14/12/10

Lo$ nuevo$ reac$ionario$ de Fran$ia, E$paña y Vene$uela

Régis Debray, viejo delator y nuevo reaccionario

Los llaman nuevos reaccionarios. Son intelectuales franceses que alguna vez fueron conocidos en el mundo por sus ideas progresistas y el combate a favor de las causas ante las cuales el poder cerraba los ojos. Asumieron a lo largo de la historia el papel de conciencia y denuncia de las situaciones más descabelladas que aplastaban la libertad humana. Se pasaron en masa a la derecha son, entre otros, Alain Finkielkraut, Phillippe Sollers, Jacques Julliard, André Glucksman, Luc Ferry, Pascal Bruckner, Michel Houellebecq y hasta el mismísimo Régis Debray, que estuvo en la guerrilla del Che Guevara en la selva boliviana y es el autor del ensayo "Revolución en la revolución." Cuando cayó prisionero en Bolivia, le dieron dos golpes para que hablara, y después tuvieron que molerlo a palos para que se callara.

En realidad no son tan nuevos, porque comenzaron a aparecer hacia los años ochenta, cuando empezó la resaca de las revoluciones izquierdistas de los sesenta y empezó a producirse una deserción en masa desde las filas de la izquierda a las de la derecha igual que en los años sesenta se había producido una deserción en masa desde las filas de la derecha a las de la izquierda. Me refiero a los intelectuales, claro está, o a eso que antes se llamaba intelectuales y que ya nadie sabe cómo llamar.

Protestas callejeras del mayo francés (1968)
Un fenomeno internacional

El Mayo francés también fue la refracción nacional de un fenómeno internacional. El ano anterior se había producido la "revolución cultural" china y la muerte del Che. Al año siguiente, se producirían el Cordobazo argentino y el "otoño rampante" italiano. Y hay que recordar que el mismo ano en que se produjo el mayo francés, se dieron la "ofensiva del Tet" en Vietnam y la "primavera de Praga" en Checoslovaquia. La revolución proletaria en los paises imperialistas, la lucha revolucionaria antiimperialista en los paises coloniales y la revolución política anti burocrática, por la democracia obrera en los estados obreros, tendían a sincronizarse.

Inagotables defensores del liberalismo, de la globalización financiera, de la intervención en Irak, aliados incondicionales del sionismo y, a menudo, caja de resonancia y de legitimación de los discursos de la derecha, esos intelectuales asumen en la actualidad posiciones en total antagonismo con sus ideas del pasado. El término les cayó encima en un ensayo escrito por el sociólogo Daniel Lindenberg (Llamada de atención. Investigación sobre los nuevos reaccionarios, 2002). La tesis central enunciaba que estos "viejos progresistas y nuevos reaccionarios" se oponen a la cultura de masas, a la modernidad, a las sociedades mestizas, al Islam, a las reivindicaciones de las minorías y a la aplicación estricta del derecho.

En España también hay una versión de los nuevos reaccionarios. De jóvenes fueron ultras en todo, desde estalinistas a maoístas, pasando por el anarquismo, el ultracatalanismo o el ultravasquismo. Ahora, de mayores, han pasado a ser ultraderechistas o ultraespañolistas. Pero sin dejar de ser ultras. José María Izquierdo recoge en el libro Las cornetas del Apocalipsis (Editorial Hoja del Monte, 2010) un retrato de los nuevos reaccionarios españoles: Alfonso Ussía, Carlos Dávila, Pío Moa, César Vidal, Federico Jiménez Losantos, Fernando Sánchez Dragó, Hermann Tertsch o Antonio Burgos.

Los nuevos reaccionarios aman el poder, la fama, los platós de televisión (sobre todo, TeleMadrid) e invierten su pensamiento en causas provechosas, sobre todo para sus propios bolsillos. Están, al menos en teoría, contra el fanatismo y el totalitarismo (de izquierda, por supuesto, el mismo que aplaudían hace cuarenta años), pero como afirmó Javier Cercas tienen un temperamento fanático y una mentalidad totalitaria, lo que les incapacita por completo para el escepticismo, la tolerancia y la ironía, aunque no para el sarcasmo. Para colmo, presumen de haber sido antifranquistas durante un tiempo de su vida, como si haber acertado alguna vez garantizase que acertarán siempre.

En Venezuela son tan asquerosos, que no los vamos a nombrar, porque todos los conocemos, y que lejos de llamarse nuevos reaccionarios, los llamaríamos viejos traidores, conversos de utilería, pantalleros de oficio, mercaderes de profesión.