9/12/10

El capitalismo como religión

Paul Klee (Alemania) Cantera

Walter Benjamin

Hay que ver en el capitalismo una religión. Es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, penas e inquietudes a las que daban antiguamente respuesta las denominadas religiones. La comprobación de esta estructura religiosa del capitalismo, no sólo como forma condicionada por la religión, como pensaba Weber, sino, como fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy ante el abismo de una polémica universal que carece de medida. En tanto no nos es posible describir la red en la que nos encontramos. Sin embargo, será algo apreciable en el futuro.

No obstante, son reconocibles tres rasgos de esa estructura religiosa del capitalismo en el presente. Primero, el capitalismo es una pura religión de culto, quizá, la más extrema que haya existido jamás. En el capitalismo todo tiene significado sólo en relación inmediata con el culto. No conoce ninguna dogmática especial, ninguna teología.
Desde este punto de vista, el utilitarismo gana su coloración religiosa. A esa concreción del culto se vincula un segundo rasgo del capitalismo: la duración permanente del culto. El capitalismo es celebración de un culto sans trêve et sans merci [sin tregua y sin piedad]. En él no hay señalado ningún "día ordinario", ningún día que no sea día festivo, en el sentido terrible del desarrollo de toda la pompa sacra, que constituiría el esfuerzo más manifiesto de quien adora. Este culto es, en tercer lugar, culpabilizante. Probablemente el capitalismo es el primer caso de culto no expiatorio, sino culpabilizante. 

Este sistema religioso se encuentra arrastrado por una corriente gigantesca. Una monumental consciencia de culpa que no sabe sacudirse la culpabilidad de encima, echa mano del culto, no para reparar esa culpa, sino, para hacerla universal, forzarla a introducir en la consciencia y sobre todo, abarcar a Dios mismo en esa culpa para que se interese finalmente, él mismo, en la expiación. La expiación, por tanto, no debe esperarse del culto mismo, ni de la reforma de esa religión. Tendría que sostenerse en algo más seguro que en ella misma. Tampoco podría sostenerse en su rechazo. En la esencia de ese movimiento religioso que es el capitalismo, yace la idea de resistir hasta el final, hasta la culpabilización final de Dios, hasta la consecución de un estado mundial de desesperación que es, precisamente, el que se espera. En esto estriba lo históricamente inaudito del capitalismo: que la religión no es reforma del ser, sino, su destrucción. La expansión de la desesperación hasta un estado religioso mundial del cual ha de esperarse la salvación. La trascendencia de Dios se ha derrumbado, pero no ha muerto, sino, que está comprendido en el destino de la humanidad. Ese tránsito del planeta humano por la casa de la desesperación en la absoluta soledad de su trayecto es el ethos determinado por Nietzsche. Ese hombre es el superhombre, el primero que empieza a cumplir, reconociéndola, la religión capitalista. 

Su cuarto rasgo es que Dios debe permanecer oculto, y sólo debe ser llamado en el cenit de su culpabilización. El culto es celebrado ante una divinidad inmadura, y toda representación, todo pensamiento en esa divinidad daña el secreto de su maduración. La teoría freudiana es también parte del dominio sacerdotal de ese culto. Está pensada de forma totalmente capitalista. Lo reprimido, la imaginación pecaminosa es, en lo más profundo, y por una analogía que todavía habrá que clarificar, el capital, que paga intereses [verzinst] por el infierno del inconsciente.

El tipo de pensamiento religioso capitalista se encuentra extraordinariamente expresado en la filosofía de Nietzsche. El pensamiento del superhombre sitúa el salto apocalíptico no en la conversión, expiación, purificación y penitencia, sino, en el aparente y permanente acrecentamiento, si bien, en el último tramo, discontinuo y a saltos. Por eso, aumento y desarrollo son en el sentido del non facit saltum (del no dar saltos) inconciliables. El superhombre es el hombre histórico al que se llega sin conversión que traspasa el cielo. Este hacer explotar el cielo por medio de un acrecentamiento humano que religiosamente es, y se mantiene -también para Nietzsche- como culpabilidad [Verschuldung], y que Nietzsche prejuzgó. Y similarmente para Marx, el capitalismo inconverso se tornará socialismo por el interés simple y el interés compuesto, cuya función es la deuda/ culpa [Schuld] (ver la duplicidad demoníaca de ese concepto).

El capitalismo es una religión del mero culto, sin dogma. El capitalismo se ha desarrollado en Occidente -como se puede demostrar no sólo en el calvinismo, sino en el resto de las orientaciones cristianas ortodoxas- parasitariamente respecto del cristianismo, de modo tal que, al final, la historia del cristianismo es en lo esencial, la de su parásito, el capitalismo. Comparar entre las imágenes de los santos de las distintas religiones, por un lado, y los billetes de los distintos Estados, por otro. El espíritu que se expresa en la ornamentación de los billetes. 

Capitalismo y Derecho. Carácter pagano del capitalismo, Sorel, "Reflexiones sobre la violencia".
Vencer el capitalismo a través del mercado móvil, Unger, Politik und Metaphysik.
Max Weber, Ges. Aufsätse zur Relogionssozologie.
Ver sobre todo la biliografía de Schönberg, II.
Landauer, Aufruf zum Sozialismus.

Las preocupaciones: una enfermedad del espíritu que es propia de la época capitalista. Situación espiritual (no material) en la pobreza, vagabundeo, mendicidad, monacato de la vagancia. Una estado de sin salida así, es culpabilizante. Las “preocupaciones” son el índice de la consciencia de culpabilidad de la situación sin salida. Las "preocupaciones" nacen por el miedo de que no haya salida, no material e individual, sino, comunitaria.

En tiempos de la Reforma el cristianismo no favoreció el advenimiento del capitalismo, sino que se transformó en el capitalismo. Metódicamente habría que investigar, en primer lugar, qué vinculos estableció en cada momento el dinero con el mito, hasta que pudo atraerse hacia sí, tantos elementos míticos del cristianismo para constituir ya, el propio mito.

El precio de la sangre/ Thesaurus de las buenas obras / El salario que se le debe al sacerdote / Pluto como dios de la riqueza.
 
Vínculo del dogma de la naturaleza resolutoria del saber, propiedad para nosotros que lo hace, a la vez, redentor y verdugo, y el capitalismo: el balance como saber redentor y destructor.

Contribuye al conocimiento del capitalismo como una religión, el hacer presente que originalmente el paganismo originario concebía la religión, no como un “elevado interés moral”, "superior", sino, como el más inmediatamente práctico. En otras palabras, el paganismo  fue tan poco consciente como el capitalismo actual, de su naturaleza “ideal”, “trascendente”, y la comunidad pagana consideraban a los individuos irreligiosos o heterodoxos de su comunidad como incapaces, igual que la burguesía actual considera a sus miembros no productivos.