31/12/10

Diez años que conmovieron a México

Foto: Vicente Fox y Felipe Calderón

Juan José Solís Delgado

En esta entrega de cierre de año 2010, me permito el atrevimiento de parafrasear aquel titulo de la gran crónica de John Silas Reed Los diez días que conmovieron al mundo (texto que por cierto fue prologado por el propio Vladimir Ilyich Ulyanov, Nikolay Lenin), para hacer una reflexión sobre los diez fatídicos años que hemos padecido en México con los dos gobiernos panistas encabezados primero, por Vicente Fox y después, por Felipe Calderón.

Sin duda, el evento que más conmovió a México en este último decenio, fue el incendio de la Guardería ABC en el estado de Sonora, con el terrible resultado de 49 niños inocentes muertos por asfixia y quemaduras, y otro tanto más, que quedaron con lesiones que perdurarán toda su vida. Este asesinato de 49 criaturas no tuvo justicia, el gobierno federal encabezado por Felipe Calderón, hizo caso omiso a la justicia reclamada por los padres de los infantes y por la sociedad misma y el silencio prevaleció en todo momento porque el señor de los Pinos, siempre estuvo más preocupado por jugar al “G.I. Joe”, que por salvaguardar el bienestar de las familias mexicanas. La complicidad y el cinismo fueron los principales elementos de respuesta a esta triste tragedia. Más de una ocasión, las lágrimas brotaron de las personas que se solidarizaron con el reclamo de justicia, justicia que por cierto nunca llegó…

La herida de los 49 infantes muertos por la negligencia y cobijo de un gobierno corrupto marcarán los diez primeros años de este México. Pero también, recientemente la madre de una hija asesinada en agosto de 2008, Marisela Escobedo, fue ejecutada de un tiro en la cabeza frente al palacio de gobierno de Chihuahua; días antes doña Marisela había expresado que no cesaría su reclamo de justicia, sólo podrían acallarla quitándole la vida, pero eso tendría que ser frente a la casa de gobierno para que así, las autoridades sintieran vergüenza; sin embargo, la muerte la alcanzó y las autoridades (local, estatal y federal) no se inmutaron en lo más mínimo y mucho menos sintieron vergüenza, al contario, dejaron al resto de la familia de doña Marisela, vulnerable a las amenazas de muerte en su contra, tanto así, que tuvieron que migrar (huir) hacia los Estados Unidos para encontrar la protección que su país no es incapaz de brindar.

Sin duda, la sangre, el dolor y la insensatez marcarán el sexenio de Felipe Calderón; pero no olvidemos que en el año 2000 llegó a la presidencia un hombre al cual se le confió el rumbo del país bajo el amparo de haber logrado echar a la calle al PRI, Vicente Fox Quezada, primer presidente de México que no venía de las filas del partido hegemónico. Así, el año 2000 queda en la historia como el año que determina un paso importantísimo hacia la madurez política de nuestro país; sin embargo, pocos imaginaron que sería el mismo Fox el encargado de echar por la borda todos los triunfos democráticos para fortalecer las estructuras añejas y retrogradas del priísmo tradicional.

El sexenio de Vicente Fox es notorio por su primitivismo y salvajismo mezclados. La ignorancia política de Fox, sembró las semillas de lo que sería diez años después este país: el México de nadie, el México del crimen organizado. Fox nunca se bajó del papel de candidato, nadie lo enteró que era el presidente de México, cometió pifias como dotar de computadoras a escuelas que no contaban con energía eléctrica, mandar a un “chiquillo” a la escuela en una población donde no había escuelas, en fin… pero lo más grave fue que debilitó y corrompió las estructuras de seguridad del país y prostituyó el sistema electoral.

Joaquín Guzmán Loera conocido como “El Chapo” fue mañosamente liberado del penal donde se encontraba recluido, a la fecha (por alguna extraña razón) “no han querido recapturarlo”. Vicente Fox desdeñó el poder del crimen organizado y se beneficio de él. Del “Chapo” se dijo que ya era leyenda, que era un narcotraficante sin poder, sin embargo, al tiempo, la revista FORBES lo colocaba como uno de los hombres más ricos de México, mientras que el gobierno de Estados Unidos ofrecía una jugosa recompensa por su captura. Fox simplemente ignoró los hechos, manteniendo en sus cargos a Medina-Mora y al temible García Luna, este último tejiendo desde aquel tiempo su telaraña de corrupción.

Los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez se dieron en abundancia en el sexenio del salvaje y torpe Fox, quien por supuesto no prestó atención a los feminicidios ya que más tarde lo entendimos, para Vicente Fox la mujeres no tenían más valor que el ser “unas lavadoras de dos patas”, o también recordar que Fox sostenía que los ciudadanos no deberíamos leer periódicos, él mismo reconoció que no lo hacía. Después conocimos su nivel de ignorancia confundiendo nombres de escritores, tocando monumentos históricos y sagrados en China, etc., etc., etc.

Pero hoy se sabe que el verdadero poder lo ostentaba su esposa, la ambiciosa Marta Sahagún, era ella quien recibía a los secretarios, atendía las solicitudes de audiencia, decidía quien podía entrevistarse con el presidente, etcétera. En resumen, Marta Sahagún era quien tomaba las decisiones de gobierno y de Estado. Fox sólo fue un mandilón de pacotilla que en todo momento vivía (o dormía) balo los efectos de Prozac. Mientras tanto el país comenzaba a derruirse gradualmente.

A diez años del primer gobierno panista, todo parece indicar que Fox y Calderón le temen a la izquierda, pero más al poder de los ciudadanos. Quizá porque siguen pensando que la izquierda es aquella nostalgia marxista mal enfocada por los gobiernos de la guerra fría. Tanto Fox como Calderón, le han hecho un daño irreparable a la estructura democrática del México. El primero recientemente reconoció que cargó los dados en su sucesión presidencial. Primero quiso aniquilar a Andrés Manuel López Obrador con el desafuero el cual tuvo que recular, y el segundo, corrompiendo al principal partido político de izquierda y dejando todo en bandeja de oro para que regrese el PRI. Pero en suma, a ninguno de los dos gobiernos se les puede reconocer beneficio alguno para el país. No hay absolutamente nada.

Aquellos mexicanos que sentimos júbilo la noche del 2 de julio de 2000 porque se había terminado la era del PRI, nos cegamos y no vimos que pasamos de lo malo a lo peor, a lo nefasto, a lo podrido.

En diez años no hemos podido crecer, no tenemos ningún logro que presumir. La madurez electoral hoy es cuestionada en todo momento por la parcialidad de acción del IFE. La Suprema Corte de Justicia nos ha dado lecciones de cómo proteger a gobernadores pederastas. El periodismo que se supone tiene mayores niveles de libertad de expresión, hoy paradójicamente tiene a México como uno de los países más peligrosos para ejercer la profesión periodística. La violencia es el pan nuestro de cada día, todos los mexicanos –todos– tienen un crimen que contar, nadie está seguro ni en su propia casa. Mientras tanto en las esferas de poder nos quieren convencer de un país mágico y distinto a México.

El 24 de diciembre Felipe Calderón transmitió un mensaje televisivo a nivel nacional, donde lejos de desear parabienes, se mofaba de los ciudadanos mexicanos, deseaba alegría y felicidad, pero dudo mucho que estuviera pensando en los padres de los niños muertos en la guardería ABC, en los padres y familiares de los estudiantes muertos en la entrada del Tec de Monterrey, en la familia de los mineros que no quisieron rescatar, en los padres de los niños Almazán, en los miles de trabajadores de Luz y Fuerza del Centro que perdieron su trabajo, en los trabajadores de Mexicana de Aviación, en las familias de San Martín Texmelucan que perdieron su casa por una explosión de PEMEX, en las familias de migrantes centroamericanos que se convierten en esclavos al ingresar a nuestro país, en la familia de doña Marisela Escobedo, en la señora Wallace de Miranda que les tuvo que hacer su tarea y a la fecha no encuentra el cadáver de su hijo, en los miles de ciudadanos secuestrados por su mafioso secretario de seguridad pública García Luna, en todos los “ponchis” del país producto de su estúpida guerra…

Pero no hay respuesta… y lo más seguro es que no la haya

Por lo pronto los ciudadanos tenemos frente a nosotros mismos el reto de organizarnos (si el gobierno no se organiza nosotros sí lo haremos). Comencemos por fortalecer nuestra educación, nuestra participación política, nuestro seguimiento a la finanzas públicas, nuestra obligación de respetar los derechos fundamentales. Los mexicanos tenemos la oportunidad de comenzar a corregir una década de estupidez e ignorancia. Basta ya de partidos políticos abusivos y corruptos, basta ya de una planilla de 500 diputados que no asisten a las sesiones y cobran como reyes del Medioevo, basta ya de diputados delincuentes, basta ya de secretarios corruptos y mafiosos, basta ya de jueces corruptos, basta ya de la malversación de fondos, basta ya de finanzas vulnerables, basta ya de tanto miedo, basta ya de tanta violencia, basta ya de tanto robo de autos y casas, basta ya de presidentes tontos y mediocres… basta ya.