28/11/10

Enrique Dussel: El pensamiento crítico tiene importancia y responsabilidad en América Latina

Foto: Enrique Dussel
Mabel Machado 

Cuando los debates sobre la pervivencia de la especie humana en un mundo flagelado por conflictos de armas, desequilibrio económico y grave deterioro ambiental, vuelven a ser centro de mira de muchos intelectuales, el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel, Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2009, llama la atención sobre la ética y la política, como responsables de garantizar la continuidad de la vida en el planeta.

A mediados de noviembre, este fundador de la Filosofía de la Liberación fue reconocido con este galardón que otorga del gobierno venezolano, por inscribirse, además de en las filas de la resistencia, en la vanguardia del contraataque a la ideología imperial. Su libro Política de la liberación. Volumen II, que forma parte de un conjunto de tres textos ―una historia mundial, una arquitectónica y una crítica― se adentra en la esencia de la política contemporánea desde el tema de los derechos humanos, enfoque trascendental desde el plano de la ética.

Política de la liberación expone la convicción de Dussel de que los paradigmas alternativos a los modelos hegemónicos actuales constituyen el camino más viable para ejercer el poder en favor de la sociedad. En este libro, sin embargo, el análisis no se agota en un despliegue teórico, sino busca en experiencias concretas contemporáneas las nuevas formas de abordar la política. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Guatemala son, según el también profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana del DF mexicano y la Universidad Nacional Autónoma de México, el punto de partida para repensar las posibilidades de existencia de iniciativas diferentes al sistema económico-político capitalista.

Este intelectual, que aprendió en sus viajes de juventud a “mirar desde abajo”, entiende que los procesos encabezados por figuras políticas como Hugo Chávez y Rafael Correa ofrecen la oportunidad de rediseñar esquemas clásicos de pensamiento y sistemas categoriales enteros, para  encontrar la mejor manera de llegar a la verdadera democracia.

“Nunca en la historia aconteció tal fenómeno en América Latina: que se hayan elegido gobiernos de centro-izquierda y de izquierda, ya no conservadores, sino con una visión distinta” ―comentó Dussel a La Jiribilla durante su estancia reciente en La Habana para participar en el Coloquio Internacional La América Latina y el Caribe entre la independencia de las metrópolis coloniales y la integración emancipatoria, organizado por Casa de las Américas―. “EE.UU., efectivamente, sigue ejerciendo su presencia, pero está perdiendo hegemonía y se está produciendo un movimiento que no había tenido lugar jamás.”

¿En qué lugar ubicaría la experiencia política latinoamericana en cuanto al resto de los procesos políticos del escenario internacional actual?

Si lo pensamos geopolíticamente por grandes grupos culturales, el desarrollo de la China desde el punto de vista económico, por ejemplo, es tremendo: el de un gigante. A nivel político es muy pequeño, pero a nivel de gestión económica es enorme, porque el Partido tiene mucha claridad y eso hace que este país se encuentre de igual a igual con los EE.UU. en muchos casos e, incluso, puede hasta que lo venza. Hay allí una elite de pensamiento poderosa que sabe cuánta novedad política tiene lugar en el mundo.

En cambio, en América Latina hay mucha agilidad, muchas experiencias políticas que el pensamiento debe seguir mucho más de cerca. La nuestra es una de las regiones del mundo ―comparémosla con África o Europa―de mayor acaecimiento político.

Retomando al italiano Antonio Gramsci, Enrique Dussel ha declarado que intenta hacer una filosofía “desde el bloque de los oprimidos”. Gran parte de su producción ensayística está dedicada a horadar la visión eurocentrista y helenocentrista de la historia, la política y la filosofía mismas, para en su lugar emprender una reconstrucción epistemológca de estos campos desde la postura de los silenciados y los vencidos.

¿Qué posibilidades tiene el pensamiento latinoamericano de volcarse hacia su realidad, de lograr que sus esfuerzos teóricos formen parte de proyectos propios?

Los que por decenios venimos luchando por un pensamiento latinoamericano ―se ha aprendido a pensar lo real, y de ahí se parte para plantear los problemas― por ahora estamos con ciertas ventajas sobre los que querrían empezar o los que están todavía comentando el pensamiento europeo que no se aplica a lo nuestro.
Estamos, efectivamente, dando claridad a ciertas cuestiones que estudiamos; yo estoy haciendo filosofía política y creo que está funcionando.  Cuando uno habla a un grupo de indígenas en El Alto, Bolivia, o habla a un grupo de estudiantes sobre lo que se ha investigado, la gente no se pregunta cómo se aplican tales cuestiones a nuestro caso, sino que se dan cuenta de que uno está aclarando lo que vamos viviendo y notan que les sirve la teoría. Entonces, podemos decir sin temor a equivocarnos que el pensamiento crítico tiene ahora importancia y responsabilidad.

¿Qué papel desempeñan iniciativas como los foros sociales y la Red de Redes en Defensa de la Humanidad, para la afirmación de nuestra conciencia política y la consolidación del pensamiento latinoamericano?

De estos movimientos fundamentales hay muchísimos en América Latina y el Foro Social, por fortuna, no es una expresión única. Lo cierto es que hay muchísimas alientos de tal índole en esta emergencia del pueblo latinoamericano. Son esenciales, y aunque a veces resulten desconocidos, comprobamos que sale de todas las partes gente muy comprometida, muchos de ellos heroicos, personas que se merecen que se les coloque encima de un zócalo para ser venerados, que se entregan a la lucha de un sindicato, que son echadas de su trabajo y quedan en la calle.

¿Específicamente a los movimientos indígenas, en la revalorización del poder de independencia, qué aporta la cultura a América Latina?

Hay un pensamiento teórico alrededor de esta cuestión, sobre todo en Bolivia, en Perú, en Ecuador, en México, en Guatemala y otros lugares, que están marcando pasos muy importantes de repensar toda la historia, de recuperar las tradiciones, y en algunos casos, como en Bolivia, de  tener ya responsabilidad de gobierno. Estamos, por esa parte, en un momento muy interesante.

Desde luego, el pensamiento crítico, en este caso filosófico, al que le llamo Filosofía de la Liberación, viene a ser verificado. La intuición que se planteó está funcionando contra viento y marea y, por otro lado también, con el desprecio del movimiento eurocéntrico que plantea que unos pocos países deben dominar las universidades y la cultura en general. Esta revela resultados y se está abriendo camino. En EE.UU., en Europa, en Asia y en África, nuestro continente está aportando elementos creativos.

La Filosofía de la Liberación, enriquecida con los postulados del argentino-mexicano, parte de la revelación del hecho masivo de la dominación. Su poder descolonizador tiene que ver con saber poner en cuestión el presente de manera revolucionaria. Los movimientos indígenas son desde la perspectiva de Dussel, la manera más clara de plantear la soberanía del pueblo y no del estado, una evidencia contundente de la crisis de la política tradicional. En esta y otras expresiones, se vislumbra, desde el pueblo, un nuevo comienzo para la política.

¿De qué manera pudiera no fracasar el renacer de esta política que tiene como protagonista a las masas populares de  Latinoamérica, ante los ataques que pretenden descalificar estos procesos tildándolos de antidemocráticos?

Está en manos de ese mismo pueblo. Durante estas sesiones en Casa de las Américas, alguien me ofreció una muy buena imagen: ¿después que se salió, quién vuelve a meter al genio en la botella? El pueblo latinoamericano está viviendo una experiencia de transmutación, se está transformando en otro pueblo, está creciendo. Estos gobiernos, que a veces no son revolucionarios, pero simplemente progresistas, dan paso a un crecimiento.

Entonces ellos tienen que defender lo que van logrando, aunque también supone la actuación de partidos políticos, militancia, organización, teoría, coherencia en la práctica, ejércitos, estrategias militares nuevas y no pura imitación de lo que se aprende en la escuela militar norteamericana, sino de una teoría estratégica militar latinoamericana, y así, a muchos niveles.

Hay, en efecto, un avance. Por ejemplo, diría que el análisis que Atilio Borón hizo en su intervención en el Coloquio es pesimista. Sin embargo, yo no percibo lo mismo; tengo esperanza porque veo que algo prospera, se agiganta.

En la historia del continente, según expuso el filósofo en su disertación en Casa de las Américas, se nos han revelado tres sentidos de soberanía: el español, el criollo y el del pueblo. Él, como la mayoría de los pensadores reunidos allí este noviembre, señala que resulta fundamental tomar en serio la última perspectiva para entender el curso de la historia de tres siglos americanos en que ha ocupado un lugar muy particular el tema del colonialismo. El giro descolonizador aportado por la Filosofía de la Liberación, cobra vigencia cuando se cumple el Bicentenario de las Independencias de América Latina.

A propósito de la conmemoración del Bicentenario, desde la derecha ha primado la pretensión de subvertir el sentido revolucionario de las independencias, enfocándolas hacia la reconciliación de las antiguas metrópolis y colonias…

En 1992, cuando abordamos el quinto centenario del llamado descubrimiento de América, logramos dar la vuelta al tema, y de la celebración histórica que se pensó, cambió a ser coyuntura aprovechada por los indígenas. Descubrimos que hacía 500 años estábamos dominados; trastocamos el enfoque de la historia.

Alrededor del Bicentenario el panorama se muestra más complicado. Se ha notado menos entusiasmo por parte del pensamiento crítico, y tampoco se han dado grandes manifestaciones de intelectuales indicando cuál debe ser la ruta de esta conmemoración celebrativa. Ojalá que de esta reunión salga algún manifiesto que pueda encausar este fenómeno que no terminará con el 2010.

Este proceso, en realidad, empieza ahora, porque tenemos hasta el bicentenario de Ayacucho para construir ideas alrededor del tema. Acá se ha avanzado bastante, pero tenemos que seguir evaluando de manera crítica nuestra realidad.