23/10/10

China pone rumbo hacia un futuro de desarrollo


Dmitri Kósirev

China quiere cambiar su imagen de gigante industrial, con unas tasas de crecimiento espectaculares. Dejar atrás los ya manidos tópicos de fábrica mundial de productos baratos, de dudosa calidad y de segunda economía mundial con perspectivas de convertirse en la primera.

El gobierno chino cree que el actual modelo de desarrollo político y económico que les llevó al éxito durante los últimos 30 años se ha agotado. Esto significa que la comunidad internacional, probablemente, tendrá que adoptar una nueva estrategia en sus relaciones con el Imperio Celeste.

Estas expectativas de cambio eran el tema principal en el congreso anual del Partido Comunista de China (PCCh), celebrado en Pekín desde el pasado 15 hasta el 18 de octubre.

Formalmente, durante la sesión plenaria sólo se debatieron y aprobaron propuestas para el plan quinquenal (2011-15). En base a estas propuestas, el parlamento elaborará un borrador que deberá ser aprobado por la Asamblea Nacional Popular (Legislativo).

Estas expectativas de grandes cambios en China ya son conocidas desde hace varios meses debido a diversas declaraciones de altos cargos y expertos del gobierno chino en foros internacionales.

El citado plenario ha confirmado que es un asunto decidido, poniéndole un nombre a esta nueva estrategia de futuro desarrollo: “Crecimiento Inclusivo".

Este concepto define de manera inesperada el objetivo del nuevo programa chino. En este punto, hay que recordar que la esencia de la existencia de los partidos políticos es la difusión de sus ideas, la propaganda de las mismas. Y este extraño término chino, traducido al inglés como “Inclusivo”, es, en esencia, un arma propagandística dirigida hacia la población china y a la comunidad internacional.

El citado concepto es un poco enigmático. El gigante asiático ha venido experimentando un increíble crecimiento económico a partir de 1979 gracias a la política de Deng Xiaoping, ex dirigente de la Republica Popular China (1978–1992), que permitió que algunas personas, e incluso algunas provincias, se enriquezcan sobre las demás.

Esta estrategia marca un hito importante en la historia. Al principio, China se apartó del comunismo, entendido como doctrina de organización política y económica que propugna el principio de paridad, por considerarlo inviable.

La India también respetaba el principio de paridad, que también se considera la causa principal de su escaso desarrollo industrial, aunque el comunismo nunca existiera en este país. El milagro económico de la India se debió al abandono de esta ideología.

La desigualdad en China ha tenido varias consecuencias negativas, pero la principal es que en el país ha emergido una peligrosa disparidad de ingresos entre las personas y las provincias ricas y pobres.

Este “Crecimiento Inclusivo” busca el objetivo de reducir la brecha entre ricos y pobres y distribuir la renta de forma más equitativa entre los otros grupos de la población. No es una idea nueva. El actual presidente chino, Hu Jintao, ya empezó a promoverla cuando llegó al poder, en 2003.

Hoy la estrategia a seguir por China ha cambiado un poco. Antes, su economía estaba completamente encerrada en sí misma. Sin embargo, ahora el nuevo concepto de "Crecimiento Inclusivo" prevé extender los beneficios del desarrollo económico a todo su entorno.

Todo esto, seguramente, no son más que palabras, el reflejo de una campaña de imagen-país perfectamente orquestada; pero, por otro lado, ya se ha puesto en evidencia que hay algo más allá de las intenciones en la formación de zonas económicamente prósperas en las regiones fronterizas del sur de China. El mundo ha cambiado mucho, tanto que incluso el desarrollo de Japón y Taiwán está vinculado con el gigante asiático.

Según estimaciones de analistas extranjeros, en esta época de crisis económica global, Pekín lleva invertidos en Rusia unos 25.000 millones de dólares relacionados en su mayor parte con proyectos de suministro de hidrocarburos. Esta cooperación también responde a los intereses del pueblo ruso, y que se han plasmado en nuevos puestos de trabajo, en proyectos de construcción y una afluencia de capital fresco al sistema bancario.

El término y el concepto de “Crecimiento Inclusivo” no son una idea nacional sino más bien global. Fue inventado y argumentado por el Banco Asiático de Desarrollo en 2007, y Pekín decidió adoptarlo y adaptarlo a sus necesidades.

El pleno celebrado en China ha puesto bien a las claras que la modalidad de crecimiento económico del país basada en el principio “inversiones-exportaciones-consumo”, debe transformarse durante los próximos cinco años.

Según los ideólogos del Partido Comunista de China, que publicaron sus comentarios en la antesala de la sesión plenaria, durante los últimos años, se ha venido observando una disfunción entre el dinámico crecimiento del PIB y la mano de obra barata, que es el motor de este crecimiento.

Un fenómeno que se resume en lo siguiente: los obreros chinos fabrican un montón de productos para los almacenes de EEUU o la UE donde son adquiridos por gente con recursos. Para su producción se dilapidan enormes cantidades de recursos naturales. Hay que hacer constancia que no hace mucho China ha sustituido a Estados Unidos como principal consumidor mundial de petróleo.

Pero trabajar para los mercados extranjeros sólo es eficaz en las primeras etapas de desarrollo de un país, cuando el propio mercado interno todavía no se ha formado. Cuando esto ocurre, los salarios empiezan a crecer y la mano de obra barata deja de existir.

Por otro lado, si se trata de “Incluir” a las regiones atrasadas y al segmento pobre de la población en los procesos de desarrollo, el aumento de su poder adquisitivo puede dar un nuevo impulso a la economía china.

Paradójicamente, tales cambios también son beneficiosos para los intereses de otros países, al menos, los de la UE, que buscan reanimar su economía exportando sus mercancías a este nuevo mercado emergente.

Entonces, ¿qué papel desempeñará China en el mundo, si deja de ser la fábrica mundial? La respuesta es obvia: China desarrollará una economía de innovación.

Muchas plantas y minas chinas ya están cerrándose. Esperemos que esto no contradiga a los planes de Rusia.

Todo sería estupendo, si durante la sesión plenaria no se hubieran expresado determinadas preocupaciones: el cambio de rumbo, sólo el cambio, llevará de cinco a diez años. Mucho tiempo y veremos a ver cuál será el resultado final.

Fuente: http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20101022/147785748.html