2/12/10

Gramsci: Memorias entre rejas a través de las “Cartas desde la cárcel”


El 8 de noviembre de 1926 Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista italiano y uno de los teóricos marxistas más relevantes del siglo XX, es detenido por la policía de Mussolini y condenado a la cárcelpor "conspiración contra los poderes del Estado". Una manera de acallar las mentes, de agotar su trabajo político en un mundo que estaba bajo las medidas represivas del fascismo. En 1921 se afilia al Partido Comunista italiano quedando vinculado a la actividad política revolucionaria. ¿Por qué el encierro? Para "impedir que ese cerebro funcione durante veinte años", según alegaron.
Así que, en prisión, el activista político estuvo 'controlado' para evitar que su actividad como intelectual siguiera adelante. Pero la 'censura' no tuvo éxito, tal y como se puede ver en 'Cartas desde la cárcel' , una recopilación de sus misivas que se publicó 10 años después de su muerte en 1937 y que reedita ahora en España -la única edición hasta ahora era de 1970- el sello Veintesieteletras.
El libro recupera 30 cartas adicionales seleccionadas por el profesor Fernández Buey, autor del prólogo. Un reencuentro con uno de los grandes intelectuales del siglo XX cuyo pensamiento fue de vital importancia por la influencia que ejerció, no solo en la filosofía política sino en distintas generaciones de autores posteriores. Frente al pesimismo de la razón está el optimismo de la voluntad, opinaba este pensador. Estas fueron las cinco claves de su encierro:
La incomunicación
En 1926, al poco de su arresto, a Gramsci lo desterraron a Ustica, una pequeña isla italiana con una población de 1.600 habitantes, de los que 600 son penados comunes. Solo se podía acceder mediante barco de vapor y, dependiendo de la meteorología, quizás no se llegaba en perfectas condiciones. Y esta era su mayor preocupación. ¿El motivo de esa espera? para poder tener contacto con el exterior a través de "la correspondencia". Imprescindible para el activista.
Objetos, dinero y libros
El dinero no era lo único 'material' que ansiaba Gramsci. Constantemente, en sus misivas, comentaba - y pedía- los objetos que necesitaba tanto para el aseo ("mándame un frasquito de agua de Colonia. Me sirve para desinfectarme después del afeitado") como "algún número del 'Temps' y del 'Journal des Débats'" [publicaciones políticas], unas gafas o, incluso, semillas para "ver cómo salen". También se preocupaba por el dinero que, incluso, llegó a gastárselo "para ayudar a cierto número de confinados que llegaron sin medios".
La censura
Si en algo incide Gramsci es en las limitaciones a la hora de escribir sus cartas. Se perseguía su pensamiento y, con el encierro, buscaban que las ideas revolucionarias de este "cerebro" se mantuvieran en silencio. "Has de saber", le cuenta a su cuñada Tania en una de sus misivas de 1927, "que de nuevo la idea de la censura epistolar me priva de la espontaneidad, como en los primeros tiempos de Ustica".
El 'crecimiento' intelectual
Gramsci no descuidó su vida en la cárcel. La aprovechó o, por lo menos, tenía la intención. "Quisiera ocuparme intensa y sistemáticamente, según un plan previo, de algún tema que me absorbiese y centralizase mi vida interior". Para ello se centró en diversos puntos como "un estudio de lingüística comparada" o "un ensayo sobre el gusto popular en literatura".
Asimismo, continuó con la lectura de grandes obras (que pide a sus familiares o consigue en la biblioteca). "Estudio alemán y ruso y me estoy aprendiendo de memoria el texto de una novela de Pushkin, 'La señorita campesina'". Gramsci tenía incluso una "biblioteca permanente, o sea, de los libros de mi propiedad, que hojeo continuamente e intento estudiar".
Su salud
El paso por la cárcel fue un suplicio para el joven. De hecho, tras quedar en libertad muere pocos días después por una hemorragia cerebral. Pese a sus problemas físicos, en la mayoría de las ocasiones intentaba 'rebajar' lo que le ocurría en las cartas a su "queridísima mamá" o en las epístolas a su cuñada, donde le explica: "Creo que hace tiempo que habrías debido entender que cuando no trato ciertas cosas o no te contesto a tono es porque quiero hacerlo así y no quiero plantear cuestiones".