29/12/10

Iskra y el surgimiento del partido revolucionario ruso

Facsímil del primer número de Izkra

Hace 110 años, en 1900, Lenin fundaba el primer periódico marxista clandestino de toda Rusia: Iskra (La Chispa). Éste jugaría un rol destacado en la unificación de los distintos grupos socialdemócratas dispersos en el país y en la construcción del partido revolucionario que, años más tarde, derrocaría al zarismo e instauraría el primer Estado obrero.

En su destierro en Siberia, Lenin planeó la publicación de un periódico que ayudara a la construcción del partido revolucionario -unificando a los distintos grupos marxistas locales- y a desplegar las ideas del socialismo sobre la clase obrera rusa. Terminada su deportación, en enero de 1900, Lenin puso en práctica su idea. Así, el 24 de diciembre de ese mismo año -según el calendario actual- vio la luz el primer número en Leipzig, dado que la persecución zarista dificultaba la posibilidad de producirlo al interior de Rusia.

El Comité de Redacción estaba integrado por Lenin, Martóv y Potrésov, provenientes de la Liga de Emancipación de la Clase Obrera, y Axelrod, Plejánov y Zasúlich, del grupo Emancipación del Trabajo, fundadores del marxismo ruso. En la primavera de 1901 se incorporará Krupskaya -compañera de Lenin como secretaria de redacción. Un año más tarde, en 1902 y a pedido de Lenin, se integrará León Trotsky a la redacción del periódico, con la renuencia de Plejánov. Lenin era, de hecho, el principal redactor y director del periódico.

El periódico era concebido por Lenin como el puntapié inicial para la construcción del partido marxista ruso, el “organizador colectivo”. El Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR), fundado en 1898, hasta el momento sólo consistía en distintos grupos dispersos a lo largo y ancho del país -y fuera de él, en el caso de los exiliados-, sin lazos estrechos entre sí. La idea de un periódico de extensión nacional pretendía romper con las precarias publicaciones locales existentes, que solían tener una existencia efímera y una capacidad estrecha en la elaboración política. Según Trotsky, Iskra era para Lenin el “instrumento directo de la actividad revolucionaria”, mientras que para varios de sus compañeros era, ante todo, una simple “empresa literaria”. Esto se debía, en última instancia, al escepticismo ante la revolución propio de quienes luego quedarán alineados con los mencheviques.

La intención de Lenin quedó evidenciada en el editorial del primer número de Iskra, titulado “Las tareas inmediatas de nuestro movimiento”, en el que dejaba plasmada su posición sobre la necesidad inmediata de crear un partido marxista en Rusia. En muy poco tiempo, Iskra se fue convirtiendo en centro unificador de las fuerzas del partido. Dentro y fuera de Rusia se fueron constituyendo grupos y comités del POSDR de orientación leninista-iskrista y, en enero de 1902, se celebró en Samara un Congreso de iskristas, en el que se fundó la organización rusa de Iskra.

“De la Chispa nacerá la llama”

Por iniciativa de Lenin y con su participación personal, la redacción de Iskra elaboró un proyecto de Programa del Partido -publicado en el número 21 del periódico- y preparó el II Congreso del POSDR, que se realizó entre julio y agosto de 1903. Para entonces, la mayoría de las organizaciones socialdemócratas rusas ya habían adherido a Iskra, aprobando su programa y su criterio organizativo, reconociéndolo como su órgano de difusión. El Congreso destacó en una resolución el papel imprescindible de Iskra en la lucha por la creación del partido y proclamó al periódico como su órgano central. El II Congreso, además, eligió una nueva redacción, compuesta por Lenin, Plejánov y Mártov. Del viejo comité, quedaban por fuera Axelrod, Potrésov y Zasúlich.

Esta discusión terminó por quebrar al Congreso, cristalizando así la existencia de dos grupos diferenciados: mencheviques y bolcheviques. Las diferencias entre ambos sectores, en realidad, habían quedado ya expuestas en un debate previo, sobre los estatutos del Partido. Los bolcheviques defendían los criterios expuestos en el ¿Qué hacer? de Lenin, de un partido revolucionario centralizado. Los mencheviques, con Mártov a la cabeza del debate, en cambio, admitían un proyecto de partido más laxo, en el que se considerase militante a todo aquel que sólo simpatizara con la organización. Finalmente, contrariando el acuerdo adoptado por el Congreso, Mártov se retira de la redacción de Iskra y los números del 46 al 51 se publican bajo la dirección exclusiva de Lenin y Plejánov.

El copamiento del menchevismo y el fin de la Iskra leninista

Poco después del II Congreso, Plejánov -quien durante el mismo había adoptado las posiciones defendidas por Lenin- se alineó con los mencheviques. Lenin debió abandonar la redacción del periódico el 1 de noviembre de 1903 para, desde el Comité Central del Partido, dar la pelea contra los mencheviques. Así fue que el número 52 de Iskra apareció bajo la dirección exclusiva de Plejánov, quien el 26 de noviembre de 1903, contrariando lo resuelto por el Congreso, cooptó por su cuenta para la redacción a sus antiguos redactores mencheviques. A partir del número 52, los mencheviques convirtieron a Iskra en su propio órgano, utilizándolo como una herramienta de lucha contra las posiciones bolcheviques.

La vieja Iskra había dejado de existir. Pero en su corta vida dictó cátedra sobre el rol de un periódico revolucionario. Los bolcheviques en sus intentos posteriores -hasta llegar al Pravda de la época de la toma del poder en 1917-, la III Internacional en sus recomendaciones, Trotsky en sus cartas a la oposición de izquierda, en síntesis, todos los marxistas revolucionarios, siempre vimos en Iskra, en su escritura y su utilización, el ejemplo a imitar.

La importancia del periódico

A partir de la experiencia de Iskra, la izquierda que reivindica el legado de Lenin ha puesto particular énfasis en la necesidad del sostenimiento de un periódico propio, en el cual dar a conocer sus posiciones políticas y difundir los distintos conflictos en curso. Así quedó plasmado en las tesis elaboradas por el III Congreso de la Tercera Internacional, en el que se establecen algunos lineamientos, muchos de ellos recogidos de la experiencia de la vieja Iskra leninista y de Pravda, el periódico de los bolcheviques a partir de 1912. Entre otras cuestiones, se remarca la necesidad de que todo partido debe poseer un órgano central, cuyo financiamiento debe ser independiente de cualquier empresa, como condición necesaria para mantener la más absoluta independencia política. El periódico debe ser, para cualquier partido de izquierda, su “principal propagandista y agitador”. Un “organizador del trabajo revolucionario” y, sobre todo, una herramienta al servicio de desenmascarar las mentiras de la prensa burguesa. De allí la necesidad imperiosa de difundir y extender nuestro periódico actual, El Socialista.