19/11/10

Acerca de la muerte de José Tohá, ex ministro del presidente Allende

Foto: José Tohá

Raúl Auth Caviedes

El lunes 15 de noviembre de 2010 la noticia que la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó al juez Jorge Zepeda reabrir la investigación que había cerrado sobre el fallecimiento de José Tohá , causó conmoción en el país. Disponía llevar a cabo 25 diligencias pendientes, entre ellas la exhumación del cuerpo y recomposición del escenario del suceso.

Lo substancial era que se basaba en un estudio del experto forense, Luis Ravanal, quien, en base a la autopsia, establecía que la causa de la muerte había sido "asfixia por estrangulamiento manual de naturaleza homicida" y no por suicidio. Esto no era una novedad, pues coincidía con informe realizado por el médico Alfonso Chelén en la época del crimen, que había sido a propósito sepultado por la dictadura.

José Tohá fue uno de los más cercanos colaboradores del Presidente Salvador Allende; de hecho, en la colectividad no se inscribía en las grandes tendencias, sino que se definía entre los allendistas “puros”, razón por la que fue su primer ministro del Interior y después lo sería de Defensa. Su hija Carolina es hoy diputada y su hermano Jaime es intendente de la Octava Región, y durante el gobierno de Allende fue ministro de Agricultura

José Tohá era respetado por su caballerosidad, honestidad de principios y lealtad por casi la totalidad de los políticos y en círculos militares. Era reconocida su amistad con los generales Prats, Pinochet, Urbina, Bonilla y muchos otros. Había salvado a Bonilla de ser llamado a retiro por presuntas reuniones conspirativas con el ex ministro de Defensa de Frei Montalva, Juan de Dios Carmona.

Se dice que José Tohá el 11 de septiembre de 1973, confiando en la amistad que lo unía con Pinochet, y otros generales, trató de mediar entre los militares y convencer a Allende que depusiera las armas. El Presidente rehusó a la petición de su dilecto camarada por considerar que era humillar la dignidad de su cargo y optó por morir en la Moneda. En la tarde de ese día fue detenido junto a otras autoridades del gobierno depuesto y llevado a la Escuela Militar, siendo trasladado el 15 de ese mes a la inhóspita isla Dawson en la provincia de Magallanes. En ese lugar fue sometido a trabajos forzados y tratamiento vejatorio por los uniformados a cargo del recinto lo que afectó su salud ya debilitada por la pesadumbre ocasionada por la muerte del presidente Allende y de su gran amigo Augusto Olivares. Como consecuencia, sufrió una gran baja de peso y depresión reactiva que obligó a sus carceleros a trasladarlo primero al Hospital Naval de Punta Arenas y luego al Hospital Militar de Santiago en enero de 1974. Pese a su deteriorada condición, era llevado reservadamente en las noches a la Academia de Guerra Aérea para interrogarlo. Según el Servicio de Inteligencia, se le consideraba una fructuosa fuente de información para acusar a otros funcionarios del régimen depuesto. Nunca se llegó a formularle cargos ni a instruirle un juicio

Isla Dawson, situada en el Estrecho de Magallanes, que forma parte del archipiélago de Tierra del Fuego, servía como campamento de la Armada chilena. Sin embargo, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 cambió para siempre su historia, al convertirse en uno de los campos de presos políticos que se establecieron a lo largo del país, y en concreto en el centro de reclusión más importante de la dictadura chilena. Cerca de 400 detenidos llegaron a esta isla, entre ellos una treintena de ministros y colaboradores del entonces Presidente de Chile, Salvador Allende. Entre los detenidos se encontraba Sergio Bitar, quien escribió el libro "Dawson, isla 10", obra en la que se basa la película de Miguel Littin, seleccionada por Chile como candidata al Oscar 2010 en la categoría de mejor película de habla no inglesa

Isla Dawson
Contraviniendo normas éticas, dentro del mismo Hospital Militar, José Tohá fue víctima de apremios. Relataba a su esposa, Moy Morales, "se paran a los pies de mi cama y hacen escarnio de mi indefensión" Su hermano médico, Isidoro, angustiado por la deplorable situación de su hermano, pretendió apelar al deber ético-profesional del médico democratacristiano, Patricio Silva Garín, Sub Director del establecimiento castrense. El resultado fue frustrante, pues éste le reprochó inclusive las gestiones que habían realizado ante diversas autoridades, ya que, según su opinión, sólo habían agravado la situación de su pariente, quien ahora era tratado con mucho más dureza y aún interrogado con la colaboración de un siquiatra. Cuando Isidoro Tohá le expresó a su colega Silva que el Hospital Militar debía velar por la vida de su hermano, la insólita y tajante respuesta de éste fue "Mire, el señor Tohá ahora debe atenerse a las consecuencias de sus actos políticos". Este médico le aconsejaba a la cónyuge que no lo visitara en el hospital, en cambio el enfermero Juan Cabello le decía "tiene que visitarlo, porque para él tiene mucha importancia eso". Realmente la actuación de Patricio Silva fue más bien de un copartícipe de la represión que la de médico. A fines de ese mismo año este cirujano reoperaría al general Augusto Lutz, quien fallecería en ese hospital en extrañas circunstancias y, en 1982, intervendría al ex Presidente Frei Montalva en la Clínica Santa María, también con resultado de muerte. Entrevistado telefónicamente por TVN al día siguiente de la orden de la Corte de Apelaciones para efectuar diligencias, este médico declararía su certeza que la muerte de Tohá era producto de un suicidio, basándose en que había un guardia permanente en la puerta de la habitación.

El estado de salud de Tohá fue empeorando rápidamente, disminuyendo su peso a 49 kilos, siendo su estatura 1.92 metros y apenas lograba moverse en su cama. Escasos días antes de su muerte había caído al suelo al intentar levantarse y debieron recogerlo por su incapacidad para reincorporarse. Era imposible que hubiera podido bajarse de la cama y desplazarse a otro lugar de la habitación, como se pretendió que lo había hecho al simular su muerte por su propia mano.

Finalmente, el 15 de marzo de 1974, el gobierno militar informó el suicidio de José Tohá. La inverosímil versión oficial fue que se había ahorcado con su propio cinturón apoyado en una cañería que pasaba por dentro del closet de su habitación del Hospital Militar. Ese mismo día, Moy de Tohá recibió un llamado telefónico de un auxiliar paramédico del Hospital Militar que le dijo "señora, no crea que él murió como le dicen, yo quiero hablar con usted y decirle toda la verdad, juntémonos mañana a las cinco de la tarde en el puente Pío Nono". Pero no acudió al programado encuentro con la viuda, quien supone que la llamada fue interceptada.

Aquel día, el médico perito criminalista de la Brigada de Homicidios de Servicio de Investigaciones, Alfonso Chelén Araya, fue llamado para investigar el presunto suicidio. Encontró el cuerpo sin vida de José Tohá dentro del closet de la habitación, con un cinturón atado al cuello, sin tocar el suelo, con las piernas y los pies flectados, apoyándose en el piso. Le extrañó que la cañería no se elevaba más allá de 1.55 metros y que el nudo con que el cinturón estaba ceñido era tan débil, que se desató con un leve tirón, por lo que no hubiese podido soportar el peso de un cuerpo, por liviano que este fuese. También le llamó la atención que el surco presente en el cuello era parejo y no incompleto, como se presenta habitualmente en las personas que se ahorcan. Además un quiste sebáceo cervical estaba roto lo que resultaba inexplicable. Sacó varias fotografías, especialmente del cuello, e hizo hacer un riguroso dibujo al planimetrista para fijar el lugar y los detalles posturales del cuerpo. También constató extremo enflaquecimiento y quemaduras de cigarrillos en los brazos. Como era su norma, Chelén esperó las fotografías para redactar el correspondiente informe, pero se le comunicó que se habían perdido, conjuntamente con el gráfico planimétrico. A los 15 días, le llegó una hoja con un informe ya totalmente redactado en la que se consignaba "conclusión suicidio" y al pie su nombre para que estampara su firma. Al estar plenamente convencido que no se trataba de un suicidio, se negó a firmar. Este rechazo le significó que, a los dos meses, fuera despedido de Investigaciones "por falta de confianza por su labor profesional". El principal contradictor de este médico fue el funcionario de la Brigada de Homicidios, Juan Saldías Valdés, alias "Harry el sucio", conocido integrante de la DINA

El forense del Instituto Médico Legal, Alfredo Vargas Baeza, en la misma tarde del fallecimiento de Tohá, fue llamado al Hospital Militar para hacer la autopsia, lo cual era irregular pues hubiese correspondido trasladar el cuerpo al IML. Vargas no tomó en cuenta las inconsistencias entre los hallazgos encontrados en el cadáver y la versión de suicidio y evacuó un protocolo de autopsia meramente descriptivo, sin contradecir esa tesis oficial. Como ocurría en aquel tiempo, muy escasos funcionarios públicos se atrevían a impugnar lo aseverado por el gobierno castrense. El temor a perder el cargo era una amenaza real.

Para guardar las apariencias, el Hospital Militar hizo realizar una investigación sumaria a cargo del auditor Rolando Melo Silva de la Segunda Fiscalía del Ejército, la cual se extraviaría. Años después, Melo diría no recordar casi nada de lo que hizo entonces por "lagunas mentales", pero si evoca que sobreseyó la causa de acuerdo con el Comandante en Jefe, Augusto Pinochet. Si la versión era cierta, debió haberse configurado una negligencia médica por no haberse tomado las mínimas precauciones ante un atentado contra la propia vida, suceso frecuente en una depresión grave. Es una norma en cualquier paciente con esta patología dejar siempre fuera de su alcance elementos con los que se pueda suicidar, incluso debe retirarse el cordón de las batas de levantarse. Esta omisión aparecía absolutamente improcedente, dado que se encontraba a cargo del calificado psiquiatra, el doctor Julio Sepúlveda.

En 1991, el Informe Rettig reseñó sobre la muerte de José Tohá "la Comisión no tuvo antecedentes suficientes para concluir si el ahorcamiento, causa directa de la muerte del ex ministro Tohá, fue la acción de quienes lo mantenían detenido o si, en cambio, murió por su propia mano. Pero, aún en esta último evento, se llegó a la convicción de que José Tohá murió víctima de violaciones a sus derechos humanos, puesto que para esta Comisión es considerado tal, aquel que se quita la vida por su propia mano, cuando las circunstancias en que ello ha sucedido, permita juzgar en conciencia que el suicidio fue impelido a tomar esa determinación por torturas físicas o psíquicas, por las condiciones de su encierro o por otra situación de responsabilidad del Estado, que en si misma es violatoria de los derechos humanos"

En abril del 2005, el juez de fuero, Jorge Zepeda, estableció que "en la investigación no se encuentra acreditado el hecho que José Tohá se haya suicidado". El doctor Chelén declararía a este magistrado "esa muerte no fue suicida, sino obra de terceros, por estrangulamiento, con simulación de suicidio". Sin embargo, pese a la petición del abogado Nelson Caucoto no accedió a efectuar diligencias necesarias para aclarar la muerte En cambio, sometió a proceso a dos ex coroneles asistentes del fallecido fiscal de la FACH, Horacio Otaíza, por aplicación de tormentos reiterados contra José Tohá. Solamente el 2010, la Corte de Apelaciones consentiría realizar dichas diligencias.

¿Por qué José Tohá debía morir?

Su estrecha amistad con Augusto Pinochet podría haberlo favorecido para salvar su vida. Para el dictador hubiese sido muy simple dar una orden para que fuese extraditado. Sin embargo, precisamente esta cercana relación parece ser la causa de su cruel destino, pues le era necesario a Pinochet el librarse de incómodos testigos de su proceder antes del golpe. Tohá conocía su manera de pensar sobre los acontecimientos previos al derrocamiento del presidente Allende, que éste quería definitivamente borrar para legitimar su autoridad en el Ejército y la Junta de Gobierno. Deseaba ser visto como un precoz y decidido anti marxista, como posteriormente pretendería dejarlo categóricamente establecido en sus memorias.

Varios eran los sucesos que Pinochet quería borrar y que Tohá conocía bien. Con ocasión del "tanquetazo" del 29 de junio de 1973, Tohá acompañó a Pinochet para sofocar la sublevación del Blindado N° 2 y ambos felicitaron al general Prats por su heroica actuación. En una manifestación a Salvador Allende en el Club Militar, a mediados de agosto de 1973, a escasos días de su ascenso, Pinochet le expresaría públicamente su adhesión, manifestando: "Brindo por su Excelencia, el Presidente de la República, y por la lealtad de las Fuerzas Armadas a su gobierno".

Cuando Prats se vio obligado a renunciar, Tohá fue una de los que abogó para que se nombrara en su reemplazo a Pinochet, por tener absoluta confianza en él. Orlando Cantuarias, en aquel tiempo senador del Partido Radical, recuerda que Prats le expresó aquel 23 de agosto de 1973: "A ustedes les conviene más Pinochet, yo sólo me he atenido a la doctrina Schneider y no soy partidario de las ideas políticas de ustedes, en cambio él si lo es". Por su parte, Erich Schnake, parlamentario socialista, narra que después de la ceremonia de nombramiento del nuevo Comandante en Jefe del Ejército, salió acompañado de Pinochet, quien le expresó: "¡Ahora van a saber cómo se defiende un gobierno!".

Aún muy próximo al golpe, Pinochet proseguía dando muestras de lealtad al gobierno. En la primera semana de septiembre de 1973 el Ministro de Defensa, Orlando Letelier, le comentó a Pinochet que la mayoría de los almirantes presionaban insistentemente a Raúl Montero, Almirante en Jefe de la Armada, para que presentase su renuncia y se nombrase en el cargo al almirante José Toribio Merino. La opinión de Pinochet fue tajante: "Duro con ellos ministro, esos son unos traidores. Duro con ellos, porque el Ejército lo respalda". Letelier, recordaba que "varias veces Pinochet hizo alarde de sus condiciones democráticas, de su sentimiento de admiración y lealtad al Presidente Allende y de su decisión de cumplir su juramento de soldado de defender hasta las últimas consecuencias la Constitución y la persona del Presidente de la República". El año 1975, meses antes de ser asesinado, Letelier comentaría: "Realmente muchas veces cuando se ve al general Pinochet haciendo declaraciones, uno tiene serias dudas de su capacidad intelectual. Lo que yo sí puedo decirles es que es un genio de la traición".

Resulta también significativo para mostrar el cambio de última hora de Pinochet su miedo a participar en el alzamiento armado y la incertidumbre sobre su éxito. Según Gustavo Leigh, al llevarle la nota manuscrita del almirante Merino, el 9 de septiembre de 1973, Pinochet le manifestó: "¿Tú has pensado en que esto nos puede costar la vida a nosotros y a muchos más? Si esto se filtra puede sernos de graves consecuencias. Yo no puedo decirle esto a todos los generales, pues confío en sólo algunos de ellos". Para vencer su reticencia, Leigh debió presionarlo diciéndole "Decídase mi general ¡Firme!

Acerca de esta reunión, años más tarde, a fines de febrero del 2001, Pinochet revelaría en un momento de sinceridad: "El 9 de septiembre Merino me envió una carta pidiéndome apoyo. Decía que la Marina se iba a sublevar, con los Carabineros y la Fuerza Aérea. Ellos creían que iban a obtener fácilmente la victoria, y no era así. Por eso le acepté y le achunté".

El mismo día del golpe, Pinochet transformó su amistad con Tohá en aborrecimiento por significar un testigo de su deslealtad. En la interferencia de las comunicaciones de los golpistas, se escucha decir a Pinochet: "Todo ese montón de jetones que hay ahí, el señor Tohá, el otro Almeyda, todos esos mugrientos que estaban por arruinar el país deben pescarlos presos y el avión que tienes dispuesto tú, ¡arriba!, y sin ropa, con lo que tienen pa' fuera"... pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando" Ya el destino de Tohá estaba marcado. Era sólo asunto de tiempo que se consumara.

La carta del general Carlos Prats dirigida a la viuda de José Tohá, muestra los relevantes méritos del mártir y refuerza la tesis planteada. En ella expresaba el distinguido militar que sería asesinado un mes después:

El general Carlos Prats y el presidente Allende
"Querida Moy: Escuché tu triste mensaje y creo poder dar respuesta a las dudas que tanto te atormentan y -que lo comprendo muy bien- hacen más dolorosa la herida incicatrizable que, para ti y tus hijos, constituye la muerte de José ¿Por qué ellos se ensañaron con José?
Porque cada uno de los cómitres de hoy les torturaba la evidencia de que, dentro de la UP, José era quien mejor los conocía. Los observó humildes y obsecuentes, los vio hacer genuflexiones y supo de sus miserias íntimas, de sus celos inter-armas, de su concupiscencia y frivolidades, de sus limitaciones intelectuales y culturales y de la farsa de su lealtad.
José Tohá tenía mucho que decir y cada palabra suya, avalada por su incuestionable autoridad moral, habría tenido fuerza suficiente para derribar de su auto erigido pedestal a estos apóstatas del profesionalismo militar. ¿Y cómo podrían contraatacar a José? ¿Cómo podrían vituperarlo si hasta la mención de sus convicciones ideológicas iba a serles contraproducente, porque no les resultaba tolerable ni compatible exhibir como marxista a un ser de tanta sensibilidad social, de tanta nobleza y dignidad personal y de tanta misericordia humana?
Ten la certeza de que si hubieran encontrado el más mínimo cargo afrentoso contra él, les habría convenido dejarlo vivir.
En cuanto a la conducta de Pinochet, puedo decirte que su traición no tiene parangón en la historia de Chile ¿Cómo puede entenderse su trayectoria bonachona y dúctil entre marzo y septiembre de 1973, si él mismo ha reconocido su compromiso, bajo firma, para derrocar a Allende desde aquel mes?
La explicación está en su personalidad. Como el caso de Duvalier se conjugan admirablemente una gran pequeñez mental con una gran dosis de perversidad espiritual, como lo ha estado demostrando con sus inauditas declaraciones recientes. (...) Ante el futuro, sólo siento un gran anhelo: que llegue cuanto antes el día en que la masa de mis ex compañeros se armas se convenzan por sí mismos, de que han sido engañados y que han incurrido en la equivocación histórica más tremenda, al constituirse en los verdugos del pueblo de su patria; porque sólo en ese momento se puede comenzar a recorrer el camino de la liberación...
Mis compromisos, Moy, son los del afecto personal por personas como tú y la prueba la tienes en esta respuesta que, por su franqueza, te demostrará la confianza que deposito en tu amistad.
No pierdo la esperanza de volver a verte. Entretanto, te deseo de todo corazón la mayor paz espiritual. Sofía me encarga transmitirte sus más cariñosos recuerdos y de mi parte recibe un fuerte abrazo de tu amigo.
Carlos, Buenos Aires, 29 de agosto, 1974."

Fuente: Diario Clarín, Santiago de Chile, http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=22983&Itemid=48