30/10/10

No esperar la muerte para premiar a un poeta



Armando Orozco Tovar
… amo sus llagas de madre hechizante y alada
y alabo su orilla, su cuenco, sus calles,
su prisa, sus pinos y sus eucaliptos…
y me hundo…entre el pálido alimento del día y su loco alarido.
José Luis Díaz-Granados

Hay días que uno se levanta con ganas de escribir sobre el amigo y más que a una amistad consolidada con muchos contravientos; sobre el hombre, el ser humano, el intelectual, el fiel poeta de la palabra, porque José como le dicen sin tilde los que más lo quieren, lo es como un escritor con una obra encerrada en sí misma, justa, verdadera y que tiene lo que todos los que le jalan al oficio buscan: “Voz propia”. Y la suya forjada en hornos de altísimos grados de temperatura lírica por años con las uñas y con los aires casi siempre en contravía como ocurre en el balón pie; ninguneos, críticas malsanas, odios gratuitos y por lo que un día le faltó, el destierro por cinco largos años con su familia y al cual ahora se le atribuye la causa de sus problemas de salud, ocasionado por el repentino extrañamiento de su ciudad.

Estuvo el poeta solo pero acompañado desde lejos por su mamá hace poco fallecida, Margot, que se quedó cuidándole los libros, Federico su hijo, heredero de su inteligencia, cultura y vena poética, protegiendo con su afecto a sus amigos, Gladys con la que se fue como un ángel de todas las horas buenas y malas y su pequeña Carolina, cubana grado treinta y tres hoy hermosa y universitaria. Claro el poeta estuvo todo ese tiempo de exilio cogido, acogido y recogido por la Revolución Cubana, valoraste siempre de toda su dimensión humana e intelectual y. Por este fenómeno histórico social latinoamericano ejemplo de solidaridad como ninguno en la historia del planeta, con médicos, hospitales, medicinas, escuelas, maestros, instructores, instrucciones y cojones, por todas partes y para todos los pueblos que la necesite, la cual los acogió en su regazo de “mamadre” como lo ha hecho con muchos en cincuenta años sin pedirles nada a cambio, sino fidelidad a las mejores causas del hombre.

Es que este vate de Palermo no de Buenos Aires sino de la capital colombiana, ha desarrollado una vida ejemplar y como un buen bogotano que lo es, aunque haya nacido a la orilla del mar, desde muy niño defiende la ciudad que muchos han tratado muchas veces de destruir como los que piensan hoy nombrar de alcalde a Uribe Vélez, personaje que manchó de todas las formas posibles con su presunta seguridad salvadora los Derechos Humanos.

Pero ¿quién ha amado más a Bogotá que José Luis Díaz-Granados? Él que le ha cantado en verso y en prosa, compuesto canciones e impedido con su voz, acciones y escritos, que le pongan Santa Fe como si fuera un equipo de fútbol, quitándole su verdadero nombre, así como lo ha hecho con Eldorado últimamente para que no se lo cambien. Este ser alto, gordo y barbudo, bogotano de pura cepa y no como muchos de “pura chepa”, ha llevado su corazón de calles trajinadas con sus suelas muchas veces rotas y nada en los bolsillos, porque al decir de Luis Vidales, su gran amigo, “… mucho con mucho más han hecho mucho menos” por esta ciudad de su ternura abrazadora que abrasa como los cerros tutelares que miran desde su abandono y depredación. Él, que de la misma forma lo hace con sus amigos y con los que por primera vez atiende con cariño cuando le dicen: “Poeta hágame un prólogo para mi libro inicial” y él se los hace para que no desfallezcan en el intento. Pero no sólo el primo de Gabo le hace prólogos generosos a los que lo necesitan sino que escribe como una de las mejores plumas periodísticas del género cultural sobre literatura, autores, hecho que pasan por los libros, etcétera, con una memoria prodigiosa. José Luis por ejemplo se sabe la historia de Colombia con todos sus recovecos hasta el punto que podría ser a la vez presidente de todas las Academias de Historia de Colombia y es también de cerca conocedor de importantes personalidades políticas y de las letras del país y el exterior. Es un conocido cercano de Fidel Castro y ha viajado invitado sin un peso pero con su máquina de escribir (hoy computador) a cuestas, siempre atento para reconstruir hechos y episodios durante sus interesantes periplos por el mundo.

Es la razón de este “abrebocas” donde propongo por primera vez para que a José Luis Días Granados, se le conceda en el 2012 y el Premio Vida y Obra de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, porque a nuestra manera de ver el poeta de “El Laberinto” y el barrio Palermo, ha realizado durante toda su vida un aporte fundamental a la cultura de la ciudad la que muchos han querido durante quinientos años por todos los medios destruir sin poder lograrlo. De manera que: “¡No esperemos morirnos para premiar al poeta!...”

Nota de Omar Montilla
Sé algunas cosas y otras tantas que he leído del gran poeta José Luis Díaz-Granados, y estoy de acuerdo con todo lo que en esta nota se ha dicho sobre él, pero..., en lo que no me suena bien, es lo último, porque ¿realmente le hace falta ese premio, por más meritorio que sea? Se cuenta que en alguna ocasión un famoso médico italiano fue llamado para atender al rey de Inglaterra y éste, tratando de evitarse el pago de los honorarios médicos le dijo que por el simple hecho de atender a un rey se haría famoso y tendría una mayor clientela. La respuesta no se hizo esperar, y se produjo en estos términos: ¡Se equivoca su majestad!, yo ya era famoso antes de ser llamado, de otra forma ¿cómo se justifica mi presencia en esta corte?