19/12/10

Emiliano Zapata, Símbolo de la Madre Tierra


Luciana McNamara

La figura histórica de Emiliano Zapata se ha transformado en un ser de proporciones mitológicas; no sólo después de su alevoso asesinato, sino antes, cuando se hallaba en pleno uso de sus facultades, más vivo que nunca. Zapata fue y es la pieza que engrana gran parte del sistema estructural de la cultura mexicana y más allá, el ansia de ideología, de utopías y de magia que guardan en su seno todas las sociedades humanas. Para el antropólogo francés Lévi-Strauss los mitos contienen distintas acepciones.
Han sido considerados como ensueños de la conciencia colectiva; como divinización de personajes históricos; como intentos explicativos de fenómenos naturales, meteorológicos; de las nece-sidades de cambio social y malestar cultural in-consciente de difícil comprensión; y como reflejos de la estructura social y de las relaciones sociales.
En cada una de estas instancias entra Zapata, visto como mesías salvador, como un santo, como héroe o antihéroe según las distintas perspectivas e in-terpretaciones pero que, en todo caso, constituyó y constituye en la conciencia popular, todo un sím-bolo de identificación social que encarnó los más hondos sentimientos colectivos de transformación que aún, como es característico de todo mito, se renueva una y otra vez al invocar al héroe, en una relación de permanente retroalimentación social que se transmite de generación en generación.

Para Zapata la "propiedad" de la tierra representaba el origen de todas las riquezas; la cuna protectora de la especie, la estabilidad y la seguridad del ser humano. Su convicción, podría decirse, surgida del más antiguo arquetipo de la Madre Tierra, era que ésta pertenecía por derecho ancestral a aquel capaz de transformarla en fuerza productiva para la vida; un bien que debía ser entregado a quien lo trabajara. Su lema, "la tierra es de quien la trabaja", caló entre la población oprimida, la "desheredada", creyendo otra vez en el eco de sus voces y en sus derechos naturales a poseer un espacio digno para morar.

Pero, el sentir derecho a la propiedad de la tierra se manifestaba en sus dos aspectos: por un lado, el de los ricos hacendados luchando por conservar sus capitales y explotar sus grandes propiedades en detrimento de cualquier obstáculo (entiéndase seres humanos); y el de los campesinos -mayormente indígenas- sin tierra, y tratando de recobrar o de poseer su pequeño terruño. Como es historia, los poderosos triunfan sobre los pobres para terminar colocando sus intereses por encima de toda justicia social. Esto es lo que enervaba a Emiliano Zapata, el hombre-símbolo, que se entregó a una lucha imposible y eterna por la reivindicación de la relación primordial del hombre con la tierra: la llamada lucha Zapatista por una reforma agraria que le ofreciera ventajas a los desposeídos y a los humildes, ya que hasta ese momento no las tenían.

Una cita que logra explicar en pocas líneas la circunstancias vividas en aquellos tiempos y por las cuales Zapata se alza de indignación es la que sigue:

"En el corazón del Estado de Morelos, al pie de la serranía que limita el valle de Cuautla y a diez kilómetros, aproximadamente, de esta población, Villa de Ayala disfruta de los privilegios de la naturaleza exuberante de tierra caliente. La mayoría de sus habitantes fueron en lejano tiempo agricultores, pequeños propietarios a quienes la codicia de los grandes terratenientes hizo descender a la categoría de peones, de asalariados de las haciendas.

Junto a Villa de Ayala mantiene la miseria de sus casas Anenecuilco, restos de un pueblo agrícola y minero, al que también devastó la avaricia de los poderosos.

"La felicidad de Morelos descansa en el número y en la rudeza de sus gañanes" -decían los hacendados-, como iban éstos aumentando la extensión de sus tierras, arrebatando los ejidos a los pueblos, necesitaban aumentar en proporción el número de peones y para lograr ambas cosas no paraban mientes en que rancherías y pueblos enteros desaparecerían del mapa: de esta manera sus habitantes tendrían que ir a buscar en el exiguo jornal el sustento de sus familias, mientras los "patrones" acrecentaban los rendimientos de sus fincas, que sus hijos derrocharían en los centros de vicio y de placer de la Europa corrompidDe este modo, desaparecieron Acatlipa, Tequisquitengo, San José Vista Hermosa y otros pueblos más.
Así estuvo a punto de perderse Anenecuilco y por esos procedimientos vio Villa de Ayala que sus mejores tierras de cultivo pasaban a ser "propiedad" de Chinameca y Hospital (...)

¿Por qué en la revolución de 1910, en esa formidable lucha de los desheredados, de los hambrientos, de los miserables esclavos de las haciendas, de los desnudos del cuerpo y del alma no habían de surgir de Villa de Ayala y de Anenecuilco los guerrilleros denodados que trocaran la azada por el fusil que, cuando menos, les brindaba una muerte digna en el supremo esfuerzo por reconquistar los derechos a los bienes de la vida?" 1

Y claro que surgen hombres audaces, temerarios otros, arriesgados en el límite y valientes tambien. Así es que nace don Emiliano Zapata Salazar en el pueblo de San Miguel Anenecuilco un 8 de Agosto de 1879. Este pequeño pueblo ubicado en el Distrito de Villa de Ayala del Estado sureño de Morelos, estaba dividido por el río del mismo nombre y abrigaba en consecuencia dos historias diferentes, la de las tierras fértiles que beneficiaban a los propietarios de la hacienda del Hospital, y la de las estériles sobre las cuales se asentaba el caserío de Anenecuilco. Emiliano fue el penúltimo de diez hermanos de una familia campesina mestiza que vivió de manera muy humilde. Las carencias y necesidades que padecían, eran el resultado del sistema latifundista que imperaba en los tiempos de Porfirio, sin que los ultrajes y humillaciones vieran el más minimo asomo de condena o reprobacion. Así que creció viendo a sus padres, don Gabriel y doña Cleofás, llorando de impotencia ante aquellas injurias y desmanes; trabajando de pequeño con su padre y recibiendo, por ende, una pobre instrucción escolar occidental. No obstante Emiliano hablaba muy bién Nahuatl, el idioma indígena local. 

Esa "escasa" instrucción que recibió del profesor Emilio Vara, un viejo soldado juarista, no impidió que Emiliano desplegara un temple de honestidad radical y un amor especial por todo lo que le concernía a su prójimo, sobre todo al tratarse de malos tratos y burlas. La sinceridad y pureza de sus actos e intenciones las adquirió de su familia, las desarrolló y nunca abandonó en el transcurrir de sus años; por eso es que se le ha llamado el más puro de los revolucionarios. No cayó en sobornos ni sucumbió ante tanta intriga y deslealtades. No aceptó compromisos de ninguna clase con nadie excepto con el de la justicia social de su pueblo, a pesar de que esto le llevó a ser extremadamente cruel en ciertos momentos y por ello, tildado de vulgar bandido "roba vacas", delincuente, forajido y hasta criminal. Batalló tan apasionadamente para mantenerse siempre fiel a su causa, a su estimado Plan de Ayala, que finalmente fue la causa de su destrucción.

Sus primeros años mozos los gastó entre labores de labriego, peón y cuidado de animales. La familia Zapata Salazar apenas se mantenía de la venta y compra de animales y de la poca producción de sus estériles tierras. Pero diversificaron sus actividades encaminándolas a la pequeña ganadería mientras que Gabriel Zapata instruía a sus hijos en las labores del campo y en las del ranchero criador de ganado; les enseñó que "para comer en la casa hay que sudar en el surco y el cerro, pero no en la hacienda". Mientras tanto su pasión por los caballos ocupa el centro de toda su juventud y se le considera toda una autoridad en la materia. Fue experto en el uso de machete, rifle y pistola así como en la conquista de mujeres, de lo que, hasta donde se sabe, tuvo 15 hijos con 9 mujeres, pero hay quienes dicen que sostuvo relaciones con 14 mujeres. El negocio de animales le permite a la familia autonomía de la hacienda azucarera vecina pero, en el mejor momento, cuando Emiliano contaba 16 años, fallece su madre y 11 meses más tarde su padre. La desolación embarga a los hermanos Zapata pero, aunque el patrimonio heradado había sido reducido, era suficiente para no tener que prestar servicios como peones en alguna de las ricas haciendas que rodeaban Anenecuilco. Sin embargo a Emiliano le dolía lo que sus ojos veían día a día: el trato salvaje que recibían peones y esclavos de las Haciendas "peor que a las bestias, decía; y escuchaba paciente los lamentos de su gente; los atropellos de los que eran objeto; los desprecios.

Emiliano Zapata era un hombre silencioso, sufrido pero estoico. Parecía imperturbable y equilibrado siempre con una palabra certera y decidida en los labios. La gente del pueblo comienza a confiar en él y su participación en asambleas y ayuda para resolver conflictos de tierras se hacían cada vez más frecuente. En 1906 asiste a la primera reunión en Cuautla, en la que se discute cómo de defender las tierras del pueblo. Su presencia era imponente y su discurso preocupante para los intereses creados de los terratenientes de la zona. Zapata repartía su ímpetu por todas las haciendas del lugar, el ímpetu de la lucha por las tierras y el de su enamoradizo corazón. Tanto que comienza a tornarse amenazante y cuando en 1908 el padre de Inés Alfaro Aguilar acusa a Zapata de raptar a su hija (joven con quien tiempo después Zapata tendría dos hijos: Nicolás y Elena Zapata Aguilar), ven una excelente oportunidad para incorporarlo al noveno Regimiento de Caballería en Cuernavaca y sacarlo un rato de circulación. Pero su amplio conocimiento sobre caballos lo ayudan a salir del ejercito cuidando y amaestrando los caballos de Ignacio de la Torre y Mier, quién se lo lleva como caballerango a ciudad de México pero sintiendose incómodo en la gran urbe no tarda mucho en partir.

Retorna a su pueblo natal en 1909 y en septiembre de ese año es escogido presidente de la junta de Defensa de las Tierras de Anenecuilco. Ese día, el 12 de septiembre, se reúne el consejo de ancianos presididos por el entonces calpulelque Don José Merino, quien por razones de edad, solicita entregar el cargo a un joven que reúna como principales cualidades la seriedad de sus actos, sin vicios, conocedor de los problemas de su pueblo y proveniente de una familia honorable. Son propuestos como candidatos: Modesto González, Bartolo Parral y Emiliano Zapata. Todos coinciden en darle el cargo de calpulelque a Emiliano Zapata, quedando como su secretario particular su primo hermano Francisco Salazar. Ambos son trasladados a la sacristía de la iglesia donde se encontraban los documentos de la comunidad, Tras una ardua enseñanza de 30 días la cual se basaba en el análisis de los códices y documentos históricos originados en el virreinato, -en los cuales se acreditaban los derechos de propiedad de los pueblos sobre sus tierras, actualmente negados por las Leyes de Reforma, Emiliano Zapata jura devolver la tierra a sus dueños originales y se transforma en dirigente agrario de Morelos, su estado natal. Es en estas fechas donde acuña lo que sería el lema durante su campaña revolucionaria: "Tierra y Libertad", frase con la que firmaba todos los documentos oficiales como dirigente agrario. Su primera aparición política ajena a su mundo campesino fue en las elecciones para gobernador de Morelos en 1909, cuando apoyó al candidato de la oposición, Patricio Leyva, en contra del de los latifundistas, Pablo Escandón y Barrón.

Pancho Villa y Emiliano Zapata
A partir de ese momento, comienza una actividad política progresiva siendo aquellos los primeros brotes del movimiento Zapatista. Vivíase entonces en el régimen dictatorial de Porfirio Díaz a punto de fenecer pero, no por eso menos represivo. En abril de 1910, Francisco Indalecio Madero fue designado candidato a la presidencia por el Partido Nacional Antirreeleccionista y Zapata lo ve con buenos ojos. Más aún cuando en octubre de ese año proclama el Plan de San Luis, en el que se manifestaba la intencion de restituir las tierras a las comunidades despojadas y un llamado general a la insurrección. A mediados de ese año, ante la indiferencia del gobierno por resolver los problemas de tierras de la comunidad, ocurre la primera insurrección de Emiliano Zapata al frente de los campesinos ocupando las tierras del llano de Huajar, que los de Villa de Ayala ya iban a sembrar con el permiso de la hacienda del Hospital. A fines de año volvió a tomar las tierras por asalto en Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec en demanda de una reforma agraria.

Mientras tanto la cosa estaba muy agitada a nivel político y socio económico en todo el pais. Porfirio Díaz había sido reelegido para un séptimo mandato y Madero intenta negociar con él para obtener la vicepresidencia de la República, pero fue encarcelado por el dictador en Monterrey el 6 de junio y liberado a los pocos días pudiendo huir hacia Texas. En el interin, el 20 de noviembre de 1910 se produjo la insurrección de Francisco (Pancho) Villa y Pascual Orozco en Chihuahua, complementada luego en Puebla, Coahuila y Durango. En enero de 1911 los hermanos Flores Magón se alzaron en la Baja California y los hermanos Figueroa en Guerrero. El 10 de marzo de ese año, los zapatistas se proclamaron en rebelión en Villa de Ayala y forman la primera guerrilla con 70 hombres, muchos de ellos maderistas. Comienza entonces la historia sangrienta; la lucha armada de los zapatistas contra los federales cuando se lleva a cabo la toma de Axochiapan, el asalto a la hacienda de Chinameca, la de Jonacatepec en los primeros días de mayo, y el sitio de la ciudad de Cuautla. Zapata establece su cuartel general en Cuautlixco, desde donde dirigie el ataque a Cuautla; el 13 de mayo se inicia el fuego y luego de seis intensos días cae la ciudad, último reducto porfirista, ya que Cuernavaca había sido evacuada por sus defensores el 20 de mayo.

 Pancho Villa  se sienta en la silla presidencial de Palacio Nacional. A su izquierda los generales Emiliano Zapata y Otilio Montaño; en pie el general Rodolfo Fierro y a su derecha el general Tomás Urbina.
Simultáneamente, el 10 de mayo varios revolucionarios ocuparon Ciudad Juárez obligando a Díaz a salir del país el 26 de ese mismo mes y quedando como presidente provisional un antiguo colaborador de la dictadura, Francisco León de la Barra, que conservó a los funcionarios y militares leales a Díaz, y por tanto, los mismos lineamientos. Continuan pues los enfrentamientos que duran hasta que en las elecciones presidenciales resulta elegido Madero, quien asume el cargo el 6 de noviembre de 1911. A partir de este momento Zapata y Madero entran en constante comunicación y una relacion de amistad y admiración surge entre ambos. Apenas Madero toma el mando, exige al pais el desarme de todas las fuerzas revolucionarias, pero los zapatistas desatienden la orden y niegan rotundamente quedarse sin armas y ademas, sin garantías de que sus demandas serían atendidas en pro de una solución para el conflicto agrario. El Presidnete intenta mediar con Zapata y lo apoya en muchas maniobras, incluso nombrar a otro gobernador del estado de Morelos, el actual era Juan Nepomuceno Carreón, gerente del Banco de Morelos. Pero Zapata insiste en su posición y le ofrece todo su apoyo a cambio de las trasformaciones esperadas. Los poderosos hacendados sentian perder poder y en su disgusto, inician una efectiva y ponzoñosa campaña de desprestigio a través de la prensa de la ciudad de México en contra del Caudillo del Sur, a quien hacían aparecer como un delincuente y un rebelde sin causa que debía desaparecer.

Esto deja a Zapata en una muy mala posición y éste comienza a darse cuenta de que Madero no termina de cumplir con sus compromisos adquiridos. Las presiones burguesas eran muchas y la debilidad de su pulso evidente. Los latifundistas hacían cada día más difícil la situación. Querian eliminar "la piedra en el zapato" que tantos dolores de cabeza estaba dando. 1911 fue un año de arremetidas en contra de los revolucionarios. La permanente presencia de las fuerzas federales alteraban la tranquilidad del estado zapatista y Zapata escribe, tanto a Madero como al presidente interino León de la Barra lo siguiente: "Causa mucha indignación en el pueblo y el ejército, el amago de las fuerzas federales que están en intención de ataque contra nosotros (...) La presencia de las fuerzas federales ha venido a trastornar el orden público. El pueblo se indigna más con la presencia y el amago" 2.

Pero la presión continua hasta que el 31 de agosto Huerta ocupa con sus fuerzas la plaza de Cuautla; el 12 de septiembre ataca la hacienda de Chinameca, "...donde se encontraba Zapata invitado a comer por el administrador de la hacienda. Tropas al mando de Federico Morales rodearon el lugar y en seguida se entabló nutrido tiroteo entre ambas fuerzas. Zapata pudo escapar dé esta trampa gracias al conocimiento que tenía de la zona y logró salir a pie entre los cañaverales que minutos después incendiaban los federales.

Después de esto, Zapata tomó una actitud ofensiva y el 22 de octubre de ese año sus fuerzas ocuparon Topilejo, Tulyehualco, Nativitas y San Mateo en el valle de México, y la noche del 23 avanzaron sobre Milpa Alta. Estos ataques causaron alarma en la ciudad de México, y la Cámara de Diputados los consideró de importancia nacional" 3. Posteriormente siguieron los alzamientos y los ataques de los federales al mando de los generales Victoriano Huerta y Aureliano Blanquet. Madero no concebía la reforma agraria como lo hacía Zapata. Creía firmemente que primero había que hacer una reforma política profunda, mientras que Zapata asegurba que la prioridad era la devolución de las tierras robadas por las haciendas. En vista de los desacuerdos, Madero comienza a reprimir y limitar las concesiones del Estado de Morelos y los zapatistas deciden romper relación.

En el pueblo de Ayoxustla, municipio de Huehuetlán, el Chico Salazar, Zapata y Otilio Montaño redactan el 25 de noviembre de 1911 el Plan de Ayala, un documento que se convertiría en bandera e ideología revolucionaria de los campesinos morelenses y todo el movimiento zapatista. En él se exigía la redención de los indígenas y se proponía el reparto de los latifundios creados durante el porfiriato. Se desconocía a Francisco I. Madero como presidente y se le declara incapaz de cumplir los objetivos de la revolución. En su lugar asciende Pascual Orozco como jefe legítimo de la Revolución Zapatista, luego de una votación unánime de los agraristas. Además, el documento anunciaba la expropiación de un tercio de las tierras de los terratenientes a cambio de una compensación, si se aceptaba, y por la fuerza en caso contrario. Esto se traducía en la continuación de la lucha revolucionaria a través de las armas, ya que al parecer el único medio para obtener justicia. Posteriormente los coroneles Severiano Gutiérrez y Santiago Aguilar recorrieron los campamentos comunicando la orden de Zapata para una reconcentración en el pueblo de Ayoxustla, y el 28 de noviembre, ya reunidos, firmaron todos los jefes el histórico plan. Desde entonces comenzaron sus acciones: Liquidaron el latifundismo y repartieron la tierra; confiscaron los ingenios y una gran empresa papelera y los pusieron a trabajar en beneficio de la población; fundaron un banco agrícola y abrieron numerosas escuelas primarias, incluso para adultos; reorganizaron la vida política de los municipios, dando impulso a la organización tradicional de los campesinos y crearon comités de vigilancia.

Los conservadores burgueses, "aterrados", arrecian los ataques. El Plan de Ayala era una verdadera amenaza y el Ejército Libertador del Sur, con Zapata a la cabeza, combate sucesivamente esas agresiones y dan la batalla. Huyen a las montañas pero siguen en pie de lucha. El Ejército Federal, al mando de Prudencio Robles y Victoriano Huerta, reprimen con dureza los levantamientos esta-bleciendo campos de concentración, quemando aldeas y ejecutando y torturando a numerosos campesinos. En febrero de 1913 ocurre en la ciudad de México lo que se denominó ‘Decena trágica', un impresionante enfrentamiento entre los revolucio-narios y las tropas del general Huerta que causó alrededor de 2.000 muertos y 6.000 heridos. Indignado e iracundo, desde Milpa Alta Emiliano Zapata expone otro manifiesto a la nación el 20 de octubre de 1912, en el que justifica su actitud rebelde exponiendo que:  "El movimiento revolucionario ha llegado a su periodo culminante y, por lo mismo, es ya hora de que el país sepa la verdad, toda la verdad.

La actual revolución no se ha hecho para satisfacer los intereses de una personalidad, de un grupo o de un partido. La actual revolución reconoce orígenes más hondos y va en pos de fines más altos.

El campesino tenía hambre, padecía miseria, sufría explotación, y si se levantó en armas fue para obtener el pan que la avidez del rico le negaba; para adueñarse de la tierra que el hacendado, egoísticamente guardaba para sí; para reivindicar su dignidad, que el negrero atropellaba inícuamente todos los días. Se lanzó a la revuelta no para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurar el pedazo de tierra que ha de proporcionarle alimento y libertad, un hogar dichoso y un porvenir de independencia y engrandecimiento.

Se equivocan lastimosamente los que creen que el establecimiento de un gobierno militar, es decir despótico, será lo que asegure la pacificación del país. Esta sólo podrá obtenerse si se realiza la doble operación de reducir a la impotencia a los elementos del antiguo régimen y de crear intereses nuevos, vinculados estrechamente con la revolución, que le sean solidarios, que peligren si ella peligra y prosperen si aquella se establece y consolida..." 4

Y hace un llamado a todos los mexicanos para que se unan a la Revolución. A este llamado lo atienden grupos de Chihuahua, Durango, San Luis Potosí, Michoacán, Hidalgo, Tlaxcala, Veracruz, Guerrero, Mexico, Puebla, y Oaxaca. Por otro lado, con la siempre inoportuna mediación de Estados Unidos a través del embajador Henry Lane Wilson, el general Huerta llega a un acuerdo con el general Díaz para destituir a Madero y se autoproclama presidente el 18 de febrero de 1913. Cuatro días después, el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez fueron asesinados por órdenes de Huerta.

El terrible doble asesinato deja a todos sorprendidos y el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, se niega a reconocer el gobierno ilegítimo de Huerta, por lo que el 26 de marzo de 1913 proclama el Plan de Guadalupe, bandera de la revolución constitucionalista. Se declaró continuador de la obra de Madero y procedió a formar el Ejército Constitucionalista, al que no tardaron en sumarse el coronel Álvaro Obregón en Sonora, y Pancho Villa en el Norte, mientras Zapata volvía a dominar la situación en el Sur y Este del país. Huerta desesperado le ofrece a Zapata unirse a sus fuerzas a cambio de jugosos obsequios y beneficios, pero Zapata lo rechaza y apoya -siempre con su carácter desconfiado- a los constitucionalistas. Junto a Carranza logra derrotar a Huerta ese mismo año, nombrado ya jefe del Ejército Libertador del Sur en sustitucion de Orozco, que había sido declarado traidor.

Para inicios de 1914 el ejército zapatista constaba de aproximadamente 27.000 hombres, por lo que en abril ya había logrado dominios sobre todo el estado de Morelos y algunos lugares de Guerrero. Carranza en un intento de mediación le ofrece la jefatura del estado pero el ‘Caudillo del Sur' rechaza otra vez ese tipo de oferta. Era un organizador talentoso cuyas ideas atraian a aquellos que buscaban el poder por estar éstas basadas en las más puras de las convicciones. 

"Las tropas constitucionalistas, formadas por campesinos y gentes del pueblo, derrotaron al Ejército Federal por todo el territorio nacional (...). Después del triunfo constitucionalista en Zacatecas el 24 de junio de ese mismo año y la ocupación de Querétaro, Guanajuato y Guadalajara, Huerta presentó la dimisión el 15 de julio siguiente y salió del país. (...) [Pero], pronto surgieron diferencias entre los revolucionarios divididos en tres grupos: los villistas, que ofrecían un programa político y social poco definido; los zapatistas, que mantenían los principios formulados en el Plan de Ayala; y los carrancistas, vinculados a la burguesía y deseosos de preservar los beneficios obtenidos por los generales, empresarios y abogados adictos a Carranza" 5. 

Por eso, en la célebre entrevista de Xochimilco, el 4 de diciembre de ese año, Villa y Zapata ratificaron el desconocimiento del gobierno de Venustiano Carranza y el reconocimiento a Eulalio Gutiérrez, convenido meses antes en la Convención de Aguascalientes. Villa y Zapata aliaron sus ejércitos y la guerra civil no sólo continuó sino que se hizo más cruenta. Carranza retorna a Ciudad de Mexico y en vista del radicalismo que Zapata mantiene, envía su ejército al mando del general Obregón a ocupar Puebla el 4 de enero de 1915 y derrotan a Villa en Celaya, Guanajuato, León y Aguascalientes entre abril y julio del mismo año, por lo que Estados Unidos reconoce al gobierno de Carranza en el mes de octubre. 

Mientras tanto, en el Sur, Zapata realiza repartos de tierras en Morelos y decreta algunas medidas legales para intentar consolidar las reformas agrarias y las conquistas sociales logradas. Los continuos Manifiestos de Zapata hacen exasperar el ánimo de Carranza: En 1916 llama a la unidad nacional para acabar con los traidores; en el 17 especificaba que todo individuo sorprendido en delito de robo, violación, allanamiento de morada o rapto con violencia sería juzgado en consejo sumario y pasado por las armas; ese mismo año publica una Ley Orgánica Municipal donde establece que los municipios serían administrados por los ayuntamientos y los ayudantes electos popularmente; éstos no se mezclarían en la política y no serían reelectos. En circular número 2 de fecha 13 de abril de 1917, instruía a los ayuntamientos para dar un "impulso generoso tendiente a la educación de la niñez, que constituye la generación del mañana"; el 20 de abril señala los errores del gobierno carrancista y exhorta nuevamente a los revolucionarios y a los mexicanos en general a unirse a su movimiento. Al mes siguiente manifiesta al pueblo que la caída del gobierno carrancista era una exigencia, reafirmaba la liberación de la tierra y la emancipación del campesino, sin capataces ni amos. Califica a los soldados carrancistas de aventureros sin escrúpulos ni conciencia, de no hombres sino furiosos adversarios sin bandera ni principios, que tenían como programa el pillaje y como ideales el saqueo y el botín 6.

En 1918 el general de Carranza, Pablo González Garza, dirige una encarnizada persecución contra el Caudillo del Sur y sus hombres, al tiempo que el movimiento zapatista revolucionario atraviesa graves diferencias internas. En su núcleo directivo se suscitan serias divisiones y desacuerdos que le hacen perder fuerzas. Viven tiempos de mucho estrés y agotamiento. Un año antes, el Profesor Otilio Montaño, primer ideólogo del zapatismo, fue acusado de traicionar la causa zapatista y luego fusilado.

Lo que derramó la copa para Carranza fue la carta abierta que publica Zapata el 17 de marzo de 1919, en la que lo acusaba públicamente de ser la causa de todos los males que sufría el país. La crítica y el tono de este documento lo irritan al punto de tomar la decisión de aniquilar al movimiento del sur y a su caudillo definitivamente. Se lo hace saber a Pablo González y éste queda en alerta. No obstante era bastante difícil acceder al revolucionario así que en la primera oportunidad le tienden una trampa en la que lamentablemente cae incauto Emiliano.

Muerte de Emiliano Zapata

Jesús Guajardo, un Coronel del ejército de González y Carranza era un hombre complicado que generaba siempre problemas a su paso, por ello se corría la voz de que sus superiores no lo querían. Zapata buscaba hombres para sus filas y le escribe una nota para que se le una. González intercepta la misiva y decide engañar al caudillo. Le hace escribir a Guajardo varias cartas afirmándole su deseo de distanciarse de las tropas constitucionalistas para entregarse a la causa agrarista. Zapata le pide pruebas y Guajardo se las da, fusilando aproximadamente a 50 soldados federales (con permiso de Pablo González), y ofreciéndole armamentos y municiones para continuar con su lucha. Así es que acordaron reunirse en la Hacienda de Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919.

A continuación se presentan tal y cómo sucedieron los hechos el día señalado:

A las 14:10 horas, Emiliano Zapata se presentó en la puerta de la hacienda, en una de cuyas piezas tenían a Feliciano Palacios. Al aproximarse Zapata a la hacienda, una banda de guerra formada tocó llamada de honor y, sin terminar ésta, una trompeta tocó a fuego. Como los soldados presentaban armas al pasar el General Zapata, el primero en disparar fue el centinela y a continuación siguieron las descargas que hacían en su contra.

Zapata quiso sacar la pistola en los últimos momentos que le quedaban de vida y, tratando de dar media vuelta, el caballo arrojó su cadáver al suelo. A su lado quedó su fiel asistente Agustín Cortés, y dentro de las habitaciones de la hacienda quedó el infortunado Feliciano Palacios que fue asesinado también en el momento en que caía Zapata.

Las descargas de fusilería se convirtieron en mortífero fuego general contra los zapatistas desde los puestos en que los federales se encontraban apostados. Bajo el cerrado fuego de fusilería, ametralladoras y bombas que simultáneamente estallaban, las despavoridas fuerzas zapatistas huían sin saber lo que había pasado y tratando de ponerse a salvo del furioso ataque de que fueron víctimas.

Una vez fuera del alcance de los proyectiles, comenzaron a reunirse para conocer las causas del ataque. Los mismos que iban atrás de Zapata informaron la funesta noticia de la muerte de su jefe.

A las 16 horas del jueves 10 de abril de 1919, Guajardo salió de la hacienda de Chinameca con la fuerza a su mando, rumbo a Cuautla, a donde llegó a las 21:10 horas, haciendo entrega del cadáver al General Pablo González. El cadáver de Zapata lo llevaban amarrado al lomo de una mula, y cuando llegaron a las puertas de Cuautla, adelantándose Guajardo adonde estaba Pablo González, le informó: -Mi general, sus órdenes han sido cumplidas.

Los despojos de Emiliano Zapata fueron llevados a los bajos de la presidencia municipal de Cuautla. Para identificar el cadáver, se hizo traer a Eusebio Jáuregui, que había sido jefe del Estado Mayor de Zapata, quien declaró ante el notario Ruiz Sandoval.

El cadáver de Emiliano Zapata fue expuesto al público, colocándosele sobre una caja en la inspección de policía: Allí empezaron a acudir centenares de curiosos y vecinos del lugar. Para evitar la descomposición del cadáver se ordenó que el Doctor Loera y varios practicantes lo inyectaran, realizado lo cual, se ordenó que fuera puesto en exhibición.

Previamente se le practicó la autopsia y se comprobó que solamente había ingerido alimentos líquidos, y el cuerpo presentaba siete perforaciones correspondientes a siete tiros que le debieron haber causado la muerte casi instantánea. El cadáver no presentaba ni una herida en el rostro.

Al cadáver de Emiliano Zapata le fue cambiada la ropa; se le quitó el traje de charro que llevaba y se le puso ropa limpia. Todos los curiosos que acudieron a ver el cadáver de Zapata, lo primero que le buscaban era el lunar que tenía arriba de un ojo.

El General Pablo González envió a la ciudad de México al coronel y licenciado Miguel Cid Ricoy para que comunicara los hechos al presidente Carranza. Inmediatamente se dio el boletín a la prensa nacional. El Diario El Universal de México felicitó abiertamente a Pablo González y a Jesús Guajardo por el acto cometido y, de la misma manera auguró el fin del zapatismo. Por su parte, el presidente de la república, Venustiano Carranza, felicitó por su éxito a González y ascendió a Guajardo, además de entregarle un premio de 50 mil pesos oro.
La misma vieja historia.

Bibliografía

Notas