31/10/10

Oscar Varsavsky: Hacia una ciencia politizada

Fragmento del ensayo de Oscar Varsavsky “Ciencia, política y cientificismo”, Buenos Aires, CEAL, 1969.

En su discurso pronunciado al final de su visita al INTI, el Presidente Hugo Chávez mencionó en no menos de cinco oportunidades al Dr. Oscar Varsavsky, citando su pensamiento en forma extensa, reflexiva, colocándolo en un lugar de gran autoridad intelectual, como referente para el proceso bolivariano que él preside, en el ámbito de los valores y las políticas de Ciencia y Técnica en pos de un modelo y estilo de desarrollo independiente. No es la primera vez que ocurre que los argentinos necesitamos que una voz autorizada del ámbito externo señale elogiosamente a un compatriota, para volver sobre él nuestra mirada y recuperar su vigencia y actualidad, rescatándolo y rescatándonos de las tantas desmemorias instaladas por intereses dominantes. Hemos seleccionado el siguiente fragmento extraído de uno de sus trabajos más importantes y profundos.

“Hay científicos cuya sensibilidad política los lleva a rechazar el sistema social reinante en nuestro país y en toda Latinoamérica. Lo consideran irracional, suicida e injusto de forma y fondo; no creen que simples reformas o ‘desarrollo’ puedan curar sus males, sino sólo disimular sus síntomas más visibles. No aceptan sus normas y valores -copiados servilmente, para colmo, de modelos extranjeros- no aceptan el papel que el sistema les asigna, de ciegos proveedores de instrumentos para uso de cualquiera que pueda pagarlos, y hasta sospechan de la pureza y neutralidad de la ciencia pura y de la infalibilidad y apoliticismo de las élites científicas internacionales al imponer temas, métodos y criterios de evaluación."

A estos científicos rebeldes o revolucionarios se les presenta un dilema clásico: seguir funcionando como engranajes del sistema -dando clases y haciendo investigación ortodoxa- o abandonar su oficio y dedicarse a preparar el cambio de sistema social como cualquier militante político. El compromiso usual ante esta alternativa extrema es dedicar parte del tiempo a cada actividad, con la consiguiente inoperancia en ambas.

Este dilema tiene un cuarto cuerpo, mencionado muchas veces pero al nivel de slogan: usar la ciencia para ayudar al cambio de sistema, tanto en la etapa de lucha por el poder como en la de implantación -y definición concreta previa- del que lo va a sustituir.

Sostengo que esto es mucho más que un slogan, o puede serlo, pero requiere un esfuerzo de adaptación muy grande por parte de los científicos; tal vez mayor que abandonar la ciencia por completo: es más difícil soportar la etiqueta de pseudo científico que de ex científico. Pero creo además que la llamada ‘ciencia universal’ de hoy está tan adaptada a este sistema social como cualquier otra de sus características culturales, y por lo tanto el esfuerzo por desarrollar la investigación seria del cambio total puede producir, a plazo no muy largo, una ciencia no sólo revolucionaria sino revolucionada.

Con estas páginas quiero provocar una discusión más a fondo de esta alternativa: sus dificultades, posibilidades e implementación en el contexto argentino (aunque muchas de las conclusiones resulten igualmente válidas para otros países dependientes).

Nótese que esta posición está emparentada con el constante llamamiento a ocuparse de los ‘problemas nacionales’ y a hacer ciencia aplicada o funcional, que muchos veníamos haciendo -y a veces practicando- en la universidad. Esa prédica era insatisfactoria porque la tendencia natural era a interpretarla como reformismo o desarrollismo: búsqueda de soluciones dentro del sistema.

Así, cuando en innumerables reuniones de profesores en la Facultad de Ciencias Exactas planteábamos esta problemática nacional, el resultado más positivo era que los físicos prometieran ocuparse un poco más de semiconductores, los químicos, de procesos industriales, y los biólogos de los problemas pesqueros, con variantes de igual ‘trascendencia’ para el cambio. Indudablemente eso era preferible a dedicar todos los esfuerzos a estudiar partículas elementales, topología algebraica o metabolismo de carbohidratos; pero cuando apoyábamos al Departamento de Industrias, al Instituto de Cálculo o al de Biología Marina, nos quedaba la amarga y tácita sospecha de que tal vez eso aprovechaba más al sistema que al país.

Esa sospecha era correcta y hemos tardado demasiado tiempo en descubrirlo. Nos queda el consuelo de tontos de ver que las ideas al respecto tampoco están muy claras entre los intelectuales del resto del mundo, de todas las tendencias. Por eso, muy lejos de mí la intención de presentar esto como ‘autocrítica’. La alternativa que estoy discutiendo es en la práctica muy diferente a esa problemática nacional, pero cabe formalmente en la misma denominación ya que supone reconocer que el problema nacional por excelencia es el cambio de sistema. No hay riesgo de confundir lo siguiente con desarrollismo: la misión del científico rebelde es estudiar con toda seriedad y usando todas las armas de la ciencia, los problemas del cambio de sistema social, en todas sus etapas y en todos sus aspectos, teóricos y prácticos. Esto es, hacer ‘ciencia politizada’”.

Un científico rebelde

Oscar Varsavsky fue uno de los primeros y más destacados especialistas mundiales en la elaboración de modelos matemáticos aplicados a las ciencias sociales. Profesor universitario de Matemática y Física, de gran cultura científica, jamás creyó que los aspectos esenciales del conocimiento actual fueran lo suficientemente difíciles como para escapar a la comprensión de las grandes mayorías. Creía en la necesidad de pensar las actividades humanas en función de su aporte a la construcción efectiva de una sociedad cuyas características se hubieren definido previamente. Esa definición exigiría un intenso trabajo previo destinado a plantear alternativas al actual orden de cosas. Frente a la falsa conciencia técnico-económica de que tales alternativas no existían, destacaba Varsavsky la importancia que para los grupos sociales tiene la visión previa de sus posibilidades.

Oscar Varsavsky nació en Buenos Aires el 18 de enero de 1920; egresó como Doctor en Química de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. En esta Facultad se desempeñaría luego en forma sucesiva como auxiliar de laboratorio de Fisicoquímica, jefe de trabajos prácticos de Análisis Matemático, profesor adjunto de Algebra y Topología y profesor con dedicación exclusiva del Departamento de Matemática. Además dio clases de Matemáticas, con interrupciones, en las universidades del Sur, de Cuyo y de Caracas, Venezuela, país donde dejó una impronta muy importante en el pensamiento crítico y político sobre los estilos de desarrollo y la misión y ética profesional de científicos y técnicos. Utilizando algunas ideas del filósofo de la ciencia Thomas Kuhn, desplegó una fuerte crítica a las normas que rigen el desarrollo de las ciencias. Opinaba que la obsesión por los métodos cuantitativos encubre, en la ilusión de la libertad de investigación, un mecanismo que garantiza la sujeción del científico a las estrategias de expansión del capital y las leyes del mercado. Estas ideas fueron su punto de partida para aspirar a una ciencia realmente más libre de los condicionamientos económicos. Publicaciones como Ciencia, Política y Cientificismo; Hacia una política científica nacional y Marco histórico constructivo para estilos sociales, proyectos nacionales y sus estrategias reflejan sus vigorosas ideas.

Nota

Oscar Varsavsky murió en 1976. Desde 1958 era miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y en sus últimos años profundizó en el estudio de la Historia y la Epistemología (estudio crítico del desarrollo, método y resultado de la ciencia)