4/10/10

Lukács y la reificación del tiempo


György Lukács—luego de haber presidido el Ministerio de Cultura de la fallida revolución Húngara de 1956—se dispone a redactar el prefacio de su Teoría de la novela. Han pasado ya más de cuarenta y dos años desde la publicación de aquella empresa idealista y sagaz y para el envejecido crítico ha llegado la hora de examinar no solamente la lucidez de su ensayo, sino mas bien, las múltiples contradicciones que ahora percibe en su argumento principal. Refiriéndose al “autor de la Teoría de la novela,”—movimiento que resalta la distancia teórica entre el joven crítico y el intelectual consagrado—Lukács recuerda su búsqueda de “una conexión entre categoría e historia que fuera más íntima, incluso más íntima que la del mismo Hegel”. Más adelante Lukács va mas allá y concluye que su estudio “fallo en diseño y en ejecución, pero en su intención llego mucho más cerca de su cometido que la mayoría de los autores contemporáneos”. Para el crítico Húngaro—ya adentrado en años y aferrado a la estética Marxista—su Teoría de la Novela fue en fracaso, un fracaso fructífero.

Para el lector de la Teoría el prefacio de Lukács representa un claro signo de precaución, un ‘Guarde su distancia’ que complica el texto y crea una serie de prejuicios y expectativas. Quizás es más viable obviar—momentáneamente claro está—las reflexiones del Lukács maduro y adentrarse en el mundo teórico del Lukács joven. Para Paul de Man, en su elocuente crítica de la acida recepción de Lukács por parte de la crítica norteamericana, este mundo teórico encuentra sus fundamentos en Hegel, Schlegel y el Romanticismo alemán, pero también en la concepción de la ironía como el aspecto positivo de lo ausente: en un mundo ignorado por los dioses y las musas, los autores de novelas sintetizan mundos entre los homogéneo y lo heterogéneo, mundos en los cuales la ironía se convierte en una especie de hiel que si bien no satisface la sed, nos recuerda que continuaremos viviendo sedientos. La novela reemplaza a la épica y se convierte en el género moderno par excellance que sintetiza el deseo de totalidad y la imposibilidad de esta empresa congénitamente inaccesible. La novela es la elocución de lo imposible.

Para el Lukács de la Teoría, y más aun para el Lukács venidero, la ironía es una herramienta sumamente útil pero el autor puede correr el riesgo de exagerar su utilidad y crear novelas que colapsan sobre el peso de sus propias reflexiones. En otras palabras, el crítico marxista renegaría el estado actual de la novela, con narradores que intervienen en la ficción con suma libertad, personajes que desaparecen y con protagonistas sumamente ensimismados en sus vidas interiores. No obstante, me parece que igualmente encontraría una cantidad de novelas clásicas o canonícas con características similares. Novelas como Niebla o El Túnel, por ejemplo, contienen una inmensa cantidad de elementos que complican el armamento teórico de Lukács. La primera por el libre albedrio y hasta autoritarismo con que Unamuno lidia con sus diablos nivolescos y la segunda por el egoísmo epistolario de Juan Pablo Castel. La ironía no es ni abstracta ni concreta, ni comunitaria o individualista. La novela simultáneamente cosifica y libera los elementos de una realidad divorciada de las totalidades épicas. La novela es la palabra y la palabra esta con los humanos.

Fuente: http://summacontra.blogspot.com/