16/10/10

Repensar la oferta monetaria mundial


Jeffrey D. Sachs

Sería beneficioso que las reservas internacionales dependieran menos del dólar estadounidense

[Hace algunos meses] el Banco Popular de China sacudió el mundo financiero proponiendo un nuevo acuerdo monetario. La propuesta atrajo la atención sobre todo porque era una muestra del creciente poder económico mundial de China, pero su contenido es también muy encomiable.

Hace un siglo casi todas las monedas del mundo estaban ligadas al oro, y las que no, en su mayoría, a la plata. Las monedas eran fácilmente intercambiables; el oro fijaba los tipos de cambio y el suministro de oro físico estabilizaba a largo plazo la oferta de dinero.

El patrón oro se desplomó tras la Primera Guerra Mundial. La financiación de la guerra con papel moneda sin aval originó una inflación generalizada. Las naciones europeas intentaron reanudar el patrón oro en el decenio de 1920 pero la oferta de oro era insuficiente e inelástica. Tras eso vinieron una feroz restricción monetaria y una competencia entre los países por las reservas limitadas de oro; ambas tendencias contribuyeron a la Gran Depresión. Después de la Según da Guerra Mundial, las naciones adoptaron el patrón oro-dólar. Al dólar estadounidense lo avalaba el oro, a 35 dólares la onza, mientras que a las monedas del resto del mundo las avalaban los dólares. La oferta monetaria global podía expandirse gracias a las reservas de dólares.

El presidente Richard Nixon desligó el dólar del oro en 1971 (para compensar las políticas monetarias expansivas de EE.UU. en la era de Vietnam) y las monedas más importantes empezaron a fluctuar con respecto a las demás. Pero la mayoría del comercio mundial y las transacciones seguían haciéndose en dólares, así como las reservas de divisas de los bancos centrales del mundo. Los tipos de cambio de muchas monedas se mantuvieron muy ligados al dólar.

Este papel especial del dólar en el sistema monetario internacional ha contribuido a la magnitud global de la crisis actual, cuyo origen es la combinación de políticas demasiado expansivas por par te de la Reserva Federal y la laxitud de las regulaciones financieras. El dinero fácil alimentó una oleada de créditos bancarios sin precedentes, primero en EE.UU. y después en el resto del mundo, ya que los propios bancos internacionales se financiaban en los mercados monetarios estadounidenses. A medida que los créditos bancarios fluyeron a otras economías, muchos bancos centrales extranjeros intervinieron para mantener la estabilidad de sus monedas con respecto al dólar. La hipertrofia de la oferta de dinero en EE.UU. se aparejó con una hipertrofia de las ofertas de dinero en los países ligados al dólar estadounidense. El resultado fue una burbuja transitoria mundial de crédito, seguida de una ola de préstamos en mora, caída de los precios de la vivienda, pérdidas bancarias y una espectacular restricción de los préstamos bancarios.

Ahora China propone que el mundo pase a un sistema monetario más simétrico, en el que las naciones fijen el valor de sus monedas conforme a una cesta representativa de varias divisas, en vez de referirse solamente al dólar. Los “derechos especiales de giro” del Fondo Monetario Internacional se definen por una cesta de ese tipo, formada por cuatro divisas (dólar, libra, yen y euro), aunque los chinos sugieren, con razón, que debería ampliarse para reflejar una mayor variedad, e incluir el yuan chino. La política monetaria de EE.UU. perdería, en consecuencia, su influencia mundial excesiva en la oferta monetaria y en las condiciones de los créditos. En promedio, el dólar debería depreciarse con respecto a las monedas asiáticas para propiciar más exportaciones netas de EE.UU. a Asia. El euro debería probablemente fortalecerse con respecto al dólar, pero debilitarse con respecto a las monedas asiáticas.

La respuesta de EE.UU. a la propuesta china fue reveladora. El secretario del Tesoro Timothy Geithner declaró en un principio que estaba abierto a explorar a idea, una franqueza que rápidamente provocó que el dólar perdiera va lor, lo cual es necesario para el bien de la economía estadounidense. Ese debilitamiento, sin embargo, hizo que Geithner cambiara de idea in mediatamente y subrayase que el dólar estadounidense continuaría siendo la divisa de reserva mundial en el futuro inmediato.

La primera reacción de Geithner era la correcta. Aunque la propuesta china requiere cierto estudio, parece congruente con el cambio a largo plazo hacia una economía mundial más equilibrada, en la que EE.UU. desempeñe un papel monetario más parejo al de Europa y Asia. Ninguna modificación del sistema monetario global ocurrirá abruptamente, pero los cambios venideros no están bajo el control único de EE.UU. Probablemente nos encaminaremos con el tiempo a un mundo de mayor cooperación monetaria dentro de Asia, donde el papel del yuan será más importante y en general habrá una mayor simetría en las relaciones monetarias y financieras mundiales.

Notas

Jeffrey D. Sachs es director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia.
Artículo publicado en Investigación y Ciencia Nº 395.
Fuente: http://agaudi.wordpress.com/2009/08/21/repensar-la-oferta-monetaria-mundial/