22/12/10

La crisis orgánica del sistema capitalista

Alirio Montoya

El maestro egipcio Samir Amin, un prominente marxista sostiene que “la historia del sistema capitalista es la historia de sus crisis”. Han existido varias crisis a lo largo de la historia del sistema capitalista, las cuales naturalmente han sido matizadas de diversas maneras por los defensores del sistema capitalista y los apologistas del modelo neoliberal. Pero la actual crisis económica que vivimos no tiene precedente comparativo alguno, es de una enorme profundidad y repercusión en la mayoría de pobres en el mundo. Solo los tres hombres más ricos del planeta tienen acumulado más capital que cinco países en la franja de pobreza extrema. No obstante, los think thank de dicho sistema han moteado la actual crisis orgánica del sistema capitalista de diversas formas, tratando de traslapar la verdadera esencia de este atolladero.


Leemos y escuchamos a diario los siguientes titulares en los medios de comunicación convencionales al servicio de los bloques de poder económico: la crisis inmobiliaria, la crisis de la construcción, la crisis financiera, la crisis griega, la crisis portuguesa, la crisis irlandesa y la crisis española, entre otras falacias. Todos esos disfraces que revisten a la crisis estructural del sistema capitalista no son mas que distractores para desviar la atención del verdadero embrollo de esta crisis capitalista. Hay una sola crisis, la del sistema capitalista y su última fase en evidente descomposición: el neoliberalismo. ¿Será crisis del modelo neoliberal? ¿Será crisis del sistema capitalista? Muy buenos interrogantes. Hay que desenmarañarlos para determinar con la debida precisión a qué tipo de crisis nos enfrentamos.

El Nobel de economía, Joseph Stiglitz, ubica la primera sintomatología de esta crisis sin salida alguna en la llamada “crisis asiática” suscitada en el año 2007, específicamente en Tailandia y Filipinas. Esas semillas del desastre quedaron sembradas, señala Stiglitz. En el año 2008, cuando se comenzó a acentuar más esta crisis orgánica del sistema capitalista, los bloques de poder económico y sus serviles medios de comunicación aseveraron que esta era una crisis financiera y que iba repercutir en el área inmobiliaria y, en consecuencia, en el espectro de la construcción.

Pero el verdadero meollo del asunto es que el modelo neoliberal es inhumano y devora lo que se le atraviesa. En dicho modelo –como fase última del capitalismo- se fue gestando desde la década de 1920 la especulación de los mercados en las bolsas de valores; es decir, en el gran casino de la especulación. Ello fue generando una enorme burbuja que estalló en 1929. En el año 2008, sucedió algo similar pero de mayores repercusiones a nivel global ¿Pero cómo se va gestando esto de las burbujas dentro del modelo neoliberal?

Alejando Nadal sostiene que “La crisis ha entrado en su cuarto año. La peor catástrofe económica desde la Gran Depresión ya ha tenido efectos devastadores para millones de personas. Esta crisis y su secuela son la prueba más clara y dolorosa del fracaso del capitalismo financiero que ha dominado la economía mundial en los últimos 30 años. Lo más probable es que el estancamiento y las altas tasas de desempleo durarán muchos años. Hoy más que nunca es crucial comprender la naturaleza de la crisis”. [1] La crisis estructural del sistema capitalista se quiso disfrazar a finales del 2007 como “la crisis del sector construcción y financiero”; sin embargo, estamos enterados que eso fue consecuencia de la especulación financiera, que es donde se evidencia la crisis. La avaricia de los grandes banqueros condujo a esta crisis no solo económica, sino, de valores, humanitaria y medioambiental. Los especuladores del sector financiero, unos verdaderos delincuentes de guante blanco, comenzaron a invertir en las hipotecas del mercado del crédito en los Estados Unidos. Ello fue creando una enorme burbuja que explosionó y dejó entrever como una radiografía la esencia de la crisis orgánica del sistema capitalista: la acumulación, concentración y apropiación ilegítima y en muchos casos ilegal del capital.

Debemos entender por burbuja a aquel fenómeno económico-financiero en el cual los grandes inversores piensan en una subida circunstancial en el precio de algún determinado bien, cuyo despunte va ser permanente o, al menos, durará varios meses a ese mismo nivel. Esos cálculos van oxigenando la burbuja. En esa lógica avarienta y perversa, los inversores y banqueros creen que los precios van a seguir en aumento en un futuro, lo cual viene a motivarlos a seguir comprando para vender cuando los precios bajen, he ahí las enormes utilidades.

En esa misma lógica de acumulación, en los momentos cuando todo parece estar en completa calma, se generan cuellos de botella en el sector financiero o surgen presiones inflacionarias y eso conduce a incrementos en la tasa de interés. Aquí comienza a descoserse todo. Las empresas no pueden cubrir sus cargas financieras y proceden a vender sus activos, provocando una caída en el precio de dichos activos. La economía cae en un proceso de deflación y hasta una depresión es posible. [2] Esto puede ser producto del efecto explosivo de las burbujas o debido a la caída de los precios como consecuencia de lo inconstante que es en sí el sistema financiero. Además, los grandes capitalistas entraron al juego de despide y contrata; pero los dueños del capital lo que hicieron fue implantar la flexibilización laboral para subcontratar masivamente generando con ello un incremento en la tasa del desempleo.

Por otra parte, el dinero como mercancía, y medio de pago en este caso, se utiliza para otra finalidad; para comprar bienes o servicios a manera de ejemplo. Pero los especuladores comienzan a utilizarlo para comparar dinero; o sea, papel por papel, ya que en el caso de las hipotecas lo que existe es un intercambio de dinero –papel- por los títulos hipotecarios de inmuebles –papeles-. En consecuencia, el dinero deja de ser entonces un instrumento real de intercambio y se transforma él mismo en objeto de intercambio. Los grandes inversores y banqueros, para aumentar sus utilidades triplicaron su oferta de créditos hipotecarios, extendiéndola a miles de familias que no tenían facilidad o solvencia de pago.

Para ello los bancos contrataron a intermediarios de créditos, conocidos como “brokers”. A estos brokers no les interesaba si la persona tenía capacidad de pago, y procedieron a vender “hipotecas subprime”; las cuales jerárquicamente se encuentran catalogadas muy por debajo de las hipotecas “prime”, “jumbo” o “nearprime”. La catástrofe apareció cuando estalló la enorme burbuja; en consecuencia, los Estados Unidos a través de la Reserva Federal decidieron aumentar los tipos de interés, asfixiando con ello a millones de familias pobres. Es en ese momento cuando empiezan a embargarle los inmuebles a la población que estaba incapacitada para continuar pagando.

¿Pero cuál fue la lógica perversa de los grandes banqueros para acumular más riquezas? Cuando una persona iba a un banco a solicitar un crédito hipotecario, se suscribía un documento, que es en sí la escritura o carta de crédito. Pero resulta que a los señores de los bancos no les bastaba la ganancia obtenida por los intereses; sino que, ese papel (la escritura del crédito hipotecario) lo llevaban al casino de la especulación, a la bolsa de valores, o a un tercero que, bien podía ser otro banco, para que prestara sus servicios para cobrar ese crédito; por supuesto que el primer banco le vendía el derecho de cobro a un tercero.

Pero a raíz de la crisis la gente no pudo pagar. Esta es una de las peores crisis en toda la deplorable historia del capitalismo. El Estado recurrió al “salvataje” de los bancos inyectándole capital para que no se hundieran; pero los banqueros, ese dinero que les dio el Estado, lo llevaron nuevamente al casino de la especulación financiera. Los banqueros no tienen remedio. Por ello Joseph Stiglitz señala que, “O mandamos a los banqueros a la cárcel o la economía no se recuperará”. [3]

¿Qué podemos hacer? ¿Es una crisis cíclica? ¿Hay que sentarse a esperar a que pase como un tornado? Veamos lo que nos dice el destacado marxista húngaro, István Mészáros, uno de los asesores del presidente de Venezuela Hugo Chávez. “Pero la última cosa que necesitamos hoy día es seguir echando el lazo al viento, cuando tenemos que encarar la gravedad de la crisis estructural del capital, lo cual exige la institución de un cambio sistémico radical”. [4] Y nos dice más adelante que, “Es por eso que Marx tiene hoy mayor pertinencia que nunca. Porque solo un cambio sistémico radical puede ofrecer una esperanza y una solución históricamente sustentables para el futuro”. Esto nos quiere decir que con la mayor urgencia del caso debemos buscar la manera de cambiar este sistema maligno, corrupto y opresor. Finalmente Mészáros nos dice no se puede explicar su naturaleza, como a menudo se ha intentado, simplemente en términos de crisis cíclicas tradicional, puesto que la extensión y la duración de la crisis a la que nos hemos visto sometidos en las últimas décadas ya han sobrepasado en mucho los límites históricamente conocidos de las crisis cíclicas. [5]

Por ello en un inicio señalamos que no se trata de otra crisis, ni de un ciclo normal de las crisis dentro del sistema capitalista, sino que estamos en presencia de una crisis orgánica del sistema capitalista, a la cual no se le ven señales de recuperación. Lo único viable en estos momentos es como mínimo un cambio de modelo, para ir sentando las bases de una etapa poscapitalista que ha de conducirnos a otro sistema en donde impere la igualdad, solidaridad, el humanismo y la justicia social. Si a eso tenemos que llamarle Socialismo del Siglo XXI, pues bienvenido sea ese Socialismo.

Alirio Montoya es salvadoreño - http://alimontoyaopinion.blogia.com

Notas  

[2] - Ibíd.
[4] - István Mészáros. “La crisis estructural del capital”. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Caracas, Venezuela, 2009.
[5] - Ibíd.