1/6/10

¿Por qué leer "El Capital" hoy?


                                  Julio Le Parc [Argentina] Modulaciones
Antonio Raggio   El éxito no puede ser medido de acuerdo al nivel de ventas de un libro. Intervienen en ese proceso muchísimos otros factores, que desde la industria cultural, hacen que diversos textos -muchos que ni siquiera seriamente pueden considerarse seriamente bajo el rótulo de libro- se conviertan en “éxitos” de venta. Sin embargo, el pico de ventas que tuvo El Capital el año pasado fue, cuando menos, un hecho llamativo. Inclusive según relevaban medios de diversos países europeos el furor llegó a tal punto que, en Japón, se publicó una versión basada en el texto en formato cómic (Rebelión.org 25-05-2009). Esto, en el marco de un proceso de crisis –según analistas del capitalismo, la peor que ha tenido- que desatada a hacia finales del 2008 en Estados Unidos, cuyo mayor impacto fue en los países centrales del Capitalismo mundial – y que continúa impactando mientras estas líneas se escriben- nos habla de que hay algo en Das Kapital que continúa siendo poderoso, que sigue vigente.

Dicen que las crisis abren oportunidades: sabemos, pero no con certeza absoluta, que pueden resultar tanto en movimientos progresivos como regresivos. Ellos dependerán de la disputa entre las fuerzas sociales que en ella intervengan activamente. También sabemos que generan incertidumbre, que generan “inseguridad”, que motivan a la desconfianza y al aflojamiento de las vinculaciones con las “seguridades tradicionales”. Es en ese sentido que la crisis que vive el Capitalismo global hoy, además del obvio impacto en la estructura social y económica, golpea de lleno sobre el mal llamado “campo de las ideas”: la teoría que explica, que comprende y justifica los procesos económicos es cuestionada cuando la hegemonía de los analistas neoliberales, con estas oportunidades, se pone en jaque. Por ello se abre la urgente posibilidad de retomar la Crítica a la Economía Política, para criticar a la Economía a secas: ese saber que perdió el eje pasando del foco en la Producción Social (Economía Política) a la maximización de la utilidad individual (Economía a secas).

Lo que sigue a continuación es una breve y humilde reflexión sobre la “utilidad” de leer El Capital hoy; leerlo en el Siglo XXI, desde Argentina -un país atrasado en términos del Capitalismo global- y con el horizonte de las crisis perpetuas.

Es innegable que la lectura de El Capital es ha sido, es y será un clásico necesario. Más bien bastante nuevo y actual, esa particularidad que tienen los textos clásicos: que nunca dejan de irse, que siempre siguen despertando el análisis, la polémica y que con cada lectura nos muestran elementos nuevos a considerar. Clásico que por su densidad conceptual –no le exijo menos a semejante obra-, muchas veces, inhibe abordar mano a mano su lectura.

La vigencia y potencia actual del texto queda demostrada en muchos de sus postulados, pero su principal riqueza pasa por su aporte global a la comprensión crítica del orden hegemónico actual. Porque si bien fue escrito en el S XIX, hoy es innegable toparse con la Mercancía, con el Valor que a todos nos rodea y todo intercambia, y con el Capital atravesando toda relación humana, todo espacio físico y toda lógica temporal. Porque es precisamente lo que se impuso, es “lo que hay”. Y como bien lo dice la voz popular, casi indiscutible máxima: quien quiera cambiar el Mundo habrá de ensuciarse, habrá de meterse en el barro de pies a cabeza. Ello precisamente hace El Capital, se mete en el barro del Capitalismo y trata de desentrañarlo, comprenderlo y pensarlo.

Muestra justa de esta riqueza –y densidad- conceptual es que El Capital haya sido objeto de disputa desde diversas posiciones políticas-epistemológicas: disputas que, al día de hoy, continúan. Porque por ejemplo, para el marxismo ortodoxo que se sujetaba a la cuestión estructural (Que conocemos desde Gramsci como el Economicismo) y pensaba solamente el Capitalismo en tanto evolución de las estructuras productivas –los incansables defensores de la “Estructura/Superestructura”, evolución de las Fuerzas Productivas, Etapas, etc.- El Capital es un modo de comprender al Mundo desde una forma “objetiva”: un lugar cómodo donde el Sujeto poco tiene para decir o hacer, más que “esperar” la caída del Sistema capitalista a raíz de sus propias lógicas de contradictorias. Parecida a la interpretación que desde una perspectiva estructuralista (Althusser y la escuela francesa) hacen quienes partían de concebir a El Capital como EL aporte teórico de Marx en términos de estructura económica social y no más que ello, reduciendo el fenómeno y la obra de una manera casi vulgar, dejando poco o ningún espacio a “La Política” y al Sujeto, como si nada tuvieran para hacer o decir; mucho menos para aportar al cambio.

Frente a estas lecturas, que a mi entender reducen el fenómeno aportado por Marx en El Capital a solo una de sus facetas (la económico estructural), debemos contraponer una responsabilidad por una lectura más abarcadora y más amplia.

Por ejemplo, con bastante antelación a los debates que El Capital desataría a mediados del S XX, Gramsci escribe el artículo “La revolución contra El Capital”[2]. Con el aire fresco que trajo la Revolución Rusa de 1917, el italiano con el espíritu que lo caracteriza, echa por tierra a las pretensiones más ortodoxas –objetivistas- del marxismo, tildándolas de burguesas y esquemáticas, rescatando el rol de la voluntad y la subjetividad de la construcción política para lograr la conquista del Poder y el Cambio Social.

Pero retomando el hilo de la cuestión que disparó esta reflexión: ¿Tiene alguna utilidad leer hoy “La Teoría del Valor”, en nuestras sociedades latinoamericanas, hijas del atraso y la dependencia capitalista?

Sí, tiene utilidad: comprender el fenómeno del Capitalismo y su funcionamiento es todo un viaje, y sin duda alguna, El Capital es el puerto desde donde el barco zarpa.

En primer lugar, y como se vino señalando básicamente hasta aquí, el libro nos brinda pautas para comprender el fenómeno del capitalismo, la esencia de sus relaciones y de la explotación que subyace y esconde con diversos mecanismos y operaciones.

Nos muestra cómo es posible desde una minucia (algo tan pequeño como podría ser hoy una Mercancía) en relación al tamaño del edificio que acobija al sistema, ingresar a una comprensión más rica de la situación a través de la Teoría del Valor. Que su andamiaje conceptual funciona a “Modo de Brújula” para orientarnos, y no como totalidad explicativa de lo “objetivo-estructural”. Debemos en primer lugar superar esta lectura.

En segundo lugar, y con el piso anterior, es menester reforzar nuestra búsqueda por construirnos como el Sujeto del Cambio. En este punto resulta interesante rescatar el argumento que John Holloway expusiera en su momento en el Seminario de lectura de El Capital, en la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo (publicado hoy como artículo en el libro de Néstor Kohan, El Capital historia y método)[3]. El teórico irlandés intenta dilucidar el recorrido del Sujeto durante El Capital, asegurando que “cuando Marx dice que "la mercancía es un objeto externo a nosotros", nosotros estamos presentes como sujeto negado”. Porque precisamente El Capital trabaja desde diversos puntos, siempre suponiendo el sujeto. La particularidad de la suposición que hace es que frente a la Mercancía estamos negándonos como humanos en general y pensándonos como objetos en particular, porque su propia lógica y esencia –la de una relación de subordinación- nos impone que frente a ella solo podamos plantarnos como comprador o vendedor, pero jamás como humano creador. Esta contradicción es lo que Holloway entiende como el Poder Sobre y el Poder Hacer, Potestas y Potentia; siendo efectivamente militante de la segunda: la lucha por la liberación de la capacidad del Poder Hacer, por reafirmarnos frente a los objetos no como un objeto más –de su consumo-, sino como Sujetos críticos, creadores y en definitiva Humanos; algo que es evidente que el Capitalismo ha olvidado hace rato.

Es necesario en este punto pensar el problema del fetichismo, o al menos mencionarlo acotadamente ya que es uno de los puntos que mayor discusión y mayor trascendencia ha tenido. El Fetichismo es la discusión por la Conciencia subjetiva que se tiene frente al proceso de Producción –que es en esencia el Proceso de Valorización-. La Teoría del Valor aportada por Marx es la llave para despejar el camino a la construcción de una conciencia distinta frente a lo objetual, frente al momento por el que los productos se materializan y se crean. Desde que reconocemos que la Mercancía acuña una doble particularidad del Valor es que podemos frenar el proceso de cambio constante y plantarnos por una revalorización del Uso sobre el Cambio; un sujeto de creación cualitativa frente a lo cuantitativo, de humanidad sobre lo material; por una humanidad conciente sobre su producción, y no a la inversa.

La organización global del capitalismo actual tiene la particularidad que poseer múltiples centros y periferias. Sin irnos a la Vieja Europa, donde como dije al comienzo está hoy en curso una crisis de magnitud aún incierta, nuestro país históricamente condenado a una estructura del Capitalismo atrasado y con la particularidad de estar inserto de una determinada manera en la división internacional del trabajo, está atravesado por esa multiplicidad de centros y periferias: no es lo mismo el NOA, el NEA o la Patagonia que la Pampa Húmeda. Hasta la propia Capital Federal tiene una organización particular: conviven sectores de extrema concentración de la riqueza con sectores de extrema concentración de la pobreza. En este sentido es necesario reactualizar nuestro panorama. El Capitalismo ha extraído gran parte de esa capacidad creativa del Trabajo, a lo largo de un proceso histórico complejo, y lo ha sabido aplicar en su reconstitución y perpetuación a lo largo de los años. Ha empleado el recurso creativo para sostenerse en el tiempo y acrecentar la ganancia, ordenando de una determinada manera el panorama social y política, hasta demográfico, de nuestras ciudades, nuestros pueblos y nuestros países.

En conclusión, la lectura de Das Kapital desde Argentina, desde Nuestra América, tiene hoy la necesariedad de reforzar a la trayectoria de los cambios políticos progresivos que vive la región. Como “Puerto” nos lleva nos invita al viaje de la crítica y comprensión del Capitalismo; como “Brújula” nos orienta en tanto herramienta conceptual para interpretar la realidad. La posibilidad del Cambio Social está dada por la factidad, y la fuerza subyacente aún, de la constitución de una nueva identidad creativa que puje por descalibrar la relación de fuerza internacional. Solamente un sujeto emancipado de la objetualidad que el Capital pretende imponernos día a día, mercancía a mercancía, podrá tomar el toro por las astas y escribir su propio destino.

Notas
[1] Cómo y qué edición elegir es un debate constante. Contamos hoy a nivel de mercado nacional con la edición de Siglo XXI, reimpresa en el 2009, que recoge las correcciones de diversas ediciones del libro, además de una recopilación de sus diversos prólogos. Incluye además, en el Tomo I (compuesto por tres volúmenes) la versión alternativa –y ampliada- del Capítulo I. Lamentablemente en la versión no está incluido el Capítulo VI inédito.
[2] Este es el Antonio Gramsci vigoroso de los años jóvenes, que se expresa con fuerza en el proyecto consejista y el duenio rojo italiano. Para más artículos de Antonio Gramsci, consultar la página http://www.gramsci.org.ar/.
[3] Kohan, Néstor, El Capital, Historia y Método (Una introducción); Buenos Aires: Universidad Popular