10/12/10

Irlanda y el castillo de naipes

Las cadenas del capital solamente tienen la fortaleza de su eslabón más débil

Harry Browne

Se ha hablado mucho por aquí últimamente del Alzamiento de Pascua. 1 No hay nada de particular en ello; tan pronto como han aparecido en escena los hombres del 1916 una constelación de preguntas retóricas han desembocado en el “¿Fue por esto por lo que dieron sus vidas?” The Irish Times, enemigo acérrimo de aquellos rebeldes hace 94 años y raramente amistoso hacia ellos desde entonces, ha metido con calzador ese estribillo en su editorial de la semana pasada y desde ese momento ha publicado más espacio del habitual con cartas al director que tenían como título el “¿Fue por esto?”

No es sorprendente que la lucha por la independencia nacional viniera a la mente cuando el Estado implora/negocia un préstamo con los bancos extranjeros para poder pagar a los propietarios extranjeros de bonos del Estado. Justo hoy el Sinn Fein, el partido que en voz más alta se proclama heredero de los combatientes por la libertad de 1916 y de la subsiguiente guerra de la independencia, se ha anotado una sonada victoria en las elecciones parciales de Donegal Suroccidental.

Pero por aquí el ambiente de desesperación y de cabreo se percibe como algo que va más allá del nacionalismo. El Sinn Fein ganó en Donegal porque (1) su candidato Pearse (ahí tenemos 1916 otra vez 2 ) Doherty llevó a los tribunales el caso para forzar las elecciones parciales, largamente aplazadas, en contra del deseo del gobierno que se agarraba desesperadamente a una exigua mayoría parlamentaria; y (2) como partido ha tenido las agallas de oponerse al consenso sobre la austeridad que es la norma entre los otros grandes partidos y que el guión de las actuales conversaciones sobre el rescate económico con el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea y el Banco Central Europeo.

Es en ese tipo de actitud, y en la creciente predisposición de la gente a “quemar a los propietarios de los bonos del Estado -los acreedores globales de los bancos irlandeses que colapsaron cuando estalló la burbuja inmobiliaria- donde podemos empezar a discernir el potencial real de ese momento, y del papel que en él juega Irlanda.

Después de todo, en 1916 Irlanda no estaba meramente luchando por su propia autodeterminación.

Dio una puñalada por la espalda al Imperio Británico mientras estaba combatiendo en su propia “Gran Guerra”. Cuando los británicos concedieron la independencia a 26 de los 32 condados, su impacto se sintió en todo el mundo.

Antimperialistas desde Gandhi a Ho Chi Minh destacarían más tarde la importancia seminal de la lucha irlandesa, y de su victoria, tan cerca del corazón del imperio. El edificio colonial global resultó que era un castillo de naipes y cuando Irlanda quitó de un tirón una de esas cartas la estructura entera se tambaleó y empezó a colapsarse.

Hoy en día Irlanda está pagando las consecuencias de su posición peligrosa y vulnerable dentro del imperio global del capital. Los últimos 20 años, con el estímulo de sus socios multinacionales, este Estado ha sido el paraíso no meramente para las grandes compañías que buscaban una base europea con bajos impuestos –en cierto momento el Estado irlandés, excluyendo la parte controlada por los británicos, dispuso de más la cuarta parte de la inversión directa estadounidense en la Unión Europea cuando apenas rebasamos el uno por ciento de su población- sino además para actores financieros en busca de un reducto sin apenas regulación para desarrollar las partes más cuestionables de sus negocios. Dublín se convirtió en una de las capitales de bonos basura del mundo. Esos banqueros alemanes famosos por su prudencia hicieron cosas aquí que nunca habrían podido hacer en su casa.

Pero por esa misma razón Irlanda está bien situada para dar un golpe al imperio. Nuestros amos globales lo saben; ésta es seguramente una de las razones de que en septiembre de 2008, cuando cayó Lehman Brothers, la Unión Europea alentó al entonces nuevo ministro de finanzas, Briam Lenihan, para que decretara una salvaguarda que protegiera a los inversores de todos los bancos irlandeses, incluido, notoriamente, el Anglo Irish Bank. El Anglo era un nuevo rico que se había convertido en el casino de los promotores inmobiliarios del país en el momento que se inflaba la burbuja. Los bancos más consolidados, AIB y el Bank of Ireland siguieron su ejemplo; pero al menos éstos habían funcionado también como canales de crédito para otros sectores de la economía, El Anglo era como un club privado sin importancia sistémica. No obstante, Lenihan garantizó su salvaguardia, a un precio para el Estado irlandés que se espera que llegará a los 30.000 millones 3 de euros. Ahora sabemos además que la lista de los propietarios de los bonos del Anglo es el quién es quién del capital europeo.

Al garantizar la supervivencia de esos bancos el Estado irlandés ha convertido su “deuda soberana” -el uso excesivo del término “soberanía” ha disparado alguna de las mismas emociones que las mencionadas sobre 1916- en una extensión de la deuda de los bancos. Y esa es la razón principal por la que los mercados de bonos no nos quieren tocar. También es verdad que el Estado, después de años con saldo positivo, está sufriendo de repente un déficit enorme: ésta es la sencilla consecuencia del neoliberalismo que nos ha guiado hacia una política de impuestos directos bajos y una alta dependencia de los impuestos sobre la transmisión de propiedades y otros bienes y servicios. Esto último significó que el Estado estuvo inundado de dinero durante el frenesí comprador de principios de la década del 2000. En ausencia de dicho frenesí las arcas están vacías. Y por supuesto el neoliberalismo sigue dictando que no puede haber una solución que implique impuestos más altos para los ricos, ni el Estado tiene la inclinación ideológica de “estimular” una economía en donde los principales capitales domésticos juegan un papel relativamente pequeño. Las exportaciones continúan fuertes -siendo esa la principal razón por la que el PIB de Irlanda no parece en la mala situación que cualquiera esperaría cuando uno echa un vistazo su alrededor- sin embargo los últimos tres años han mostrado definitivamente que las exportaciones no pueden hacer más por la “economía real”. El nuevo plan de austeridad del gobierno para los próximos cuatro años muestra lo poco que importa la economía doméstica a aquéllos que toman las decisiones sobre nuestro futuro.

Entre esos que toman las decisiones se incluyen ahora oficialmente el Fondo Monetario Internacional, La Comisión Europea y el Banco Central Europeo y aunque tratan de guardar las formas, a veces se les caen las máscaras -como cuando el comisario de asuntos económicos de la UE, el finés Olli Rehn, nos advirtió de que nuestro gobierno tenía que aprobar unos presupuestos generales antes de que se convocaran elecciones.
Por ahora deben hacer frente a una corriente de opinión que atraviesa todo el espectro político llamando a Irlanda a no pagar. Un artículo nada menos que en Bloomberg que ofrece ese mismo consejo: “La bancarrota es mejor que el rescate para el paciente irlandés”,  ha sido como una explosión entre los partidos irlandeses en los últimos tres días en Internet. Parece más que probable en este momento que se tendrán que hacer algunas pequeñas concesiones, aunque sólo sea para sentar un precedente para la siguiente ola de rescates por toda la UE y hacer más plausible la pretensión de “compartir los daños”. Quizás se podría ofrecer a los principales propietarios de bonos de los bancos un trato que implicara cambiar deuda por acciones, aunque sabe Dios quién aceptaría ser accionista de un banco irlandés.

Ahora es obvio que Irlanda, como Lehmann Brothers hace dos años, ha expuesto la fragilidad (también conocida como imprudencia criminal) que subyace todavía en el funcionamiento de las finanzas mundiales. Políticamente es crucial que Irlanda use su posición central en este momento de la crisis para garantizar no meramente su propia supervivencia, sino para poner fin a esta depauperación por goteo que seguramente seguirá barriendo Europa y el mundo si se permite que esta clase de “rescate” -en realidad otra transferencia de riqueza a los ya ricos- se convierta en la norma. No podemos darnos por satisfechos con el minúsculo esfuerzo de compartir las cargas hecho para la galería por parte de los propietarios de los bonos que operan haciendo apuestas sobre nuestros bancos, o mejor dicho que calcularon que la suya era una “apuesta” que sus cómplices políticos nunca permitirían que fuera perdedora de una manera significativa.

Y si la renuncia de Irlanda a aceptar el trato significa el colapso del castillo de naipes, pues bien, que así sea.

El equilibrio político de fuerzas en Irlanda hace que eso sea poco previsible. Los principales partidos del pais, los centroderechistas Fianna Fail (en el gobierno) y Fine Gael (en la oposición) están fundamentalmente en el bando de la austeridad y al servicio de sus amos financieros. Lo mismo se puede decir del Partido Verde -aunque el por otra parte excelente artículo de Mike Whitney ayer puede haber dado la impresión de que han tratado de romper con el gobierno al que han dado apoyo a los largo de los últimos tres años y medio, no obstante los Verdes dijeron que sólo se irían después de provocar el daño en las semanas venideras.

Sin embargo el resurgimiento de un renovado discurso duro por parte del Sein Fein (cuyo lider Gerry Adams está trasladando su base política al sur de la frontera para participar en las siguientes elecciones parlamentarias) y el nacimiento de una nueva formación, la Alianza de la Izquierda Unida (ULA), a la izquierda de nuestro desesperantemente irrelevante partido Laborista, nos da alguna razón real para ser optimistas. Pero en realidad nuestra mejor esperanza para un cambio real es que internacionalicemos la resistencia de la misma manera que “los mercados” han internacionalizado la crisis. Estamos oyendo mucho en los últimos días acerca de los movimientos cada vez más al alza del rendimiento de los bonos de Portugal, pero muy poco sobre la huelga general en ese mismo país el miércoles pasado.

Este fin de semana el movimiento sindical irlandés va a intentar salir momentáneamente de un periodo de decenios de oscuridad en el que ha establecido una alianza social con gobiernos y empresarios, convocando lo que probablemente va a ser una gran manifestación en Dublín el sábado por la tarde. Además este mismo fin de semana es probable que el gobierno anuncie los términos de su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional & Co. (Esto da la medida de la confusión del país y del humillante ensimismamiento con el que ni siquiera hace más de una semana mucha gente estaba dispuesta a recibir al FMI como a una institución más competente que cualquier otra institución irlandesa para resolver la crisis. El portavoz del FMI era presentado como alguien enormemente plausible, y sus partidarios están al acecho para asegurar que el FMI ya no extorsiona a los países que van a él a por ayuda de la misma manera que en el pasado). El lunes sabremos mucho más sobre los niveles de resistencia y de aquiescencia, a la vez que sobre los niveles de pobreza y de vasallaje, que determinarán el futuro de esta crisis

Notas

1 El Alzamiento de Pascua (en irlandés Éirí Amach na Cásca; en inglés Easter Rising) fue una rebelión que tuvo lugar en Irlanda contra la autoridad del Reino Unido , el lunes de Pascua de abril de 1916. La rebelión constituyó el más conocido intento de tomar el control de Irlanda por parte de los republicanos para lograr la independencia del Reino Unido . (Tomado de Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Alzamiento_de_Pascua)
2 La cita del autor hace referencia a Patrick Pearse, uno de los líderes del Alzamiento de Pascua.
3 El original dice billons. Suponemos que el autor se refiere a 30.000 millones de euros ya que en el ámbito anglosajón billon se aplica a 1.000.000.000 o lo que en España y en los países latinoamericanos de habla castellana denominamos mil millones. 
Traducido por Carlos Valladares