14/12/10

La política pública de la guerra en Colombia

Alejandro Obregón  (Colombia) Zozobra, el grito de Galán

Miguel Ángel Herrera Zgaib

Discurso y Bloque Histórico

El análisis del discurso de la política de guerra, dominante en el quehacer excepcional del ejecutivo de Colombia, primero con Andrés Pastrana (1999-2002), y Álvaro Uribe (2002-2010) después, para un período de diez años, da cuenta de una doble dinámica con la que se recompone la realidad del bloque histórico dominante. [1] 

La guerra como dispositivo del régimen de biopoder garantiza la productividad del trabajo social, el proceso de trabajo formal y real subsumido en la acumulación posfordista, y conforme con la especificidad de la periferia capitalista de la que es parte Colombia. [2]

De una parte, se trata de la dinámica del antagonismo en lo infra-estructural, y de otra, de un dinamismo contradictorio como propio de las superestructuras complejas. [3] Es un funcionamiento diferenncial, infra y superestructural que es articulado por el discurso de un significante específico, se seguridad democrática, para la década estudiada.
De tal modo, que esta estrategia cognoscitiva permite ubicarnos “en los diversos grados de las relaciones de fuerzas”, [4] para desentrañar la complejidad discursiva, y explicar la forma de la excepcionalidad que lo precede en la coyuntura que se cerró la elección del nuevo presidente de Colombia en el 2010.

Tomando en consideración la realidad efectiva de la cosa, dictado que Gramsci recupera de Maquiavelo, [5]  definimos el bloque histórico de la dominación como una totalidad social abierta, constituida por “las relaciones objetivas sociales” (para luego pasar) al grado de “…las relaciones de fuerza política y de partido (sistemas hegemónicos en el interior del Estado) y, finalmente, a “las relaciones políticas inmediatas (o sea potencialmente militares)." [6] 

Pero la complejidad sistémica implicada en el concepto de bloque histórico, no es sólo discursiva, porque implica el reconocimiento y posición de determinadas fuerzas materiales. La realidad efectiva de la cosa no es sólo discursiva, como parecieran entenderlo o insinuarlo los enfoques postestructuralistas atribuidos a Foucault, Fairclough, y al mismo Laclau. No hay duda que el discurso constituye y da sentido a la acción social y política, pero la materialidad de las fuerzas sociales implicadas la condiciona y potencialmente transforma el bloque histórico.

Lo ya dicho, supone de una parte la ligazón orgánica de infra-estructura y superestructuras, una organización que proviene de la acción de individuos y colectivos, lo que Marx destacó con la expresión general intellect, [7] y que Gramsci durante la acumulación fordista señalaba que era “la obra de los grupos sociales encargados de administrar las actividades superestructurales”, [8] aunque todos los seres humanos seamos intelectuales. El posfordismo, no solo se reconoce que todos somos intelectuales, sino que todos somos intelectualmente productivos para la relación capitalista, ya no hay más afuera, como lo postulaba la histórica división entre trabajo material e intelectual.

Retomando a Colombia y su situación de crisis, el bloque de la dominación recompuesto provisoriamente bajo el régimen de la excepcionalidad para-presidencial, que luego intenta juridicizar mediante la Ley de justicia y paz para reinsertar a los paramilitares. A la vez se prolonga la ley de orden público, prohibiendo ahora que se autoricen más zonas de distensión/despeje como lo fueron San Vicente del Caguán con las Farc y Santafé de Ralito con las AUC. Dicha ley se viene prolongando por más de una década, y está sujeta a revisión por el Congreso, y la absoluta mayoría la tiene la coalición del gobierno de Unidad Nacional, para su prórroga.

Ahora bien, la forma ideológica de estas relaciones de fuerza, de naturaleza discursiva, específicamente, me refiero a la seguridad democrática, es el significante vacío que ordenó y direccionó el accionar “legítimo” de la guerra contra los de abajo. Constituye a la vez el código de poder que fija lo permitido y lo prohibido. Desde una perspectiva diacrónica la función performativa garantiza, regula los comportamientos de quienes resisten y se rebelan, desobedecen y demandan autonomía.

Hegemonizar la diversa realidad social de los sujetos humanos [9], es el objetivo cuando éstos se subjetivizan individual y colectivamente como multitud autónoma que constituye el “antagonismo”. Para de ese modo gobernar un desacuerdo fundamental, el antagonismo social que conforme lo entiende Žižek, difiere del entendimiento ofrecido por Ernesto Laclau, aunque ambos comparten fuentes algunas fuentes tanto psicoanalíticas como de teoría del lenguaje. [10]

El misterio de la forma democrática

Según Lacan, ningún sino Marx fue quien inventó la noción de síntoma…entonces debemos plantearnos la pregunta kantiana acerca de las “condiciones de posibilidad” espistemológicas de un encuentro de este tipo: ¿cómo fue posible que Marx, en su análisis del mundo de las mercancías, produjera una noción que se aplica también al análisis de los sueños, a los fenómenos histéricos y demás?. Slavoj Žižek, ¿Cómo invento Marx el síntoma?, en: El sublime objeto de la ideología, p. 35.

Lo que sigue en esta parte del ensayo es descifrar el secreto de la forma democracia, de manera similar a como Marx lo hizo con la forma mercancía, Freud con la forma de los sueños, Schmitt con la forma estado, o Pashukanis con la forma jurídica, entre otras. Para lo cual, lo primero que evito es la fascinación propiamente fetichista, alienante del contenido de la democracia.

Para decirlo de manera breve, parafraseando a Žižek, no se trata de develar mediante el análisis el contenido que oculta la forma de la crisis en la transición autoritaria, de-democratizadora que experimenta Colombia, de “penetrar hasta el contenido manifiesto al núcleo oculto de la mercancía –la determinación del valor que tiene por cantidad de trabajo consumido en la producción de la misma - ,[11] sino de explicar por qué el poder asumió la forma de la excepcionalidad, y por qué la potencia constituyente puede afirmar su carácter de libertad/autonomía colectiva e individual sólo en la forma democrática de la política rehuyendo a la falsa mediación del socialismo tal y como lo hemos conocido.

Conviene recordar entonces, y no sólo con Churchill, que la democracia por radical que sea siempre acarrea la posibilidad de corrupción, de gobierno de los mediocres, bajo las formas de la representación. Segundo, que la sociedad civil moderna, el reino de los individuos libres e iguales, es una de las superestructuras complejas, la otra es la sociedad política. Como tal, la sociedad civil en el capitalismo, según Gramsci, está constituida antagónicamente, tal y como lo reconoció el mismo Hegel.

Otra cosa es afirmar que si se quiere suprimir el antagonismo concreto de la propiedad privada como institución de la explotación, la forzosa conclusión sea el terrorismo totalitario. Sin embargo, con Antonio Gramsci mismo, con Castoriadis, a su modo, la democracia permite no sólo elucidar si no ofrece un principio de solución a esta problemática. Porque la democracia hace posible la autonomía política en el marco del capitalismo actual, yendo más allá de la democracia representativa. Se darle entonces, a la vez que descubrir desde el espacio político democrático de la guerra de posiciones un tratamiento diferencial a la excepcionalidad, porque no tiene un sentido único, exclusivo y excluyente. Dicho de otro modo, darle paso a la excepcionalidad constituyente, a la gobernanza del común.[12]

Para explicitarlo mejor quiero decir, voy a lidiar con la problemática del estado de excepción, basándome, primero, de modo principal en las contribuciones de Giorgio Agamben, Carl Schmitt, y Antonio Negri y Michael Hardt, luego, para pensar desde ésta otra excepcionalidad, la propia de la democracia radical entendida como potencia, poder constituyente de la multitud. Para así mostrar, en el proceso de la reflexión la otra cara de la excepcionalidad, para hacer una crítica de las formas de gobierno representativo, y ésta crisis de hegemonía en la transición de-democratizadora que experimenta Colombia, que es objeto de este estudio puntual, y darle paso a la construcción de la libertad común como componente fundamental de la nueva ciencia de la democracia.

Analicemos e interpretemos con las anteriores claves analítico interpretativas la actual complejidad política que animan los grupos y clases también en Colombia, cuya lucha de clase conforma el régimen de democracia y excepcionalidad juntas, en las condiciones histórico sociales de Colombia.

En ellas se articulan de modo singular dominación y hegemonía, las funciones de de coerción y consenso activo y/o pasivo en la disputa concreta por la transición política que consolide la democracia o entronice una forma de terrorismo totalitario, que empieza con la fórmula de “mayorías sin democracia”,[13] en un tiempo de manifiesta revolución pasiva, y cuando se intenta una torsión en el régimen de la dominación bajo la impronta prometida de la “prosperidad democrática".

Notas
[1] Metodológicamente, la noción de bloque histórico permite concretar, operar con los principios marxianos para entender, según Gramsci, “el problema de las relaciones entre estructura y superestructura el que hay que plantear exactamente y resolver para llegar a un justo análisis de las fuerzas que operan en la historia de un determinado periodo y determinar su relación. Hay que moverse en el ámbito de dos principios: 1) el de que ninguna sociedad se impone tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes o que éstas no estén al menos en vías de aparición y desarrollo; 2) y el de que ninguna sociedad se disuelve y puede ser sustituida si primero no ha desarrollado todas las formas de vida que están implícitas en sus relaciones…” (MARX, Carlos. Prólogo de la Contribución a la crítica de la Economía Política). Cuadernos de la Cárcel 5, p. 32.
[2] CIAPPI, Silvio et al (2005). Globalización y nueva esclavitud, en: Periferias del Imperio. Poderes globales y control social. Instituto Pensar. Universidad Javeriana. Bogotá, pp. 45-53.
[3]Gramsci se refiere al tercer momento en la relación de las fuerzas políticas, “el neto pasaje de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas…” en: Análisis de situaciones: relaciones de fuerzas. Cuadernos de la Cárcel 5 (1999). Cuaderno 13. Editorial ERA/BUAP. México, pp. 36.
[4] Ibídem, op. cit., p. 33.
[5] GRAMSCI, Antonio (1985). Maquiavelo, la Política y el Estado Moderno. Editorial Juan Pablos. México.
[6] Op cit., ibídem, pp. 36-37.
[7] Revisar el capítulo VI, Inédito. Gründrisse (1859), objeto de estudio puntual por Antonio Negri, en su ciclo de conferencias Marx, Más allá de Marx, en París.
[8] PORTELLI, Hugues (1979). Gramsci y el bloque histórico. Siglo XXI editores. México, p. 48.
[9] ŽIŽEK, Slavoj (1992). Introducción, en: El sublime objeto de la ideología. Siglo XXI editores. México, p. 24. Žižek nos refiere que la verdadera ruptura en la teoría de la ideología, a propósito del sujeto, la representa Louis Althusser, con su insistencia de que “es una cierta fisura, una hendidura, un reconocimiento falso, lo que caracteriza a la condición humana en cuanto tal, con la tesis de que la idea del posible fin de la ideología es una idea ideológica par excellence (Althusser, 1965)
[10] ŽIŽEK, Slavoj (1992), op. cit., p. 25. Él hace una crítica al marxismo ortodoxo, acudiendo a su lectura de Hegel vía Lacan, para advertir que “no hemos de borrar la distancia que separa lo Real que hay en cada simbolización, puesto que es este plus de lo Real que hay en cada simbolización lo que funge como objeto-causa de deseo. Llegar a un acuerdo con este plus (o con mayor precisión, resto) significa reconocer un desacuerdo fundamental (“antagonismo”), un núcleo que resiste la integración-disolución simbólica”.
[11] Ibíd., p. 35.
[12] NEGRI, Antonio (2008). La Fábrica de porcelana. Una nueva gramática de la política. Paidós. Barcelona
[13] GARCÍA VILLEGAS, Mauricio, REVELO REBOLLEDO, Javier (2009). Mayorías sin Democracia. De Justicia. Bogotá.