el “Padre” de todos los alemanes: “así que miremos con confianza hacia un futuro sereno, ya que estamos en manos de un buen padre, un Rey en justa posición, cuyo noble corazón siempre permanecerá abierto y bien dispuesto para los justos y razonables deseos de su Pueblo.” El gobierno prusiano reprimió esta manifestación, inició una investigación policial, muchos miembros del Kasino fueron enjuiciados por alta traición (sin embargo, no el padre de Marx) y se modificaron sus estatutos para eliminar toda connotación política. A pesar de la reacción antiliberal y de cierto antisemitismo generado desde la misma Prusia, lo cierto es que Heinrich Marx se transformó después de este incidente republicano en un entusiasta sostenedor de la monarquía cuasi absolutista prusiana y de su hegemonía en el resto de Alemania, se hizo un resignado liberal en toda la regla. Y su hijo Karl fue profundamente influenciado por su ideología y autoridad, tal como le escribía en otra carta orientando sus ideas políticas: “sólo los liberales híbridos pueden idolatrar hoy a Napoleón. Bajo su dominio, nadie se atrevió ni siquiera a pensar en voz alta lo que hoy se puede escribir sin problemas en Alemania y especialmente en Prusia. Quien haya estudiado la historia de Napoleón y su loca ideología puede, con toda conciencia, celebrar su caída y la victoria de Prusia.” Para Heinrich Marx, y asi se lo hacía saber a Karl, la resignación constituía una de las más altas virtudes en la política práctica de Alemania. Sintomático para nosotros es que Heinrich abandonó sin pena la religión hebrea milenaria de su familia y abrazó con pasión un racionalismo deísta muy típico del Iluminismo, diríamos muy spinoziano. En una carta de noviembre de 1835, Heinrich le urge al joven Karl permanecer “fiel en una creencia pura en Dios”, tal como lo hicieron “Newton, Locke y Leibniz.” Pero Heinrich abrazó no sólo el deísmo sino las ideas principales del liberalismo, siendo, como ya vimos, uno de los fundadores e ideólogo de la Sociedad y Casino Literario de Trier, establecida durante la ocupación francesa y formada por affranchis de la localidad, liberales y librepensadores, y que reunía en banquetes y galas republicanas a la élite cultural progresista. A los ojos de Karl, su padre aparecía como un filósofo político nacido del riñón mismo del Iluminismo francés, encarnando el programa liberal paradigmático de inicios del siglo XIX en Alemania: igualdad ante la ley, libertad de expresión, libertad de cultos, laicidad del estado, además de la forma monárquica de gobierno con una constitución mixta que comparta el mecanismo dinástico con una limitada legislatura representando la Besitz und Bildung de las clases propietarias y educadas. Un liberalismo paternal, diríamos extrañamente “gótico”, híbrido entre refeudalización y modernismo, que abjura del jacobinismo y toda forma republicana, ni hablar de la revolución, y que con una fe ingenua deposita todas su esperanzas en la generosidad del monarca y las posibilidades de reformas desde arriba del sistema prusiano. Karl Marx indudablemente abrazó esta Weltanschauung política-filosófica liberal hasta la muerte de su padre en 1838, un poco después de adherirse a los jóvenes hegelianos de Berlín.

Una segunda influencia a destacar, también de corte nacional-liberal, y que llega a reforzar la ideología paterna, es la de su vecino y futuro suegro el barón Johann Ludwig von Westphalen. Biógrafos como Raddatz consideran sin dudar a Westphalen de ser el verdadero maestro y mentor de Karl Marx, incluso “su ‘Super-Yo’, su ‘Super-Padre’, la encrucijada más importante en su desarrollo intelectual.” A Westphalen lo homenajeará en una larga y afectuosa dedicatoria en su tesis doctoral de filosofía, la Doktordissertation titulada Die Differenz der demokritischen und epikureischen Naturphilosophie, es decir “La diferencia entre la Filosofía de la Naturaleza democriteana y epicureana”. Westphalen llegó a Renania en 1816 envíado con el cargo de Regierungsrat (Consejero de Gobierno) por el ministro liberal Hardenberg para administrar una región burguesa y anexionarla sin conflictos al sistema provincial de Prusia. Inmediatamente se domicilió en Trier, se hizo miembro del jacobino Kasino, donde conoció a su vecino el abogado Heinrich Marx. En sus visitas a su casa, le tomó cariño a su joven y sagaz hijo, Karl. Junto al joven, con quién desarrolla una rara relación, Westphalen, que contaba con más de sesenta años, realizaba largas caminatas, en las cuales conversaban de literatura, filosofía y política. A través de Westphalen el joven Marx conoció al socialista utópico Saint-Simon, aunque las verdaderas enseñanzas de su futuro suegro fue afianzar todavía más su credo monárquico-constitucional en el espíritu de las innovaciones de los ministros Stein-Hardenberg y en las reformas liberales de Prusia desde arriba.

Maurice Utrillo [Francia] Marizy Sainte-Genevieve

Una tercera y durable influencia liberal en la formación política del joven Marx fue la propia ciudad de Tréveris y su paso por el instituto secundario. Ya mencionamos las características liberales y jacobinas de Renania. Prusia se propuso especialmente, aunque evitando la violencia extrema y brutal, “purificar” y germanizar a Trier. El llamado “lado izquierdo” del Rin, la región renana, era el territorio subversivo par excellence, la zona más afrancesada, peligrosa, revolucionaria. El control policial prusiano se hizo total. Se estableció toque de queda a partir de las 21 horas y los propietarios de alojamientos tenían que entregar a la policía los pasaportes de los huéspedes. Y así toda una serie de medidas de control y represión casi totales. Incluso el mismo alcalde Wilhelm Haw, que ejerció el cargo desde 1818 hasta 1840, era considerado como “de la clase de hombres más peligrosos de la orilla izquierda del Rin”. Se le acusaba de conectarse con los emisarios que traían propaganda republicana francesa. En sus informes Haw enunciaba el maltrato a la población por parte de la policía local y provincial. Las autoridades prusianas fueron erosionando su poder local, hasta que se le quitó cualquier tipo de autoridad sobre la policía. Tal era el estado de situación cuando Marx llegó a la edad de ingresar en el instituto. Naturalmente Heinrich enviará a Karl al Friedrich Wilhelm-Gymnasium, donde cursará su secundario entre 1830 y 1835. En 1801 los territorios al oeste del Rin (Trier incluída) fueron anexados oficialmente a la Francia napoléonica. El colegio de Trier, que en 1804 era ya reconocido como Escuela de Secundaria, pasó a llamarse durante la ocupación francesa Collège de Trèves. El colegio jamás se liberó de una definida y radical orientación liberal, racionalista, netamente afrancesada, casi jacobina. El director era un kantiano liberal, erudito y arquéologo llamado Johann Hugo Wyttenbach, muy amigo de su padre y que también participaba como miembro muy activo en el Kasino, quién además enseñaba Historia Moderna, Medieval y Antigua. Era la principal figura y alma del colegio, del que fue su director desde 1815 hasta 1846. Su prestigio en la ciudad era notable y su influencia en la formación racional y liberal de los estudiantes durante sus treinta años como director, era profunda y con gran autoridad. Wyttenbach, además, había hecho de joven toda la carrera eclesiástica católica que abandonó sin llegar a ordenarse sacerdote. Entre los sacerdotes que tuvieron directamente a Marx como alumno están Heinrich Schwendler (uno de sus profesores de francés), Nikolaus Martini (latín, francés y alemán) y Michael Schoefer (geografía, historia e historia natural). Y entre los ex-sacerdotes, Cosme Damian Wirz (profesor de alemán). Por ejemplo, Johann Steininger (profesor de Marx para matemáticas, física y química) era un reconocido y criticado promotor del materialismo y del ateísmo entre sus estudiantes vigilado por la policía. En el Gymnasium parece que se respiraba una inusual atmósfera liberal y republicana, y estaba bajo vigilancia de la policia prusiana, que ya había descubierto material literario subversivo en 1833. El mismo Wyttenbach y dos profesores de Marx tenían dossiers policiales abultados. Después de los sucesos represivos de parte de las autoridades prusianas como respuesta al famoso banquete liberal de 1834, Wyttenbach, junto con el profesor de matemáticas Steiniger y el de hebreo Schneemann, fueron acusados de “demagogos” por una Comisión especial llamada curisoamente “Para la supresión de los grupos políticamente peligrosos”. Aunque Wyttenbach no renunció, se le rebajó de director a adjunto, se lo responsabilizó del clima subversivo del Gymnasium y se nombró director a un conocido reaccionario y proprusiano, el profesor de latín Vitus Loers. Sintómatico de la madurez política alcanzada por Marx en esta época fue que intentara escribir un poema político-filosófico en honor del mártir liberal Wyttenbach antes abandonar el Gymnasium. El rendimiento escolar de Marx no fue muy destacable: curiosamente tenía buenas notas en Latín y Griego, un satisfactorio en Religión, regular en Francés y Matemáticas, y las peores notas las tenía en… Historia.

Una prueba fehaciente de su inicial credo racionalista, panteísta e iluminista son sus trabajos escolares de examinación en la secundaria, los llamados Abiturientenarbeit, de los cuales que se han conservado tres de un total de siete. En su escrito Betrachtung eines Jünglings bei der Wahl eines Berufes (“Reflexiones de un adolescente al elegir profesión”) Marx enarbola, además de un Deísmo radical, la idea bien iluminista del progreso como camino hacia la libertad y la perfección, además como profesión de fe se declara convencido que la salvación no es nunca individual, sino comunitaria: “También al Hombre le ha trazado Dios un fin general: el de ennoblecer a la Humanidad y ennoblecerse a sí mismo, pero encargándole al mismo tiempo de encontrar los medios para alcanzarlo…si las condiciones de nuestra vida nos permiten realmente escoger la profesión deseada, debemos procurar elegir la de mayor dignidad… que abra ante nosotros el mayor campo de acción para poder actuar en bien de la Humanidad, que nos permita acercarnos a la meta general al servicio de la cual todas las profesiones son solamente un medio: la perfección… la experiencia demuestra que el ser más dichoso es el que ha sabido hacer a mayor número de hombres felices; la misma Religión nos enseña que el ideal al que todos aspiran a acercarse se sacrificó por la Humanidad.” La felicidad y la perfección son elementos interdependientes entre el pleno desarrollo del individuo y la completa emancipación de la comunidad humana. Muchos han encontrado sorprendentes paralelos entre el ensayo de Marx y Rousseau. El sabor vagamente spinozianne del texto es indudable. Cuando termine de escribir Das Kapital, luego de años de miseria y persecución policial, Marx con cuarenta y nueve años sostendrá la misma ética y la misma profesión de fe de este temprano trabajo escolar juvenil. También es notable que, frente a una cuestión cultural liberal abstracta, como la elección de una “profesión independiente”, un Marx adolescente introduzca abruptamente la idea que los hombres no pueden elegir las condiciones materiales de existencia en total libertad, tal como clama la ideología burguesa, e incluso que esas relaciones son finalmente las que determinan las decisiones más vitales: “Pues no siempre podemos escoger en la vida la profesión por la que creemos sentir vocación, pues las relaciones en que nos encontramos inmersos en la sociedad se encargan, hasta cierto punto, de decidir por nosotros antes que nosotros mismos lo hagamos.” Y más adelante vuelve a insistir que su razonamiento tiene sentido en el caso en que “las condiciones de nuestra vida nos permiten realmente escoger la profesión deseada…” Marx utiliza el tanto el término Verhältnisse in der Gesellschaft (relaciones dentro de la sociedad) como el de Lebensverhältnisse (relaciones existenciales o vitales), para explicar esta fatal determinación que escapa al libre albedrío. Son términos que evocan sin duda a Saint-Simón y Rousseau. Ya Marx esta de alguna manera “reparando”, con los materiales teóricos que encuentra a mano, la propia concepción liberal de libertad negativa y formal (como podría encontrarla en Kant y Hegel), y quizá inconscientemente, tratando de superar la escisión burguesa entre bourgueois y citoyen, entre economía y política. El derecho igual (entre individuos en condiciones materiales desiguales) presupone la desigualdad real, incluso en un acto tan terrestre como elegir una profesión. También en el mismo texto Marx señala que “las actividades que, en vez de entrelazarse con la vida, se alimentan de verdades abstractas, son las más peligrosas de todas para el joven cuyos principios aún no están formados, cuyas convicciones no son firmes e inconmovibles…”, señalando ya una repugnancia por formas alienadas de trabajo teórico y su ansiedad por una unidad entre idea y mundo, entre razón y vida, entre teoría y praxis.

Existe un segundo ensayo muy significativo de la época de estudiante de secundario, titulado Die Vereinigung der Gläubigen mit Christo nach Joh. 15. 1-14, in ihren Grund und Wesen, in ihrer Wirkungen dargestellt (“Unión de los Creyentes en Cristo de acuerdo con Juan 15: 1-14, mostrando sus bases y esencia, como su absoluta necesidad y sus efectos”). Formalmente el tema era “una demostración”, según el Evangelio de San Juan, pero Marx trata el tema de la unión creyentes-Cristo en términos puramente éticos de autorrealización del individuo y perfeccionamiento de la virtud, sin ninguna referencia al pecado, los milagros, el cielo o la inmortalidad y además no menciona ninguna iglesia organizada. En muchos casos el joven Marx da la sensación de parafrasear a Voltaire, Kant, Hegel, Lessing o Spinoza. Fundamenta su texto citando negativamente a la filosofía estoica y a Epicuro. Justifica la necesaria unión con Cristo tanto desde la propia historia de los pueblos del mundo (filogénesis) como desde el punto de vista de la historia individual del hombre (ontogénesis), y concluye diciendo que “por lo tanto la unión con Cristo da una alegría que los epicúreos se esfuerza en vano de obtener de su filosofía frívola o el más profundo pensador de las profundidades más ocultas de sus conocimientos, una alegría conocida sólo por la mente ingenua, infantil, que está vinculada con Cristo y por medio de ellla con Dios , una alegría que hace la vida más sublime y más hermosa.” Algunos biógrafos ven en esta concepción deísta y racionalista, la influencia además de la personalidad del pastor Josef Küpper, su profesor de Religión en el Gymnasium, quién además tenía a su cargo la parroquia protestante de Trier y, por supuesto, era amigo de su padre.

Un último y tercer texto de esta época es un curioso ensayo histórico-político escrito para su Abitur en Latín sobre el reinado en Roma de Octaviano (Augusto) titulado An principatus Augusti merito inter feliciores rei publicae romanae aetates numeretur? (“¿Merece el principado de Augusto ser considerado como uno de los períodos más felices del Imperio Romano”) ha sido interpretado, en el clima ideológico de los años 1950 y 1960, como muestra que ya en sus primeros pasos Marx era un intelectual proclive al totalitarismo y las formas dictatoriales, que en sus primero garabatos ya estaba enroscada la sombra de Stalin y el Gulag. Desde la otra orilla, muchos comentaristas y exegétas pertenecientes a la ortodoxia del DiaMat han ignorado este texto por la incómoda aprobación tout court de Marx de la dictadura populista de Augusto. Marx coloca a Augusto en la encrucijada entre la virtuosa simplicidad perdida de la República romana y la tiranía ilimitada y morbosa de Nerón (…illamque Neronis, qua nulla miserior,..). La meta de Augusto fue “rescatar al Estado”, tomando todo el poder supremo en sus manos, le quitó a los ciudadanos romanos “toda la libertad, incluso toda la apariencia de libertad” (quamvis omnis libertas, omnis etiam libertatis species evanuerat), pero lo hizo como última razón y con gran clemencia como criterio de gobierno. El rol de Augusto como unificador y restaurador de la unidad del Estado es realzada por Marx señala la paradoja histórica que un imperator potius quam libera res publica populo libertatem afferre valet (“un Autócrata puede propiciar la libertad al Pueblo mejor de lo que una República (fraccionada y dividida) podía hacerlo…”). En su conclusión totalmente positiva, Marx concluye que Augusti principatus merito inter meliores aetates numerandus valdeque vir aestimandus, qui, etsi omnia ei licerent, tamen, assecutus imperium, reipublicae salutem tantum efficere studuit (“se debe enumerar, merecidamente, el Principado de Augusto entre las mejores épocas de Roma, debiendo admirar el hombre que, a pesar de todo lo que pudiera permitirse, tuvo siempre en su mira el bien del Estado, después de la conquista de su dominación”). No hay que excluir de estas palabras de Marx una transliteración escolar de su adhesión a las ideas monárquicas (la necesidad y positividad de una autoridad monárquica por sobre la lucha de facciones y partidos), aunque además exista subsumida una valoración de la eticidad de la República romana primitiva. Sintomáticamente el joven Marx nunca llama a Augusto dictator (dictador) sino princeps o imperator, y a su gobierno imperium. Son ideas comunes y típicas del corpus ideológico del Liberalismo alemán de la época, tal como podían sostenerlo desde su padre Heinrich, su suegro von Westphalen o el director Wyttenbach en el Gymnasium. Podemos decir que el joven Marx era, a estas alturas, con tan sólo diecisiete años, un deísta y liberal monárquico convencido.

Marx, lector anómalo de Spinoza (II)

Nicolás González Varela

"Incluso en el caso de los filósofos que dan forma sistemática a su trabajo, Spinoza, por ejemplo, la verdadera estructura interna del Sistema es muy diferente de la forma en que fue presentado conscientemente por él." (Carta de Karl Marx a Lasalle, 31 de mayo, 1858)

Marx hacia la izquierda liberal: El inicio de la vida universitaria de Marx no fue muy brillante. En octubre de 1835 un joven Karl abandona su casa paterna en Treveris para dirigirse a Bonn, centro cultural de la Renania burguesa, a estudiar derecho, la profesión que desea para él su padre. [1] La universidad no contaba con más de setecientos estudiantes matriculados y poco antes de la llegada de Marx un pequeño grupo de republicanos y liberales habían intentado disolver, con un putsch mal planificado, la Dieta federal de Bonn y constituir un gobierno provisional republicano. Las persecuciones se desencadenaron, en especial, contra las asociaciones de estudiantes universitarios y secundarios. Justo en el otoño de 1835, cuando Marx llegaba a la ciudad, se encarcelaba a sospechosos de alta traición y subversión contra el estado todos los días. Las mismas autoridades de la universidad, con agentes policiales y soplones en las aulas, denunciaban, apresaban, expulsaban y encarcelaban a docenas de estudiantes y profesores. De manera similar a otro joven estudiante de filología desganado, un tal Friedrich Nietzsche, Marx asiste con fastidio a la currícula académica jurídica e institucional, aunque se anote paralelamente en actividades extracurriculares que nada tienen que ver con la jurisprudencia: un curso de mitología greco-romana, otro sobre arte moderno y a uno sobre Homero, dado nada más ni nada menos que por el famoso poeta schellinguiano August Wilhelm von Schlegel. [2] La poesía, el romanticismo Graecophilie de moda, la vie de bohème ocupan todos sus días. [3] Allí ingresará como miembro activo de un círculo literario en torno a un “socialista verdadero”, el feuerbachiano Karl Grün, traductor al alemán de Proudhon, y futuro objeto de sus crítica mordaces en el capítulo IV de La Ideología Alemana de 1845. [4] Según los documentos de la policía, el Klub no era tan inocente como parecía en apariencia: sus fundadores eran renanos radicalizados, como Ferdinand Fenner von Fenneberg (uno de los revolucionarios más activos en la futura revolución de 1848-1849 en Viena y Baden) y un poeta de Trier, Biermann, que había sido ya culpado de ser autor de “poemas subversivos”. [5] En el mismo círculo conocerá a dos demócratas radicales que tendrán amplia influencia en la futura etapa del Marx liberal, como Oppenheim y Bernays. [6] Parece que Marx era muy activo entre el grupo de poetas, era considerado una de sus figuras, junto al mencionado Grün y al que luego sería un famoso poeta lírico, Emanuel von Geibel. Su padre aprobó el ingreso de su hijo en el Klub literario, escribiéndole que “tu pequeño círculo me gusta más que la taberna. Los jóvenes que gustan de tales reuniones son necesariamente seres cultivados, y comprenden mejor su valor de futuros ciudadanos que aquellos otros que conceden su más alta estimación a la peor brutalidad.” [7] Los informes policiales prusianos sobre el Klub de poetas reconocen su total inocencia política y falta de conexión con grupos o personalidades subversivas.

En 1836 se desata el conflicto con su padre, el motivo es tanto sus desbocadas deudas económicas como su desinterés por la carrera de abogado. [8] A regañadientes sigue cursos de derecho germánico antiguo, pero asiste nuevamente a otro curso de Schlegel sobre Propercio. En julio de 1836 su padre le obliga a pedir el traslado a la Universidad de Berlín, en el interín tiene un duelo de honor con otro estudiante de la corporación de derecha Borussia Korps. [9] En Bonn, consultando el certificado secreto envíado por la universidad a Berlín, es comprobable que el joven Marx no estaba interesado en la política y no había pertenecido ni simpatizado con ninguna organización “peligrosa o prohíbida por las autoridades”. [10] En esta época Marx todavía compartía con su padre las simpatías por una utopía política basada en una monarquía constitucional de corte limitadamente liberal. [11] Como vimos Marx parte de un entorno monárquico-liberal, en su etapa de Bonn y Berlín se desplazará hacia la izquierda con su incorporación al movimiento de los Linkshegelianer, Jóvenes Hegelianos, se hará republicano hacia el fin de sus estudios universitarios, para finalmente transformarse en comunista hacia 1843, cuando tenga veinticinco años. Muchos biógrafos reconocen la complejidad y el carácter tortuoso de la formación y educación política de Marx (por ejemplo en comparación con la más lineal y coherente de Engels), que sufrió el influjo de distintas influencias desde su adolescencia.

El Marx que desembarca en Berlín es un joven aparentemente alejado de cualquier interés por la política y vagamente monárquico constitucional. El clima cultural de la Bildung berlinesa es bien diverso al de Bonn: crítico, anticonformista, serio y severo. Como decía el filósofo Ludwig Feuerbach “aquí no hay francachelas, duelos o alegres salidas en grupo, en ninguna otra universidad puede encontrarse una aficción igual al trabajo… en comparación con este Templo del Trabajo, las otras universidades alemanas parecen tabernas…” El 22 de octubre de 1837 se matriculó en la Facultad de Derecho, alquilando una modesta habitación, no lejos de la sede universitaria. La universidad estatal Friedrich Wilhelm de Berlín, a la que Hegel había llamado en su discurso inaugural de 1818 “centro de toda Cultura y de toda Verdad”, tenía además otra característica político-filosófica: era el centro del Hegelianismus, los discípulos de Hegel ocupaban muchas cátedras, entre ellos se encontraba el más brillante, polémico y radical de todos: Eduard Gans. [12] Gans, a quién el poeta Heine apodaba el Oberhegelianer, [13] de fuerte impronta saintsimonista, enfatiza la crítica social y política de la filosofía de Hegel, incluso la “liberaliza”: “Los saintsimonianos han observado correctamente que la Esclavitud no ha desaparecido y que, no obstante haber sido abolida de un modo formal, continúa existiendo en la realidad de la manera más absoluta. Así como antaño Señor y Esclavo eran condiciones opuestas, y luego le siguieron Patricio y Plebeyo, y más tarde Soberano y Vasallo, actualmente el hombre ocioso se enfrenta al hombre que trabaja. Basta con visitar las fábricas para ver cientos de hombres y mujeres extenuados y miserables, que sacrifican su salud al servicio y provecho de un solo hombre y sustituyen los placeres de la vida por una paupérrima remuneración. ¿No es acaso pura Esclavitud explotar a un hombre como si fuera una bestia concediéndole, únicamente, la libertad de morirse de hambre? ¿No es posible despertar una conciencia moral en estos proletarios desventurados y conducirlos a tomar parte activa en el trabajo que ahora ejecutan de modo automático? El criterio que el Estado se debería ocupar de las clases más pobres y numerosas es uno de los más profundos de nuestro tiempo… la historia futura hablará más de una vez de la lucha de los proletarios contra los estamentos medios. La Edad Media poseía en las Corporaciones una organización social del trabajo. Las Corporaciones han desaparecido, ya no pueden re establecerse. Pero: ¿no ha escapado el trabajador, ahora liberado del despotismo de las Corporaciones y la dominación absoluta del Señor, para caer bajo el dueño de la fábrica? ¿Existe algún medio para evitar esta situación? Sí, lo hay: la libre Corporación (freie Corporation), la Socialización (Vergesellschaftung).” [14] El Marx maduro utilizará la idea de Vergesellschaftung en el mismoDas Kapital, tanto como el proceso esencial de transición al Socialismo y al Comunismo, como para entender los efectos de susbsunción real del trabajo al capital. Además Gans puede considerarse el primer profesor universitario “político” alemán, que, ante la falta de un parlamento y de libertad de expresión, utilizaba la cátedra como forum y tribuna de discusiones político-filosóficas. Fue clave en el proceso de nacimiento desarrollo y de la llamada “Izquierda Hegeliana”, a la que luego pertenecería el propio Marx, aunque su posición debiera ser calificada come centrista dentro del universo del Hegelianismus. La primera apropiación de Hegel (y de ciertas perspectivas del socialismo naciente) por Marx, el transfert inicial de su filosofía y del método dialéctico, fue a través precisamente de las clases de Gans. [15] En sus enseñanzas sobre la criminalidad, Gans, uno de los primeros en plantear el problema de la Soziale Frage (la Cuestión Social), afirmaba por ejemplo que la canaille delictiva, derivada del conflicto de clases y estamentos, es un hecho, no un derecho (como deducía la escuela reaccionaria del derecho), y citando a Saint-Simon positivamente, señalaba que era una situación histórica que podía y debía ser superada por la Humanidad. [16] Gans está considerado hoy como uno de los autores fundamentales en el nacimiento de la moderna filosofía política en Alemania. Además también era partidario de una monarquía constitucional de corte social, estilo inglés, con amplia protección social, una suerte de Ur-Welfare State. Finalmente, la influencia del saintsimonnisme y del protocomunismo de Babeuf también llegaba al joven Marx indirectamente de la mano del último Fichte y su Teoría del Estado. [17]

Enrico Armas (Venezuela) Caballo dorado

En Berlín Marx comienza una actividad frenética: lee, estudia, participa en círculos intelectuales y… sigue con su “nebuloso romanticismo” en forma de versos mediocres y novelas a los Tristam Shandy que nunca concluye. Empieza a escribir una ambiciosa obra (jamás concluída e irremediablemente perdida) de teoría filosófica del derecho y el estado cuyo título era Versuch einer Rechtsphilosophie (Ensayo sobre Filosofía del Derecho). Su libro inconcluso se basaba esencialmente en la Filosofía del Derecho de Kant, de Fichte y de Savigny. [18] El eco de estos manuscritos sobre filosofía del derecho y el combate teórico-político entre la Escuela Histórica (Savigny) y la Escuela Reaccionaria (Hugo) enfrentadas a la Escuela Racional (Hegelianismus), se plasmarán más tarde en el artículo Das philosophische Manifest der historische Rechtsschule (“El manifiesto filosófico de la Escuela Histórica del Derecho”), aparecido en 1842 en el diario liberal renano Rheinische Zeitung. [19] Así mismo el contraste entre Gans y Savigny [20] , como entre Savigny y Thibaud, o sea entre dos escuelas de interpretación del derecho opuestas (que mediatizaban una sorda lucha política entre el nacional liberalismo y la izquierda liberal), le permitió comprender las tensiones dentro del mismo pensamiento burgués. Savigny rechazaba la idea de un derecho natural como una abstracción vacía de sentido y consideraba al Derecho como una cosa concreta, nacida del irreducible Volkgeist, del espíritu de un Pueblo y de la historia de una nación en la lucha por su individualidad. A esta reaccionaria escuela se le oponía el saintsimonisme hegeliano del brillante orador Gans, en una sorda discusión que sobrepasaba los límites académicos para hacerse eminentemente política. [21] Es razonable suponer que el joven Marx, a través de la lectura crítica tanto de Fichte, Hegel como de Saint-Simon y Spinoza, haya llegado a los límites de la propia filosofía política del Liberalismo, haciéndola implosionar. Hegel y Spinoza representaban la radicalización, culminación y decadencia de la Weltanschauung liberal más radical, su punto máximo de expansión y legitimación; los puntos ciegos y contradicciones de sus sistemas exigían una Kritik, es decir: novísima conservación y superación, una Aufhebung ya no meramente imaginada. Los progresos y rupturas a nivel teórico en estos años de Marx fueron, simultáneamente, cambios radicales en su propio proyecto ético.

Ya en estos primeros esbozos durante el semestre de invierno 1836-1837 Marx inaugura un curioso estilo de trabajo que jamás abandonará: escribe, con una grafía propia de un “jeroglífico egipcio” (como dirá Engels) [22] , minuciosa e incansablemente transcribe notas de lecturas, extractos y comentarios sobre los libros que lee en profundidad: hasta 1849 escribió treinta y uno de estos cuadernos. En una carta a su padre en 1837, el joven Marx le confiesa que “me había acostumbrado a hacer extractos (Exzerpte) de todos los libros que leía…” Su hija Elanor recuerda la impresionante “capacidad casi sobrehumana de trabajo y aquella laboriosidad que caracterizaron a Marx a lo largo de su vida entera… lo vemos escribir docenas de pliegos y destruir luego sin la menor vacilación todo lo escrito, preocupado tan solo por ‘poder ver claro ante sí mismo’, hasta llegar a esclarecer y dominar por completo los problemas que lo torturaban; lo vemos criticarse y criticar severamente lo que hace. Y encontramos… al lector infatigable que todo lo abarca y todo lo devoraba, sin dar jamás prueba de estrechez o unilateralidad. Todo, Jurisprudencia, Filosofía, Historia, Poesía, Arte, era buena agua para su molino; en nada de lo que emprendía se quedaba nunca a medias.” A lo que hay que sumarle addendas, notas bene y marginalias en los libros personales de su biblioteca, que muchas veces “completaban” sus ideas. 1) lecturas de libros, con marcas de lectura y comentarios; 2) redacción de cuadernos de extractos o Exzerptes; 3) elaboración de cuadernos de notas marginales o memoranda; 4) confección de manuscritos monográficos o monotemáticos; 5) redacción de manuscritos “semi-públicos”, con difusión restringida; 6) confección de borradores y pruebas para la imprenta; 7) finalmente los libros y panfletos que llegaban al público. Esta complicada y meticulosa técnica de trabajo intelectual se agravaba con una extrema escrupulosidad en las fuentes que llega a la exasperación. [23] El trabajo esotérico en los Hefte y Exzerpte, tal como lo hará con los neokantianos, Aristóteles, Hume, Leibniz o en el caso de Spinoza en esta época, será de enorme importancia para la comprensión hermeneútica del itinerario intelectual de Marx. [24]

Notas
[1] La cronología día a día de la vida de Marx en: Draper, Hal; The Marx-Engels Chronicle, Vol. I, Schocken Books, New York, 1985. Heinrich, su padre, deseaba que su hijo se colocara como funcionario de justicia en los nuevos tribunales que se habían creado en la región de Tréveris.
[2] Los cursos y las asistencias de Marx se encuentran en: MEGA (1), I, Band I, 2, p. 194.
[3] Los poemas fueron compilados en un cuaderno por su hermana Sophie. Sobre Marx como poeta y novelista satírico, una faceta poco conocida en la Marxologie, véase: Johnston, W. M.; Karl “Marx’s verse of 1836-1837 as a Foreshadowing of his Early Philosophy”, en: Journal of the History of Ideas, XXVIII, 1967, pp. 259-268; Reeves, N.; “Heine and the Young Marx”, en: Oxford German Studies, VII, 1973, pp. 47-52. También Rose, Margaret A.; Reading the Young Marx and Engels. Poetry, Parody and the Censor, Croom Helm, London, 1978. También analiza el espesor literario de Marx S. S. Prawer en su bello libro Karl Marx and World Literature, Oxford University Press, London, 1978, capítulo I, “Prometheus”, p. 1. Sobre la vida del joven Marx en Bonn y Berlín, véase: Cornú, Auguste; Carlos Marx/Federico Engels. Del idealismo al materialismo histórico, Platina –Stilcograf, Buenos aires, 1965, Tomo I, “Los años de infancia y de juventud. La izquierda hegeliana. 1818-1820-1844”, p. 61.; es útil su anterior trabajo: Karl Marx. El hombre y la obra. Del hegelianismo al materialismo histórico (1818-1845), Editorial América, México, 1938; también S. Miller y B. Sawadzki, Karl Marx in Berlin. Beiträge zur Biographie von Karl Marx , Das neue Berlin, Berlin, 1956.

[4] Die deutsche Ideologie, Band II, Kritik des deutschen Sozialismus in seinen verschiedenen Pro pheten, Kap. IV. “Karl Grün: ‘Die soziale Bewegung in Frankreich und Belgien’ (Darmstadt 1845) oder Die Geschichtschreibung des wahren Sozialismus”, en: Karl Marx - Friedrich Engels; Werke, Band 3, Dietz Verlag, Berlin DDR, 1969, p. 5–530. A pesar de sus diferencias, Grün, después de muerto el filósofo y por encargo de su familia, fue el editor de las primeras obras escogidas de Marx. Véase: Strassmaier, J.; Karl Grün und die Kommunistische Partei 1845-1848, Karl Marx-Haus, Treveris, 1973.
[5] Véase: Sperber, Jonathan; Rhineland Radicals: The Democratic Movement and the Revolution of 1848-1849, Princenton University Press, Princenton, 1992, p. 197 y 421.
[6] Marx mantendrá con Oppenheim, futuro gerente del diario de la izquierda liberal Rheinische Zeitung, donde Marx será articulista destacado y luego Chef Redakteur, intensa relaciones en la década de 1840. Igualmente con Bernays, animador y alma mater del diario socialista Vorwärts. Véase: Hirsch, H.; Karl Ludwig Bernays und die Revolutionserwartung vor 1848, Karl Marx-Haus, Treveris, 1976. Las relaciones del joven Marx con el milieu liberal radical en: Lacascade, Jean-Louis; Les métamorphoses du jeune Marx, PUF, Paris, 2002, p. 77 y ss.
[7] En: MEGA (1), I, 1 / 2, p. 189.
[8] El intercambio epistolar con su padre por su conducta y bajo rendimiento en: MEGA (1), I, Band I, 1, p. 189 y ss.
[9] Sobre el período berlinés, véase el artículo de Walther G. Oschilewski, “Karl Marx als Student in Berlin”, en: Bär von Berlin, III, 1953, pp. 118-119. El duelo tuvo ligar en algún momento de agosto de 1836. Marx recibió una herida no muy profunda encima del ojo izquierdo.
[10] El expediente académico-político de Marx de la Universidad de Bonn en: MEGA (1), I, Band I, 2, p. 195.
[11] Como lo ha demostrado Richard N. Hunt en su libro The Political Ideas of Marx and Engels. I, Marxism and Totalitarian Democracy, 1818-1850 , University of Pittsburgh Press, Pittsburgh, 1974, Cap. “Marx’s Political Education”, p. 18
[12] Marx asistirá a varios curso de Gans, entre ellos uno sobre Teoría del Derecho Criminal en el semestre de invierno 1836-1837 y otro sobre Landsrecht, el derecho prusiano en 1838. En el certificado de estudios se señala con la máxima calificación el rendimiento de Marx en este curso. Sobre Gans como filósofo del derecho radical y editor de Hegel, véase: Michael H. Hoffheimer; Eduard Gans and the Hegelian philosophy of law, Kluwer Publishing, Dordrecht, 1995. En la pp. 8-9 se discute las posibles influencias de Gans sobre el joven Marx. Sobre Hegel y sus relaciones teórico-prácticas con el Frühsozialismus/Utopischer Sozialismus, las bellas páginas de Jacques D’Hondt en su artículo “Hegel y los socialistas”, en: De Hegel a Marx, Amorrortu, Buenos Aires, 1974, pp. 175-203.
[13] Heinrich Heine; Säkularausgabe, vol. 20: Briefe 1815–1831, ed. Fritz H. Eisner, Akademie Verlag and CNRS, Berlin and Paris, 1970, p. 273. Sobre la relación entre Heine y Gans, cf.: S. S. Prawer, Heine’s Jewish Comedy, Clarendon Press, Oxford, 1983, pp. 10–43; y Norbert Waszek, “Aufklärung, Hegelianismus und Judentum im Lichte der Freundschaft von Heine und Gans”, en: Aufklärung und Skepsis. Internationaler Heine-Kongress 1997, ed. Joseph A. Kruse, Bernd Witte, and Karin Füllner, Metzler, Stuttgart, 1998, pp. 226–41.
[14] Gans, Eduard; Rückblicke auf Personen und Zustände, Verlag von Vait und Comp., Berlin, 1836, pp. 99-101. El libro ha sido re-editado al cuidado del especialista Norbert Waszek por la editorial Fromman-Holzboog de Sttutgart en 1995. La mención de Gans a “libres Corporaciones” se refiere a la libertad sindical, prohíbida en Europa e incluso castigada en lo penal. Entre otras cosas, Gans utiliza, cuando habla del capitalismo actual, el concepto hegeliano de bürgerliche Gesellschaft.
[15] Asi lo ha demostrado Norbert Waszek, véase: “Eduard Gans on Poverty: Between Hegel and Saint-Simon”, en: The Owl of Minerva. Journal of the Hegel Society of America. 18 (1987), pp. 167-178; parcialmente recompuesto como “Eduard Gans on Poverty and on the Constituional Debate”, en: Douglas Moggach (Ed.), The News Hegelians. Politics and Philosophy in the Hegelian School, Cambridge University Press, New York, 2006, pp. 24-49. y también el importante artículo: “Zwischen Hegel und Marx. Eine Würdigung Eduard Gans' anläßlich der 150. Wiederkehr seines Todestages (5. Mai 1839)”, en: Dialektik. 17 (1989), pp. 162-176. Sobre Marx (y Engels) en la universidad de Berlín, véase: Günther Rose; “Karl Marx und Friedrich Engels an der Berliner Universität”, en: Forschen undWirken. Festschrift zur 150-Jahr-Feier der Humboldt-Universit¨at zu Berlin , 2 vols., Deutscher Verlag der Wissenschaften, Berlin, 1960, vol. I, pp. 133–163. Gans además tenía una relación estrecha con Arnold Ruge y el primer órgano de prensa de los Jóvenes Hegelianos, el Halleschen Jahrbücher für deutsche Kunst und Wissenschaft, fundado por él en enero de 1838, quién convocaría al joven Marx para iniciarse en el periodismo político. Gans, además, fue uno de los siete editores de las primeras obras completas de Hegel.
[16] H. Lübbe, Politische Philosophie in Deutschland. Studien zu ihrer Geschichte, DTV, München, 1974, pp. 71 y sig.
[17] Sobre Fichte y la influencia de Saint-Simon y Babeuf en su teoría del estado, véase la “Présentation” de Jean-Christophe Goddard a la traducción al francés de las lecciones de 1813 Die Staatslehre oder über das Verhältniss des Urstaates zum Vernunftreiche (La doctrina del Estado o sobre la relación entre el Estado Originario y el Reino de la Razón). En: Fichte, J. G.; La doctrine de l'Etat 1813, J. Vrin, Paris, 2006, pp. 7-27. El Marx maduro conservará en su biblioteca todos los trabajos de Saint-Simon en francés, adquiridos por esta época. Su biblioteca hacia 1850, poseía los siguientes textos: 1) las Oeuvres, Capelle, libraire-editeur,Paris, 1841, sólo el tomo I, que contenía el famoso Catechisme politique des industriels de 1819; 2) L'Industrie, ou discussions politiques, morales et philosophiques. Dans l'interet de tous les hommes livres a des travaux utiles et independans ; Au bureau de l'administration, Paris, 1817, sólo el tomo I; 3) El artículo “Lettre de M. le comte de Saint-Simon, sur l'établissement du parti de l'opposition”, aparecido en Le Censeur, 3 (1815), pp.334-356, encuadernado; 4) números de la revista Religion saint simonianne. Articles extraits du ‘Le Globe’, journal de la doctrine de Saint-Simon , Paris, 1832; y 5) de Prosper Enfantin su Doctrine de Saint-Simon, Bureau de l'Organisateur, Paris, 1831. cf: Kaiser, Bruno; Das Schicksal der Bibliothek von Marx und Engels; Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1967, p. 209 y ss. Por cierto ciertas fórmulas de Saint Simon son de origen spinoziano, como el reemplazo Dios por un principio material, la Loi universelle de la gravitation. Quedan todavía trazas de las simpatías de Marx por Saint Simon en la crítica a Karl Grün, que se vanagloriaba de ser saint-simoniano, en Die Deutsche Ideologie de 1845.
[18] Esbozo de la obra en cartas a su padre, véase: MEGA (2), III, I, pp. 9-18; fuentes sobre este primer tentativo teórico de Marx en: MEGA (2), I, I pp. 1274-1276. Por lo que se deduce, Marx había escrito más de trescientos folios de esta obra perdida.
[19] Originalmente escrito para la revista Anekdota de Arnold Ruge, apareció el número 221, del 9 de agosto de 1842. Marx le había prometido a Ruge una serie de cuatro artículos criticando sucesivamente la Escuela Histórica del Derecho, el arte religioso, el Romanticismo y los “filósofos positivistas”, de los cuales finalmente escribió uno. En: Marx/Engels; Werke, Band I, pp. 78-85. En español: Carlos Marx/Federico Engels, Obras fundamentales. Marx: Escritos de Juventud, FCE, México, 1982, pp. 237-243. El abordaje de Marx oponiendo estos dos autores es curioso, ya que se consideraba a Hugo el maestro de Savigny y el creador de la Escuela Histórica del Derecho.
[20] Marx asistió a cursos del propio Savigny en el semestre de 1836-1837 sobre las Pandectas o Digesta, es decir el Corpus Iuris Civilis (Cuerpo de Derecho Civil, en latín), que es la más importante recopilación de derecho romano existente. De las Pandectas estudió fuentes y comentarios, además tradujo los dos primeros libros del latín “como simple escolar, sin criticarlas en absoluto.”
[21] Gans le dio la más alta nota al alumno Marx en su certificación analítica del curso.
[22] La horrible grafía de Marx era mítica, incluso en cartas a su familia pedía disculpas por die unleserliche Schrift und den schlechten Stil, la letra ilegible y el pobre estilo.
[23] Como recordará en 1904 su yerno Paul Lafargue la impaciencia de Engels por “la excesiva escrupulosidad de Marx, que no quería establecer ninguna afirmación que no pudiera demostrar de diez formas diferentes…”, en: Enzensberger, H. M.; Conversaciones con Marx y Engels, Anagrama, Barcelona, 1974, p. 38.
[24] Como lo reconoce, entre otros, el gran marxólogo Maximilien Rubel; véase: “Les Cahiers d’étude de Marx”, en: Marx critique du Marxisme, Payot, Paris, 1974, pp. 301-359. Rubel insinúa la hipótesis que Marx destruyó estos primeros esbozos y manuscritos ante la angustia de confrontarse con el “Espíritu del Sistema” hegeliano; véase su “Notice”, en: Max, Karl; Oeuvres. III. Philosophie, p. 786. Lamentablemente muchos cuadernos de la época berlinesa del primer período se han perdido, véase: Duichin, Marco; “Les premiers écrits berlinois de Marx, 1836-1837. Hypothése pour une reconstruction”, en: 1883-1983. L’ouvre de Marx un siècle après, G. Labica ( ed.), PUF, Paris, 1985, pp. 71-79. Un útil biorritmo materialista de la obra de Marx, tanto esotérica como exotérica, en el artículo de Raúl Rojas; “Die literatishe Produktion von Marx im Zeintraum 1840-1883 – ein materialistisch fundierter Bio-Rhythmus”, en: PROKLA, 72, 18 Jahrang, 1988, Nº 3, pp. 117-120.

Marx, lector anómalo de Spinoza (III)

Nicolás González Varela



Grenzmark marxiana o la crisis de 1837:


Sabemos que alrededor de abril de 1837 Marx comienza a estudiar seria, intensa y directamente a Hegel, posiblemente acicateado por el impacto de las clases del hegeliano liberal Eduard Gans. Y que ha llegado, como lo confiesa, a un punto de no-retorno (Grenzmark), una metamorfosis, una encrucijada límite en su desarrollo intelectual, y que muchos consideran el momento más decisivo en la vida de Marx. Había garabateado antes un extraño texto filosófico en forma de diálogo platónico titulado Kleanthes oder Ausgangspunkt und notwendigen Fortgang der Philosophie (Cleantes o el punto de partida y del progreso necesario en filosofía), [1] texto con colores spinozianos evidentes. Marx confiesa que “terminaba yo por donde comenzaba el sistema hegeliano, y este trabajo, para el que hube de familiarizarme hasta cierto punto con las Ciencias Naturales, con Schelling y con la Historia, me causó infinitos quebraderos de cabeza…”


Ese verano cayó enfermo, bajo un intenso estrés, y se le recomienda un descanso alejado de Berlín. Elige mudarse temporalmente a una localidad de la periferia. Allí, en el pueblo de Stralow, Marx se sumergirá en las profundidades de “Hegel El Oscuro” [2] y cuando termine el verano se habrá transformado en un hegeliano de ley. Es de hacer notar que el Hegelianismus que adopta el joven Marx no es el oficial, ni el ortodoxo, sino que era “ya” un hegelianismo modificado, un idealismo objetivo radicalizado hacia la praxis y la cuestión social. Es decir: el joven Marx evoluciona entre 1835 y 1838 del tardoromanticismo al idealismo subjetivo y del idealismo objetivo al hegelianismo de izquierda. Algunos biógrafos señalan que la propia evolución intelectual de Marx (Spinoza-Leibniz-Aufklärung-Kant-Fichte-Schelling-Hegel) recorre la misma parábola que la propia historia de la filosofía clásica alemana. [3] Durante un tiempo, Marx mantendrá, contra su anterior credo idealista subjetivo, los principios del idealismo objetivo de Hegel. Como le afirma a su padre, él concibe a “la Vida en general…como la expresión de una actividad del Espíritu (den Ausdruck eines geistigen Tuns) que cobra forma en todas las direcciones, en el Saber, en el Arte, en la condición privada de cada uno.” [4] Muchos comentaristas señalan que aquí Marx rechaza, como los jóvenes hegelianos en general, el rol determinante del elemento material, los intereses prosaicos que se entrelazan en el desarrollo histórico, es decir: las relaciones económico-sociales. [5] Pero ya hemos visto que el excesivo acento sobre la autoconciencia al mejor estilo de Fichte, era puesto por el joven Marx entre paréntesis y matizado, como por ejemplo en su escrito sobre la elección de una profesión. Si Marx era un Junghegelianer, lo era de una manera muy peculiar. Si existe un antimaterialismo en el joven Marx, es decir: un principio en que la Idea es la organizadora efectiva de la realidad y su centralidad ontológica, no se asemeja al de la corriente principal de la izquierda hegeliana. Hay un antimaterialismo abierto basado en la Formmbestimmung, en las deternminaciones de las formas, como señala el joven Marx en la carta a su padre: Der Begriff ist ja das Vermittelnde zwischen Form und Inhalt (El Concepto es propiamente la unión entre Forma y Contenido) [6] , un principio receptivo a tímidas determinaciones materiales de las Verhältnisse in der Gesellschaft, que pueden incluso estructurar y unificar la realidad empírica o la misma voluntad subjetiva. En esta única carta conservada a su padre, Karl Marx se refiere por primera vez a la Dialéctica [7], en términos que seguramente nos hacen sospechar de una lectura profunda del Vorrede, el prólogo de la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Cuando le comente a su padre sobre su tratado fallido de Filosofía del Derecho, su autocrítica se basará, sin nombrarlo o citarlo, en una transcripción literal de Hegel: “Se manifestaba aquí, ante todo de un modo muy perturbador, el contrastre entre la Realidad (Wirklichkeit) y el Deber-Ser (Sollenden) peculiar del Idealismo y que era la madre de la siguiente clasificación, torpe, falsa. Primero fue lo que yo de manera benévola llamaba ‘Metafísica del Derecho’ (Metaphysik des Rechts), es decir: principios, reflexiones, definiciones de conceptos, separados del Derecho real y de cualquier forma real de la Ley, como vemos en Fichte, sólo que en mi caso de un modo más moderno e insustancial. (En mi estudio) Todo adoptaba la forma acientífica del dogmatismo matemático (unwissenschaftliche Form des mathematischen Dogmatismus) , donde el Sujeto se mueve en torno a la Cosa, sin que llegue a que la Cosa en sí se despliegue como un hecho rico y vivo, sino como un obstáculo a priori para la verdadera compresión. El triángulo deja libre al matemático para construir y demostrar a sus anchas; es sencillamente una representación en el espacio, y no es suceptible de ningún desarrollo. En efecto, para que por su medio aparezcan nuevas relaciones y nuevas verdades es preciso colocarlo al lado de otro, y entonces veremos como esto nos da distintos resultados y asume verdades diferentes. En la expresión concreta (konkreten Ausdruck) en el mundo del pensamiento vivo, como son el Derecho, el Estado, la Naturaleza, la Filosofía entera, es necesario escuchar al Objeto en su propio desarrollo, sin esforzarse en adjudicarle clasificaciones arbitrarias, sino dejando a la razón misma de las cosas (Vernunft des Dinges selbst) siga su curso contradictorio y encuentre la unidad en sí misma.” [8] Marx está parafraseando la sección III “El Conocimiento Filosófico”, donde Hegel distingue la naturaleza de las verdades filosóficas de otros tipos de conocimiento, como el histórico y el matemático. [9]


La verdad filosófica, dirá Hegel, debe exponerse de un modo y manera (Art und Weise) distinta a la de las otras ciencias, y la causa es la naturaleza misma de su objeto, y por ello exige un peculiar y necesario método. Las ciencias difieren entre sí por la manera (Art) en que los objetos con que tratan de manera esencial e íntima se relacionan con la verdad. Ser es igual, en este caso, a Conocimiento. La Filosofía debe, so pena de dejar de ser filosófica, considerar en todo momento la unidad orgánica (organischen Einheit) de su objeto, e intentar aprehenderlo en su propio fluir para luego exponerlo de tal manera que pueda reconstruirse, en la propia exposición, la Vida del Todo (Leben des Ganzen). Lo más difícil, en el caso de la Filosofía y su método especulativo (dialéctico), será para Hegel no tanto enjuiciar el contenido y la consistencia de los argumentos sobre una Cosa, no tanto captar la lógica de la propia Cosa sino la combinación de uno y de lo otro: lograr la exposición (Darstellung) de la Cosa misma. El Marx maduro jamás olvidará esta lección metodológica juvenil: en el epílogo a la segunda edición alemana de Das Kapital subrayará el papel estratégico de la distinción entre el modo de investigación (Forschungsweise) y el modo de exposición (Darstellungsweise), delimitando en forma rigurosa el papel de la Dialéctica en la Kritik de la Economía Política burguesa. [10] Marx avisa metodológicamente a sus lectores que “el Modo de Exposición (Darstellungsweise) debe distinguirse, en lo formal, del Modo de Investigación (Forschungsweise). La investigación debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo (Entwicklungsformen) y rastrear su nexo interno (inneres Band). Tan sólo después de consumado este trabajo, puede exponerse adecuadamente el movimiento real (wirkliche Bewegung). Si esto se logra y se llega a reflejar idealmente la vida de ese objeto, es posible que al observador le parezca estar ante una construcción a priori (Konstruktion a priori). Mi Método Dialéctico (dialektische Methode) no sólo difiere del de Hegel en cuanto a sus fundamentos, sino que es su antítesis directa (direktes Gegenteil). Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte en un sujeto autónomo bajo el mombre de ‘Idea’, es el Demiurgo de lo real; lo real no es más que su manifestación externa. Para mi, a la inversa, lo Ideal no es sino lo Material (Materielle) trapuesto y traducido en la cabeza del hombre.” Para el joven como para el tardío Marx materialista y comunista la función estratégica de la distinción Forschungsweise-Darstellungsweise es determinante para los fines de la instauración de una relación correcta entre teoría (morfológica) de la Historia, tal como emerge de la Kritik de la Economía Política, y teoría (científica, no-ideológica) de la Política. Es la Dialéctica la que permite captar la lógica de la Cosa, el wirkliche Bewegung, el significado profundo del “automovimiento del Capital”, interpretar el widerspruchsvolle Bewegung de la sociedad burguesa, en que se basa, en última instancia, la teoría de la crisis marxiana.


Hegel crítica al mismo tiempo al conocimiento inmediato, intuitivo (que pretende que “lo absoluto sea, ya no concebido, sino sentido e intuido”) como al idealismo subjetivo (y su conciencia moral cuya “mirada se deslizaba hacia un más allá, hacia la esencia divina, hacia una presencia situada en lo ultraterrenal”). Hegel critica al Dogmatismo (Dogmatismus) que es “un modo de pensar (Denkungsart) en el saber y en el estudio de la Filosofía… que cree que lo verdadero consiste en una proposición (Satze), que es un resultado fijo o que es sabida de un modo inmediato” A continuación diferenciará el movimiento dialéctico del conocimiento filosófico, el philosophisches Erkennen, de las verdades históricas y las matemáticas. Hablando del teorema de Euclides, Hegel dirá que “sin embargo, la esencialidad (Wesentlichkeit) de la demostración no tiene tampoco en el conocimiento matemático el significado ni la naturaleza de ser un momento del resultado mismo, sino que es un momento que se abandona y desaparece en este resultado… el movimiento de la demostración matemática no forma parte de lo que es el Objeto, sino que es una operación exterior (äusserliches Tun) a la Cosa. Asi vemos, que la naturaleza del triángulo rectángulo no se desdobla de por sí tal y como se expone en la construcción necesaria para probar la proposición que se expresa en sus proporciones… el conocimiento matemático sólo representa el devenir del Ser-ahí (Daseins) , es decir, del Ser de la Naturaleza de la Cosa (Seins der Natur der Sache) en el Conocimiento en cuanto tal… la intelección es exterior a la Cosa, de donde se sigue que con ello se altera la Cosa verdadera.”


Marx adopta la ideología del Hegelianismo de izquierdas (que puede definirse filosóficamente como un racionalismo especulativo) cuando ya ha empezado su propia descomposición. Debemos aclara que la distinción “izquierda” y “derecha” en el Hegelianismo sólo puede comprenderse en el interior de la propia escuela, pues ésta como totalidad se sitúa por completo a la izquierda tanto respecto a la ortodoxia religiosa, al absolutismo monárquico como a la tradición reaccionaria de Prusia. La reflexión filosófica del DoktorKlub puede entenderse como un conato de respuesta a la crisis de un Ancien Régime con un estado teocrático, de una sociedad dividida en obsoletos estamentos (Stände) y el esfuerzo por reconstruir racionalmente una nueva relación entre individuo y estado. En este aspecto Hook señala que los jóvenes hegelianos intentaban “actualizar las formas políticas del estado prusiano de acuerdo con las relaciones sociales alteradas del período post-napoleónico… los primeros tiros entre la burguesía liberal y su propio proletariado por un lado, contra el ejército tremendo de señores semifeudales, monarcas absolutos de Alemania y Austria, contra la oficialidad burocrática y una iglesia reaccionaria, por el otro, se cruzaron en el campo de la filosofía y la religión.” [11] En el aspecto más interno de los Junghegelianer, como comunidad intelectual o escuela de pensamiento, también había comenzado su propia descomposición interna, es decir: ya está en proceso la consolidación del terreno que hará posible la creación de una izquierda filosófica, esencialmente antihegeliana, antecedente del Marxismo. De tal manera que Krisis/Kritik en el post-Hegelianismo son no opuestos sino momentos indisolubles en la misma reflexión político-filosófica. La crítica será una práctica de la crisis.

Como dijimos Junghegelianer, el ala liberal, enfrentados a los “Viejohegelianos”, el ala conservadora, una distinción que se definía no tanto por el dato generacional, sino en su relación con la cuestión religiosa, ya sea crítica o dogmática, y todo el Hegelianismo utilizará esta distinción político-filosófica para diferenciarse en su lectura e interpretación de las Sagradas Escrituras. La definición generacional dio paso a una más filosófico-política, la misma que se derivó del Parlamento francés: una Derecha (que aplicaba la historia evangélica como auténtica: Göschel, Gabler y durante un tiempo el mismo Bruno Bauer); un Centro que intentaba compatibilizar las posiciones de los extremos (Rosenkranz, Schaller, Conradi, Michelet); finalmente la izquierda (Strauss, más tarde Bruno Bauer, Ruge y el propio Marx). El propio David Friedrich Strauss fue quién por primera vez describió esta división interna del Hegelianismus: “A la pregunta de si la historia evangélica está contenida , y con qué amplitud, como Historia en la Idea de la Naturaleza Divina y Humana, pueden darse tres respuestas: a saber, que, a aprtir de este concepto, puede deducirse de la Idea, como Historia, el conjunto narrativo evangélico, o sólo una parte de él, o, po ultimo, ni el conjunto ni siquiera una parte. Si estas tres respuestas o direcciones estuvieran representadas cada una de ellas por una rama de la Escuela Hegeliana, podríamos seguir el ejemplo tradicional y denominar a la primera dirección la ‘Derecha’, como la más próxima al antiguo sistema, a la tercera la ‘Izquierda’, y a la segunda el ‘Centro’” [12] La existencia misma de un vago Zentrum en la ideología neohegeliana demostraba que las divisiones no estaban muy claras, por ejemplo, el teólogo Bruno Bauer (de gran influencia en Marx durante un tiempo), que había sido designado para escribir la crítica “oficial” de los hegelianos de derecha contra Strauss, era al mismo tiempo el líder de los ataques a la ortodoxia desde la izquierda. [13] O el mismo Eduard Gans, a quién Strauss consideraba perteneciente a la derecha, era un liberal radical y saintsimonista declarado. El mismo Strauss, que se autoincluía en el ala izquierda, se transformó, en la revolución de 1848, en un perfecto conservador. Lo cierto es que hasta el momento anterior a la publicación del libro de Strauss, filosofía hegeliana y religión habían convivido en un armonioso matrimonio en Prusia.

Alirio Palacios (Venezuela) Mujer en azul leyendo una carta. Nº 3


Como Spinoza, Strauss exhibía crudamente y con gran erudicción que las narraciones evangélicas eran tan contradictorias en sí mismas, que no existían los menores motivos lógicos o racionales para considerarlas historias verídicas: los Evangelios son el resultado de la conciencia mitificadora del Geist des Volkes de la primitiva comunidad cristiana. Con una extraordinaria simplificación radical del método, Strauss anunciaba que toda verdadera Kritik de los Dogmas “consiste en su historia”. Precisamente los Jóvenes Hegelianos tenían partida de nacimiento en un texto seminal del propio Strauss: la aparición en 1835 del primer volumen del influyente libro sobre la vida del Jesús histórico, Das Leben Jesu kritisch bearbeitet. [14] La cuestión de una nueva hermeneútica cristológica (Christologie), otro tema muy spinoziano, que Strauss afirmaba que debía desarrollarse con una filología científica y materialista, desembocaba en demostrar la presencia de mitos (Mythus) en el alma misma de la dogmática de los Evangelios. Strauss además afirmaba que el contenido de verdad de la Religión y de la Filosofía eran idénticos pero se diferenciaban en la forma: para la Filosofía es concepto; para la Religión es la representación sensible y sentimental. Hegel, en sus Vorselungen über die Philosophie der Religion, para justificar el Cristianismo desde una perspectiva filosófica, había otorgado a los Dogmas un sentido metafísico y transformado a Cristo en un Dios impersonal (encarnación del WeltGeist). [15] Se identificaba sin más, descuidando el contenido positivo (era banal la realidad histórica-textual de los Evangelios), el pensamiento con la fe. Éste punto de vista fundamental es el que critica Strauss: no se puede metamorfosear los Dogmas en conceptos filosóficos sin alterar a su vez el contenido mismo de la fe. Los relatos bíblicos no eran símbolos filosóficos (Hegel) sino meros mitos que traducían, las pulsiones históricas de un pueblo determinado: el judío. Además recogiendo la idea hegeliana de un Dios impersonal, Strauss demostraba que Cristo no tenía, como individualidad, ninguna realidad histórica y que lejos de ser una revelación total de la Idea divina, no constituía más que un momento, ya que no un hombre sino tan sólo la Humanidad entera puede dar, en el curso de su desarrollo y progreso, una imagen completa de Dios. La Verdad, entonces, puede unificarse en una “Substancia” como unidad y logro de la sintesis necesaria entre la Naturaleza Humana y la Divina. Strauss, como Spinoza, negaba los milagros o el mandato divino de cualquier iglesia organizada afirmando que “mi tarea es investigar las razones internas de la veracidad, en relación con cada pormenor narrado en los ‘Evangelios’ y probar la probabilidad e improbabilidad de que fueran producto de testigos oculares o de escritores informados de manera competente.” Los Evangelios son meros philosophische Mythen y las conclusiones que se derivaban de ello eran radicales, convincentes y claras. Strauss comienza hablando del Génesis para concluir en Hegel.


Otro colorario importante de la crítica de Strauss era la Filosofía de la Historia que emanaba como residuo final del trabajo de zapa exegético: básicamente era una variante idealista del optimismo evolucionista del Geist hegeliano. El significado de la Historia se revela en la sucesión de acontecimientos empíricos que, a lo largo de acumulaciones, produce un salto cualitativo hacia la meta final de la Humanidad: la Auto-Conciencia (Selbstbewusstsein), como decía Hegel el punto más alto que puede alcanzar la propia filosofía especulativa. Aunque muy cercano a Hegel, Strauss dejará como conclusión que la Historia es una crónica de la conquista por el Geist humano de un material inerte y que se resiste a ser trabajado (la idea hegeliana de trabajo), humanizando cada vez más niveles extensos de la vida social; la única explicación valedera y adecuada en la que este proceso se lleva a cabo en un momento particular, sólo puede ser comprendido dentro del Sistema como un todo, en la Sustancia universal. La otra radical conclusión era que si existe un agente efectivo sobre el desarrollo de la Historia, no es otro que la Comunidad (Gemeinschaft). Los individuos, sin ser plenamente conscientes, son meros portadores de las ideas históricas y sus intereses egoístas y subjetivos se anulan en una suma cero en las armonías sucesivas del desarrollo de la sociedad. [16]


Bauer, llevando las conclusiones de Strauss más lejos todavía, escribiría una Kritik der Geschichte der Offenbarung (Crítica de la Historia de la Revelación) en 1838 donde hablando del Antiguo Testamento hacía notar que ya que los momentos de la Revelación se habían seguido en una secuencia de tiempo, entonces cada uno de ellos era limitado y particular, por tanto, carecían de valor absoluto con relación a los otros. La conclusión plenamente hegeliana era que dicha limitación y relativización de cada momento, al ser en realidad una Negation, Bauer habla explícitamente de una dialéctica negativa, impregnaba de un sesgo contradictorio toda la Revelación en su totalidad. [17] El cambio de estafeta en la dilatada parábola de los Linkshegelianer pasará de la critica todavía limitada y vergonzosa de Strauss a el terrorismo crítico de Bruno Bauer. Bauer será entre 1835 y 1841 el líder natural de la vanguardia política y filosófica en Alemania. [18] Pero no nos adelantemos a los acontecimientos.

Notas
[1] Texto desaparecido. En carta a su padre habla de Ich schrieb einen Dialog von ungefähr 24 Bogen (“un diálogo de 24 páginas”) basado en el desarrollo “dialéctico-filosófico de la Divinidad, y sus manifestaciones como Potencia, como Religión, como Naturaleza y como Historia.” En la misma carta sigue dudando de aceptar in toto a la filosofía hegeliana. Algunas fuentes y posible especulación sobre su contenido en: MEGA (2), I, 1, p. 1276. Véase también el trabajo de Henry Packwood Adams; Karl Marx in his earlier writings, Routledge&Keegan, London, 1965, p. 24 y ss.
[2] Al joven Marx el estilo de Hegel le parecía una groteske Felsenmelodie (“grotesca melodía rocosa”) que no le agradaba.
[3] Por ejemplo David McLellan; Karl Marx. Su vida y sus ideas, Grijalbo, México, 1983, p. 40.
[4] Karl Marx/ Friedrich Engels; Werke, Band 40, Dietz Verlag, Berlin, 1973, p. 4. En español: Carlos Marx/Federico Engels, Obras fundamentales. Marx: Escritos de Juventud, FCE, México, 1982, p. 5.
[5] Como lo hace Walter Tuchscheerer en su, por otro lado, valioso libro Prima del ‘Capitale’. La formazione del pensiero economico di Marx (1843-1858), La Nuova Italia, 1980, p. 23.
[6] En la carta a su padre de noviembre de 1837. Véase: Karl Marx/ Friedrich Engels; Werke, Band 40, Dietz Verlag, Berlin, 1973, p. 6. En español: Carlos Marx/Federico Engels, Obras fundamentales. Marx: Escritos de Juventud, FCE, México, 1982, p. 7.
[7] La obra biográfica de Auguste Cornu es el único estudio que tiene en cuenta esta carta y su contenido filosófico, aunque Cornu no se centra en la temática de la Dialektik, ni en la lectura de Hegel. También la analiza, sin entrar en el tema dialéctico, Montserrat Galceran Huguet, en: “Una carta de Marx a su padre del año 1837”, en: Anales del seminario de historia de la filosofía, Nº 3, 1982 -1983 , pp. 141-15 8.
[8] Véase: Karl Marx/ Friedrich Engels; Werke, Band 40, Dietz Verlag, Berlin, 1973, p. 5. En español: Carlos Marx/Federico Engels, Obras fundamentales. Marx: Escritos de Juventud, FCE, México, 1982, pp. 6-7. Traducción propia.
[9] Hegel, G. F. W.; Phänomenologie des Geistes, Felix Meiner Verlag, Hamburg, 1952, pp. 35-36. En español: Fenomenología del Espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, 1981, pp. 28-29.
[10] Marx, Karl; Das Kapital, Ullstein Verlag, berlin, 1983, “Nachwort zur zweiten Auflage, 1873”, p. 12. En español: El Capital, Tomo I, Volumen I, Siglo XXI Eidores, México, 1983, “Epílogo a la segunda edición”, pp. 19-20.
[11] Cf.: Sidney Hook, La génesis del pensamiento filosófico de Marx. De Hegel a Feuerbach; Barral Editores, Barcelona, 1974, pp. 101-102.
[12] Strauss, David, Friedrich; Streitschriften zur Vertheidigung meiner Schrift über das Leben Jesu, Osiander, Tübingen, 1838, I II, p. 95 y ss. En este libro se compilan tres fascículos con los que Strauss respondió a sus críticos.
[13] Los ataques más furibundos contra el libro de Strauss fueron los ensayos que Bauer publicó en el órgano de la derecha hegeliana, el Jahrbücher für wissenschaftliche Kritik entre 1835 y 1836. Sobre el ateísmo humanista y el compromiso social de Bruno Bauer, además del rol central en su filosofía de la crítica, véase: Koch, Lothar; Humanistischer Atheismus und gesellschaftliches Engagemente. Bruno Bauers ‘Kritische Kritik’; W. Kohlhammer, Stuttgart, 1971. Específicamente sobre la Strausskritik de Bauer inspirada en Schelling; cf.; pp. 98-101.
[14] Strauss, David Friedrich; Das Leben Jesu kritisch bearbeitet, Osiender, Tübingen, 1835/1836. Existe una nueva edición crític a: Das Leben Jesu, kritisch bearbeitet, In Ausw. hrsg. und eingeleitet von Werner Zager, Waltrop, Spenner, 2003. A modo de ejemplo, Nietzsche fue un gran lector del libro y Strauss será uno de los objetos preferenciales de la crítica al Hegelianismus en la segunda de sus Consideraciones Intempestivas de 1873: “David Strauß, der Bekenner und der Schriftsteller”.
[15] Hegel, G. W. F.; Lecciones sobre Filosofía de la Religión, Alianza Editorial, Madrid, 1984-1987, volumen 3, p, 78 y 232. Estas lecciones fueron presenciadas por el mismo Strauss.
[16] Strauss, David Friedrich; Streitschriften zur Vertheidigung meiner Schrift über das Leben Jesu, Osiander, Tübingen, 1838, III, p. 202.
[17] Bauer, Bruno; Kritik der Geschichte der Offenbarung, Dummler, Berlin, 1838. En la primera parte, “Der Religion den alten Testamentes in der geschichtlichen Entwicklung ihrer Principien”.
[18] En una biografía de Marx puede leerse que Bauer con “su vasta cultura, su capacidad de fórmulas sorprendentes, su ironía y la audacia de su pensamiento, lo convirtieron en el jefe electo del movimiento joven-hegeliano. Sólo después se mostró menos dotado, cuando hubo que establecer datos positivos, pasar del análisis a la síntesis.”, en: Nikolaïevski, Boris/ Manchen-Helfen, Otto; La Vida de Carlos Marx, Ayuso, Madrid, 1973, p. 58.

Marx, lector anómalo de Spinoza (IV)

Nicolás González Varela


“La Crítica a la Religión es la condición necesaria de toda Crítica” (Marx)

La descomposición del Hegelianismo se acelera en el mismo momento en que Marx se convierte en Jungerhegelianer. Suscribirse mecánicamente a la ecuación “Crítica de los Evangelios=Crítica progresista-liberal” es erróneo, ya que la Kritik a los Dogmas religiosos es consustancial al Protestantismo más conservador de lengua alemana a lo largo de los siglos XVIII-XIX. [1] Recordemos que David Friedrich Strauss no encontró la menor aprobación por parte de los hegelianos berlineses, incluso Marx no fue deslumbrado por la aparente novedad de su crítica hermeneútica a la Cristología, ya que en realidad retomaba el trabajo que ya había realizado con más profundidad y radicalidad dos siglos antes Spinoza. [2] Marx, a través de su estudio detallado de Spinoza [3] , ya estaba pertrechado para iniciar una crítica a Hegel in toto, aunque Strauss le demostró la potencia subyacente a un uso crítico de la filosofía hegeliana. Pero incluso desde la crítica textual de las fuentes de los Dogmas, Strauss estaba por detrás de Spinoza. [4] En suma: el joven Marx estaba más allá de Strauss antes de conocer a Strauss. Pero no sólo se trataba de luchas abstractas en la vida mental de Karl Marx. El abandono de su cosmovisión romántica e idealista fue para el joven Marx un proceso doloroso, extremo y humillante: “A causa de mi defección, me fue imposible pensar durantes varios días. Me paseaba por el jardín como un lunático junto a las sucias aguas del Spree… a causa de la futilidad de mis trabajos fallidos y malogrados, consumido por la vejación de tener que hacer un ídolo de la concepción que tanto odiaba, caí enfermo… Durante mi enfermedad, estudié de cabo a rabo a Hegel y a la mayoría de sus discípulos…” [5] Marx le confiesa a su padre que “me dediqué a buscar la Idea en la realidad misma. Y si antes los dioses vivían en la Tierra, ahora la Tierra se transformaba en el centro mismo.” En su frustración se dedica a estudiar lo que llama irónicamente positive Studien (estudios positivos): derecho penal (Savigny, Feuerbach, Grolmann, Cramer, Wening-Ingenheim, Mühlenbruch), derecho eclesiástico, antiguo derecho germano. Intenta practicar su latín escolar traduciendo la Retórica de Aristóteles y el libro De augmentis scientiarum de Francis Bacon. Planea editar una revista de crítica teatral haciendo participar a “todas las celebridades estéticas de los jóvenes hegelianos”, incluso envía un plan estratégico-financiero de la publicación a una casa editorial, Wunder, que jamás le contestará. [6] Y siguen las esperanzas de poder acceder a una plaza universitaria como außerordentlicher Professor, profesor extraordinario. También le anuncia a su padre que quiere abandonar la carrera de Derecho, pasarse a la de Filosofía, y le pide un encuentro personal para discutir este cambio radical. Una grave enfermedad mortal que afectaba a su padre le dificultó este proyecto y durante finales de 1837 e inicios de 1838 siguió estudiando Derecho. En su lecho de muerte, el padre de Marx le redactó un plan para un libro sobre el conflicto entre el Arzobispo de Colonia y el gobierno prusiano, llamada en la época Kölner Kirchenstreit, que, en su opinión, le valdría a Karl los “favores” del gobierno prusiano. Heinrich exponía que esta lucha, nacida a propósito de la figura jurídica de matrimonios mixtos, ponía en juego la soberanía del estado prusiano y que debía señalarse la absoluta legitimidad del monarca en recurrir a medidas contrarias al derecho común. Marx nunca escribió el libro, aunque prepararía para la impresión, como homenaje póstumo, los papeles escritos por su padre entre marzo y abril de 1838. [7] Pero tras su muerte, el 10 de mayo de 1838, Marx se aplicó decididamente a estudiar Filosofía, abandonó la Jurisprudencia empezando a preparar su Disertación doctoral. [8] Además tuvo suerte de ser exceptuado del duro servicio militar prusiano por una enfermedad cardíaca y la vista muy débil. [9]


En Stralow también será donde tome contacto personal con hegelianos de izquierda, que lo introdujeron en el DoktorKlub, el círculo más radical y combativo del Hegelianismus. [10] En el mismo pueblo vivía el mismo Eduard Gans, quién estaba editando inéditos de Hegel para su publicación, aunque no se conoce si se encontraron en persona. [11] Marx le cuenta a su padre que “a través de algunos amigos con quienes me reuní en Stralow, fui a dar con un Club de Doctores, entre ellos algunos profesores de la Universidad y el más íntimo de mis amigos berlineses, el doctor Rutenberg. En las discusiones con ellos sostenidas se han revelado algunas ideas polémicas, y me he sentido cada vez más encadenado a la actual Filosofía del Mundo a la que había pretendido poder sustraerme…” Es obvio que la que llama con el título soberano de die jetzige Weltphilosophie es a la filosofía de Hegel y su escuela; notable además que confiese haber “abandonado el Idealismo (Idealismus)… que había cotejado y nutrido con el kantismo y el fichteanismo…”, con lo que se infiere para el joven Marx que Hegel no podía ser considerado un idealista. El “Club de Doctores” había sido creado en 1837, lo componían entre otros el lector de Teología en la Universidad de Berlín Bruno Bauer, el profesor de historia en el Gymnasium Karl Friedrich Köppen y el profesor de geografía y periodista Adolf Rutenberg, usualmente se reunían en un bar de vinos llamado Weinstube Hippel. [12] Un miembro del DoktorKlub lo recuerda así: “Entre aquellos jóvenes que buscaban la luz, reinaba aquel idealismo, aquella entusiasta necesidad de conocimiento y aquel espíritu liberal de que entonces estaba animada aún la juventud. En el curso de las reuniones se leían poemas y trabajos compuestos por los miembros y se criticaban, pero sobre todo, se elaboraba, con enorme fervor, la filosofía hegeliana. El Hegelianismo se encontraba aún en su plenitud y dominaba prácticamente el mundo del pensamiento. Pero contra aquel sistema se levantaban ya voces aisladas, y entre los propios hegelianos se dibujaba una escisión entre la derecha y la izquierda hegeliana.” [13]


Marx había comenzado conociendo al liberal Adolph Rutenberg, su padrino en el Klub (en carta a su padre le llama su amigo más íntimo), quién ya había pasado por las cárceles prusianas debido a la nefasta influencia que ejercía sobre sus alumnos. Se había transformado, a pesar de ser un poco superficial, carente de erudición y poco aplicado, en uno de los publicistas republicanos más destacados de Berlín y de toda Alemania. [14] En el club conoció y trabo cierta amistad, gracias a Bruno Bauer, con toda una personalidad de la cultura clásica alemana: Bettina von Arnim, la última socialista romántica, íntima amiga de Goethe, que creía en la posibilidad de una monarquía popular (Volkskönigs), cuyo Salonnière literario en la elegante avenida Unter den Linden acogía gente de todo tipo y pelaje: jóvenes escritores, ancianos críticos literarios, viejos generales, políticos liberales y conservadores, periodistas judíos, ministros ortodoxos, anarquistas y ateos. [15] Parece que Marx también frecuentaba el salón literario liberal del escritor demócrata Karl August Varnhagen von Ense, casado con la salonnière judía Rahel Levin, que era la anfitriona del salón literario más importante de Berlín. [16]


Karl Friedrich Köppen, por el contrario, era un hombre distinto: profesor de Historia poseía un capital teórico extenso y sólido. Fue el primer en analizar la Gran revolución francesa, la necesidad del Terror sin prejuicios reaccionarios y evolucionó hasta ser un importante historiador de las religiones. [17] Köppen llamará al joven Marx “un verdadero depósito de ideas”. [18] Tiene un lugar en la historia social de Alemania como hombre político progresista y pionero del Socialismo, junto con Moritz Hess. En la revolución de 1848, Köppen tomará parte activamente en la formación de las primeras organizaciones y coaliciones obreras en Berlín. Permaneció fiel a sus ideales y su amistad con Marx sobreviviría a todas las vicisitudes. [19]


Es indudable que la figura intelectual más importante de aquel grupo era el teólogo Bruno Bauer. Si Strauss fue el responsable de exhibir las contradicciones y las miserias del Hegelianismus, el ateísmo humanista y al teología revolucionaria de Bauer obligaron al estado prusiano a publicar un decreto prohibiendo a los hegelianos enseñar ninguna materia en la Universidad, salvo estética. Entre 1828-1834 estudia Teología y Filosofía con H. G. Hoto y Marheineke, ganando a la edad de veinte años el premio del mejor ensayo de filosofía en latín convocado por el mismo Hegel por un trabajo sobre la estética de Kant. [20] En 1834, a los veinticinco años, es nombrado profesor de Teología (Privat-Dozent) [21] en la Universidad de Berlín, y es una reconocida figura en el milieu hegeliano, participando en el trabajo de edición de la Estética y de la Filosofía de la Religión de Hegel. Su primer debut fue, como ya vimos, desde el corazón de la ortodoxia más conservadora del Hegelianismus: además de criticar a Strauss, fue editor entre 1836 y 1839 de la Zeitschrift für spekulative Theologie. A partir de su libro Crítica de la Historia de la Revelación, [22] Bauer se transformó en el blanco principal de la derecha hegeliana y de la teología antihegeliana al unísono, beneficiándose de la protección del ministro de Cultura, Instrucción y Cultos prusiano, el liberal Karl August von Altenstein, quién lo nombra maestro de conferencias de la Universidad de Bonn en octubre de 1839. Altenstein había sido el mismo que había traído con mucho revuelo y resistencia de conservadores y reaccionarios a Hegel a ocupar la cátedra de filosofía de la Universidad de Berlín en 1818 dejada vacante por la muerte de Fichte. [23] Altenstein, con sus reformas, había llevado al límite la forma-estado de la monarquía prusiana.


Su primera intervención en la nueva dirección del DoktorKlub tuvo lugar en 1837 y 1838, en la época en que Marx formaba parte ya del grupo. Bauer tenía entonces veintiocho años, una figura que muchos describen como napoleónica, abstraída, “un hombre profundamente decidido, que aunque exteriormente parezca frío, arde en su interior. No conocerá ningún obstáculo y será mártir de sus propias convicciones.” [24] La mayoría de los estudios sobre el joven Marx minimizan o directamente ignoran el rol de la teología revolucionaria de Bruno Bauer sobre su formación filosófico-política (Marx lo consideraba uno de sus maestros y Bauer su más cercano coequiper) [25] , así como la estrecha colaboración intelectual de ambos entre 1837 y 1842 y la posterior ruptura. [26] Un filósofo influyente en la izquierda hegeliana, decía en 1842 que “si uno quería decir que Bruno Bauer no fue un fenómeno científico importante, entonces esto sería tan ridículo como afirmar que la Reforma no fue un acontecimiento significativo… Bruno Bauer brilla en el horizonte del conocimiento.” [27] A Bauer sus contemporáneos lo consideraban un Culminationspunkt, y la consecuencia directa de la lectura correcta del propio método revolucionario de Hegel. Para Bauer la unión de Pensamiento y Ser, la única verdad de toda filosofía, alcanza en Hegel su punctum saliens, a pesar de las deficiencias de sus descripciones institucionales y de su forma-estado. El System hegeliano, con un adecuado compromiso interior (idealismo ético) y las adecuadas correcciones conceptuales, podría ser salvado y no abandonado (que lo diferencia de la postura de Feuerbach o del propio Marx de 1843).


En el Vörmarz alemán, anterior a 1848, Bauer puede ser considerado como el tribuno de un republicanismo muy peculiar basado en la filosofía política hegeliana. Bauer en estos momentos estaba desarrollando su crítica a los Evangelios (y al propio Hegel y a la crítica a medias de Strauss), en la cual llegaría a la conclusión que el cuarto Evangelio (el de Juan) había sido copiado del de Lucas, y que tanto Lucas como Mateo habían a su vez partido del único texto original, el de Marcos. Una sola narración histórica y tres imitaciones o plagios. Las conclusiones bauerianas eran radicales porque, al mejor estilo de Spinoza, sobre la base de un análisis filológico-documental (y no del dogma metafísico) negaba la historicidad de Cristo, además de su supuesta divinidad, “como individuo real, jamás existió.” Rechazaba además la idea de una creación mítica e inconsciente de los Evangelios por una suerte de psicología del Volksgeist judío, analizando los propósitos personales y políticos de cada profeta-escritor y finalmente sostenía que se debía calificar a los profetas y evangelistas en la misma categoría que a Homero. Las consecuencias eran devastadoras: si Hegel tímidamente había demolido la base filosófica de toda Religión, Bauer destruía para siempre la base histórica del Cristianismo. Ya no se trataba de abolir sólo una limitación del espíritu humano, una unilateralidad, una mala unidad, sino todas las limitaciones: no sólo una determinada religión (el Cristianismo para Bauer era simplemente un Ansatzpunkt), sino todas: die Religion schlechthin wird von der Kritik gestürzt (La Religión es absolutamente derrocada por la Crítica). [28] La Religión, dirá Bauer, Sie will Freiheit geben, aber gibt sie nicht nur nicht, sondern vielmehr die Ketten der Sklaverei (Desea dar Libertad, pero sólo nos entrega las cadenas de la Esclavitud). [29] Y el vacío dejado por el fantasma religioso no debe ser reemplazado por nada, ya que nada más ha desaparecido el velo de una ilusión alienante (para Bauer una dolencia psíquica). El único principio verdadero y sólido, al que podamos prestar una obediencia sin fisuras es el mismo principio de la crítica a todo lo existente. Una vez disuelto el dogma religioso en la solución lógica de la crítica, todo lo humano se desarrollará en total libertad: “Después de aniquilada la Religión, el problema ya no es filosófico, sino humano. Los diversos bienes de la Humanidad, el Estado, el Arte y la Ciencia, forman un todo sistemático, en el que ningún particular gobierna de manera absoluta y exclusivista… No pueden gobernar así, si están dispuestos para evitar nuevos desastres. Todos ellos, después de haber sido perseguidos a muerte por la Religión, serán por fin libres y podrán lograr su desenvolvimiento sin trabas.” [30] Es el rol de la dimensión radical de toda filosofía, la Liberalität der Philosophie, como le llama. Si Strauss intentaba volver a la idea de sustancia divina de Spinoza, Bauer representaba un retorno a la filosofía crítica y creativa de la autoconciencia (Selbstbewusstsein) de Fichte.


La campaña oficial del estado prusiano contra el Hegelianismus, desencadenada desde 1835, empujó a los jóvenes profesores a la oposición política inconsciente. Hasta esa fecha la actitud política de los jóvenes hegelianos era la de una oposición franca pero leal: confiaban en que sus ideales podían realizarse dentro de la unidad del estado prusiano. En 1839 el Klub tomó la iniciativa peligrosa de una serenata de estudiantes universitarios y de jóvenes de institutos de Berlín con motivo de la muerte del hegeliano socialista Eduard Gans. El entierro de Gans (como el de Hegel) dio ocasión a una manifestación multitudinaria, llena de consignas liberales, evidente y enérgica Esta demostración pública rendía homenaje no sólo al valeroso polemista y defensor del espíritu crítico de Hegel, sino a toda una actitud liberal ante los retrocesos continuos del estado monárquico. Por lo que sabemos parece que era Rutenberg era el más vehemente a la hora de pasar de la Kritik a la praxis, de las palabras a la calle, a la participación activa del Klub en la limitada vida política alemana. Bauer le respondía negativamente, que no podía hablarse de una “acción” sin haberse consolidado la teoría crítica, y menos podían lanzarse a acciones inmediatas. Su convicción, entonces compartida por el joven Marx, era que la tarea y el único medio de ejercer una influencia sobre el mundo era el de hacer una revolución en las conciencias por medio de la crítica. Destruir para construir: la aniquilación de los viejos valores en el ámbito del espíritu era el paso necesario y previo a la destrucción material y práctica. El lema del Klub en forma de epigrama coherentemente afirmaba: Unsere Taten sind Worte bis jetzt und noch lange/Hinter die Abstraktion stellt sich die Praxis von selbst (“Nuestras Acciones son palabras hasta ahora y por mucho tiempo más, detrás de la Abstracción la Praxis se asienta por sí misma”).

Gustav Klimdt [Austria] Virgen

Bauer pretendía aplicar su Kritik a otros dominios. Para este fin conocemos que Bauer, junto a Marx, proyectaba fundar una sociedad ateísta con su correspondiente revista filosófica. Bauer denominaba a su Methode como “ateísta”, porque negaba toda forma de autoridad externa, ya sea institucional, doctrinal o de la tradición, la Crítica con mayúsculas no admite pre-juicios: Reine Kritik heisse Voraussetzungslos (“Crítica Pura significa ausencia de presupuestos”), escribía en plena sintonía su hermano Edgard. [31] Al principio se había discutido, sobre todo, acerca de Cristología y dogmas religiosos. Primero contra la deformación institucional del Cristianismo, tanto por la mitología como por la superstición, superable mediante una nueva síntesis y asimilación con el racionalismo. Luego se pasó en una lucha radical contra la Religión sans phrase. Pero incluso en el tema teológico más abstracto, los miembros del DoktorKlub no se declararon abiertamente ateos hasta una fecha tan tardía como 1842. A inicios de 1839 la amistad con los Bauer se profundiza y Marx visita con frecuencia su casa en el barrio de Charlottenburg. Incluso después de octubre de 1839, cuando había abandonado la Universidad de Berlín para trasladarse a Bonn, una medida para su protección planeada por el ministro liberal Altenstein, Bauer siguió siendo fiel a los puntos de vistas radicales del Doktorklub y añorando el espíritu crítico berlinés. Y sintiendo una profunda nostalgia por su amigo y camarada intelectual Marx. En una carta a Marx, 11 de diciembre de 1839, Bauer le confiesa: “Frecuento aquí un círculo de profesores que se reúne en el Hotel de Trier, pero nada puede compararse con nuestro Club, que siempre estaba animado por su interés en problemas espirituales. ¡Ay, esos tiempos pasados que no vuelven!” [32] En enero de 1840 vuelve a escribirle a su fiel Marx: “¿Pero dónde están las rosas de antaño? Ya no florecerán hasta el momento en que vengas a verme. No me faltan aquí diversiones, y tengo oportunidad de reírme, aunque nunca me divierto como en Berlín, cuando atravesaba contigo una calle.” [33] Durante 1840 Bruno Bauer publicará varios escritos de enorme importancia, un opúsculo Die evangelische Landeskirche Preussens und die Wissenschaft (La Iglesia Evangélica prusiana y al Ciencia) [34] y un libro titulado Crítica de la Historia Evangélica de Juan [35] , aplicando de manera radical el punto de vista de la “infinita Autoconciencia”, partiendo de la unidad hegeliana entre Form und Inhalt, forma y contenido (materia). Bauer afirmará que la conciencia religiosa se opone, como conciencia alienada y unilateral, a la conciencia libre y a la eticidad (la Sittlichkeit hegeliana que se componía de Familia y Estado). La conciencia religiosa reduce y reprime el yo alienado en sí mismo. Cristo, que nació y vivió contra la Naturaleza del Mundo, dirá Bauer, y no pertenece ni a familia ni a estado alguno, es justamente la esencia objetivada del hombre libre de toda potencia sustancial, símbolo de la pura Ichheit, de la pura yoidad, del extravío del subjetivismo y, por tanto, cima de todas las religiones. El terrorismo teológico de Bauer tenía como presupuesto que “después de aniquilada la Religión, el problema ya no será filosófico, sino humano…” y la Kritik es “la crisis que saca al hombre del delirio y lo lleva a un reconocimiento de sí mismo”. El ateísmo crítico tiene como lógica consecuencia, el libre desarrollo, sin ataduras ni formas perversa de vida alienada, de la naturaleza humana y sus instituciones, al haberlas desembarazado de cualquier cosa extraña al proceso espiritual de la Vida y la Razón. Ocultado por el velo de una mitología trascendentalista, el hombre se encontrará por fin, gracias al trabajo de zapa de la crítica pura, con un núcleo transparente basado sólidamente en la experiencia. Pero Bauer no daba el paso necesario y lógico: se negaba a fundamentar desde el idealismo especulativo de la reinen Kritik una unidad transitoria entre teoría y práctica. Si Bauer era un filósofo laico o un ateo intransigente, en el fondo en realidad, jamás sostuvo posiciones de izquierda (ni siquiera tibiamente liberales), como lo demostró luego su propia evolución filosófica y política: nunca dejó de ser un hegeliano de derecha. El propio Marx demolerá sus posiciones conservadoras tanto en la polémica sobre la “Cuestión Judía” de 1843, como en el libro escrito junto con Engels en 1844, La Sagrada Familia. [36] Una carta de Marx a Engels del 10 de mayo de 1861 evoca los Affranchis berlineses, sus ex-camaradas del Doktorklub, y la reaccionaria evolución intelectual de su antiguo maestro el teólogo Bruno Bauer: “En Berlín visité a Friedrich Köppen… ha engordado y se ha puesto enorme… me enseño sus dos volúmenes de su trabajo sobre Buda… Rutenberg fue asignado por Manteuffel a Schwerrin como una pieza de inventario expresamente garantizada. Ahora se la arregla con unas tijeras en el Staatszeitung, que ya nadie lee. Este diario es una especie de London Gazzette. Bruno (Bauer), quien, según me dicen, ha tenido tiempos terriblemente duros, se ha ofrecido, en vano, al actual Ministerio prusiano para continuar su colaboración con el órgano oficial, la Preussische Zeitung. Por el momento es el colaborador principal del Staatslexicon publicado por Hermann Wagener de la Kreuzzeitung. También es agricultor en Rixdorf.” [37] La Kreuzzeitung de la que habla Marx es el sobrenombre del diario oficial de los sectores reaccionarios prusianos, Neue Preussische Zeitung, medio surgido del ambiente contrarevolucionario post-1848 en Alemania, resueltamente antisemita y conservador. El periódico, que se oponía al tibio populismo de Bismarck, llevaba en el centro de su titular una cruz de hierro teutónica (la máxima condecoración de guerra de Prusia, la Eisernes Kreuz) con el siguiente motto: “¡Adelante, con Dios por el Rey y por la Patria!” [38] Bruno Bauer terminaría sus días repudiando a Hegel (después de las revoluciones de 1848), colaborando en la revista semanal antisemita berlinesa Berliner Revue. Historisch-Politische Blätter y en otro órgano de la prensa liberal-conservador, Die Post. No es casualidad que entre el viejo teólogo Bauer y el filólogo Nietzsche se establecieran profundas afinidades electivas. El reaccionario Bauer de fines del siglo XIX llamará a Nietzsche “una síntesis germana de Montaigne, Pascal y Diderot”, y Nietzsche comentará este elogio diciendo que “hay poca sutileza en este elogio, por lo tanto: ¡hay poco que alabar!”. [39] Nietzsche reconocía su cercanía intelectual y ética con el alten hegelianer Bruno Bauer al confesarle a su amigo Reinhardt von Seydlitz: “yo tengo básicamente tres lectores, a saber: Bruno Bauer, Jakob Burckhardt, Henri Taine, y el primero de ellos está muerto.” [40] En otra carta de 1887 al historiador reaccionario francés Hyppolite Taine, Nietzsche vuelve a repetir que “tengo devotos lectores de mis obras, entre ellos, como por ejemplo Richard Wagner, el viejo hegeliano Bruno Bauer, mi venerado colega Jakob Burckhardt y el poeta suizo…Gottfried Keller…” [41] Bauer había partido de las cercanías de la izquierda hegeliana y Marx para terminar su parábola negativa en el riñón más reaccionario, antiliberal y antisemita del IIº Reich.

Notas
[1] Desde Ziegler, Bertholdt pasando por Schleiermacher, hasta el mismo Strauss, que se definía como conservador. Lo mismo puede aplicarse a la Kritik de la religión cristiana de un reaccionario como Nietzsche.
[2] Por ejemplo la inicial fascinación de Engels por el libro, al que calificaba de obra panteísta “irrefutable”. Hasta bien entrado 1844, Engels no desperdició ninguna ocasión para manifestar su adhesión y admiración por Strauss. Sus primeras cartas desbordan de elogios de alto vuelo, en una carta a su amigo W. Graeber de octubre de 1839 escribe: “He jurado fidelidad al pabellón de D. F. Strauss y me he convertido en un ‘Mitólogo’ de primera categoría. Te digo que Strauss es un tipo estupendo (herrliche Kerl) y un genio (Genie), y su sutilidad no pueden compararse con nadie.”; en: Karl Marx, Friedrich Engels; Gesamtausgabe. MEGA (2), Abt. 3: Briefwechsel, Bd. 1: Karl Marx / Friedrich Engels: Briefwechsel bis April 1846, Akademie Verlag, Berlín, 1975, p. 163. Incluso en 1886 Engels seguiría recordando que “en aquellos tiempos, la Política era una materia espinosa; por eso los tiros principales se dirigían contra la Religión; si bien es cierto que esa lucha era también, indirectamente, sobre todo desde 1840, una batalla política. El primer impulso lo había dado Strauss, en 1835, con su ‘Vida de Jesús’.” Engels incluía a Strauss en una línea de ruptura político-filosófica junto a Bruno Bauer, Feuerbach y Gans.
[3] El gran marxólogo Maximilien Rubel reconoce que “ello podría explicarse por la lectura que hizo del Tractaus teologicus politicus de Spinoza, verdadera revelación para él a juzgar por los numerosos extractos contenidos en uno de sus cuadernos de Berlín, en 1840. El Tractatus… de Spinoza, que fundamenta la crítica racional de la Biblia, se adelantaba en dos siglos a la época en que fue escrito.” Rubel, sin embargo, subestima las influencias anteriores de Spinoza sobre el joven Marx; el año de confección de los extractos que señala Rubel está equivocado: es 1841, no 1840. En: Rubel, Maximilien; Karl Marx. Ensayo de biografía intelectual, Paidós, Buenos Aires, 1970, p. 32.
[4] Justamente Bauer criticaría a Strauss en su libro Kritik der evangelischen Geschichte der Synoptiker sostener un punto de vista misterioso, falto de lógica y teñido de no poca religiosidad.
[5] Dice Marx: Während meines Unwohlseins hatte ich Hegel von Anfang bis Ende, samt den meisten seiner Schüler, kennengelernt. En: Werke, Band 40, Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1973, p. 10.; existe una traducción con errores al español: Carlos Marx/Federico Engels, Obras fundamentales. Marx: Escritos de Juventud, FCE, México, 1982, pp. 5-13. Es un poco dudoso que en pocos meses (abril-octubre) Marx, a pesar de ser un lector voraz, asimilase todos los escritos de Hegel más las de todos sus discípulos importantes. En la biblioteca de Marx se encuentran dos obras de Hegel que adquirió y estudió en este período: 1) Vorselungen über die Philosophie der Geschichte, con introducción de Eduard Gans, edición de 1837; Grundlinien der Philosophie des Rechts, edición de 1821; cf: Kaiser, Bruno; Das Schicksal der Bibliothek von Marx und Engels; Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1967, p. 227. Es muy fácil seguir la evolución de Marx durante su primer año en Berlín, ya que la describe en detalle en una carta a su padre de noviembre de 1837, por cierto la única carta que se conserva de Marx como estudiante. Este documento excepcional para comprender su evolución intelectual, en el cual informa del curso de sus investigaciones durante el primer año de su estancia en Berlín, su distanciamiento del idealismo clásico kantiano y fichtano, y su lento embrujo por Hegel, fue publicada por primer vez, con una introducción, por su hija Eleanor en el órgano de la Socialdemocracia alemana: Die Neue Zeit, 1897, XVI, p. 4 y ss. En la introducción Eleanor indica que “he tenido que vencer una gran resistencia para dar a publicidad una carta como esta, destinada únicamente a su amado padre… Aunque la carta lleva simplemente como fecha de 10 de noviembre, sin indicación de año, no es difícil establecerlo. Fue escrita, sin duda, antes de 1838, ya que habla de Bruno Bauer en Berlín, y en 1838 sabemos que ya estaba en Bonn. La carta fue escrita, por tanto, en 1836 0 1837. Y aunque al principio me inclinaba por la primera de estas dos fechas, un cotejo cuidadoso de los años me ha llevado al convencimiento de que debe optarse por la segunda… No nos equivocamos si asignamos a esta carta la fecha de noviembre de 1837, en que Marx tenía diecinueve años…No cabe duda que la carta es asombrosa, si se tiene en cuenta que fue escrita por un joven de tan solo diecinueve años. Vemos en ella al joven Marx en proceso de desarrollo, al muchacho que anuncia ya al hombre del mañana. La carta nos revela aquella capacidad casi sobrehumana de trabajo y aquella laboriosidad que caracterizaron a Marx a lo largo de su vida entera… lo vemos escribir docenas de pliegos y destruir luego sin la menor vacilación todo lo escrito, preocupado tan solo por ‘poder ver claro ante sí mismo’, hasta llegar a esclarecer y dominar por completo los problemas que lo torturaban; lo vemos criticarse y criticar severamente lo que hace. Y encontramos… al lector infatigable que todo lo abarca y todo lo devoraba, sin dar jamás prueba de estrechez o unilateralidad. Todo, Jurisprudencia, Filosofía, Historia, Poesía, Arte, era buena agua para su molino; en nada de lo que emprendía se quedaba nunca a medias.”
[6] El intermediario fue el librero Otto Wigand de Leipzig, que le respondió con evasivas. Fue el más célebre de los editores de la izquierda hegeliana, que funcionaba desde un “reino independiente” (Sajonia) para evitar la censura prusiana. Wigand editará a Bauer, Engels, Feuerbach, Hess, Stirner. Sobre el rol de los editores y la difusión de la izquierda hegeliana, véase: Lacascade, Jean-Louis; Les métamorphoses du jeune Marx, PUF, Paris, 2002, p. 47 y ss.
[7] La rara composición de seis folios, editada y corregida por Karl Marx, se titula Über den Kölner Kirchenstreit. La primera edición en: MEGA (1), I/1,2, pp. 231-233. No hay traducción al español.
[8] Es sintomático que en el verano de 1837 Marx en dos semestres siguiera únicamente los cursos de Heffter sobre Derecho Canónico y Procedimiento Criminal, un hegeliano liberal de la línea de Gans. Cf.: MEGA (1), I, t 1/2, p. 248. Cursos seguidos por Marx en el semestre de verano de 1838: Lógica (Gabler, discípulo de Gans); Geografía (Ritter); Derecho Prusiano (Gans); en el semestre de invierno de 1838: Derecho de Sucesión (Rudorff). Durante los dos últimos años de permanencia en la Universidad de Berlín, Marx no se inscribió más que en tres clases, de las que sólo una era de Jurisprudencia. Cornu señala que las clases de Geografía de Ritter, inspiradas en la Filosofía de la Naturaleza de Schelling, podían también ser fuente de inspiración de un incipiente materialismo; cf.: Cornu, Auguste; Karl Marx. El Hombre y la Obra. Editorial América, México, p. 51. Un investigador soviético subraya el rol destacado de las clases que Marx tomó con Heffter: “El profesor Heffter, que, como Gans, era un hegeliano liberal, también influyó sobre Marx. Los tres cursos a los que asistió Marx durante el semestre de verano de 1837 (Derecho Canónico, Procedimiento Civil alemán general, Procedimiento Civil prusiano) fueron dictados precisamente por Heffter, así como el único curso al que Marx asistió en el semestre de invierno 1837-1838 (Procedimiento penal).”, en: Lapin, N.; El joven Marx, Editorial Progreso, Moscú, 1985, p. 51.
[9] Véase la carta de Henriquetta Marx a Karl Marx del 15-16 de febrero de 1838, en: MEGA (1), I, Band I/2, p. 230 y ss. Marx sufría de dilatación cardíaca.
[10] Sobre el origen del DoktorKlub y el rol de uno de los hermanos Bauer, véase: Luft, Eric v. d.; “Edgar Bauer and the Origins of the Theory of Terrorism”, en: Douglas Moggach (Ed.), The News Hegelians. Politics and Philosophy in the Hegelian School , Cambridge University Press, New York, 2006, p. 138. Marx se incorpora al Hegelianismo en lo que se considera su segunda fase o período a partir de la muerte de Hegel, 1831-1839, centrado en las controversias teológicas. La clave y desarrollo de este período lo marca la publicación en el verano de 1835 del libro del teólogo y filósofo David Friedrich Strauss Das Leben Jesu, kritisch bearbeitet. Curiosamente uno de los críticos del libro desde la derecha hegeliana más vehemente fue, en 1835, Bruno Bauer, quién luego viraría a la izquierda. Por otro lado, no existe ninguna prueba ni evidencia que Marx fuera la “figura central” del Klub, como afirma temerariamente Rubel; cf.: Rubel, Maximilien; Karl Marx. Essai de biographie intellectuelle, Marcel Riviere, Paris, 1957, p. 28. En español: Karl Marx. Ensayo de biografía intelectual, Paidós, Buenos Aires, 1970, p. 28.
[11] Paul Kägi señala que “en su proximidad podía ver cómo unos de sus profesores de Derecho, Eduard Gans, quién vivía en Stralow, donde Marx descansaba, y estaba terminando la publicación de la Filosofía de la Historia de Hegel, había sido estimulado por la filosofía de Hegel con fructíferas ideas en su ciencia. Gans, en contraposición con la ‘Escuela Histórica del Derecho’, había escrito una obra sobre El Derecho Hereditario en su evolución histórica. En el prólogo del primer tomo, de 1824, indicaba que la tarea de su tratado era ‘mostrar el movimiento necesario del Espíritu Universal dentro del campo del Derecho hereditario’. Puede que el profesor Gans… fuera para Marx, aunque él no lo diga explícitamente, el mediador entre sus estudios de Derecho y su descubrimiento repentino de Hegel.”; en: La génesis del Materialismo Histórico, Península, Barcelona, 1974. pp. 37-38. Efectivamente Gans fechó el prólogo a la primera edición el 8 de junio de 1837.
[12] El local se encontraba en la Französen Strasse, en el Gendarmenmarkt, en el corazón histórico y centro cultural de Berlín. Los miembros se reunían con frecuencia, incluso todos los días. El DoktorKlub cumplía funciones sociológicas de “universidad libre” o “cátedra paralela”.
[13] Recuerdo del escritor y doctor Max Ring, Erinnerungen, Berlin, 1898, Band I, p. 118. Sobre los salones literarios y cafés bohemios en Berlín, véase el trabajo de Petra Wilhelmy: Der Berliner Salon im 19. Jahrhundert (1780-1914); De Gruyter, Berlin/New York, 1989. Se ha editado una cuidada selección de textos: Bettine von Arnim : Romantik und Sozialismus (1831-1859), Vortrage von Hartwig Schultz, Heinz Hartl und Marie-Claire Hoock-Demarle gehalten anlasslich der Ausstellung im Studienzentrum Karl-Marx-Haus, Trier, von Juni bis August 1986. Todos los jóvenes hegelianos procedían de familias acomodadas, tanto de terratenientes como de la burguesía o de la alta clase media: Hess (refinería y comercio de azúcar); Ruge (terratenientes); Feuerbach y Marx (importantes jurisconsultos-funcionarios); Engels (fábricas textiles); Stirner (fábrica de instrumentos de música); los hermanos Bauer (fábrica de porcelana)…
[14] Rutenberg, que escribía en el diario liberal del escritor Karl Ferdinand Gutzkow Telegraph für Deutschland, sería nombrado a inicios de 1842 redactor del periódico Rheinische Zeitung, donde escribiría y sería luego ChefRedakteur el propio Marx. Rutenberg cayó cada vez más bajo y terminó sus días en el periodismo más amarillo y sórdido. Como curiosidad Gutzkow fue el descubridor de un joven talento llamado Friedrich Engels e hizo publicar sus artículos en el periódico.
[15] Desde el mismo von Savigny al copero mayor del rey, Pitt-Arnim, incluso asistía un joven radical ruso llamado Bakunin. Cf.: Petra Wilhelmy, op. cit.; pp. 194-195. Marx le dedicará a Bettina un acerado epigrama titulado “Romanticismo a la Moda”, en español: Marx, Karl, Poemas, Edición al cuidado de Francisco Fernández Buey, Editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2000, p. 70. Cuando la von Arnim tuvo que ir a Trier, Marx la acompañó de anfitrión durante una semana. Sobre la relación Marx-von Arnim, véase: Luise Dornemann, Jenny Marx: Der Lebensweg einer Sozialistin; Berlin, Dietz Verlag, 1968, p. 39 y ss.
[16] Los von Ense tenían una profunda relación de amistad con el poeta Heinrich Heine. Sobre von Ense, véase: Picket, Terry; The Unseasonable Democrat: Karl August Varnhagen von Ense, 1785-1858, Bouvier Verlag, Bonn, 1985; sobre su esposa: Arendt, Hanna; Rahel Varnhagen: The Life of a Jewess, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1997. Los salones literarios berlineses eran réplicas de los franceses pre-1789.
[17] Todavía mantiene su vigencia su estudio Die Religion des Buddha; Ferdinand Schneider, Berlin, 1857. Se han editado recientemente una compilación de sus escritos políticos-filosóficos: Ausgewählte Schriften in zwei Bänden, Akademie Verlag, Berlin, 2003.
[18] Carta de Köeppen a Marx del 3 de mayo de 1841; en: MEGA (1), ½, p. 257.
[19] En 1861 cuando Marx fue a verle a Berlín, encontró que su “viejo Köppen” no había cambiado en nada y, en carta a Engels, consideró una verdadera bendición las dos noches que pasó con él. Sobre Köppen, véase el trabajo de disertación del malogrado biógrafo Helmuth Hirsch: “Karl Friedrich Köppen - der intimste Berliner Freund Marxens”, en: IISG (Hrsg.): International Review of Social History, Heft 1, Leiden 1936 (Fassung der in Deutschland nicht eingereichten Dissertation) y la útil introducción a sus escritos de Heinz Pepperle, “Einleitung”, en: Koeppen, K. F.; Ausgewählte Schriften in zwei Bänden, Akademie Verlag, Berlin, 2003, p. 11.
[20] Bauer, Bruno; Üeber das Prinzip nach der kantischen Philosophie, Philosophenpreis, 1829.
[21] El Privat-Dozent (PD o Priv.-Doz. ) es en la institución académica alemana, un profesor que es pagado por los estudiantes que asisten a sus clases. Aunque científicamente preparado, con doctorado inclusive, todavía no se es profesor ordinario ni titular.
[22] Bauer, Bruno; Kritik der Geschichte der Offenbarung, Band I-II, Ferdinand Dümmler, Berlin, 1838.
[23] Altenstein fue miembro del gabinete de ministros del príncipe reformista Hardenberg, a quien Hegel le dedicará un ejemplar de su famosa y polémica Filosofía del Derecho como la cabeza de un “gobierno esclarecido” (erleuchte Regierung), basado en los principios de la Aufklärung. Sobre Hegel y Altenstein, véase: D’Hondt, Jacques; Hegel en son temps, Editions Sociales, Paris, Chapitre IV “Les protecteurs”, p. 71.
[24] Varnhagen von Ense, Karl August; Tagebücher, Brockhaus, Leipzig, 1861, Band I, pp. 340-341. Sobre Bauer: Barnikol, Ernst; Bruno Bauer. Studien und Materialen. Aus dem Nachlass ausgewählt und zusammengestellt von P. Reimer und H-M. Sass, Van Gorcum, Assen, 1972. También su libro Der junghegelianer Bruno Bauer im Vörmarz, Inauguraldissertation, Freie Universität, Berlin, 1959. Con un criterio más actual: Moggach, Douglas, The Philosophy and Politics of Bruno Bauer, Cambridge UP, Cambridge, 2009. En una reciente biografía sobre el joven Marx de David Leopold: The Young Karl Marx: German Philosophy, Modern Politics, and Human Flourishing, Cambridge University Press, Cambridge, 2007, se dedica todo un capítulo a la relación de adhesión/enfrentamiento de Bauer-Marx, capítulo III “Modern Politics”, pp. 100-182. También destaca el rol decisivo de Bauer, junto a Feuerbach y Hess, el libro de Daniel Brudney, Marx’s Attempt to Leave Philosophy, Harvrd University Press, London, 1998, capítulo “Bruno Bauer”, pp. 109-142.
[25] En dos cartas a A. Ruge, Bauer de diciembre de 1841, le llama a Marx su fiel escudero.
[26] Sobre el tema sigue estando vigente el trabajo clásico de Rosen, Zvi; Bruno Bauer and Karl Marx. The Influence of Bruno Bauer on Marx's Thought, Nijhoff, The Hague, 1977; además el de Waser, Ruedi; Autonomie des Selbstbewußtseins. Eine Untersuchung zum Verhältnis von Bruno Bauer und Karl Marx (1835–1843), Francke Verlag, Tübingen, 1994. Una rara excepción en la tradicional Marxologie es el bien documentado libro del filósofo Sidney Hook, La génesis del pensamiento filosófico de Marx. De Hegel a Feuerbach; Barral Editores, Barcelona, 1974, quién le dedica el capítulo III, “Bauer y Marx”, p. 127-157. Hook trabajó en los manuscritos inéditos de Marx, el Nachlass, en la década de los años 1920 en el Instituto Marx-Engels de Moscú, bajo la protección de David Riazanov, el primer editor de las obras completas de Engels y Marx. En su introducción de 1936 agradece a “D. Riazanov, antiguo director del Instituto Marx-Engels de Moscú, y cuya muerte reciente en un campo de concentración en Rusia significó un rudo golpe para la investigación marxista, le estoy en deuda por una invitación que se transformó en un fructífera visita de un verano en el instituto.”, en: ibidem, p. 23. En realidad Riazanov seguía vivo, sería ejecutado el 21 de enero de 1938 en Saratov. Sobre Hook y su trabajo sobre los inéditos de Marx y los jóvenes hegelianos, véase: Phelps, Christopher; Young Sidney Hook: Marxist and Pragmatist, University of Michigan Press, Michigan, 2005, p. 47-48. Sobre Riazanov y su papel como difusor editorial de un Marx desconocido, mi artículo “Riazanov, editor de Marx, disidente rojo”, on-line: http://fliegecojonera.blogspot.com/2006/09/riazanov-editor-de-marx-disidente-rojo.html.
[27] “Wenn man sage wollte, dass Bruno Bauer keine bedeutende wissenschaftliche Erscheinung sei, so heiss dies eben so viel, als wenn man behauptete, die Reformation wäre kein bedeutendes Ereigniss gewesen.” El filósofo era August Cieszkowski, del que ya hablaremos, lo decía en su libro Gott und Palingenesie, E. H. Schroeder, Berlin, 1842, p. 93. El libro, su segunda obra filosófica, era una defensa de la inmortalidad personal bien spinoziana contra las ideas de Dios de C. L. Michelet.
[28] Cf.: Bauer, Bruno; Feldzüge der reinen Kritik, Nachwort von Hans-Martin Sass, Suhrkamp Verlag, Frankfurt/M, 1968, p. 178. El libro reúne nueve artículos de Bauer de su época de la reinen Kritik, hasta 1843.
[29] Cf.: ibidem, pp. 175-195.
[30] Cf.: Bauer, Bruno; Die gute Sache der Freiheit und meine eigene Angelegenheit, Verlag des literarischen Comptoirs, Zurich-Winthertur, 1842, p. 203. En esta obra Bauer utiliza la famosa metáfora de la Religión como opio de los Pueblos en la página 213. Sobre la relación entre izquierda hegeliana y la Bibelkritik, véase: Röttgers, Kurt; Kritik und Praxis: zur Geschichte des Kritikbegriffs von Kant bis Marx, De Gruyter, New York-Berlin, 1975, pp. 190-224.
[31] Sobre la reinen Kritik en Bauer: Koch, Lothar; Humanistischer Atheismus und gesellschaftliches Engagement. Bruno Bauers ‘Kritische Kritik’” , Verlag Kohlhammer, Stuttgart, 1971, especialmente Kap. III, pp. 82-124.
[32] Cf.: MEGA (1), I, Band I/2, p. 235.
[33] Ibidem ; I, Band I/2, p. 236. Sobre el medio universitario y el clima político en la Universidad de Bonn, muy diferente al de Berlín, son esclarecedoras las cartas de Bauer a Marx del 1 de marzo y 5 de abril de 1840. Sobre los años de Bauer en Bonn, el trabajo biográfico inconcluso de Gustaaf Adolf van den Bergh van Eysinga: Bruno Bauer, sein Leben und seine theologische Bedeutung, “Aus einer unveröffentlichten Biographie von Bruno Bauer. Bruno Bauer in Bonn 1839-1842”, Estratto dagli Annali dell`Ìstituto Giangiacomo Feltrinelli, Anno Sesto, Feltrinelli, Milano, 1963, p. 362 y ss.
[34] Anónimo (Bauer, Bruno); Die evangelische Landeskirche Preussens und die Wissenschaft , Otto Wigand, Leipzig, 1840.
[35] Bauer, Bruno; Kritik der evangelischen Geschichte des Johannes, Schünemann, Bremen, 1840.
[36] Sobre la crítica del joven Marx a Bauer, véase la obra de Sidney Hook; La génesis del pensamiento filosófico de Marx. De Hegel a Feuerbach, Barral, Barcelona, 1974, p. 143 y ss.
[37] Karl Marx / Friedrich Engels; MEGA (2), Abt. 3: Briefwechsel, Bd. 11: Karl Marx / Friedrich Engels: Briefwechsel, Juni 1860 bis Dezember 1861, Akademie Verlag, Berlin, 2005, pp. 469-471.
[38] Sobre Hermann Wagener y su rol en diversas empresas periodísticas y culturales en el antisemitismo a fines del siglo XIX, véase: Levy, Richard (editor); Antisemitism. A Historical Encyclopedia of Prejudice and Persecution , ABC-Clio, Santa Barbara, 2005, voz: “Hermann Wagener”, p. 749.
[39] Sobre las relaciones entre Bruno Bauer y Nietzsche, véase: D. Tschizewskij, “Hegel et Nietzsche”; en: Revue d’histoire de la philosophie, III (1929), pp. 321–47; Zvi Rosen, “Bruno Bauers und Friedrich Nietzsches Destruktion der bürgerlich-christlichen Welt”; en: Jahrbuch des Instituts für Deutsche Geschichichte, ed. W. Grab, (1982), pp. 151–172; E. Benz, “Nietzsches Ideen zur Geschichte des Christentums, IV. Nietzsche und Bruno Bauer”; en: Zeitschrift für Kirchengeschichte, no. 56, (1937), pp. 259–277. Un especialista como el teólogo Ernst Barnikol llega a sugerir que Nietzsche “tomó” prestado de Bruno Bauer (y de Max Stirner) casi todo su arsenal teórico; cf.: Das entdeckte Christentum im Vormärz. Bruno Bauers Kampf gegen Religion und Christentum und Erstausgabe seiner Kampfschrift , Eugen Diederichs, Jena, 1927, p. 134. Sobre el antisemitismo de Bauer, véase a Leopold, David; “ The Hegelian Anti-Semitism of Bruno Bauer ”, en: History of European Ideas, Nº 25, pp. 179–206, además la voz “Bruno Bauer” en: Levy, Richard (editor); Antisemitism. A Historical Encyclopedia of Prejudice and Persecution, ABC-Clio, Santa Barbara, 2005, p. 60-62.
[40] Nietzsche, Friedrich: Briefwechsel. Kritische Gesamtausgabe, Band 3, Briefe von Friedrich Nietzsche Januar 1885-Dezember 1886, De Gruyter, Berlin-New York, 1982, pp. 269-270. Nietzsche se equivoca en el nombre de Taine: es Hyppolite, y no Henri. En el círculo íntimo nietzscheano se lo consideraba “lector” a quién Nietzsche envíaba personalmente y con dedicatoria sus obras, acompañada de una carta personal. Bauer fue un deleitado lector de la Primera Intempestiva de Nietzsche precisamente contra David F. Strauss.
[41] Nietzsche, Friedrich; Sämtliche Briefe. Kritische Studienausgabe, Band 8, De Gruyter, Berlin/New York, 1986, pp. 106-107. Existen más cartas de esta época donde puede comprobarse la cercanía política y empatía intelectual entre Nietzsche y el viejo Bauer. El Nietzschéisme ignora, minimiza o reprime las relaciones e influencia de Bauer sobre Nietzsche.